Ya no es tan divertido… (Serenata de plomo. XII)

canadian
Por Martin Holmes.

—Ya no es tan divertido ser la chica de la Banda de la Zarigüeya, ¿eh, Molly?
—No todo son risas y jerez.
Llené el tambor del Colt y me lo guardé en el pantalón. Se avecinaban días poco saludables. Uno tiene su instinto y los pelos de la nuca se me pusieron tan tiesos que podían sujetar una gabardina.
—Ten cuidado de no volarte a la parejita —dijo Molly.
—Fred Pasley es un gacetillero decente. Le conozco de cuando peleaba. Los Wong no traficaban con nada. Lavaban las zurrapas de los calzoncillos de Hemingway y eran unos cagadores formidables.
Bajamos a donde el australiano y le pedí fichas para el teléfono. La tasca estaba desierta como el Paraíso y los meseros puertorriqueños hacían el haragán. Llamé al Tribune y pregunté por Fred Peasley.
—Fred, viejo réprobo, veo que aún muges mentiras en el periódico.
—Bullet, borracho inmundo, no me digas que sabes leer.
—Solo las letras de molde. Soy un hombre de sorprendentes habilidades.
—Y una de ellas es mantenerte vivo. Pero no creo que lo consigas por mucho tiempo. He oído decir que te has hecho comerciante de licores.
—¿Quién diablos te ha dicho eso?
—Un pajarito.
—Me apuesto algo que fue más bien una pájara.
—También he oído que un trío de barítonos italianos te dio lo tuyo en Los Doce Picheles.
—Te lo han contado mal. Están vivos de milagro. Te voy a contar algo que no has oído: a los amarillos que apiolaron anoche los mataron gratis.
—Eres un lince, Bullet, eso lo sabe todo el mundo. Asarlos fue un acto de propaganda. ¿A quién le importan los chinos?
—¿Había algún blanco entre los fiambres? Tal vez dos.
—No, todos eran del color de lo que yo cago cuando tengo resaca. Los había de muchas medidas, un buen muestrario de Confucios fritos, pero ningún cristiano.
—¿Fueron los espaguetis?
—O ellos o los irlandeses del North Side y ninguno de ambos quiere competencia. Las dos bandas quieren ese whisky canadiense fuera de la circulación, así que disuelve tu cuadrilla de titiriteros y metete debajo de un adoquín hasta que pase el invierno.
—No tengo ni idea de dónde está ese whisky ni formo parte de una banda. Este barullo es por cuenta de un chaval que quiere ganar dos cuartos para irse a escribir poesías a París.
—Rimbaud ha hecho mucho daño.
—No se llama Rimbaud, se llama Hemingway y le gusta pasar por héroe de guerra, se le arruga el pajarito en los momentos de presión y no ha dicho una verdad en su vida.
—Ernest Hemingway es un elemento. Fue una celebridad local durante un tiempo. Volvió de la guerra con quincalla de latón y salió en los periódicos diciendo que había sido herido en combate y que salvó a un soldado durante un bombardeo. En realidad conducía ambulancias como una enfermera y le metieron una libra de metralla por casualidad cuando iba en bici repartiendo regaliz. Menudo socio te has buscado.
—De primera. Hará que me maten.
—Habla con el Gran Johnny Calidad y que te arregle una cita con Torrio y con O´Bannion y muéstrate convincente. Aún no se ha encontrado una aplicación práctica a tu existencia en este mundo pero no me gustaría enterrarte. Siempre lloro en los funerales.
Mandé a Molly al Nitty Gritty y le aconsejé que se hiciera un par de siestas, ahorrase la ganancia y se fuese a Hollywood a hacer películas con Valentino. El australiano me dijo que un hijo de la Verde Erín había estado preguntando por mí y me aseguró que se había hecho el sueco. Concluí que había cantado como un padrino en una boda. Los australianos llevan a sus hijos en el bolsillo y son una manada de presidiarios.
—Gracias por las rosquillas —me dijo Molly—. Eran un maldito engrudo, pero la intención es la intención. Intenta mantenerte de una pieza.
—Descuida, muñeca. Si ves a Hemingway dile que se olvide de su bodega y que ponga una vela a esos chinos astrosos. Se puede decir que los mató él.
Salí del changarro del australiano y vi a tres mendas apoyados en un Sedán. Se llevaban los Sedán esa temporada. Olían a hambre ancestral y a boñiga de vaca. Eran puercos irlandeses y yo los conocía: Crazy Horse Ryan, Emil el Llorón y un tío al que decían el Susto. Guano de gaviota, si quieren mi opinión. Recaderos de O´Bannion. Basura católica. Sacaron las cacharras y empezaron el concierto. Se llevaban los conciertos esa temporada.

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