Dos museos

Brueghel

Por Perroantonio.

La musas fueron primero nueve y luego siete, en todo caso impares. Aunque han acabado identificadas como diosas de la inspiración, es decir, de la creatividad, en realidad son las divinidades de las cosas memorables: de la belleza, de la poesía, de la música, de la danza, de la astronomía… Por eso se las conoció también como las Mneiae.

DSCN1601El altar de las musas era el mousaion, el museo, y a su alrededor empezaron a situarse las primeras colecciones de arte y las primeras bibliotecas, como la de Alejandría, creada alrededor del altar en donde se veneraba el recuerdo de Alejandro Magno.

Los objetos de culto, que en ocasiones se exhibían en procesiones, darían lugar a los primeros museos. Los monarcas, los aristócratas y los ricoshombres acabarían formando colecciones propias. También lo harían las ciudades comerciales. Y a este afán por acumular tesoros exhibibles se acabarían incorporando los mercaderes, los mercachifles, los coleccionistas y ciertos enfermos de síndrome de Diógenes.

DSCN1618Hoy cualquier pueblo de más de 300 habitantes tiene un museo y llaman así a cualquier lugar donde se conserve y exponga una colección de algos, bien sean antigüedades egipcias o modernidades neoyorkinas, esculturas de mármol o de cera, soldaditos de plomo o pinturas al óleo, joyas prehistóricas o muñecas Barbie. Toda villa que se precie publicita una casa-museo en donde dicen que nació o vivió o pasó un fin de semana algún humano ilustre. Y en los lugares donde no nació ni vivió ni pasó un fin de semana nadie de quien merezca guardar memoria, siempre se puede erigir un museo a la rosquilla, a los trajes de marinero o a algún dibujo animado.

Hay tantos museos como intereses humanos y así como es posible bajar a un pozo de carbón y revivir sin angustia los sofocos de los distintos oficios mineros, también se puede sufrir homeopáticamente el terror del campo de concentración o de exterminio. Habrá gente que se conmueva al visitar un museo de guerra pero donde vibran las masas es en el altar de la última épica contemporánea posible, la superferólitica y megahormonada del deporte. Hoy las musas cantan y danzan con pompones en los estadios, y en sus catacumbas florecen museos en donde los equipos de fútbol, rugby y béisbol guardan como reliquias los trofeos, los escudos, las camisetas y las pelotas de los héroes.

En fin, nada más aburrido y cargante que un museo. Y tampoco ninguna experiencia más emocionante y deslumbrante que visitar sin prisa y sin gente, cuando llueve o hace frío, un hermoso museo. Si miras bien puedes aprender, entre otras cosas, con qué materiales se construyen las colecciones de arte.

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[Todas las fotos han sido tomadas en el Museo de Aquitania y en el Museo de Bellas Artes, en Burdeos. En los dos es posible tomar fotos sin usar flash, ambos son de entrada gratuita y no tienen ni cafetería ni tiendas de pósters y bibelotes.]
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