El orden del caos (rutas transatlánticas, y II)

Por el Camarada Sergei.

Disturbed

Al viajero le llaman la atención numerosas costumbres de México. Ha venido a trabajar, y es por eso que más que viajero es viajante. Huye de las atracciones turísticas y se ve metido, sin buscarlo realmente, en el mundo de los trámites cotidianos, de la burocracia, de los barrios lejanos, de los suburbios. Los chapulines, los árboles exóticos, las tlapalerías, el metrobús, el metro con ruedas, los vagones atestados pero sin malos olores, la abundancia de farmacias, de taxis y de coches japoneses, los camiones como de peli de Charles Bronson, la belleza de las chavas, las nalgonas, la suavidad de las chelas, la cortesía y la elegancia en el platicar, la extensión monstruosa del DF, su ambiente universitario, la rapidez mental de los camareros, el acervo de la hemeroteca nacional, las anfractuosidades burocráticas, el picante, los tianguis, las revistillas porno de a diez, la iglesia torcida de la Veracruz, las mozas de los murales del Bellas Artes, las librerías (¡¡las librerías!!) y sus libreras y sus lectores, las ballenas en Puerto Vallarta, el volar preciso de los pelícanos, el guaztecomate y sus maracas, los hulazos que se dan los jóvenes, el mezcal, la sal de gusano, la raicilla, el papaloquelite, la jícama, las mochilas en las iglesias, la mota (que pone pacheco), el coconango sarandeado, la dulzura de masticar estevia, las propiedades ejidales, los huachinangos en el mercado de Cruz de Huanacaxtle, la selva, los guajolotes, los zopilotes, los gringos y europeos con los dientes chuecos y las panzas regordas de comer pastel de anguila en sus patrias, ese cartel («Los sanitarios son para clientes; evíteme la pena de negárselos»), los libros de Bruno Traven hasta en la sopa (de nopales, claro), los callos de hacha, órale, todo eso le llama mucho la atención al viajero, pero, por encima de todo, que en la mayoría de las calles de la capital no haya semáforos para los peatones.

El viajero viene de un país donde los semáforos son sagrados. Si el semáforo está en rojo, el peatón no ha de cruzarlo jamás, aunque en la calle, sea ancha o callejuela, no se vea un coche en doscientos kilómetros a la redonda. Es ley de vida. El viajero, que a veces le da por pensar, ha sostenido siempre que es abyecta la obediencia radical a la luz de los semáforos. Es, en definitiva, señal de barbarie, sombra del sentido común. El viajero recuerda algo que ha contado a veces, pero viene al pelo…

El corresponsal del Frankfurter Allgemeine hablaba en un artículo de la sorpresa que le causaba pedir zumo de naranja en un bar. Además del zumo, le ponían un platito con servilleta (¡habiendo servilletas en la barra!), una cucharilla y un sobre con azúcar. ¡Increíble! Habiendo pedido una cosa, le ponían tres o cuatro, muchas de ellas innecesarias para su gusto. El caos, el desorden, el derroche. Al viajero le gustaría llevarse al corresponsal a cualquier puesto de salchichas de la ciudad de Berlín. El viajero pediría una salchicha, una berliner currywurst, por ejemplo. Y el viajero se vería sometido a un interrogatorio que, más o menos, vendría a ser así:

– ¿Con piel o sin piel?
– Para tomar aquí o para llevar?
– ¿Con patatas fritas, ensalada de patatas o nada?
– ¿Algo de beber?
– ¿Una cerveza? ¿De qué marca?
– ¿Fría?
– ¿Con vaso o sin vaso?
– ¿Se la abro o se la abre usted?

Al viajero le ponen de los nervios los interrogatorios. El viajero sólo quería tomar una pinche salchicha. El viajero no está en el Bulli. El viajero cree que el exceso de orden trae el desorden, que las vidas cronometradas, medidas y trazadas con tiralíneas impiden la humanidad de la improvisación, de la reacción rápida y eficaz en caso de conflicto. Lo confirman los semáforos de México. O su ausencia. El peatón pasa cuando los coches están parados y no pasa cuando los coches están en marcha. Los coches están atentos a las personas; arrancan si no hay, paran si hay. El caos obliga a permanecer atento y despierto, a tener en cuenta lo que sucede alrededor de uno, a espabilarse, a tomar conciencia del hombre y de su mundo. El caos obliga a ser civilizado; el exceso de orden a la barbarie, la idiocia y la abyección.

