Johnny Buenos Días… (Serenata de plomo. VI)

johnny
Por Martin Holmes.

Johnny Buenos Días me atizó con una banqueta. Gyp el Bailarín se puso a bailar. Caí sobre Cutello el Indio. Era como caer sobre una piedra. Cutello el Indio olía mal en la intimidad. Me agarró por el cuello y se me durmió la cabeza. Urkle el Francés me sacudió media docena de puñetazos cortos y tajantes. Había oído decir que Urkle el Francés había nacido con dos manos izquierdas. Era cierto. Cuando no puedes respirar te fijas en esas cosas. Lo supe por los pulgares. Urkle el Francés era un fenómeno de feria.
—Si vais a matarlo, hacedlo fuera del local, no tengo ganas de barrer —dijo Johnny Buenos Días.
—Ni que esto fuera la patena —dijo Gyp el Bailarín.
Cutello el Indio soltó mi gaznate. Gyp el Bailarín dejó de bailar y sacó una navaja. Urkle el Francés se apartó.
—Pínchalo, Gyp —dijo Cutello el Indio.
—Tranquilo, Gyp —dijo Hemingway.
Intenté levantarme. Me zumbaban los oídos. Veía raro.
—¿Le pincho, Indio? —dijo Gyp el Bailarín.
—¿Tu qué dices, Hem? —preguntó el Indio.
—No vale la pena. Meterle los dientes en el bolsillo y que se vaya a su casa —dijo Hemingway.
—Eres un duro, Hemingway —dije.
—Debes ser más tonto de lo que pareces, señor Mierda Gorrona. Te estoy salvando la peladura y te haces el vivo.
—Puedes venderles una yegua coja a estos tres zoquetes, pero yo sé que no eres más que un mocoso que sabe pelar zarigüeyas —le dije.
—¿Qué es una zarigüeya? —preguntó Gyp el Bailarín. Gyp el Bailarín no era un zoólogo.
—Es algo con lo que se casó tu padre —le dije.
—Definitivamente no eres el primero de tu clase —dijo Hemingway.
—Ni tu eres un contrabandista, señor poeta sin rima.
Me afiancé sobre las piernas. Ace Bullet el Campeón. No soy una mierda gorrona. Estaba en mi mejor momento. Tenía un par de costillas rotas y ganas de vomitar. Respiraba a ratos. Venid, purria siciliana. Me cubrí el mentón con el hombro izquierdo, preparé mi derecha dura e impía. Se me movían los dientes. Un cojo violento, un bailarín con una navaja, un niñato que se las daba de contrabandista y un tío con dos manos izquierdas. Solo cuatro. Como veía doble me parecieron ocho. He tenido peleas más duras en el parvulario. Maldita sea, tenía resaca. Escupí. Perdí un diente. Ya saldrá otro. Ace Bullet vuelve a la lona. Segundos fuera. No vi al maldito Johnny Buenos Días. Me rompió una banqueta en la cabeza. Me subí en una noria. De la que se libraron.

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110 comentarios

  • A las personas amantes del diálogo, la transacción, el pacto y el acuerdo para dirimir mundanas diferencias el comportamiento que relata el autor en boca de Ace Bullet nos produce un gran impacto. También impresiona el peculiar concepto de navaja que maneja el ilustrador: me gustaría saber a quién tenía en mente (y al interesado/a, más).

  • Me encanta las gentes que cumplen con su obligación y compromiso de cumplir años así envejezcan y la vida les vaya en ello, señor Verle.

    ¡Qué día más bonito hace hoy! Ya estaba harta de las ciclogénesis explosivas

  • No más para mostrar mi desagrado con tanta violencia. Qué razón tiene señorita Teresa, porque tanta violenczia es innescesaria, así quien planta cuchillos recoge espadas. Por eso mejor reflexionar sobre la sabiduría indígena de los pueblos que sembraron de amor y conocimientos diverzsos para que nosotros recoleccinemos sus frutos. Aquí les dejo la historia de por qué los indios llevaban los pelos largos.

