Cuando salimos a la calle… (Serenata de plomo. IX)

capone5
Por Martin Holmes.

Cuando salimos a la calle ya estábamos trompas como obispos. No llevábamos caminada media manzana cuando Hemingway se peleó con tres chinos. Consiguió de Dios sabe dónde el cabo de una tubería y le abrió la cabeza a uno. Yo le zumbé un derechazo especial Ace Bullet a otro limón y le mandé a cruzar tres estados. Imagino que se estará preguntando qué diablos hace en el norte de Carolina. Nick Adams se mantuvo al margen, vitoreando los puñetazos como un tío que celebra los goles.
—¡Duro con ellos, Hem!— dijo.
El chino más pequeño saltó cuarenta metros sobre el suelo y en el descenso le zumbó un millar o dos de patadas a Hemingway.
—Este cochino limón sabe baritsú —dijo Adams.
Doce o trece millones de chinos se unieron al jolgorio. Hemingway sangraba de la cabeza. Todos los limones parecían iguales y eso me desconcertó. Les diré algo sobre pelearse con más de un chino a la vez: tengan antes la precaución de numerarlos o acabarán atizando siempre al mismo y los demás tomarán la iniciativa. Los malditos deben provenir todos de una misma ramera primigenia, una especie de Eva color canario. Nos batimos en retirada. Hemingway juraba como un conductor de carretas. A Nick Adams le divertía el asunto. Era un hombre jovial que disfrutaba de lo que le ofrecía la vida. Paramos a hacer inventario cuando los chinos dejaron de perseguirnos. Hemingway tenía un golpe feo en el melón.
—¿Te han mordido? —me preguntó.
—No me he mirado.
—Asegúrate, los chinos tienen triquinosis.
—Vamos a buscar un cagadero —dijo Nick Adams.
Éramos discretos como el confesor de una furcia. Acabamos en el Nitty Gritty de Lola la del Lunar. Nick y Hemingway se fueron al cagadero por turnos. Yo le pedí una copa a Lola. En una de las mesas estaban sentados tres italianos feos como comadrejas. Dos eran flacos y el tercero era un gordo grasiento con dos adornos de cuchillo en la mejilla izquierda. Olían a fritura de ajo y a negocios indecentes. No me quitaban ojo.
—¿Quiénes son esos tres mendas? —le pregunté a Lola.
—Los enjutos son Anselmi y Scalise, silenciosos y arteros, asesinos de oficio, buenos chicos napolitanos. El gordinflón del tajo en la jeta es Al Capone, la mano derecha y la izquierda de Johnny Torrio. Le escribieron la cara en un baile. La sífilis le está comiendo la sesera.
—¿Siempre calibran así a la parroquia o es que yo les parezco resultón?
—Eres tan resultón como una rata mojada, cariño, no te ofendas. He pisado colillas con mejor aspecto que tú.
Hemingway regresó del cagadero del brazo de una golfa pequeñaja. Pidió un trago de Viejo Coronel y se lo sopló.
—Te presento a Molly Malone, es irlandesa —me dijo.
—Y yo esquimal —le contesté.
—Lola, te cambio un cajón de whisky Canadian por una habitación con bañera. ¿Tienes velas?
—¿Vas a pegarla fuego? —dijo Lola.
Molly Malone tenía su gracia si la mirabas en perspectiva. Parecía de campo. Al Capone y los dos flacuchos nos hicieron una radiografía. No sé si han visto alguna vez a un gato mirando a un canario, pero háganse una idea.
—La comunidad siciliana tiene interés por nosotros, Hemingway —dije señalando a Capone y a los dos juncos.
—Esto va por buen camino. Hemos llamado su atención. Se abre la puja.
—Capone y sus monaguillos andan preguntando por un camión de whisky canadiense y por una familia de chinos que trafica con opio —dijo Lola.
—Los Wong no trafican con nada —dijo Hemingway.
—Me acabas de decir lo contrario —dije.
—Los Wong se dedican a la demografía, lo que ya les mantiene bastante entretenidos. El señor Wong cultiva, la señora Wong pare y cada tarde aparece un chino nuevo sentado en el retrete. Les inventé el contrabando de opio para darles interés narrativo.
—Tu creatividad literaria casi hace que me maten en la Taberna de los Doce Picheles.
—¿En qué diablos andáis metidos? —preguntó Lola.
—El joven Ernie, cazador de zarigüeyas y héroe de guerra en la función de fin de curso, tiene delirios de grandeza. Es un puro disparate.
—Recoged la vajilla buena, hermanitos, y largaos tan lejos como os lleve un autobús —dijo Lola.
—¿Sois aventureros? —preguntó Molly Malone.
—Exactamente —dijo Hemingway—. El teniente laureado Ernie Hemorroides, el campeón Ace Bullet y el joven Nick, que es el contrapunto cómico. Somos la Banda de la Zarigüeya.
—Haremos carrera en el vodevil —dijo Nick.
Capone se levantó de la mesa, escupió sobre su taza de whisky y nos señaló con su dedazo brutal. Scalise y Anselmi nos miraron con frialdad. Luego se fueron arrastrando un mantel. Rompieron dos vasos y el tacón de una señora. El señor que la acompañaba miró para otro lado.
—¿Dónde se compran los trajes? —preguntó Nick—. ¿En el circo?
—En Europa no se han repuesto del barroco —dijo Hemingway.
—A ver cómo te repones tú de una bala, teniente Hemorroides —le dije.
—¿Puedo ser la chica de la Banda de la Zarigüeya? —preguntó Molly Malone.
—Puedes ser lo que quieras, amor, esto es América —dijo Hemingway.
Después de media docena de copas de Viejo Coronel, Hemingway le cambió el cajón de whisky Canadian a Lola por una habitación con bañera. Molly Malone tarifaba a cuarenta pavos la pelea y Hemingway me pegó el sablazo. Le presté mis últimos cincuenta. Adiós al cepillo de la iglesia del doctor Clarence Edmonds. A cambio, Hemingway me nombró consejero de la junta directiva de la Banda de la Zarigüeya y escribió un contrato sobre el muslo de Molly Malone. Molly estaba muy contenta con su nueva personalidad de papel timbrado. Subieron al hipódromo y me quedé departiendo con el loro de Lola, el Profesor Charmé, y asesinando mi hígado con los disparos certeros del Viejo Coronel. Al de una hora bajaron riñendo.
—El señor Hemingway tiene la pistola pequeña —dijo Molly.
—Mi pistola es normal, pero tú has tenido una mala tarde —dijo Hemingway.
—Lo que tú digas, amor.
—Cálmate Ernie —dijo Lola—. No empieces una pelea.
—Hazle caso, teniente Hemorroides —le dije—, no hemos parado de zurrarnos en todo el día.
—Menuda banda de aguafiestas —dijo Hemingway.