El viajero piensa en esto mientras camina, horas y horas, y cruza calles, miles y miles, y luego lo reposa y le viene a la cabeza que a lo mejor unas estadísticas bárbaras sobre las muertes por atropellos en la ciudad de México echarían al traste su teoría. El viajero habría de hacer unas consultas, contrastar unos datos y hacer unos cálculos (transformar los datos de muertes diarias o anuales en muertes por millón de habitantes, por ejemplo), pero al viajero le puede la molicie, el viajero está hecho un barbaján y se escuda en el jet lag. El viajero sólo quiere dormir sin preguntarse por qué todo transcurrió como la esencia de un suspiro, por qué todo parece un sueño.

122 comentarios en “El orden del caos (rutas transatlánticas, y II)

  1. Les recuerdo a las señoras lectoras y a los señores lectores que no es necesario comentar la entrada para participar en los animados debates de ÇhøpSuëy.

  2. El no viajero lo que tiene es mucha envidia, y se imagina llegando a Tombuctú y preguntando al taxista si las chavas, las nalgonas, las chelas son simpáticas, si los tianguis molan, y afirmando que los hulazos, huachinangos y zopilotes son propios de gente inculta.

  3. ‘Las señales son orientativas’, me decía mi anfitrión Reynaldo en el DF, escapándosele la risa -conocía de sobra Madrid, o Londres, o NYC- pero al mismo tiempo muy orgulloso de su caos ordenado.

    Me declaro partidario: esa ‘vuelta continua’ mexicana que te permite girar a la derecha en un cruce aun con el semáforo en rojo, y si no viene nadie(*), es la cumbre de la civilización.
    _____
    (*) Aproximadamente.

  4. Pues yo la voy a comentar: es cojonuda.

    Ese caos que describe Brema se encuentra en realidad en muchas ciudades del segundo y tercer mundo. En el primero, sólo lo he encontrado entre los terroni, en la Italia meridional.

    En Piazza Venezia, atravesada por un tráfico infernal de coches y motos noche y día, no existe ni un solo semáforo. El tráfico lo ordena una figura mítica en la ciudad: il pizzardone (se acordarán de Il Vigile, la película de Sordi). Aquí, una entrevista al actual pizzardone de la Ciudad, il brigadiere Fabio Grillo. Este tipo de rasgos, inauditos en cualquier otra capital europea, es lo que hace de Roma una ciudad insustituible.

  5. “El caos obliga a ser civilizado; el exceso de orden a la barbarie, la idiocia y la abyección.” Totalmente de acuerdo.

  6. La desidia en el cuidado de casas y calles no van unidas siempre a la pobreza. Los andaluces y los canarios tienen sus pueblos como los chorros del oro; los mejicanos, por lo que me han contado, también.

  7. Vayan a cualquier villorrio canario y se quedarán maravillados de la elegancia con que están diseñados hasta el último detalle sus elementos urbanos. La combinación de albañilería y vegetación en sus plazas mayores es -ya que estamos en ello- alta civilización.

  8. Fui a Napoles con la intención de ir al San Carlo y ver pinturas de Caravaggio. Ni lo uno ni lo otro. Los del hotel “extraviaron” las entradas y el guía de Caravaggio dijo no poder entrar en la zona donde estanan los cuadros y a cambio pretendía llevarme a ver belenes.
    Claro que no sabía cómo se las gastaba el marqués. Todo esto rodeados de basura en las calles y con un tráfico delirante.

  9. En días como hoy las personas responsables visitamos fuentes de información variadas, desde WSJ hasta Pravda.ru. Todos coinciden en informaciones imprescindibles: publican fotos de tremendas mulatas en el carnaval de Río. Viajero, otro salto transatlántico, y a informar ( se admitirán fantasías )

  10. Bueno, si el viajero no puede ir podemos enviar a Albert ( a Río, claro). Eso sí, con el mandato expreso de que relate todo tipo de fracasos en sus intentos con las mulatas, que nos conocemos. La verdad, ante todo.

  11. Gracias, queridos. Proxuey, me apunto ese título y voy a rebuscar ahora el libro.

    Marqués, mi comentario va más allá de la dicotomía orden/desorden, pero en cualquier caso ich will nicht lieber eine Ungerechtigkeit begehen als Unordnung ertragen.