  • Cuando me propongo firmemente sacudirme esta incrustada pereza que llevo en mí, y ponerme a escribir algunas cosas que quiero sacarme de encima hace tiempo, se me van todas las intenciones tras leer a Martín Olmos “¿Pero qué vas a escribir tú, alma de cántaro?”, me digo.
    A MO, se le lee y lee y lee y no lo dejarias nunca.¡Ayy..!<— (suspiro)

  • 7 de mar de 2014 10:16
    Recordando los viejos buenos tiempos de los clones y el NJ.(Hoy cumpleaños de Al).

    Jajaajjaa, ¡cuánto cabrón suelto!

  • Como de costumbre, entrada estupenda del Mr. Holmes, y diálogos para enmarcar. Y hablando de novela negra: anteayer tuve la ocurrencia de comprarme un libro de correspondencia y ensayos de Chandler cuyo título parecía prefigurar internet, A mis mejores amigos no les he visto nunca.

    Les recomiendo que no se gasten el dinero en él.

    ***

    En mi blog, entrevista a un delincuente.

    ***

    Venus.

  • Bien traído, Tipo. Mueven a risa los obituarios de estos días. Ahora resulta que Panero murió solo como una rata pero rodeado de amigos, todos ellos muy íntimos.

    ***

    Pasado el primer deslumbramiento maldito, confieso que vuelvo mucho más a Panero padre. Miren qué pedazo de soneto:

    Señor, el viejo tronco se desgaja,
    el recio amor nacido poco a poco,
    se rompe. El corazón, el pobre loco,
    está llorando a solas en voz baja,
    del viejo tronco haciendo pobre caja
    mortal. Señor, la encina en huesos toco
    deshecha entre mis manos, y Te invoco
    en la santa vejez que resquebraja
    su noble fuerza. Cada rama, en nudo,
    era hermandad de savia y todas juntas
    daban sombra feliz, orillas buenas.
    Señor, el hacha llama al tronco mudo,
    golpe a golpe, y se llena de preguntas
    el corazón del hombre donde suenas.

  • Y, ustedes me perdonartán por la inundación, pero del propio Tom Verlaine, una de las canciones más extrañas que he escuchado nunca:

    Of science… you know…
    It’s snowing again, seems like it’s always snowing. Sit
    Down to write and it’s so cold. Outside my window, there’s
    A tree so white I can hardly look at it.
    It’s quiet here. I look through my glass at patterns
    All so well defined. Please send my winter coat soon as you can
    I find I have no other lines… we men of science… you know…
    All the best.. all the best, Julia

    The Scientist Writes A Letter

  • “Muchas de las ideas de este poeta y “loco” eran más cuerdas y sensatas que las de cualquiera:”
    Manda webos, la condescendencia de algunos.

    Martín, prosa de Macho Camacho que adoran las damas.

  • Las apelaciones a la razón, normalmente para negársela al contrario, recuerdan mucho el lenguaje exagerado y poco fiable de los tratantes de ganado. A la que te descuidas, con la etiqueta de la razón te han colocado un gato. Para no ser víctimas de tales gitanadas lo primero que debemos saber es que en la inmensa mayoría de los asuntos sobre los que discutimos ni existe ni es posible que se dé una verdadera racionalidad.

    Lo normal es que cuando polemizamos -también polemizamos en soledad- nos movamos a lo largo de un espectro que va, sin alcanzarlos, desde el razonamiento matemático a la más trapacera de las falacias. A esas operaciones se les dio hace tiempo el nombre de argumentaciones para distinguirlas de las demostraciones. Las primeras pertenecen al campo de la retórica. Estrictamente hablando, no son ni verdaderas ni falsas.

    Por ejemplo, a una propuesta que no nos guste -a saber por qué- siempre podremos objetar que ése es el primer paso que terminará por llevarnos inevitablemente a una situación espantosa que ya cuidaremos que tenga alguna similitud con la propuesta que no nos gusta. Naturalmente, que se dé esa semejanza entre el punto de partida y el de llegada no prueba la verdad de la advertencia, pero a base de añadir a información favorable puede conferirle una cierta verosimilitud. Y nada más.

