Cinco novios

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Por Srta. Bellpuig.

Mi primer novio fue un chico de 17 años que se llamaba Marçel. Era moreno, tenía gafas de pasta de color negro y ninguna chica le hacía caso porque no andaba en moto (las Esclavas de la Purísima nos prevenían mucho de los chicos que andaban en moto, así que eran los más demandados). Marçel me gustaba porque vivía en la casa de al lado y tenía un comediscos y nos ponía canciones de grupos ingleses y de cantantes negros. Solíamos bailar con aquella música, menos Marçel que siempre estaba pensando en qué disco pondría después. Un día me dedicó esta canción y luego me regaló el disco: Cupid.

Mi segundo novio fue Ferran y tampoco tenía moto. No era mucho de leer. Le conocí en vacaciones, en la playa de Castelldefels. Tampoco hablaba mucho, pero le gustaba nadar y hacer ahogadillas y tocarme el culo en el agua. Le dejé muy pronto porque era un idiota. Pero un día, en un bar que estaba cerca de la playa me puso esta canción en la máquina de discos: Don´t let me be misunderstood.

Mi tercer novio era de Barcelona y se llamaba Francisco, aunque todos le llamaban Fran. Tenía una Bultaco Campera y solía llevarme atrás para lucirme. Yo había empezado a estudiar Secretariado Internacional y Azafata de Congresos y Exposiciones y, quizá esté mal que lo diga, pero llamaba mucho la atención. Nos gustaba provocar y darnos el lote en los bares. Él era un poco macarra y le gustaba meterse en peleas. Pero lo nuestro acabó el día en que me contó que su comida favorita eran los calçots. Desde entonces siempre me acuerdo de él cuando pongo este disco: Green onions.

Mi cuarto novio fue Rober, el de los ojos azules. Nos gustaba pasear por las calles de Barcelona cogidos de la mano e íbamos al cine y nos besábamos en los portales y en el cuello. Era muy dulce y fue el primer chico con el que hice el amor. Fue en la casa de su hermana, que había salido de viaje a Madrid a hacer unas oposiciones. La cama estaba en el suelo, cubierta por una tela india, y en la habitación había muchas velas y un tocadiscos en donde Rober puso esta canción: Fly me to the Moon.

Mi quinto novio se llamaba Ángel y le gustaba los toros, el flamenco, Manolo Escobar y las cantantes francesas e italianas. Era más chulo que un ocho, pero se derretía cuando escuchaba una voz dulce. El muy zalamero solía decirme que le recordaba a Ornella Vanoni pero en guapa. Yo me dejaba querer. Yo siempre me he dejado querer. Pero mandando. L’appuntamento.

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