    Barcelona es una ciudad mucho más sucia que el DF.

  12. Otro ejemplo de que el exceso de orden trae desorden: comparen una cola en Alemania (para subir a un avión, por ejemplo) con una cola en México. Es mucho más pacífica y civilizada la cola mexicana que la alemana, donde impera la violencia y el ansia por cumplir con los anhelos propios sin tener en cuenta a los demás.

  13. De todas formas, aquí en ÇhøpSuëy somos un prodigio de orden. No hemos faltado ni un solo de los días previstos, a la hora prevista. Lunes, miércoles y viernes, a las 7:00. Duchaos, lavaos y repeinaos (hasta donde nos es posible). Y el 11 de marzo cumplimos nuestro primer cuatrimestre.

  14. Holmesss, el de los Intentos y Fracasos es Perroantonio, ingenuo como es. Yo voy siempre a tiro hecho. Por eso, obviamente, no he estado nunca en Río ni tengo, de momento, intención de ir.

  15. O sea, que para ser “moderno” tienen que gustarte los que tocan la guitarra de oido y las ciudades caóticas. Por ejemplo, tocar la canción de la molinera cambiando las notas y tomarte 4 horas para llegar al aeropuerto del DF. Vamos p atrás la hostia.

  16. El aeropuerto está cerquita, Marqués. El que está lejos, aún sin estrenar pese a que llevan cuatro avisos de inauguración, y sin transporte público en según qué horas, es el de Berlín. Destruyamos los mitos.

  17. Sé que a la redacción no le gusta, pero ¿y qué le vamos a hacer? → no todos somos Camus. No se comprime, amable Señor Don Perro Antonio, y suélteme a su alias Bella –bella, bella- Puig, ¡por la estética!

    (arde Ucrania…)

  18. “Hemos cometido dos errores: reservar tarde, y por eso tenernos que conformar con el primer turno de comida, y haber desayunado tarde”.

    Eso dejé escrito en la papela que venía junto a la cuenta, el sábado en Casa Carola, después de habernos comido un cocido madrileño extraordinario en sus tres vuelcos, ninguno de los cuales fuimos capaces de acabar del todo, por no ir con todo el apetito que la ocasión merecía, aunque cerca anduvimos. Muy bueno también el vino que nos recomendaron para acompañar, el rioja Cuna de Reyes. Y atenta y simpática, sin empalagos, la atención del personal. Nos llevamos de recuerdo el babero que te dan para evitar lamparones, y nos prometimos volver.

    Mi agradecimiento, de nuevo, al Marques y doña Bonnie por tan buena recomendación.

    He de decir, por lo demás, que la jornada fue de completa y deliberada profesión de fe madrileñista, pues además del almuerzo en ese templo consagrado al cocido, habíamos desayunado en una confiteria Viena y por la noche rematamos asistiendo a la representación de La venganza de Don Mendo, en el Teatro Victoria, de la calle del Pez.

    ¿Quién da más?

  19. “Puede que haya quien piense: ‘si lo dice Tsevan es lo correcto, es Tsevan’, pero eso no deja de ser una llamada a la autoridad -la que me da quien piense así- poco edificante”. Tsevan Rabtan no cree en el concepto moral de justicia, apenas lee poesía y obtuvo, antes de cumplir la mayoría de edad, una puntuación anormalmente baja en la escala de emocionabilidad de un test de personalidad.

    Las cuatro esquinas del mundo

  20. Dos Ortegas en el facebú y uno aquí, dedicado al marqués.
    (Gracias PerroAntoine, por recordarme que Ortega estaba ahí).

