78 comentarios en “Capturas (II)

  1. Buscando otra cosa en la hemeroteca de LV leo, al azar, la espectacular oferta de cine de arte y ensayo (“salas especiales”, como se le denomina en la cartelera) de Barcelona un día cualquiera de 1977:

    -Queridísimos verdugos
    -El abominable Dr. Phibes.
    -El portero de noche.
    -Dersu Uzala.
    -Un affaire de coeurs.
    -Hester Street.
    -In delitto Mateotti.
    -Joe Hill.
    -Conocimiento carnal.
    -Bob, Carol, Ted y Alice.
    -Los placeres ocultos.
    -Les camisards.
    -Una chica tan decente como yo.
    -Yo soy, yo fui, yo seré (con la presencia de los realizadores en la sala)
    Sacco e Vanzetti.
    Presas y Sangre.
    Gradiva.
    El Albatros.

    Supongo que en 1977, a mis quince años, iba mucho al cine, porque las he visto casi todas.

  2. Resulta casi imposible mencionar a Joe Hill, el legendario sindicalista y músico ejecutado en Utah en 1915, y no mencionar esa poesía que escribió a modo de testamento poco antes de comparecer ante el pelotón de ejecución:

    “My will is easy to decide
    For there is nothing to divide
    My kin don’t need to fuss and moan
    “Moss does not cling to rolling stone”

    My body? Oh, if I could choose
    I would to ashes it reduce
    And let the merry breezes blow
    My dust to where some flowers grow

    Perhaps some fading flower then
    Would come to life and bloom again.
    This is my Last and final Will.
    Good Luck to All of you
    Joe Hill”.

  3. En general se puede decir que nos gustan nuestros pecados, a qué si no el recaer repetidamente en ellos. Uno de los míos, pequeño pero reiterado, es escribir ígnaro por ignaro. Me gusta de modo inconsciente el ignorante esdrújulo y en él caigo una y otra vez, pese a la advertencia nada sutil del corrector que destaca la palabra subrayada en rojo. La tónica en la i y su tilde, por no sé yo qué asociación, convierten en mi cabeza al ignorante convencional, anodino e insípido en un zoquete con ínfulas, un torpe centelleante y pirotécnico, exhibicionista de su cortedad. En un ignaro excepcional y destacado, subrayado en rojo.

  4. ¡Regresan las chicas de Pikara Magazine, la revista digital de humor y descojone padre!

    Y lo hacen totalmente desatadas.

    Para quien no lo sepa, en este magazine fue donde la dirigente de Podemos, Beatriz Gimeno, abogaba por la estalinización del coito anal y la “redistribución igualitaria de los placeres sexuales”. También fue donde escribió aquel glorioso artículo, titulado ¿En qué váter entramos?, en el que al analizar la falta de separaciones en los lavabos públicos masculinos se preguntaba si no respondería este hecho a una palmaria muestra de reafirmación patriarcal destinada a demostrar “que ellos mean de pie y la posibilidad de comparar los tamaños mientras lo hacen”. Vamos, que quien no haya entrado en un urinario público y, después de celebrar como merece el no tener que hacerlo en cuclillas, sentado o tumbado, no mire de soslayo la tranca del vecino para constatar si está bien calzado, que arroje la primera piedra.

    Pues eso, que regresan las feministas más chifladas de la red, y esta vez con un vídeo indescriptible de humor y terror

    ¡Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

  5. Cuentan que, estando por morir no sé qué hombre que había llevado vida poco cristiana, alguien dijo a Quiroga, arzobispo de Toledo, inquisidor general y hombre muy apegado a los bienes y placeres de esta Tierra:

    – Triste cosa es morirse un hombre y no irse al cielo.

    A lo que respondió Quiroga:

    _ Y aunque vaya.

  6. Muchas de las letras que recopiló Demófilo se han dejado de cantar, o te las ves y te las deseas para escucharlas.

    Aquí van cuatro soleraes de cuatro versos, tal como las incluyó literalmente en su antología, que no recuerdo haber oído cantar nunca y que son un bombón para cualquier cantaor:

    Ni durmiendo tendrás tú
    Tranquilo tu pensamiento,
    Que er que tiene malas cosas
    Tiene que bibí despierto.

    Mi cuerpo es como er nabío
    Cuando lo están carenando,
    Mientras mas gorpes le dan
    Más firme se ba quedando.

    Pierde er perro y pierde er pan
    Quien da pan a perro ageno,
    Yo no te he dao a ti er pan
    pa no perdé más que er perro.

    y

    Quisiera yo por horitas
    Ser nasío de las yerbas
    Porque ojitos que no ben
    Corasonsito no quiebran
    .

  7. Completamente de acuerdo con Mgaussage (12:10). Ígnaro suena
    mucho mejor que ignaro, el concepto mismo parece demandar la sonoridad esdrújula.