    Debe quedar claro que no es la razón la encargada de desvelar lo que operaciones como ésta tienen de falaces. La razón no pinta nada aquí. Contra un falacia sólo cabe otra falacia. El que hizo aquélla propuesta intentará resaltar todo aquello en lo que se diferencian lo que él defiende y el espantoso final que augura el contrario. Seguro que encontrará, hasta decir basta, datos que apoyen su empeño.

    Que nadie pida más. Hacer intervenir la razón en asuntos donde los datos que hay que manejar son infinitos, y cada uno de ellos infinito, es, como todo racionalismo fuera de lugar, muy poco razonable. Como lo es enfadarse porque nadie se haya dejado convencer jamás de nada. No hay razón para que se deje.

    Siempre queda la opción escéptica, que te ahorra tener que andar buscando la contrafalacia adecuada. Pero esa salida está cerrada a quien no quiera ser un espectador. Porque -casi me olvido de decirlo- la argumentación es una parte de la acción social. Su fin no es mostrar la verdad o la falsedad de lo que se dice, sino animar a otro a que actúe, o no actúe, de un determinado modo.

  • La gente debería saber que en los tiempos del obscurantismo también se razonaba, incluso más que ahora, cuando la observación minuciosa y controlada nos evita muchas veces tener que recurrir a la especulación.

  • Tampoco debemos hacer mucho caso a los que califican de irracional el nacionalismo mientras no precisen en qué consiste esa irracionalidad.

    ¿Consiste en que los nacionalistas echan mano de leyendas pseudohistóricas como las de Viriato y don Pelayo? Sea, pero ¿qué importancia tienen esos mitos fundadores comparados con la racionalidad del nuevo régimen liberal, unificado y burocrático a los que han venido tan bien?

    ¿Acaso en que los nacionalistas actúan por sentimientos? Es inevitable, y puede que hasta bueno, que al comienzo de la cadena de razones a favor de una propuesta haya algo de lo que no se pueda dar razón (porque, si se pudiera, nunca habría una razón definitiva para hacer una cosa o su contraria) siempre que esa irracionalidad en el origen no contamine la política diaria, constitucionalmente regulada, como no la contamina en las democracias nacionales de nuestro entorno.

  • Bonnie, no me quiere decir que intimidades secretas ha descubierto en mis archivos. Debe ser grave.
    (Soy un genio con los PCs pero me he quedado atrás en la configuración internetera, qué le vamos a hacer)

  • No piensen mal de Bonnie. En realidad es que metí la pata en el facebú, le pedí que lo comprobara y lo hizo, pero no sé que llego a ver.

    Como me aburría, qise montar algún lío, picándola un poco por aquí…

  • He visto cosas que jamás creeríais. .platos llenos de gambones y cochazos de lujo..y ya no digo más porque yo soy muy discreta.

  • Hoy Adapts mi amor va a dormir en el sofases.

    ¡Qué disgustos me da! Por ahí faceboocuando con rubias sospechosas y buenorras con enfermedad del beso incluido…

  • Ahora que ya no quedan apenas manicomios hagan el favor de no meterse con los que ponen en el mismo saco la república, la crítica a las indulgencias y el telescopio de Galileo, todo ello bajo las auspicios de la ilustración, la ciencia y la Residencia de Estudiantes.

  • Si se refiere a las tetas de mi gAcHo.veïna, enseñaba una en su propio bló. Como decidió hacerlo, supongo que no le molestará que lo diga.

    (Se nota que es viernes, jkajajajajajjjajaj)

  • Qué tiempos aquéllos, Sr. Verle; fíjese que no hace mucho pasé por la Estación del Norte y me acordé de esa entrada.

  • De niños nos burlábamos de ese fervor nacionalista tan infantil que evidenciaban los yanquis frente a símbolos como la bandera o el himno. Estábamos lejos de imaginar que, a la vuelta de unos pocos años, cualquier retransmisión deportiva de TV3 –aunque sea un partido de básquet contra un equipo de Melilla, por poner un ejemplo– desencadenaría en sus locutores un mayor caudal de patrioterismo barato e invocaciones a la bandera y la Nació que el desfile del 4 de Julio en los USA.