    “Vivimos bajo el brutal imperio de las masas. Perfectamente; ya hemos llamado dos veces “brutal” a este imperio, ya hemos pagado nuestro tributo al dios de los tópicos; ahora, con el billete en la mano, podemos alegremente ingresar en el tema, ver por dentro el espectáculo. ¿O se creía que iba a contentarme con esa descripción, tal vez exacta, pero externa, que es sólo la haz, la vertiente, bajo las cuales se presenta el hecho tremendo cuando se le mira desde el pasado? Si yo dejase aquí este asunto y estrangulase sin más mi presente ensayo, quedaría el lector pensando, muy justamente, que este fabuloso advenimiento de las masas a la superficie de la historia no me inspiraba otra cosa que algunas palabras displicentes, desdeñosas, un poco de abominación y otro poco de repugnancia; a mí, de quien es notorio que sustento una interpretación de la historia radicalmente aristocrática. Es radical, porque yo no he dicho nunca que la sociedad humana deba ser aristocrática, sino mucho más que eso. He dicho, y sigo creyendo, cada día con más enérgica convicción, que la sociedad humana es aristocrática siempre, quiera o no, por su esencia misma, hasta el punto de que es sociedad en la medida en que sea aristocrática, y deja de serlo en la medida en que se desaristocratice. Bien entendido que hablo de la sociedad y no del Estado.”

  21. Oiga Bonnie Tyler, ¿Acude usted al evento sevillano de la última semana del presente mes?

    Aunque ya sé que no habrá beso, me pondría guapo de igual modo.

  22. Ufff Adapts querido, si la enfermedad me lo permite tengo curso de diagnóstico de tuberculosis del 24 al 26.¡Manda narices que ahora para diagnosticar la enfermedad me tenga que sacar un carnete!..tengo que pasar por el cepo, porque si no, el año que viene no podré trabajar.

  23. Interesantes estas reflexiones del Camarada Sergei sobre el orden y el desconcierto (económico). Esa imagen del tráfico ordenado por la aleatoriedad y el voluntarismo es muy poderosa. Recuerda a los senderos que uno encuentra por el monte o que se ven en los documentales de la sabana, trazados por el deambular del ganado. También a las teorías de la selección natural.

    Pero para que ese orden sea asumible, habría que asumir que los atropellos fueran consustanciales al sistema, una forma de autorregulación que limitara los comportamientos impulsivos o alocados. Y que el número de víctimas entre niños o ancianos fuera una forma de autorregulación del sistema, una especie de depredación que se cebaría en las crías y en los ejemplares viejos, enfermos o despistados.

    —”Qué le vamos a hacer, compadre, lo arrastró una riada de tráfico, en una crecida inesperada, allá por la Avenida de los Insurgentes. Nada pudimos hacer.”

  24. Perroantuán 4 de mar de 2014 13:01
    […]

    —”Qué le vamos a hacer, compadre, lo arrastró una riada de tráfico, en una crecida inesperada, allá por la Avenida de los Insurgentes. Nada pudimos hacer.”

    Tal vez si los ancianos, los niños y las personas despistadas llevaran pistolas se limitaría un poco su indefensión. Es una idea.

  25. Los conductores… Se siente.
    He oído algo sobre el juicio del deportista sudafricano que mató a su novia. Decían que las circunstancias del crimen estaban muy claras, que lo que no se sabía era por qué le disparó. Es evidente que disparó porque tenía una pistola.

  26. Ayer iba yo andando y hablando por teléfono móvil, o mejor escuchando, mientras cruzaba en verde un semáforo.
    Un motorista casi me pilla y finaliza abruptamente mis aportaciones a este sitio.
    Se paró en el siguiente semáforo y tuve tiempo de llegar a él, mientras seguía escuchando las desgracias que me contaba mi interlocutor, y procedí a reñirle con el dedo de la mano libre diciéndole en silencio con gesto y mirada que me parecía mal su maniobra, que yo también era motorista, y muchas más cosas.
    Él me contestó con otro gesto mudo solicitando excusas, y vi que también él estaba escuchando a alguien en su móvil hábilmente incrustado entre casco y mejilla.

    Y así, silenciosamente, fuimos motivo de pasmo para los espectadores de la escena, mientras nuestros respectivos interlocutores telefónicos seguían con sus lamentos.

  27. Ví el arma en la cajuela del carro, al parar en la playa, en la Rivera maya. El marido de mi prima explicó que tenía hijos pequeños, que nunca se sabe. Lo que ha dicho Procu Sánchez Ferlosio.

  28. la benemérita editorial granaína Cuadernos del Vigía acaba de publicar el inédito “Luis Buñuel, novela” de Max Aub. Bellamente editado y de abusivo precio (45 euros), quedará al amparo de coleccionistas como un servidor.

  29. Procuro fijarme 4 de mar de 2014 13:46
    Tal vez si los ancianos, los niños y las personas despistadas llevaran pistolas se limitaría un poco su indefensión. Es una idea.