  8. Pirata Jenny lunes, 25/06/2018 a las 15:24

    Muchas de las letras que recopiló Demófilo se han dejado de cantar, o te las ves y te las deseas para escucharlas.

    Qué interesante. Y las escribió directamente en analfabeto para que los cantaores entendieran bien la pronunciación.

  9. Vaya Swegen.
    Sospecho que esa culebra huele mal.
    Pero sepa que el alcantarillado y las aguas fecales no se mezclan hoy día en las ciudades civilizadas.
    Tal vez ya lo sabe.
    Bueno, en las de la India y Nepal sí se mezclan. Y por eso huelen mal los ríos.
    Debe haber negocio para los que quieran ir poniendo plantas EDAR por el mundo, pero es que eso apetece menos que ser enterrador.
    Me pregunto como será la red de fecales en Riyadh, he visto camiones como esos, pero no haciendo la culebra. Aquí alguna EDAR sí hay, las he visto en el mapa.
    Eso sí, alcantarillado no hay, las pocas veces que llueve, se inundan las calles y las carreteras.

  10. Tal vez ese es el gran secreto, esa mierda de Dubai la meten en un pozo y se convierte en petróleo, ¿cual es el origen del petróleo? ¿lo creó Dios? ¿o es es un fósil de dinosaurios y plantas muertas?

  11. Perroantonio
    lunes, 25/06/2018 a las 15:42

    O bien se adelantó un siglo a las propuestas de García Márquez.

    Pero no, la torpeza geográfica de Machado es premeditada. Y tiene algún sentido: todavía hoy resulta extraño leer según qué letras y quién las cante con la ortografía impecable de un acta notarial. Y el contraste para el lector en 1880, cuando prácticamente toda la población gitana vivía en el mundo rural y sin alfabetizar, debía ser aún mayor.

    Pero es que, además, muchas veces la ortografía correcta rompe la rima del cante. Por ejemplo, en esta seguiriya, si se escribiera correctamente el participio:

    Ya los sacan d la cárse
    A cajitas estemplás
    Los calorrés iban elante
    Las calorreá etrás
    Y tos los jundanales
    A bayoneta calá.

  12. Swegen, parece que el problema con los vertidos ya está arreglado:

    Sewage Issues

    During Dubai’s economic boom in the 2000s the city’s growth meant that it was stretching its existing sewage treatment infrastructure to its limits. Sewage from areas of Dubai not connected to the municipal piped network at the time was collected daily from thousands of holding tanks across the city and driven by tankers to the city’s only sewage treatment plant at Al-Awir. Because of the long queues and delays, several tanker drivers resorted to illegally dumping the raw sewage into storm drains or behind dunes in the desert resulting in much controversy. The result of sewage dumped into storm drains was that it flowed directly into the Persian Gulf, near to the city’s prime swimming beaches. Doctors warned that tourists using the beaches ran the risk of contracting serious illnesses like typhoid and hepatitis.

    Dubai’s municipality says that it is committed to trying to catch the culprits and has imposed fines of up to $25,000 as well as threatening to confiscate tankers if dumping persists. The municipality maintains that test results show samples of the water are “within the standard”.[13]

    In 2013 it was reported that the Jebel Ali plant receives 70% of sewage through the city’s sewage network, while the remaining 30% comes from sewage trucks.[14]

  13. Tecleando en google “Jeddah musk lake” se pueden leer varias docenas de artículos sobre el problema, que parece van solucionando, de las residuales en esa ciudad. Hicieron una enorme balsa montaña arriba en la que, sin tratamiento alguno, vertieron durante décadas toda la mierda de la ciudad. En camiones cisterna, como los de Dubai. Primero se les desbordaba, así que hicieron aliviaderos que camino del mar pasaban entre las casas. Luego se les llenó el subsuelo de las filtraciones hasta tal punto que la ciudad flotaba en aguas sucias que afloraban en sótanos y algunas zonas más bajas. Finalmente, cada vez que llovía había inundaciones de mierda. Tsunami de mierda amenaza Jeddah, es alguno de los titulares. Por lo que leí hasta que murieron algunos miembros de la familia real ahogados en una de esas riadas no se tomaron el asunto en serio.

  14. Estoy contigo y tu palabro, Mortimer. Mi manía particular es hermita, que no ermita, con una hache tan grande como las espadañas tan bonitas que suelen lucir. Es escribir hermita y tener que ir a por un par de campanas para colgarlas de lo más alto de la hache.

  15. Un campano te ponía yo. Vaya día que lleváis. Entre los convoyes de mierda, la ortografía y lo que llevo puesto, hoy me va a dar un jamaputo. Veráis.