67 comentarios

  • El golpe lo paró Tejero, no el Rey. Suena raro, pero cuando Armada fue al Congreso no consiguió entrar porque Tejero no aceptó la milonga de un gobierno de concertación presidido por Armada. Mientras hablaban el Rey dio su mensaje televisivo que era compatible con el plan de Armada. Si Tejero le hubiera dejado pasar hubiera convencido a los aterrorizados diputados para que lo nombraran. Entre otras cosas porque algunos estaban al tanto de los planes del taimado gallego que llevaba en la guerrera un papel con los nombres del nuevo Gobierno que el presidiría. El listado es delirante incluyendo al general Saenz de Santamaría como ministro de Autonomías con el encargo de meter en vereda a los vascos.

  • Por un lado los gabomaniacos, por otro los gabofóbicos y por otro lado los esnobs. Sobre los primeros no vale la pena detenerse. Su devoción por GGM no es literaria, o al menos no sólo literaria, sino sentimental. A los segundos tampoco hay que prestarles más atención de la que nos merecen quienes demonizaron a Borges (el escritor, no el egomaniaco). En el fondo, también caen en la trampa de una forma de sentimentalismo, la ideológica, sólo que trocando la dictadura argentina por la castrista. Y luego están los terceros: esas personas cuyo mayor afán es ante todo desmarcarse de la multitud, gabofílica o gabofóbica, y que ahora se dedican a decir aaquello de que no fue para tanto, sin probablemente haber releído después de los quince años “El otoño del patriarca”. Pues si lo hubieran hecho, leer El otoño… sin aspavientos, treinta años después de extintas las brasas del boom latinoamericano, no les quedaría otra que reconocer que GGM se merece todas las portadas que se le han dedicado.

  • ¿Habrá algo peor que un madrileño enseñándote una casa al azar y diciendo ‘ahí tiene un piso el Rey para quilar con Paloma San Basilio’?