    La señá Procu me quiere calentar la boca, porque ayer escribí lo de la 1911 del 45.
    Veamos, yo, de todas todas, prefiero discutir con un tipo que lleva pistola al cinto y a la vista, quien a su vez está viendo la mía en mi cintura. Esto civiliza que es una barbaridad.
    Quiere decirse que, hace dos días unos simpáticos islamistas, asesinaron en China a veintiséis personas e hirieron a un centenar, en una estación ferroviaria, pero no con pistolas sino con unos simples cuchillos.
    Esto pudo ocurrir porque los asesinos poseían lo que cualquier asesino necesita, ganas de matar, aunque no tuvieron las herramientas adecuadas. En cambio sus víctimas no poseían una sola pistola, que habría acabado con ¿cuántos muertos menos?
    Un solo golpe mal dado mata, con el arma que todos portamos siempre encima, los puños.
    En cambio sé positivamente que si el niñato que me empujó cuando defendí a unas ancianas, hubiera visto mi esbelta cintura adornada, yo me habría evitado dos tornillos en el codo y tres meses de rehabilitación y además habría sido sumamente receptivo a mis palabras reeducadoras.

  30. Ganas de matar es un concepto difuso, Adapts. Y le quería yo calentar, sí y no; que va a ser que sí, pero en realidad no, porque cuando ayer dijo pistola yo pensé en un poli bueno defendiendo unas leyes buenas y tuve mi buena parte de buen acuerdo. El comentario de Perroantuán me ha parecido muy iluminador sobre los deseables límites de la jungla. Aunque soy peatona, del texto de Sergei me quedé sobre todo con el ejemplo del zumo de naranja y la hamburguesa con las preguntas, el reglamentismo llevado al delirio de la desconfianza propia y ajena. Y el tema de las armas me ha llevado también a pensar en la prohibición de las drogas y lo que a lo mejor media entre que vendan heroína en los estancos y en la puerta de los colegios y que no puedas comprarte unos tristes antiinflamatorios sin receta. Creo que la civilización está precisamente en saber distinguir entre una cosa y otra, eso tan difícil de saber dónde están lo límites entre el orden debido a la comunidad y la libertad personal: semáforos, sí; antiinflamatorios a discreción.
    ***
    Oiga, Bolaño, no sé por qué ha mencionado a Sánchez Ferlosio, pero yo, Procu Mennard, autora de El Jarama, quiero decirle que es usted MUY guapo.

  31. A propósito de las armas en las calles, etc. ha pasado ya tiempo desde que Michael Moore cerrara el debate con aquel documental cuyo nombre no recuerdo. Recuerden cuando se paseaba por no sé qué ciudad canadiense cuyos habitantes no se molestaban ni en cerrar las puertas de sus casas durante el día.

  32. Yo también me he acordado de ella, Bowling for Columbine. Creo que la tesis de Moore era que la diferencia entre EEUU y Canadá, donde también hay libertda de disponer de armas de fuego, era que los asesinatos USA se debían al emparanoiamiento de la sociedad. Cuando lo vi me convenció, pero ahora me parece un análisis psicologico masivo bastante temerario, lo que me hace dudar de toda su fundamentación.

  33. Respecto a las armas, sé que soy bicho raro y fácilmente tildable de cualquier cosa, pero es que yo prefiero, en una situación extrema, que el otro sepa a lo que se enfrenta. Luego, si eso, ya llamamos a la policía. (Sin entrar en las estadísticas que demuestran la relación baja delincuencia / ciudadanos armados, porque tengo que buscarlas)

    El punto es que, por mi experiencia, las situaciones extremas se dan. Como con los accidentes de tráfico, sentimos-creemos que les pasa a otros y no es así. Es más probable si viven en un barrio marginal, de igual forma que si circulan a ciento setenta, pero no esta ustedes exentos.

  34. Cursillo obligatorio de seguridad laboral.

    “Si en tus oficinas hay una escalera mecánica, debes agarrarte del pasamanos.”

    Y así todo.
    ¡¡¡¡Mierda de sociedad de niñatos chupópteros, tuercebotas y piltrafillas!!!!!