  16. Buenas tardes a todos.
    Tardíssimas, que además de mi lunes, he tenido todo el día a Alberto, mi carpintero. ( y todavía tiene trabajo para el miércoles).
    Tengo varias cosas :
    – Lo de los arcaísmos que a uno le siguen pareciendo mucho mejor que las moderneces ; Hierba. Obscuridad. Psiquiatra. Pseudo…y, por supuesto, Hermita. Y que la Real Academia diga misa.

    – Las letras gitanas que ha puesto Pirata : Recuerdo cuando Herrera estaba en Onda Cero, que tenía “La Hora de los Fósforos” , y emitía una y otra vez los mejores. Y el mejor de todos, fue uno de la mujer de un gitano que vendía fruta desde su “fragoneta”, por los pueblos, y no recuerdo bien como, pero acaban todos los “malacatones” tirados por la carretera… El Halcón no paraba de sacar aquél comentario, que a todo el mundo le encantaba.
    Yo no había oído nunca ni lo de “fragoneta” ni lo de “malacatón”, pero desde ese día, sí que lo he vuelto a oír. Incluso yo misma lo he usado alguna vez, cuando quería quedar bien ante alguna “amiga” con pretensiones.

    – Acaba de publicar Michael Pollan un libro ; “How to change your mind” What the New Science of Psychedelics Teaches us About Consciousness, Dying, Addiction and Transcendence.
    En el libro, Pollan defiende el consumo, bajo supervisión médica, de la Psilocybina ( seguro que lo he escrito mal ), y del LSD, en pequeñas dosis, para cantidad de casos.
    Ya dije que Ayelet Waldman había escrito un libro sobre el tema, y sobre como ella había mejorado muchísimo con las microdosis : es maniaco- depresiva, bipolar lo llaman ahora , y tenía muchísimos problemas para escribir sus libros ( que son estupendos ), cuidar a sus hijos, llevarse bien con su marido, ( el bizcochable, y famoso escritor Michael Chabon). Y con el ensayo al que se sometió, escribiendo cada día la dosis, las horas de sueño, las de trabajo, etc etc, notó una gran diferencia. Que además fue duradera.
    Ustedes me dijeron que esos Psicodélicos no tenían ningún valor terapéutico, solamente recreativo, y eran peligrosos, y que no había razón para permitirlos.
    Pues parece que no es así. Y que , en pequeñas, o incluso en no tan pequeñas, pero únicas dosis, pueden ser la diferencia para alguien que se esté muriendo, entre estar asustado y atontado por la morfina, o morirse tranquilo, sin miedo, y consciente…
    Me he encargado el libro, ya les diré. Pero si me convence, soy capaz de empezar una petición en H.O. para que se legalice su uso.
    Que a mí me toca ya pronto…
    Bueno, me voy a cenar.
    Pido mil veces perdón, por lo de siempre.
    Ya siento

  17. Alvite – Galgo dormido ( I | II | III )

    «No sé si las tengo merecidas, pero el caso es que llegan las vacaciones y creo que no opondré resistencia. En la duda de que alguien desconfíe de que yo las necesite, estoy seguro de que habrá lectores que, por el bien de su descanso, incluso me las agradezcan. La verdad es que no es el cansancio físico lo que me anima a levantar la mano de escribir y darme un respiro. Quince días de distanciamiento de la tarea de escribir me vendrán bien para darle un repaso a mi vida, reflexionar sobre mis ocupaciones y decidir al menos si tienen razón quienes aseguran que el pesimismo existencial mejora sensiblemente con una dieta equilibrada. Ya que mi discutible inteligencia no me sirvió de mucho para mejorar mi autoestima, no veo motivos por los que no pueda confiar a partir de ahora en la eficacia intelectual de un menú con lechuga. Tampoco descarto el reencuentro con viejas lecturas que en su día me resultaron reconfortantes, como recuerdo que me sucedió la primera vez que leí «La muerte en Venecia» y quedé fascinado por la facilidad profiláctica de Thomas Mann para describir la atracción homosexual como si se tratase de un poético concurso de camelias. Leí aquella novela sentado en la sombra del porche de un café frente a una playa en Arousa y al levantar los ojos me pareció que todos aquellos bañistas eran hermosas y veniales criaturas capaces en un momento dado de sentir la pulsión de la belleza como algo que suscitase una emoción anovulatoria, decadente y balnearia, igual que la que describía Mann en aquel libro fascinante en cuyas páginas a mí siempre me parece que incluso la muerte huye aterrada de la peste que se cierne como lava de zotal sobre la bellísima ciudad desconchada, distraída y zozobrada. Aunque soy reacio a dejarme afectar por las lecturas, reconozco que la novela de Mann me produjo un impacto considerable y que durante algún tiempo hube de esforzarme para que su estilo no invadiese el mío. Me defendí con éxito de su influencia, pero aprovecharé estas vacaciones para reencontrarme con aquellas páginas, sobre todo porque la primera vez que le puse la vista encima a la novela de Mann, descubrí que la vida puede transcurrir rápida casi sin que sepas que está pasando, lenta e inexorable, casi un reloj con telarañas calcetadas como saliva en las agujas, como le pasaría el tiempo a un galgo que al final de su carrera por la arena pisada por el agua, se hubiese quedado dormido al sol en la culera de una silla de ruedas. Leeré a Mann en Praga y en Cambados. Después levantaré de nuevo los ojos y, como les dije a mis amigos de Facebook, seguro que no podré evitar la idea de que la vida sólo son alegrías, fracasos y pausas para la publicidad.

