Gala lírica

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Por el Camarada Sergei.

Valdetintos de la Llana (Segovia). Anoche tuvo lugar en el Ateneo Popular la lectura hebdomadaria de poesía patrocinada por el benemérito consistorio de la ciudad. Leyeron sus versos los poetas Venancio Gutiérrez, Luis Fedacán y Martirio Quero. El salón de actos rebosaba de un público ávido de tropos y de rimas y se mostraba expectante minutos antes de comenzar el acto. Don Francisco Moreno, presidente del Ateneo, hizo una presentación de los aspirantes al Parnaso con voz gallarda, brava apostura y un tono sagrativo que anunciaba la consabida epifanía de introspección lírica a la que estamos acostumbrados.

El primero en leer fue Venancio Gutiérrez, joven vate que publicó sus primeros versos en la revista del instituto y que gracias al tesón de sus musas ha logrado reunir un puñado de poemas que esperan ser publicados en breve. Se hizo el silencio en la sala. No es el público del Ateneo chusma que se contente con una anáfora jactanciosa o con un retruécano con el que salir del paso. Gutiérrez, conocido por atenerse a las estrictas normas clásicas, recitó una décima, pero erró en el segundo verso de la tercera estrofa, donde una supuesta sinalefa parecía convertir en heptasílabo el octosílabo verso. Los rostros crispados del respetable demostraban que éste había captado el fallo garrafal, pero en la estrofa siguiente, donde se volvía a repetir el verso en una apuesta audaz del poeta, la vocalización de Gutiérrez se hizo diáfana y descubrió el enlace adecuado entre sílabas, generando así un octosílabo perfecto, amén de atrevido y sugerente, que levantó murmullos de aprobación entre la parroquia.

Luis Fedacán fue el siguiente en tomar las riendas del evento. Fedacán, conocido por renovar la lírica popular para niños con el uso de palabras soeces que pretenden derribar las fronteras entre la infancia y el mundo adulto, recitó un soneto perfecto en su ritmo y su estructura, pero carente de espíritu lírico. No se maneja bien Fedacán en plazas como ésta, donde no se considera pecado ni la rima libre ni el abuso de la metáfora, pero en la que se execra de contenidos frívolos y superficiales. No obstante, el empeño del vate en recitar sentidamente su soneto, contuvo lo que en otro momento habría supuesto la protesta férvida e iracunda del público.

La sensación de la tarde vino de la mano de Martirio Quero. El decano de los poetas municipales tiene la voz cascada, gargajea en ciertas aliteraciones y se atasca en las onomatopeyas, realces expresivos todos ellos que ha manejado durante muchos años con péñola magistral en el papel y voz de oro en el púlpito. No se esperaba más que una faena de aliño, especialmente desde que hace cuatro años rimó “rebuzno” con “torrezno”, afrenta que provocó graves altercados entre el público presente y que terminó con la irrupción de los servicios de antidisturbios de la Guardia Civil. Desde entonces, Quero escribió con cautela, temeroso de un nuevo error fatal. Su antaño poética combatiente estaba ahora domada por el miedo y por los años. Se le perdonó, porque en este pueblo es la ciudadanía magnánima e indulgente. El poema, titulado «El trimotor», desvelaba en los primeros cinco versos el asunto: la vejez. Verso a verso se desgranaban metáforas, aliteraciones, imágenes de una frescura sugestiva como no se habían visto en décadas. La intrepidez rítmica dejó sin aliento a la concurrencia. Los ánimos se exaltaban conforme avanzaba la historia del trimotor que remonta el vuelo cuando parece que se va a estrellar tras un fallo de las válvulas intrasinoidales del delco, un manguito roto y unos rodamientos oxidados. La parte final desmembró los nervios más templados, deshizo a los críticos más tercos, ahuyentó a los diablos del ripio, atrajo a las musas más hermosas, que contemplaban la obra maestra de este anciano que recitaba con voz incandescente sus versos más sentidos. Un zéjel que se repetía en el tramo final y que desvelaba que el trimotor viajaba sin piloto, provocó el llanto a un gran número de señoritas y a no pocos caballeros. Al finalizar, se hizo un silencio grumoso que apenas duró unos segundos. El primero en reaccionar se crujió las falanges a aplausos, y hubo quien se descalzó para aplaudir hasta con los pies. Gritos, aullidos. Una comisión formada ad hoc salió de estampida para comprar champán con el que regar al vate. Incontenible, la masa se abalanzó sobre el viejo y lo levantó a hombros. Martirio Quero apretaba el puño y lo lanzaba al cielo mientras hundía su cabeza contra el pecho, la mandíbula apretada y los ojos cerrados por la emoción.

Recogemos como primicia las palabras de Martirio Quero para La Voz de la Provincia: «Ha sido una noche muy intensa, y aunque comencé dubitativo, sin arriesgar en los momentos clave, conseguí definir en los compases finales del acto. Lo importante es el resultado y ahora sólo queda actuar lectura a lectura con la humildad que me caracteriza».

Noche memorable en el Ateneo. Un telegrama recibido en nuestra redacción a última hora comunica que el consistorio estudia dedicar una calle del pueblo a nuestro ilustre poeta. Se hace eco el telegrama de los rumores que le destinan a sustituir la Avenida José Antonio y de las protestas que esto ha ocasionado entre los concejales de las derechas, así como el berrinche que han cogido los concejales de las izquierdas, que ven de esta manera tumbada su propuesta de llamarla Paseo de Santiago Carrillo. Este país no tiene remedio.

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