  35. Pues no es broma. El documental era contundente y los datos que barajaba Moore no han cambiado sustancialmente. Tampoco han variado demasiado las estadísticas sobre pobreza, violencia y distribución de la población penitenciaria en Estados Unidos, que cualquiera con dos dedos de frente puede cruzar para sacar conclusiones.

    Por cierto, me crucé varias veces en el ascensor con Amilibia, aquel periodista que se cargó a otro conductor en una discusión de tráfico. Vivía dos pisos por debajo.

  36. Es un debate tan arduo como el del aborto. Si no se está de acuerdo en la premisa inicial no hay posible debate. Y cuando el debate es fijar esa primera premisa, no hay nada que hacer.
    Las estadísticas de las que yo hablaba no se referían a EE.UU., esa trampa me la evito, sino a otros países. Pero de verdad que no sé si tengo ganas de profundizar (por lo dicho anteriormente) y ponerme a buscarlas.

    En cualquier caso, aseguraría que si el conductor asesinado por Amilibia hubiera portado arma al cinto, Amilibia no habría llegado al punto de disparar, excepto si estaba muy, muy borracho.
    (Quod erat demonstrandum)

  37. Estoy de acuerdo con usted, Adapts. Es un debate muy aburrido porque cada cual solemos tener la posición fijada de antemano.

    Sobre lo que menciona a propósito de los cursillos de salud laboral y demás tontunas propias de las grandes oficinas, lo más grande que me he encontrado ha sido un cartel en el baño de señoras de un organismo ginebrino, estratégicamente situado entre los dos lavabos, que explicaba viñeta a viñeta cómo lavarse bien las manos.

  38. I can´t.

    Me bebí todo el vino y el Johnny Walker que me correspondían para esta vida y dos mas que tuviera…

    Abstemio por obligación. Impuesta por mi hígado y un juez.

  39. Y yo sin embargo, fan de Moore (sobre todo de Roger and Me, aquel retrato espectacular de la decadencia de Detroit) y detractora de la NRA, con licencia desde los 24 años. Dios da barba a quien no tiene quijada. Bueno, quedemos a tomar el té; y no vale llevar facas bajo la ropa.

  40. Sepan ustedes que los senderos -que cita don Perro- causados por el deambular de los animales en la sabana africana se producen por la “manía” que tienen los herbívoros de no andar pisoteando la comida. Esa misma costumbre se puede observar en las dehesas, donde vacas y/o ovejas pastan en libertad.

    El señorito Moore es un “científico” de esos que eligen unas conclusiones y luego tratan de demostrarlas aunque sea a costa de retorcer la realidad hasta extremos inverosímiles.

  41. Por otra parte, en los países en los que no es legal llevar armas de fuego los “buenos” no las llevamos, pero habría que convencer también a los malos ¿no les parece?

  42. Los carteles sobre cómo lavarse correctamente las manos no son propiamente de “seguridad e higiene en el trabajo”. Proliferaron como las setas debido a la histeria sanitaria de la gripe A. Ayer mismo vi uno, muy detallado, en el baño de un museo de Burdeos.

  43. Moore se reiría de que le calificasen de científico. Es un documentalista. Pero si no quieren creer a Moore, que creció cerca de Detroit y conoce muy bien esa ciudad con enormes desigualdades sociales, una tasa de paro galopante y unos guetos que ocupan una superficie mayor que el centro de la ciudad, miren algún dato. Por ejemplo el plano con la distribución de las tasas de homicido en Washington DC de la Wiki, y su sorprendente coincidencia con los barrios negros más pobres de la ciudad.

    Sólo hay dos razones que pueden explicar el elevadísimo número de muertes por arma de fuego en EE.UU. respecto a otros países desarrollados: desigualdad rampante + facilidad de acceso a las armas.

    Joder, pero si es evidente, hombre.

  44. Hay más razones, mujer. Por ejemplo es sorprendente la coincidencia entre zonas en las que se aprecia poco la vida humana y número de muertes violentas. O zonas de mayor consumo de sustancias psicotrópicas y número de delitos. Esta le va a gustar: zonas con poca religiosidad y número de violaciones.

    Me temo que se trate de coincidencias, de ahí no deberíamos extraer consecuencias.

  45. Mucho blablablá, pero a nadie se le ocurre copiar las instrucciones sobre el lavado de manos. Cada vez le veo menos utilidad a este blog.