    Cada vez que tomo vacaciones me propongo caer en la más absoluta indolencia. Es algo para lo que no necesito concienciarme porque siempre he sido propenso a la inactividad. Creo que la pereza es el estado natural del hombre y que en eso lo que influye sobre todo no es la educación recibida, sino la ley de la gravedad. A mí me gustan las vacaciones como motivo para no hacer nada que no sea disfrutar de los placeres más elementales, sin rebuscamientos intelectuales, entregado al disfrute sin necesidad de mejorar las sensaciones empobreciéndolo con la inteligencia, sólo incontinencia y deseos, igual que recuerdo que disfrutaban los cerdos deshuesándose casi de placer cuando los contemplaba de niño en Cambados. Quiero saber qué se siente cuando, liberado de la necesidad imperiosa del trabajo, y con el reloj en el bolsillo, un hombre se puede permitir incluso el lujo de que a su cabeza no se le ocurra nada, como si el placer de la plena indolencia le supusiese la pérdida de la memoria, incluso casi la muerte. Supongo que en ese estado de virginidad mental uno se identifica mejor con la naturaleza, incluso con los animales, y, a pesar de desistir de la imaginación, de forma instintiva podría renovar su casquería mental y sus apetitos y reparar con ellos las áreas de la imaginación que antes hubiesen sido contaminadas por los conocimientos superfluos. Acumulamos demasiados conocimientos retóricos durante el invierno y somos víctimas de un exceso de información que nos impide la recreación emocional en el mundo cada vez más perdido de los instintos. Fascinados por la tecnología y viciados por el dinero, cegados por los dioses fluorescentes, nos hemos olvidado de que el alma también es una tripa. Es necesario que conozcamos las cosas y sus sensaciones por haberlas sentido, no por haberlas leído en alguna parte. Ahora más que nunca me doy cuenta de que las emociones más fuertes, las que de verdad son inolvidables, no son las que adquirí mezcladas con el conocimiento ilustrado, sino aquellas otras que me hicieron disfrutar sin saber dónde diablos había puesto las gafas. Durante un verano de hace muchos años me di cuenta de que, por desgracia, a veces la lectura nos inculca con sus sugerencias una serie de sensaciones que tendríamos que haber conocido por la propia experiencia. A renglón seguido de darme cuenta de aquello, no tardé en comprender que en realidad lo más excitante de cuantas visitas había hecho a mi librería de toda la vida, no eran las frecuentes novedades editoriales, ni el estupefaciente olor de las ediciones nuevas, sino las tentadoras piernas de la hija del librero. Supe desde entonces que las mejores conquistas urdidas en la cabeza de un hombre, fueron antes las manchas más inconfesables en su ropa interior.

    Según yo lo veo, hay en el ambiente emocional de las vacaciones algo que recuerda la comprensible amoralidad que rige durante las treguas tensas e intermitentes en tiempo de guerra, mientras las asistencias recogen a los heridos, los enterradores sepultan a los muertos y en las parras se descuelgan las uvas abatidas por el eco de la artillería, vendimiadas como gangosas hernias de mosto por la sobrecogedora fonética de los obuses. Del mismo modo que la guerra deja en suspenso los modales y las conciencias, las vacaciones suponen una moratoria en la contención de los vicios y la pérdida momentánea del escrúpulo en las comidas. Olvidamos en vacaciones las recomendaciones del médico, igual que en las treguas del combate son indiferentes los soldados a las instrucciones morales de su religión y al recuerdo doctrinal de sus dioses y cenan con la escudilla apoyada en el vientre de un cadáver. Tiempo habrá de reflexionar al acabar el verano, cuando, como sucede después de las batallas, comprendamos que aquel fue un tiempo de comprensible desenfreno estacional en el que no había en nuestra conciencia una sola recomendación dietética capaz de frenar la aromática tentación de las sardinas recién asadas, ni un solo remordimiento que pudiese en nuestras emociones más que el instinto animal de sobrevivir al combate aun al precio de llevarnos por delante la vida de otro hombre. En el disfrute del placer estival, como en el desenfreno de la guerra, quedan en suspenso la moral y la dieta, y las actitudes que antes habíamos disimulado con las apariencias caen en desuso para dar paso al imperio de los impulsos, al exultante dominio de las gandulas sobre los pensamientos. Aun reconociendo que la humanidad ha prosperado sobre todo gracias a la reflexión, es difícil negar que a veces los seres humanos necesitamos deponer la razón para que por un momento rija nuestras vidas el instinto. Estoy de acuerdo en que muchas de las grandes conquistas modernas son atribuibles a la sabiduría de quien logró la división del átomo, pero no es menos cierto que a veces tampoco está nada mal que sintamos dentro de nosotros la emoción que produce el aprovechamiento social del despiece de la ternera. No importa que la indolencia estival no sea un memorable hallazgo de la inteligencia humana».