  • Para ser bien entendido es muy importante que no vean ninguna ironía en mis palabras si digo que lo mejor es no darse cuenta de que uno es nacionalista. Gracias a esta docta ignorancia nos libramos de caer en lo que cuenta Gómez.

  • Ay Gómez, los que cursamos Formación del Espíritu Nacional entre risas, y creímos que nuestros anticuerpos estaban instalados en toda la sociedad per secula seculorum, qué ilusos.

  • Definitivamente soy un tipo resultón. Hoy me ha abordado en el Ensanche una atractiva mujer y me ha soltado un par de piropos a cuenta de mis gafitas.
    Cataluña y yo somos así, señora, me han fallado los reflejos, helàs.

  • Algún recuerdo me queda de las clases de FEN.

    – Profesor: ¿Cuáles son las funciones del Jefe del Estado?

    – Voz anónima: ¡Pescar!

  • Allá por los años ochenta muchos jóvenes españoles, descontentos con la formación que habían recibido en las discotecas, quisieron salir del marco de la música anglosajona, a la búsqueda de otras más exóticas. Los más temerarios llegarían con el paso del tiempo a tirarse a los abismos raciales del flamenco y la tonadilla.

    Al historiador que busca las ocultas líneas de fuerza que empujan a los acontecimientos le embarga una duda insalvable sobre cuál fue el sentido de esa odisea: ¿hacia lo propio que se había olvidado o hacia lo extraño que se tenía dentro? ¿Fuimos o volvimos?

  • holmesss 7 de mar de 2014 09:16
    También impresiona el peculiar concepto de navaja que maneja el ilustrador: me gustaría saber a quién tenía en mente (y al interesado/a, más).

    Es interesante esto que pregunta. No lo había pensado. Mi primer impulso fue poner una navaja al lado del taburete, pero no resultaba potente y tampoco era cosa de llenarlo todo de sangre; el texto ya es suficientemente explícito. Además no sé muy bien por qué, yo vi el cuchillo del que no se habla en el texto. Al leer su pregunta he vuelto a leerlo y me ha sorprendido que el tipo de la navaja sea Gyp el Bailarín. ¡No puede ser, yo recordaba perfectamente que era el Indio! Y, claro, ahí está delante de mis ojos el maldito cuchillo: ¡Cutello!

    Vaya usted a saber en que lengua está escrito, si es portugués, italiano romance, occitano, gascón o rumano. O si proviene del nórdico kut (que entre otras palabras da origen a cutter) latinizado a través del viejo frances couteau (cuchillo) y luego relatinizado con el diminutivo -ello. Esto de la etimología tiene su lógica bastarda y yo, la verdad, nunca me la he tomado en serio (la etimología). Lo que está claro (Corominas dixit) es que nuestro ‘cuchillo’ proviene del latín cŭltĕllus, ‘cuchillito’, diminutivo de culter, ‘cuchillo’. Y hasta el menos avispado se habrá dado cuenta que culter, cultura y cultivar tienen la misma raíz. Y es que a veces la cultura, sobre todo cuando se cultiva desordenadamente, fructifica en cuchillos. No somos nadie.

  • Hacia la diferenciación “chic-intelectual”. No había más.
    Eran los mejores, tanto, que podían apreciar incluso el arte degenerado de la chusma, que había de ser por fuerza, mejor que el del imperio.

  • Creo que la Srta. Bellpuig es demasiado pesimista. Quizá en un par de horas la cosa esté resuelta y al mediodía podamos tenerlo en marcha. Claro que con la informática nunca se sabe; basta que se rebele un trozo de código para que todo sea un churro. Supongo que la Srta. Bellpuig habrá preferido ser conservadora. Más, quiero decir.

  • Chic-intelectual, eso es. La moda es encontrar lo más valorado mucho más cerca de lo que puedas imaginar. Te dice el enterado que la mejor papaya del mundo no se da por esos mundos de Dios sino en el patio del Registro Mercantil de tu ciudad.