    Sí, lo había: los madrileños explicándote el 23F. Lo saben todo, macho. Y a quién vas a creer, claro: a tus propios ojos o a un madrileño.

  • Como todos ustedes saben, García Márquez y Vargas Llosa vivieron algunos años en Barcelona, ambos en la muy noble villa de Sarriá, apenas a centenares de metros el uno del otro. Llama la atención, pues, que en una ciudad donde casi cada imbécil tiene placa conmemorativa, nada indique que algunas de las grandes obras literarias del siglo XX fueron alumbradas en nuestras calles.

  • Por cierto, y hablando de placas conmemorativas: mi preferida siempre ha sido la que preside la plaça San Josep Oriol, que se colocó en recuerdo de uno de los actos divinos más extraordinarios que se han dado nunca en ciudad alguna y cuyo texto es el siguiente:

    El 6 de abril de 1806 llegó la noticia de la aprobación de los milagros del siervo de Dios Dr. José Oriol con cuyo motivo iluminose exteriormente esta iglesia y al pasar por este puentecito se cayó desplomado al suelo el director José Mestres sin recibir el menor daño a pesar de su extraordinaria gordura como consta en el archivo de la R. comunidad y para cuyo rercuerdo se colocó esta lápida.

  • Mercutio, lo que cuento sobre el 23F proviene de la lectura del tomo de la Urbano. Quizás los asturianos ya se lo saben todo sobre el asunto, pero algunos no terminamos de ver claro lo que ocurrió. Me sorprende saber que el fundador de la empresa en la que trabajo estaba como ministro en el pretendido Gobierno de Armada.

  • Mi padre siempre puso por delante a Jorge Amado antes que el resto de escritores latinoamericanos. Me lo hizo leer de joven y me apasionó. Nunca entendí su escasa repercusión en España, para mi padre, para nosotros, Amado solo era comparable a García.

  • Gómez, cuando se empezó a hablar todo el día de la memoria histórica decidí llevarme a casa una oxidada placa rotulada AVENIDA DE LA VICTORIA que había sobrevivido al cambio de nombre de mi calle, entre zarzas, donde la ciudad pierde su nombre. Ahí la tengo, para eventuales desmemoriados locales.

  • Holmes, ¿la Avenida de la Victoria de Pedralbes?
    No me diga que usted también vivía –como García Márquez, Vargas Llosa y servidor de usted– en Sarriá.

  • Tanta TV digital y tanta hostia, podemos cambiar el idioma de la retransmisión deportiva, pero ¿donde está la opción de no oír a ningún puto comentarista?. Sólo sonido ambiente.

    Puto calvo portera.

  • Gómez, dediqué muchas horas a no estudiar en el piso de unos amigos de Gerona que habían convencido a sus padres de las bondades de quedarse a vivir el el Ampurdan. Era en la calle Bonaplata, al ladito de GGM, y lo que es más importante, de las bravas del bar Tomás. Ahí declinábamos Qualsevol día pot sortir el sol, entre otras.

  • Mi Avenida de la Victoria ahora lo es de los traginers ( arrieros ). Tal vez un guiño del funcionario que la bautizó, ya saben: arrieros somos y en el camino nos encontraremos.

  • En el Tomás soy punto fuerte, faltaría mas, un paseíto desde casa. Estoy esperando a que Gachó se decida para mostrarle qué es Bsrcelona.

  • Paséeme a mí, hidalgo de los mares, ¡qué digo!, más aún : procer de la biocenosis. Yo soy muy agradecida además de tonta y me rio tanto….que ni bebo y apenas como, me alimento de ensoñaciones.

  • Estamos hablando de un agujero negro. El tipo que está al frente de la fritura ya lo estaba hace cuarenta años, y sigue sin ir al logopeda, con lo bien que le iría.
    Buen sitio para amistar.

  • Holms, hace unos 40 años el señor (P.) que hoy está delante de la fritura, atendía las pocas mesas que había en el local. Como se te ocurriera pedirle las patatas dos veces, ya no te servía por mucho que insistieras.

  • (Mi comentario era para el Marqués, no había leído a Tareixa)
    Yo, sin embargo, como como 7 obelixes y bebo como un regimiento de cosacos. El último Marqués que me paseó tuvo que vender sus bienes para pagar los gastos que le ocasioné y cambiar de documentación, raparse el pelo, y abandonar España de la vergüenza que le hice pasar y el desasosiego que le provoqué.
    Dicen que se hizo vegano y viste con una túnica de esparto. Nadie le ha vuelto a ver.