  18. No sé qué preferir, si que psiquiatra es un arcaísmo y hermita también o que el verano es el imperio de los impulsos, me voy a comer unas sardinas, el acaboche de la pachione.
    Pero qué os pasa.

    NO SOY YO, SOIS VOSOTROS.

  19. Me gusta Alvite, solía leerle en lo de Santiago González. Creo recordar que Calaza escribió un obituario, pero ahora no estoy segura.

    Viejecita, la norma prefiere psiquiatra y los demás psi-, lo mismo hierba. Prefiere seudo- y oscuro pero admite igual de bien pseudo- y obscuro. No son arcaísmos, solo son menos frecuentes y un poco rancios. Arcaísmos son siquier y maguer.
    Es oír ígnaro y esperar a ver cuándo caen el pántano y el périto.

  20. Que sí, filóloga, que por supuesto, pero mi razonamiento de la hache espadáñica es inatacable. ¡ORTOGRAFÍA DIMISIÓN!

  21. En algún lugar, hace ya mucho tiempo, leí que un fraile queriendo emular a Nebrija o así propuso una regla ortográfica que, curiosamente, hoy se ha implantado. Si el burro o la montaña son grandes escríbanse Burro y Montaña. Hoy en el guasap y el internec en general ponemos mayúsculas con parecida aviesa intención.

    Mondariz será Mondáriz cuando la nariz sea náriz, pero ignaro suena raro.

  22. Hay cosas incomprensibles en la vida, que a Camacho le paguen por “analizar” partidos, y que Carbajal juegue por decreto. Por Dios, pongamos ya a Satur, en los dos puestos.

  23. Quería decir la torpeza “ortográfica”. Bajo la influencia perversa de Gaussage se me cruzan todas las esdrújulas.

    Como aquí vamos todos a nuestra bola, yo sigo con la mía. Hace un jartá de veranos íbamos tres amigos todos los años a Cádiz. Yo iba de balde, porque mi señor padre tenía por costumbre no pagar caprichos. Padre, he acabado el curso y me gustaría … Yo no pago caprichos. Bueno está: J. trabajaba de mudancero los meses de julio y A. tenía dinero por su casa y además un citroën al que llamábamos “La Jaca”, por lo trotona, ligera y poco de fiar que era. Además de inestable, la muy jodida era negra y no tenía aire acondicionado, así que íbamos a 50º, pero sí casetera, así que íbamos escuchando (es un decir, con las cuatro ventanas de par en par abiertas no se oía -no digamos escuchar- nada más que la flama penetrando en el animalito) a Kiko Veneno y a Van Morrison hasta que hacíamos una parada en Jerez. Oigo “Joselito” y me encuentro en la N-IV, y sin haberme fumado nada. Madrid-Jerez: 8 horas. Más que un Madrid-Nueva York.

    Ese año, como La Jaca nos depositó en Jerez a las cuatro de la madrugada, dormimos en el atrio de la catedral. Durmieron ellos, porque conforme empecé yo a caer me despertó un roce rítmico (frufrú-frufrufrufrú-frufrú, etc.) y cuando abrí los ojos había un tipo pajeándose literalmente a medio metro de mí. A las once de la mañana conseguimos plaza en un hostal enfrente de una platería. El rótulo de la platería decía “Benji”. El hostal no recuerdo cómo se llamaba. El calor y el viaje nos habían dejado exhaustos, y el pajillero de la catedral no nos había dejado reponernos. Pensamos: hagamos día en Jerez, echemos una siesta en el hostal y cuando caiga el calor seguimos y antes de que se haga de noche estamos bañándonos en Cortadura. Nunca llegamos a Cádiz.

    Todo esto tiene que ver con el flamenco, y en concreto con UN flamenco, ya entonces un auténtico mito vivo, que ese verano era sólo un poco mayor de lo que aparece aquí, y que fue el culpable de que no saliéramos nunca de Jerez ni llegáramos a nuestro destino.