  • holmesss 7 de mar de 2014 23:54
    Definitivamente soy un tipo resultón. Hoy me ha abordado en el Ensanche una atractiva mujer y me ha soltado un par de piropos a cuenta de mis gafitas.
    Cataluña y yo somos así, señora, me han fallado los reflejos, helàs.

    -Lo que no cuenta holmesss es que la tal “atractiva mujer” iba enhebrada del bracete del marqués, información hurtada al ingenuo lector que podría creer lo que no es.

  • Lo que le queda más cerca a uno mismo es -tomen nota- uno mismo. Viene entonces el enterado, y te dice que no hay nada más cool que hacer eso que tú haces a la fuerza, o mejor, querer hacer, aunque no se haga, lo que tú haces sin quererlo. Veranear en Benidorm, por ejemplo. Y al momento te endosa la doctrina: que si Mariscal vio ahí una maravillosa muestra de ciudad hortera, que si los urbanistas dicen ahora que Benidorm, por su densidad, es un ejemplo de sostenibilidad, que si…

  • Todo tiene su lado cómico. El único de los accidentes de avión son los comentarios que hace la peña en la prensa general. Ya saben, las tesis paranoicas (eso ha sido un atentado, eso es porque no invierten en mantenimiento, etc.) que desata el miedo. Hoy me he tenido que reír con el comentario que transcribo literalmente:

    “Seguro que encarecería los billetes, y reduciría los descomunales márgenes de negocio, pero si se obligase a la aviación comercial además del cinturón de seguridad y las mascarillas, a proveer a todos los pasajeros de trajes acolchados e ignifugos ¿mejorarían las tasas de supervivencia o no en los accidentes que suceden en las maniobras de despegue y aterrizaje? Te puedes morir por politrauma, achicharramiento o asfixia. Mascarillas y cinturones ya están, pero añadir una segunda o tercera piel ignifuga y acolchada ¿cuantos kg de más representaría por vuelo? ¿Por qué a los astronautas se les facilita traje y a los pasajeros mindundis no?”.

    Cómo están las cabezas, Dios.

  • Gengis Kant 8 de mar de 2014 14:35

    Lo que le queda más cerca a uno mismo es -tomen nota- uno mismo.

    Me acaba de recordar indirectamente un curioso argumento que me brindó un brigada del ejército unos minutos antes de empapelarme. No recuerdo cuál era mi crimen, pero el sujeto tuvo a bien explicarme –cito, por supuesto, de memoria– que el reglamento militar facultaba al mando para que, en caso de sedición, éste la sofocara “con los medios que tuviera más a mano”.

    –¿Y qué medio tengo más a mano –continuó explicándome– que mi propia mano?

    Y, dicho esto, me metió dos hostias por sedicioso.

  • Buenísima historia, Gómez, pero seguro que recuerdas tu crimen.

    Ayer cayó una de Peckimpah (La Cruz de Hierro) y hoy otra recomendada por Perroan: Mud. Extraordinaria. Difícil que ambas les gusten a las chicas. He ahí el buen cine.

  • Uno de los temas de Mud, la condena a un amor imposible, aparece también en una novela leída recientemente: Confesión de un asesino, de Joseph Roth. Una joya.

  • ESTILIZANDO QUE ES GERUNDIO

    Pues ahora que lo dice, Bremaneur, hasta recuerdo las palabras exactas que el susodicho brigada ordenó escribir al cabo cuartel en el apartado MOTIVO del Libro oficial de Arrestados cuando me empapeló: “Por vacilón”.

  • Me pregunto qué sentido tiene la inundación a la que nos somete a diario nuestro Wittgenstein particular. A ellas parece gustar tal diletante, pero parece que también hay mas de uno que está pensando en amenazarle con el atizador.

  • Tiene, cuando menos, el mismo sentido que leer las contracubiertas dde nuestro particular Rafa Nadal sesentón. Con la diferencia que los reseñistas de verdad suelen aportar opiniones propias en sus textos y no sólo datos.

  • Esa me falta, Proxuey. No he leído nada malo de Roth. Nada. Y llevo unos años leyéndome libros de viajes a la Rusia soviética. Decenas de ellos. Ni uno solo alcanza al que escribió Roth.