  • Usted es todo un desafío para los marqueses, señorita Lowercase. Ufff, qué peligro tiene.Y a veces hasta simpática, mire le doy un achuchón y todo.

    (¡No se resista, fiera!)

  • (En semana santa y dadas mis circunstancias, me dejo achuchar sin resistencia y con gusto . Venga ese achuchón, wikinena)
    (¿Dónde está Gengis? ¿Sigue filtrando bien? ¿Me tengo que preocupar?)

  • Ustedes perdonen,pero esto no es un putichat. Lo que faltaba por leer…y además para qué está el juasap y los correos privados.

    Salgo de procesión y descalza. Rezaré por ustedes impíos, que son unos impíos

  • Viene en el Babelia (El País) de esta semana un reportaje de tres páginas sobre literatura catalana actual firmado por Carles Geli («Narrativa de la ‘posmodernitat’» y «Tsunami poético»; no lo puedo colgar porque no está disponible en internet). Total, que empieza hablando de «El prometedor momento de las letras en Cataluña» pero solo mucho después te das cuenta de que son las letras en Cataluña en lengua catalana. Bien, a la cosa. Que todo superfenomenal desde el punto de vista creativo, en la poesía se habla de «explosión brutal de creatividad» vos lo juro, y además hay incluso «un big bang» editorial. Pero siempre tiene que haber un pero, y este pero verde y aguafiestas son los lectores, los joíos lectores. Que no hay público suficiente para vivir del cuento (dicho sea con todo el amor) y eso que Cataluña es la comunidad más lectora de España. Es que, hombre, tiene que partirse en «dos mercados y dos espacios culturales y lingüísticos distintos, catalán y castellano, y eso condiciona el crecimiento del público lector en catalán», asegura Bagunya. «También parece haber un desajuste entre la retórica política (nación cultural) y su traducción en la práctica política, opinan tanto izquierdo como Broggi. «Hay una masa de lectores que viven, hablan y educan a sus hijos en catalán, pero que leen y escogen libros en castellano, quizá por pereza, desconocimiento o prejuicios», constata la editora.

    Interesante lo de los dos espacios, pero es más sangrante lo de después. Supongo la «traducción en la práctica política» quiere decir lo que parece, y en cuanto a por «pereza, desconocimiento y prejuicios», mi aportación es ¿y qué tal porque les sale de los huevos?
    En fin, esto me ha recordado las largas reflexiones que se producen y suceden asimismo en el País Vasco cuando los que viven del pastizal invertido en «normalización» (que me parto) lingüística reflexionan sobre por qué la gente aprende y luego va y no lo habla.

  • Todavía me encuentro somnolienta por los Rioja Alta que se forjaron en el 85. Los jóvenes nos hemos dejado llevar por nuestros mayores..ellos sí que saben.
    ¡Qué barbarité!

  • Lo que me he hecho es un Porgy and Bess completo. En el Babelia que leí ayer Muñoz Molina hablaba de Gershwin, se me ocurrió buscarlo en youtube y estaba. Con parlamientos y sin ellos. Es una mina, qué pena de anuncios. (Tendría que haber un youtube del Estado, gratis y sin anuncios. Yo lo veo una buena idea).

  • No cabe duda que el concierto donde se “mató” a Ziggy Stardust –tras conducir el personaje a las puertas de la locura a su propio creador– y se disolvieron para siempre los Spiders From Mars, fue uno de los mejores y más recordados de la historia del rock: una estrella en estado de gracia, el guitarrista y arreglista más brillante del momento (“como tener a Stravinsky en tu banda”, diría un crítico acerca de Mick Ronson) y un extraordinario pianista de jazz.

  • Musho Glam, Gómez, pero en ese concierto no se cantó en directo.
    Fíjese bien, ya que la fijona no lo ha hecho tampoco.

  • Juraría que sí tocan en directo, Marqués, aunque es muy posible que usted haya visto –u oído– algo que se me haya pasado las muchas veces que lo he visto.

  • Esta Semana Santa, Bonnie, a la que sigo en Facebook, ha ido a la procesión de su pueblo y al (cielo del) Real. Por lo que relata compruebo que ha ido vestida a la procesión como si fuera al (cielo del) Real y viceversa. Vivimos tiempos de gran confusión.