  24. Estoy leyendo “Ordesa” de Manuel Vilas, ese libro del que tanto se habla pero que aquí no se comenta.
    ¿Alguien lo ha hecho y no lo recuerdo? En cualquier caso, ¿Alguien lo ha leído?

  25. Marqués, que yo recuerde, sobre Ordesa ha habido aquí al menos los siguientes comentarios:
    1.- El de Procuro, algo críptico en la forma, que yo pensé que venía a decir que no le gustaba, pero luego aclaró que le había encantado.
    2.- El de un servidor, que lo dejó a medias, no porque no le gustara el escritor, sino porque no le gustaba lo que leía.
    Mójese ahora vuecencia.

  26. Conozco bien Barbastro, el vino de Somontano, el parque de Ordesa y en general toda la zona. Es una España vacía que me gusta especialmente, me he bañado en el Cinca y otros afluentes del Ebro que serpentean por la zona. El Pirineo oscense, Cerler, es una maravilla. Vienen de Francia expediciones de moteros a disfrutar de la zona. Tengo en Labuerda un refugio medio secreto y tuve allí un gran amor. Además he vivido en directo esa sociedad española de clase media-baja, he tenido también algunos amigos que han sido profesores de secundaria en colegios públicos, todos ellos desesperados con su trabajo y con ínfulas de escritor. Finalmente mi padre murió hace un par de años.
    Por todo esto no puedo parar de leer “Ordesa” aunque me irritan sus repeticiones y su tono querulante.
    No pienso que sea ese gran libro del que se habla, ni mucho menos. Mal anda la literatura española actual si se considera esto, entre los Intelectuales (no es un libro popular), la “obra del año” .

  27. Al hilo de todo lo que sale en prensa estos días relacionado con Franco, sus propiedades y su familia, recuerdo en que en cierta ocasión fui a trabajar a casa de un destacado productor español (de izquierdas, por cierto), en la sierra madrileña, y me contó que cuando visitó la vivienda por primera vez la anterior propietaria le decía cosas como: “Esto lo puso mi abuelo” o “esto lo mandó hacer mi abuelo”.

    Adivinen quién era su abuelo.

  28. HABLANDO DE PAJÁJAROS

    ¿Sabíais que los pajájaros pueden modular el sueño profundo o de ondas lentas y limitarlo a una mitad de su cerebro mientras conservan la otra mitad atenta, por ejemplo, cuando vuelan noches y días para atravesar los continentes y los océanos pilotando tan pichis con un solo ojo abierto?

  29. Estoy viendo la 2ª temporada de Fauda y me preguntaba por qué me gusta tanto si, al fin y al cabo, no es más que una serie de acción. Me he respondido provisionalmente que por el odio.

  30. Leo este poema de Iribarren:

    LA NOTA DE GEORGE SANDERS

    «Me aburro en esta pocilga»,
    dejó escrito
    en un pequeño papel
    el actor George Sanders,
    a manera
    de último adiós.
    Sucedió en un hotel
    de Barcelona,
    hace ahora algo más de treinta años.
    Siempre que pienso en ello,
    me imagino
    a la mujer de la limpieza,
    con la nota en la mano.

    ¿Alguna noticia de esto, Gómez?

  31. De por qué nunca llegamos a salir de Jerez.

    En comparación con lo que estaba sucediendo en Jerez, en “La Jaca” hacía rasca. Las calles estaban literalmente vacías entre las doce del mediodía y las siete de la tarde. En efecto dormimos, como el resto de la ciudad, casi todo lo que quedó del día. Y seguían los amigos durmiendo cuando me desperté y, poco intimidada por las ondas de calor que cruzaban las calles (quien haya echado los veranos en Extremadura entenderá que aquellos 67º no eran para tanto), me planté frente a la platería Benji, que debía ser el único establecimiento abierto a esas horas en la baja Andalucía. Resultó que Benji (como casi cualquier jerezano) era muy aficionado al flamenco, y me entretuvo hasta que echó el cierre al taller, momento en el cual me dijo:

    – ¿Qué tu quieres conocer al Agujetas? Yo te llevo a conocer al Agujetas.

    Debo precisar en este punto que el Agujetas solo estaba, a esas alturas, un peldaño por debajo de la Paquera, la Piriñaca o el mismísimo Fernando Terremoto, y muchos por encima de cualquier otro cantaor de cualquier otro lugar del mundo. Pues han de saber que los jerezanos piensan que todo lo que se canta allende las fronteras del barrio de Santiago o, como mucho, del de San Miguel, pudiera que fuera cantar, pero en cualquier caso no es cante. Esta convicción fanática puede desembocar en sangre si de lo que se habla es de bulerías.