  • El marqués ha sido educado en las virtudes caballerescas del coraje y la franqueza, amén de haber recibido una severa instrución en el manejo de las armas. Todo eso, para hacer lo que más le gusta: meterte el dedo en el ojo.

  • marquesdecubaslibres 8 de mar de 2014 21:47

    M0TIVO: pecado nefando con un cabo primero estando de guardia.

    ¡Qué vulgar!

  • ¡Hostias, Rafa, qué honor! Si hubiera sabido que ibas a visitar mi blog habría preparado unos batidos de proteínas como mínimo.

    Y relájate, hombre, que lo de las contracubiertas lo dije con la admiración que merecen los magníficos redactores que he conocido, tipos capaces de currarse dos o tres como las tuyas en una mañana, antes de internet –o sea, tirando de biblioteca– y sin ni siquiera haberse leído el libro de turno.

    Pero si he ofendido, te pido sinceras disculpas.

  • Bremaneur 8 de mar de 2014 20:50
    Esa me falta, Proxuey.

    Brema, es un librito muy corto y tiene una enseñanza muy larga. Del tema (uno de ellos) de estos días. Me pareció extraordinario.

    ***

    Gengis Kant 8 de mar de 2014 21:37
    El marqués ha sido educado […]

    Usted sí que ha sido educado.

    ***

    Gómez 9 de mar de 2014 00:27
    ¿Grotesco…?

    Mucho; pero no usted, Gómez, ni sus estupendos escritos.

  • ¡Agua va!

    “¡Caza para todos!”, aulló el insensato.

    “Todos tenemos derechos cinegéticos”, repitió el eco tardío de algunos anónimos, que entonaron monocordes: “Volvamos a los orígenes. Desborden los cazaderos de liebres corredoras, de aéreas cabras, de aves abatibles. Nunca más sea injuriado por la hosca penuria nuestro puro afán depredador.

    A sus ciegos ojos, todos éramos iguales: innatamente cazadores. Adularon orejas ansiosas y torpes silbando: “Nadie impida al hombre ser lo que es. Nace este, y en seguida se afana por atrapar moscas; apenas dados los primeros pasos, ya necesita nuevos horizontes, alza la mirada a más altas empresas, y empieza a perseguir lagartijas; no tardará, aún en la tierna infancia y siempre superándose a sí mismo, en cobrar piezas mayores como ratas y culebras. Nada sacia la inquietud venadora del hombre; y nada escapa a su poder: quien espantó gatos y ratones, cazará osos y leones”.

    Pretendieron quienes así mentían cambiar las duras, eternas reglas de la ceremonia cinegética. Quisieran haber hecho de ella una distracción más que un sacramento, un torpe ejercicio de placer, con abundancia, rayana en lo oriental y teológico, de piezas abatibles, a poder ser inofensivas ovejas. Juzgaron propio de tiempos bárbaros e inhumanos que no se admitieran tranquilas batidas de salón, al alcance de todas las clases: activas y pasivas, válidas e inválidas, triunfantes y vencidas, y lamentaron que no quedase más remedio que andar por bosques y breñas en busca de piezas imposibles.

    Excitaron así las falsas esperanzas de algunos incautos y perturbaron el silencio de los sacros colegios. Soñaron una caza abundante, ignorando que la misma expresión, en labios mortales, es un absurdo, un engendro que hiere los oídos. Pisotearon el recto sentido de la caza, confundida en sus mentes insanas con una mera recolección de piezas, con una cosecha venatriz diríamos, y olvidaron que la caza no es pacífica y somnolienta agricultura.

    “¡Renunciemos a la caza!”, gimieron otros no menos extraviados. Y arrastraron su cansino lamento: “Alguien cazó en el pasado, pocos cazan en el presente, y nadie cazará en el futuro; sólo quedarán, eternos, populares, los entrenamientos agónidas. Recojámonos en ellos y desistamos de la caza”.