  46. Tensión en Crimea. En un vídeo se puede ver una unidad militar ucraniana acercándose mucho a unos soldados rusos. Se trata de una manifestación. Declaran a la prensa los manifestantes que están dispuestos a resistir el asedio ruso al cuartel hasta agotar toda la munición, pero que no aguantan un día más sin que les llegue la prensa deportiva. Por eso han salido a protestar. El jefe de unos de estos cuarteles hace una demostración de conocimientos militares diciendo que entiende que los rusos le hayan pedido que ordene a sus subordinados que no usen las armas ni permitan que las usen otros. Naturalmente ha accedido a esa solicitud fundada en la más sólida doctrina de guerra. En ese clima de entendimiento también ha manifestado su esperanza de que todo se resuelva de la mejor manera posible. “Hay que evitar como sea -ha declarado- que corra la sangre en esta lucha.”

  47. Poncio estuvo un poco lento. Si se hubiera convertido al cristianismo, ahora mismo sería patrono de los higienistas y le pondrían velas y le rezarían. Ya ves, una oportunidad perdida para toda la eternidad.

    Si es que hay gente que no tiene visión de futuro.

  48. Bajo mi punto de vista y sin ahondar en detalles, aquel documental (Bowling for Columbine), Pirata, no sólo era sensiblero y falaz, sino que también un fake como una catedral. Tomemos, por ejemplo, la escena cumbre del mismo: la secuencia, a partir del minuto 5.25, está filmada con dos cámaras (plano/contraplano), pero la cámara que toma a Michael Moore debería verse –sí o sí– cuando enfoca a Heston, a no ser que hablemos de invisibilidad. ¿Conclusión? Esa secuencia tan emotiva está filmada con posterioridad a la entrevista.

    Tan creíble como un programa de subastas de Discovery Max.

  49. Procu, Perro, muchas gracias. Éstas son las cosas que dan sentido a un blog al servico del progreso, el libre cambio y la felicidad. Lo demás es teología y franquismo.

  50. holmesss 4 de mar de 2014 21:07

    No sé cuando fue la última vez que persuadí o fui persuadido.

    Persuadir es mucho decir, y más si se refiere a una única conversación milagrosa y a un cambio de pensamiento radical y unidireccional. Yo estoy persuadida de que si no quisiéramos que sembraran dudas en nuestras firmes dudas no tendríamos ganas de hablar. (No va a persuadirme de otra cosa).

  51. Dice Savater en El País una cosa con la que no estoy de acuerdo. Dice más, y con ésas sí estoy de acuerdo. La primera es la siguiente:

    “Más allá de los argumentos históricos o económicos que el informe [del Ministerio de Asuntos Exteriores] aporta frente al nacionalismo catalán, quienes padecemos la enfermedad filosófica echamos de menos la elucidación de la cuestión de fondo: en qué consiste la ciudadanía misma. Porque desespera ver que en la disputa actual los protagonistas siguen siendo Cataluña, Andalucía, Euskadi y demás territorios, con sus agravios o exigencias, pero nunca los ciudadanos con los derechos y deberes que los configuran como tales. Es la confusión entre pertenencia (prepolítica, acrítica, sentimental e intelectualmente irrefutable) y la participación, basada en derechos y leyes, en acuerdos institucionales y en la deliberación de cada cual. O si prefieren entre “identidad”, que es una construcción esencialista a base de rasgos culturales o folklóricos, y “ciudadanía”, que es la titularidad del ejercicio democrático moderno para la que no cuentan particularismos previos religiosos, raciales o regionales.”

    No tiene razón Savater al atribuir a los nacionalistas (y parece que también a muchos de los adversarios de éstos) la confusión entre identidad y ciudadanía, entre pertenencia y participación.

    Habría confusión si se colocaran ambos conceptos en el mismo plano, quiero decir, si los nacionalistas propusieran la pertenencia a un grupo como un procedimiento político alternativo a la participación de los miembros de ese mismo grupo, una especie de unión mística entre el conductor y los conducidos que haría innecesarias las mediaciones de la democracia normal y corriente. La apelación a esa identidad a prueba de bombas sería -permitan que apure la idea- ilegítima.