    Pero, además, Agujetas no vivía en Jerez. En realidad, no se sabía dónde vivía en cada momento preciso, porque tenía ciertas querencias nómadas y, además, un caballo. Agujetas era como un fantasma en la ciudad. Todo el mundo hablaba de él, más o menos como los judíos hablamos de Moisés, pero nadie sabía dónde estaba, con quién estaba ni dónde cantaría la próxima vez. Porque aunque ya se había retirado de los grandes escenarios, cantaba. De hecho era muy generoso en sus apariciones: básicamente siempre que bebía más de dos vinos en cualquier cuchitril se echaba a cantar. En qué antro de la ciudad o de la campiña jerezana ocurriría el milagro, eso no lo sabía naide.

    En resumen: subí de nuevo al hostal e informé a los otros viajeros de que había sucedido algo nos impedía movernos de allí por el momento.

    – ¿Algo?, ¿qué algo?
    – Vamos a conocer a Agujetas.
    – Ja.

    Pero nos quedamos. Por si acaso.

  32. Una curiosidad, Jenny y olé:
    ¿Cuál crees que es la acepción de agujeta que da nombre a ese cantautor?
    a) cordón o cinta
    b) aguja de sombrero
    c) dolor muscular

  33. Procuro fijarme
    martes, 26/06/2018 a las 16:11

    Proc, creo recordar que era porque su padre (o tal vez su abuelo) se dedicaba a cambiar las agujas de los trenes en la estación. Luego lo busco, a ver si puedo confirmarlo.

  34. Gracias, Jenny. Aunque, de aguja de tren, agujeta no sería el diminutivo corriente o espontáneo. (Sería agujillas o agujitas). El DLE trae como andalucismo b), pero en mi castellano familiar y en el español clásico fue general a), aunque hoy reina cordón y como agujetas entendemos casi solo c).

    ***
    Hay una serie de poemas breves de Robert Frost agrupados como Quantula, título que el traductor ha anotado así: «En latín significa “Qué poca”». Qué poca lacha. Para empezar, no es femenino singular sino neutro plural, es el diminutivo de quantum sustantivado y significa ‘pequeñeces’ o ‘menudencias’. Como todo el mundo sabe, un quantum o cuanto es simplemente una cantidad. Me figuro que se ha limitado a buscar en Google unos textos para-lelos donde aparecía como determinante y ha copiado lo de la derecha sin que le incomode lo más mínimo que «qué poca» no tiene sentido y que él, Frost, no lo haría. Para qué pones la nota, Manolete. Quantula profesionalidad, la Virgen.

  35. Sí, pero no fue en Barcelona, Procuro, sino en Castelldefels, una especie de dimensión alternativa que no consigo desligar de esa muerte, el vuelo incesante de los aviones que aterrizan o despegan del aeropuerto vecino y veinte millones de mosquitos. No hace mucho soñé algo, que no consigo recordar, relacionado con Sanders y su suicidio.

  36. Las cosas de los andaluces, y no les digo ya de los flamencos, hay que tomárselas con una buena dosis de paciencia, flema y escepticismo. Los granadinos no cuentan, porque son especie aparte, y las más de las veces antipática. Los jiennenses son un poco manchegos y los almerienses un poco murcianos. Vengo a decir: las cosas de los sevillanos, los cordobeses, los gaditanos y los onubenses, cum grano salis, salvo que te quieras poner de los nervios. De los nervios estaban mis acompañantes porque ya llevábamos tres días en Jerez y aún Benji no había dado con el hilo que nos habría de llevar al Agujetas.

    Aquello de dar con el hilo requería callejear mucho, hablar aquí y allá a las puertas de las casas, frecuentar las tabernas, los bares y las peñas apropiados y, sobre todo, beber mucho. Era imprescindible beber con desafuero (e invitar a Benji y a todo aquel con quien Benji tratase de la averiguación, supiese poco o nada del paradero del ídolo), si queríamos ver a Moisés allí en plena cumbre, en el mismo momento de recoger las tablas. Un par de arrobas de fino al mediodía, qué menos para llegar a cuatro patas bajo la tostadera del sol al hostal (en el que tampoco hacía falta ponerse una chaquetita); un azumbre de cerveza antes de cenar, qué menos para mantener bajo control la resaca del mediodía y la molicie posterior a la siesta; y, ya de noche, lo que cayese, pues les digo que, en contra de lo que parece, los flamencos jerezanos en general, y los gitanos en particular, se parecen más a los mohawk que a los charlatanes que habrán observado alguna vez en las casetas de la feria de Sevilla o en las farándulas religioso-autonómicas. Por lo que hace falta invertir muchos litros de alcohol y una dosis muy generosa de paciencia para hacerles hablar del secreto en el que ellos están.

