Qué bonito es el amor

Amorpor Mario Galán

A Óscar le da miedo hablar en público. Óscar tiene que hablar en público a menudo por motivos laborales. Óscar tiene una intensa vida interior. Óscar no tiene novia. Óscar es del Osasuna y una vez se fue a Pamplona a ver jugar a su equipo contra el Betis. Óscar se arrebola debido a su extrema timidez. Óscar, en fin, es un poquito gilipollas.

A Óscar le gusta una compañera de trabajo. Óscar ha quedado con la chica para tomar un café y unas pastas. Mientras él habla y la chica le mira, Óscar desparrama su vista sobre los transeúntes, sobre un gorrión y sobre la cornisa del edificio que tiene a su derecha; mientras ella habla y Óscar la mira, ella se fija en los transeúntes, en una paloma muy sucia y en las botas del escaparate de una tienda de… botas.

Vuelven a quedar otro día y hacen lo mismo, con algunas variantes que no alteran lo sustancial de sus citas: tomar café con pastas.

Un par de días más tarde se encuentran de nuevo. Y así siempre. O casi siempre, porque ya sabemos que el tiempo tiene carácter relativo. Se ven mucho, muchísimo; y hablan mucho, muchísimo; y observan muchos gorriones y muchas palomas, muchísimos y muchísimas; y las botas de los escaparates cambian y los transeúntes no son los mismos y la cornisa del edificio que estaba a la derecha de Óscar permanece inmutable y el café a veces está mejor o peor, dependiendo del camarero que lo prepara.

Los días parecen ser los protagonistas de esta historia, porque otro día quedan Óscar y la chica en casa de Óscar para cenar, y Óscar está muy nervioso y no sabe dónde mirar, porque en casa de Óscar no hay cornisas, ni transeúntes, ni gorriones. Y toman café y pastas y Óscar cocina unas verduritas y un arroz, aunque lo que le apetece es unos huevos fritos con chorizo. Y Óscar se toma una hora antes del encuentro un tranquilizante (de venta en farmacias) que le impide balbucear, sudar y decir tonterías cuando habla en público. Y Óscar ni balbucea, ni suda, pero dice muchas tonterías. Y la chica se va a las diez y media porque, si no, le cierran el metro y vive muy lejos. Tiene que andar hasta la parada de Gorg, coger la línea 2 hasta Urquinaona y de allí la línea 1 hasta Plaza de España, donde enlaza con los ferrocarriles de la Generalidad, que la dejan cerca de su casa. Casi nada.

Siguen viéndose para tomar café con pastas, y transcurre el tiempo y pasan los días y cenan por ahí en cualquier sitio, y es una mierda que ya no haya carrozas que recojan a las cenicientas a las doce, o incluso más tarde, y la gente tenga que coger el metro, porque la chica invariablemente se despide a las diez y media o a las once, si está cerca de alguna parada que le venga bien, para no perder la combinación y llegar a su casa sana y salva a unas horas decentes.

También se ven cuatro veces más en casa de Óscar, que sigue sin cocinar huevos fritos con chorizo y hace gala de sus dotes culinarias porque nunca repite el menú, y la chica abandona a Óscar invariablemente a las diez y media, sube en Gorg, transborda en Urquinaona, llega a Plaza de España y enlaza con los ferrocarriles de la Generalidad.

Óscar, no sabemos si es necesario aclararlo, se ha enamorado. Ya hemos dicho que Óscar, en fin, es un poquito gilipollas.

Una noche llega la chica a casa de Óscar. Óscar prepara dorada con cuscús, que le parece el colmo de lo exótico y de lo refinado, y charlan como siempre. Óscar habla y mientras ella le mira, él fija sus ojos en una enciclopedia que heredó de sus abuelos y en una figurita de porcelana que representa una niña con trenzas que corre junto a un perro; y cuando ella habla, Óscar la mira mientras ella observa el suelo con una atención desmedida. Ven vídeos en youtube y se ríen; Óscar se ríe, se ríe la chica. Los dos ríen. Oh, cielos, ríen tanto y es todo tan hermoso… Y pasa el tiempo y están la mar de entretenidos y las diez y media quedan en el olvido. También las once. También las once y media. Y las doce también. Óscar piensa que esta vez sí, que es el momento, que ella se queda a propósito y que a propósito ha olvidado la hora, que está esperando que Óscar dé el paso definitivo y le diga que la ama, y que por fin podrá comer huevos fritos con chorizo, porque las tonterías no tendrán importancia ya que serán, al fin, él y la chica, una pareja como en los documentales de la 2 que muestran leones y leonas, patos y patas, somormujos y somormujas, ornitorrincos y ornitorrincas y animales a cascoporro como para llenar con parejitas cuatro arcas de Noé. Pero Óscar, también lo hemos dicho, es muy tímido. Y allí está Óscar, sin atreverse a decirle que se ha pasado la hora, y que la ama y que si quiere dormir allí con él, con Óscar. Óscar echa mano al bolsillo, donde tiene sus tranquilizantes (de venta en farmacias). Óscar toma furtivamente su pastilla. Óscar baja la pastilla con un trago de agua mientras la chica se ríe con el enésimo vídeo de youtube (Faemino y Cansado, ni más ni menos, cómo no se va a reír). Y ya está esperando Óscar el efecto del medicamento  (de venta en farmacias) cuando la chica pregunta la hora y Óscar dice que las doce y media y la chica que qué bien, que es un poco tarde, que lo ha pasado estupendamente y que menos mal que es sábado y hay metro toda la noche y que ya se va y que muchas gracias.

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