    Pero no creo que ese tipo de nacionalismo sea el defendido por nuestros independentistas. Lo que ellos quieren es precisamente que en sus territorios sea posible la participación política; eso sí, en el marco de esos territorios y apelando a una previa pertenencia, del mismo modo que los españolistas queremos que ese marco sea España y nos beneficiamos hoy de la retórica identitaria de la que hicieron uso los liberales decimonónicos para afianzar la unidad política de España.

    Por lo demás es literalmente imposible ver qué tiene de reprochable que los protagonistas de un conflicto territorial sean los territorios, habida cuenta de que esa territorialidad está en la ley.

  52. eso sí, en el marco de esos territorios y apelando a una previa pertenencia, del mismo modo que los españolistas queremos que ese marco sea España y nos beneficiamos hoy de la retórica identitaria de la que hicieron uso los liberales decimonónicos para afianzar la unidad política de España.

    Algo no me cuadra, Gengis. ¿De quién dice que nos independizamos en el XIX?

  53. Que me acaba de pasar una cosa. Voy y veo que la ilustración de Google son unos pasteles con velitas y, qué casualidad, es mi cumpleaños. Acerco el puntero y me salta: «Feliz cumpleaños, Procuro fijarme», pero con mi nombre de verdad. Menudo susto. Y no sé si me gusta, no veo yo sinceridad ni verdadero afecto por parte de Google, las cosas como son.
    Como es mi cumpleaños me regalo ponerles este poema de Larkin, tan alegre:

    Ignorancia

    Qué raro no saber nada, nunca estar seguro
    de qué es cierto o acertado o real,
    y verse obligado a puntualizar O eso creo,
    o Bueno, eso parece:
    seguro que alguien lo sabe
    .

    Qué raro ignorar cómo van las cosas:
    su talento para encontrar lo que necesitan,
    su sentido de la forma, su puntual diseminación
    de la semilla, y su voluntad para cambiar;
    sí, es raro,

    incluso vestir ese conocimiento ⎯pues nuestra carne
    nos rodea con sus decisiones⎯
    y sin embargo pasar toda la vida en imprecisiones,
    pues cuando empezamos a morir
    no tenemos ni idea de por qué.

    (Philip Larkin, de Las bodas de Pentecostés, traducción de Damián Alou, Barcelona: Lumen, 2007 [1964])

  54. Felicidades, Procu.

    Ahora, lo otro. En sí mismo el nacionalismo no es ni centralista ni separatista. El español, que empezó siendo independentista en la Guerra llamada de la Independencia, pasó enseguida a ser antiforalista, homogeneizador.

  55. Me dicen que, según Spinoza, una pasión no se combate con una razón sino con otra pasión; sobre todo -cabe añadir- cuando sólo disponemos de pasiones. O de naciones.

  56. Pues te regalo un poemilla. Y cumple, cumple más querida Fijona.

    Duro es sentirse humana a cada instante,
    cuando se cruzan límites amargos
    y hay que volver al punto de partida,
    verso tras verso, con las alas rotas.

    Y al ir hacia un paréntesis, te acuerdas
    de que tienes un cáliz esperándote,
    porque vivir es cosa de unos pocos
    y tú sólo conoces lo imposible.

    ***

    María Sanz (poetisa sevillana con varios premios que no recuerdo)

  57. Gengis, para mí que los rodillos homogeneizadores cuanto más pequeños más rodillos. Los grandes son esos maravillosos imperios homogeneizadores pero llenos de holguras que nos hacen un poco más grandes a todos. Snif, cuánta pérdida.
    ***
    Gracias, Tareixa. Es un poema muy divertido también.
    Buenas noches. Les dejo que casi es mi hora de desayunar.

  58. No se me ocurre el modo de evitar esas redundancias del tipo ‘creo que’, ‘en mi opinión’, ‘soy de los que piensan que’, … Debería conformarme con decir lo que creo, y punto. De este modo evitaría, además, que no quede claro siempre si la explicación que suelo añadir lo es de lo afirmado o de lo que afirmo o de las dos cosas. Pero no me decido. Por cierto, para esto que digo, por cosas que le he ido pillando, creo que Procu dispone de las palabras debidas.

  59. Procu, hace trampa al usar el cliché del rodillo homogeneizador, a ver si cuela la idea de que homogeneizar es una forma de aplastar.

  60. Si lo que se quiere decir con el rodillo es que homogeneizar es lo mismo que aplastar las diferencias, pues bueno. Pero a los individuos no.

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