Johnny Buenos Días… (Serenata de plomo. VI)

johnny
Por Martin Holmes.

Johnny Buenos Días me atizó con una banqueta. Gyp el Bailarín se puso a bailar. Caí sobre Cutello el Indio. Era como caer sobre una piedra. Cutello el Indio olía mal en la intimidad. Me agarró por el cuello y se me durmió la cabeza. Urkle el Francés me sacudió media docena de puñetazos cortos y tajantes. Había oído decir que Urkle el Francés había nacido con dos manos izquierdas. Era cierto. Cuando no puedes respirar te fijas en esas cosas. Lo supe por los pulgares. Urkle el Francés era un fenómeno de feria.
—Si vais a matarlo, hacedlo fuera del local, no tengo ganas de barrer —dijo Johnny Buenos Días.
—Ni que esto fuera la patena —dijo Gyp el Bailarín.
Cutello el Indio soltó mi gaznate. Gyp el Bailarín dejó de bailar y sacó una navaja. Urkle el Francés se apartó.
—Pínchalo, Gyp —dijo Cutello el Indio.
—Tranquilo, Gyp —dijo Hemingway.
Intenté levantarme. Me zumbaban los oídos. Veía raro.
—¿Le pincho, Indio? —dijo Gyp el Bailarín.
—¿Tu qué dices, Hem? —preguntó el Indio.
—No vale la pena. Meterle los dientes en el bolsillo y que se vaya a su casa —dijo Hemingway.
—Eres un duro, Hemingway —dije.
—Debes ser más tonto de lo que pareces, señor Mierda Gorrona. Te estoy salvando la peladura y te haces el vivo.
—Puedes venderles una yegua coja a estos tres zoquetes, pero yo sé que no eres más que un mocoso que sabe pelar zarigüeyas —le dije.
—¿Qué es una zarigüeya? —preguntó Gyp el Bailarín. Gyp el Bailarín no era un zoólogo.
—Es algo con lo que se casó tu padre —le dije.
—Definitivamente no eres el primero de tu clase —dijo Hemingway.
—Ni tu eres un contrabandista, señor poeta sin rima.
Me afiancé sobre las piernas. Ace Bullet el Campeón. No soy una mierda gorrona. Estaba en mi mejor momento. Tenía un par de costillas rotas y ganas de vomitar. Respiraba a ratos. Venid, purria siciliana. Me cubrí el mentón con el hombro izquierdo, preparé mi derecha dura e impía. Se me movían los dientes. Un cojo violento, un bailarín con una navaja, un niñato que se las daba de contrabandista y un tío con dos manos izquierdas. Solo cuatro. Como veía doble me parecieron ocho. He tenido peleas más duras en el parvulario. Maldita sea, tenía resaca. Escupí. Perdí un diente. Ya saldrá otro. Ace Bullet vuelve a la lona. Segundos fuera. No vi al maldito Johnny Buenos Días. Me rompió una banqueta en la cabeza. Me subí en una noria. De la que se libraron.

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