    Durante las primeras 48 horas, mis compañeros estuvieron digamos que desconcertados. ¿Ustedes reconocen esa sensación de cuando alguien te está colando un gol muy grande, con promesas juradas sobre el nombre del Eterno y una expresión de sinceridad que parece al borde del juramento de sangre? ¿Esa oscilación entre la fe absoluta y la desconfianza más granítica? Así mismo estaban ellos. En los momentos altos, parecían estar convencidos de que encontraríamos al Agujetas, de que se arrancaría por soleares sólo ante nosotros (un delirio libidinoso muy común entre los enloquecidos por el cante) y de que, en definitiva, recordaríamos cuando fuéramos ancianos toda nuestra estancia en ese hostal de mierda y esa ciudad asfixiante (así como todo el malestar estomacal que nos estaba procurando la búsqueda) como uno de los grandes hitos de nuestra vida. En las horas bajas, sin embargo, alguien recordaba chuminadas como qué larga era la playa de Cortadura, qué frescas eran sus aguas y cómo rompía el Atlántico ahí cuando se choca con el Mediterráneo, y por contraste mencionaba la condición aún fantasmagórica del Agujetas, y yo me tenía que emplear a fondo para convencerles de que el platero Benji nos terminaría llevando hasta él. Como así fue.

  37. Adaptaciones
    martes, 26/06/2018 a las 20:32
    Qué bueno esta siendo Pirate, que lo recojan como entrada.

    Holmesss
    martes, 26/06/2018 a las 20:38
    Pírate, es un lújo esta seríe, estámos como frente a Netflíx

    Suscribo.

  38. Gómez
    martes, 26/06/2018 a las 17:31
    Sí, pero no fue en Barcelona, Procuro, sino en Castelldefels,

    Gómez, era Álvaro. Pero el otro día Álvaro te dijo a ti que estaba viendo El Terror, y de El Terror la que había hablado fui yo, así que has hecho justicia interpelativa.

  39. No te entendí, Proc. Voy a ver la serie la semana que viene. Ando algo liado estos días y no enciendo apenas la tele. Pero si Álvaro dice que es buena, seguro que es buena.

  40. Seguro que esa parte del hilo con que se enhebra la aguja, que entre unos dedos poco hábiles se abre como en racimo por mucha saliva que apliquemos al extremo, tiene nombre en nuestra lengua. Pues eso: a la cuarta noche, a las pequeñas horas, cuando ya ni sabíamos hablar de manera inteligible español, Benji recogió todas las puntas, enhebró la aguja y se nos acercó: está por la zona, en la carretera de Rota.

    En ese punto de la madrugada habíamos perdido la memoria de lo que hacíamos allí y, como les digo, ni entendíamos ni hablábamos español, así que solicitamos en el idioma extranjero que nos tenía secuestrada la lengua explicaciones. ¿Carretera de Rota?, preguntó J. en el nuevo idioma. Sí, tiene una casa allí.

    Brindamos. Nos imaginamos la casa del Agujetas en la carretera de Rota: Agujetas había salido con unos pocos gitanos más de la sima del anonimato en una de esas antologías de los 70 hechas y/o celebradas por los rojos (los míos incluidos), había escalado a puritito talento durante los 80, había cantado en París a principios de los 90 ante los cohnbendityaamenosrojos (estrenándose con esa bulería que empieza con un puñal la maté – o tempora, o rojos) y, cuando la pompa estaba por estallar, había tenido la astucia de saltar al Japón, de donde se trajo una japonesita que habría de ser la última mujer estable que se le conociera.

    Es decir, Agujetas había ganado toda la blanca que se le podía ganar a la música en los tiempos analógicos. Imaginamos oros, o al menos dorados; una sucesión de arcos y patios; fuentes, o al menos fuentecillas: agua pequeña que corriera por todos los rincones; mastines españoles y potros árabes; olivos, ciruelos, jazmines, cipreses y arrayanes; paredes encaladas y teja árabe. Todo, en fin, lo que correspondía a un príncipe gitano. Cerramos con Benji la cita: a la caída de la tarde del siguiente día. Y milagrosamente tomamos el camino de vuelta al hostal, y milagrosamente llegamos, y dormimos con la satisfacción de la idiotez bien cumplida.

  41. Pirate, a los ansiosos, como yo, los capítulos nos joden la vida.
    Uno es más de película, aunque lenta y larga.
    La suya va para peliculón.
    Deseando ver la casa de agujetas.
    Llevo unos días con una actividad que me era ya olvidada desde que me dedico a mis labores.
    Luego les cuento, que esto de los condumios boderos tiene su aquel.

  42. La cantidad de idiotas que un ser humano puede soportar a lo largo de una vida sin sucumbir a la locura es un número que, aun siendo elevado, está lejos de ser infinito.

  43. Pirate, asumiendo el riesgo de que JRG me envíe a sus padrinos, me gustaría que sus flamencas venturas de una garota en Jerez se extendieran durante todo un verano. O dos.

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