    Hicieron del estadio el refugio de su desesperación criminal. No querían saber nada del mundo ni de los montes; los ejercicios atléticos debían ser, blasfemaron, un fin en sí mismos y no un preparativo para la caza. Vocearon estos ciegos, sordos y ojalá mudos que pudiera ser que, en épocas ya olvidadas, la fortuna sonriese a los cazadores; que quizá fuera indispensable más tarde, debido a la escasez de piezas, un duro entrenamiento que permitiera afrontar las terribles jornadas monteras; y que acaso se juzgara prudente por último, cercana la era de la desaparición de la caza, defender el atletismo, convertido ya en pilar de la vida comunal, con la ilusión de que facilitaría en un futuro más o menos lejano la fuerte tarea.

    “Pero -ladraron- ese espejismo, que pudo ser necesario en la minoría de edad de la razón, es a estas alturas del siglo un lastre que menoscaba la dignidad propia de los entrenamientos”. Contrarios a que algo extraño imperase sobre estos, reconocieron sin embargo la utilidad de fantasear un simulacro de finalidad, de asignarles un objetivo espurio que hiciera las veces de apetecible zanahoria, y así llegaron a afirmar que los ejercicios habían de servir como puesta a punto no para las fatigas campestres, antes bien, ¡inaudito error!, para las Agonalias.

    Trastornaron estos pobres de espíritu la jerarquía de las cosas, y se rebelaron contra el señorío de la caza sobre el atletismo. Desvinculado de su fin natural, el esfuerzo agónico degenera en asunto laborioso, en ciego y obstinado trabajo, en automatismo idiota y ayuno de sentido.

    ¡Qué faltas tan contrarias! Reclamaban unos lo que no debieron, rehuyeron otros lo que debían. Y los abatió a todos el mismo destino. Sufrieron idéntica pena quienes, a pesar de conclusiones tan opuestas, habían errado en la misma premisa: el torpe anhelo de abundancia, la nostalgia de la gordura derramada.

    No negamos que hubiera en tiempos más dichosos caza para todos. Así parece enseñarlo el caso memorable de aquel terrible Vagamonte, cazador y pescador portentoso, que, en una montería por los campos de Belchite, cobró un millón de piezas. Pero tampoco debe olvidar nadie que aquella edad dorada no conoció la desesperación que eleva al cazador sobre su presa. En su fortuna venadora, no pudieron nuestros antepasados distinguirse de los animales. La excesiva familiaridad que provocaba la abundancia cinegética los confundió a todos, cazadores y cazados, en un común parentesco.

    Ese mundo feliz y brutal nos está vedado. Fuimos expulsados de los cotos celestes. Pero no hemos de lamentarlo. No nos arredra la empresa, en verdad heroica y sólo para los mejores, de perseguir lo que nunca alcanzaremos.

  • Siento no haberles podido ofrecer otra cosa, pero, por más que revuelvo una y otra vez en los cajones, tengo claro que nací doctrinal. Si hasta me declaraba marcando las razones de mi amor (con la mano izquierda levantando los dedos de la derecha; el meñique, el anular, el corazón…).

  • En pleno plano de la agricultura y la ganadería estabulada se lo digo, creo que no he entendido bien la fábula, lo cual no tiene ninguna importancia. Las cosas nunca deberían estar tan claras como para hacernos creer que las cosas son claras. Sin embargo, su párrafo final es ciertamente redondo:

    Ese mundo feliz y brutal nos está vedado. Fuimos expulsados de los cotos celestes. Pero no hemos de lamentarlo. No nos arredra la empresa, en verdad heroica y sólo para los mejores, de perseguir lo que nunca alcanzaremos.

    ***

    Si hasta me declaraba marcando las razones de mi amor (con la mano izquierda levantando los dedos de la derecha; el meñique, el anular, el corazón…).

    Maravilloso, Gengis.
    Me he acordado de La señorita de Trévelez. Ella, la pobre, preguntaba: «¿Me quieres, Galán? ¿Y por qué me quieres?» Y él, muy atragantado, respondía como podía: «Eh, por nada, por nada».

  • Finalmente Popper agarró el atizador del fuego y en vez de sacudirle a Wittgenstein se rascó los cojones con él.

  • Ustedes o algunos de ustedes, muchos, tienen arrebatada querencia por los vieneses y sus cosas de sus siglos. Pero ya está, ¡eha! ya pasó.

    Que me dijeron que en este nuevo trimestre íbamos a estudiar la cosmología y el nuevos orden del caos y sus consecuencias.

  • No disimule Gengis, usted viene aquí cual Homero subyugado por los cantos de sirena o en su defecto por el olor de las flores de marzo. Que la luz que le alumbre en su camino no sean luciérnagas.

    Marzo: Narciso

    Esta flor que brota a finales de invierno, con su brillante color amarillo, personifica el renacer a la vida, unos nuevos comienzos.
    Presentados en abundante ramillete, prometen felicidad y alegría. ( que lo leí en un calendario de flores super precioso y con poema incluido 🙄 )

  • El inspector dio un respingo al ver la foto del acusado, parecía sacada de una galería de imágenes de Lombroso. Posaba displicente con un viejo café de fondo. Nariz carnosa, mandíbula cuadrada, cejas espesas que enmarcaban unos ojos sin vida, se tocaba con una gorrilla de ladronzuelo que ocultaba una frente estrecha y un cabello ralo. Como si quisiera que todo el mundo supiera de su oficio, gastaba una americana negra de cuero de piel de rata que hacía juego, es un decir, con camisa y camiseta del color de su alma. Si no fuera porque era sospechoso de cruel asesinato, no podía ser otro que un cronista de sucesos de la cuerda de la borracha de la Landi.

  • BONNIE
    9 DE MARZO DE 2014 AT 17:36
    No veo mi avatar ni el de ustedes..¿necesito gafas?

    No Bonnie. Los avatares están desactivados. No hay manera de que funcionen en Android. A ver si mañana la Srta. Bellpuig consigue solucionar eso y algunas cosillas más, como los botones del formulario de comentarios.

  • MARQUESDECUBASLIBRES
    9 DE MARZO DE 2014 A LAS 18:34
    El inspector dio un respingo al ver la foto del acusado, parecía sacada de una galería de imágenes de Lombroso.

    10/10

  • Con la desaparición de Mortier la alta cultura pierde a su mejor valedor de los últimos años. Mi mas rendida admiración.

  • Mon Pirate, ¿que es eso de los indios que ibas a escribir? ¿Pensabas en ChopSuey? Necesitamos colaboradores e ilustradores. Además, ahora que el Camarada Sergei ha hecho un cursillo de imprimir camisetas estamos empezando a ver posibilidades de remuneración inéditas.

  • Pienso comprar las camisetas necesarias para, al menos, un viaje informal en Boxster.

    Vayan preparando XXL o más.

  • ¿Qué debe hacer el cliente que se entera de que en el diseño moderno no hay piezas originales pero sí series originales? Si quiere respetar el espíritu de los diseñadores, debe buscar las series que no son originales.

    ¿Y qué debe hacer el comerciante? Cobrar más por eso que el cliente enterado valora más.

  • – Es nacionalista, probablemente del ala no nacionalista, cualquiera al que le ponga los pelos de punta la idea de vivir en un país donde sean mayoría los partidarios del burka.

    – Eso no es ser nacionalista sino defensor, sea cual sea el país, de los derechos del hombre. Es, todo lo contrario al nacionalismo, una defensa de lo que compartimos todos los hombres.

    – Querrás decir: de lo que que queremos los cosmopolitas que compartamos los hombres.

    – No me convence la matraca de que el cosmopolitismo es una actitud particular y el antirrelativismo una relativa.

    – Es verdad que es una matraca, pero su refutación no puede limitarse a decir que es una matraca.

  • DOS MUSEOS

    También hay museos modernos con negros como el de Bañolas.

    Unos, según el modelo francés, de minimalismo no reñido con lo coñazer, sobrecargados de doctrina y supériorité morale.

    Otros, de modelo anglosajón, de minimalismo nunca reñido con el Showbiz y las oportunidades de negocio, que tanto odian las distintas subespecies de los enemigos de lo comercial.