Pecholobo

por Satur

(A Lola)

Kinkis

He entrado en casa, le he dado dos besos a mi hermana y me he servido un vaso de vino mientras de fondo sonaba Rocío Jurado. Esa es mi versión del Sets, Drucks & Rotanrold. Qué le voy a hacer, así es mi vida, que sea lo que Dios quiera, no somos nada, antes morir que pecar, para qué va uno a quejarse.

Yo he nacido para ser quinqui, pero las condiciones socioeconómicomedioambientales me lo han impedido desde el principio de los tiempos. Cuando traté de dejarme melenas el pelo se me fue para arriba y parecía un afro de las pelis de polis negros, pero en versión vaso de leche desnatada. Cuando me puse un pendiente y llegué a casa ufano, mi padre (que con Gloria esté*) me lo arrancó de un bofetón que todavía resuena en mi cabeza cuando baja la presión atmosférica del aire y arrecian los vientos de componente norte. Cuando me compré una navaja y la saqué delante de la peña chunga del instituto para hacerme el chulo y arrejuntarme con ellos, se rieron del lema que tenía tallado en la madera: Recuerdo de Benidorm, y mucho más del tenedorcillo que incorporaba por el otro lado del mango. Pero lo más humillante ocurrió el día en que me oculté un preservativo en la cintura, cuando iba en pijama camino del sobre; la goma del pantalón estaba demasiado suelta, se me resbaló el condón pernera abajo y cayó cuando mi hermana me recriminaba caminar descalzo por el comedor. Cogió el paquetito plateado y corrió por toda la casa aullando “Satur tiene noviaaaaa, Satur tiene noviaaaaaa”… Me puse tan colorado que se me quemaron las cejas.

Con este bagaje históricosocial no voy a ningún lado, pero quiero dar un golpe sobre la mesa, cambiar mi vida. Me he empeñado en ser libre y luchar contra el destino para ejercer el mal. Quiero volar alto como un gavilán, ser un depredador de las calles, gusano antes que mariposa, un tipo duro que escupe por el colmillo; el que se deja larga la uña del meñique para rascarse la patilla y agujerear la cáscara de los huevos que se desayuna en las mañanas de resaca, de olor a tabaco frío y sábanas húmedas; el que lleva abierta la camisa para mostrar la cruz de oro que se enreda entre el vello de su pecho, el tío que hace de aquí y tiene a cuatro pibones peleándose como ratas viejas por bailar con él tednotrans en el discopuf de moda de Madrit.

Tengo un sueño, tengo un sueño… I have a drink, como dijo Mártir Lute Queen. Abro un coche con una ganzúa, pelo los cables del delco para empalmarlos con el de los fusibles de los intermitentes y arranco haciendo chirriar las ruedas del 127 mientras la Vane, mi jai, me espolea en el asiento de al lado: ¡Deprisa, deprisa! Y deprisa, deprisa, trotamos por los descampados mientras fumamos ducados y le metemos un viaje a la litrona de San Miguel recalentada. Una menda y un colchón, eso tendría que campear en mi escudo genialógico.

Me hago con una pipa en algún garito siniestro del barrio de Salamanca o de esos sitios chungos de Madrit que me suenan como peligrosos y no conozco aún, quedo con los colegas, con el Dylan, el Arzallus y el Estanli y atracamos una verdulería mientras la dependienta nos mira arrobada, dudando si salir huyendo con nosotros y meterse de cabeza por la ventanilla del 127, muy a lo peli de serie B, be de buena, be de mejor.

¡Eh, la bofia ha cruzado sus Simca y nos brean a tiros! Yo saco mi pipa y disparo con frenesí, sin apuntar, con la experiencia que me ha dado tirar sobre latas oxidadas en el campiri. ¡Piñau, piñau! La mística de la pólvora, el rugir de los disparos… me emborracho con la epifanía de la sangre y la violencia. ¡Le han dado al Estanli en una pierna! Llego a él rodando, pero el Arzallus, que es un naja, toma el volante y quiere huir. Ja, ha cometido el error de mirarme a los ojos, que le transmiten las llamaradas de fuego de mi ira, el calor atávico de la venganza. Se frena en seco, abre la puerta y rectifica, ¡deprisa, deprisa!

Hemos conseguido escapar. Tengo un sueño, tengo un sueño… I have a drink, como dijo Mártir Lute Queen. Se puede soñar, sí, pero soñar es de niñatos que esperan aprobar los exámenes sin estudiar. Tengo un sueño, pero sobre todo tengo un plan. Mi meta es la maldad, mi camino es el del crimen. Lo tengo todo muy trabajado, al milímetro. Esquemas mentales, dibujos, diagramas, redacciones de tema libre. Está todo atado y bien atado y comienzo hoy.

El primer paso: hacer llorar a mi madre.

Le he dicho que no me ponga más leche con crispis para desayunar, que ya soy un hombre y que a partir de ahora tomaré solysombra, como mi abuelo. Pensé que la conocía bien, como si la hubiera parido, que empaparía el delantal con sus lágrimas, pero yo me mantendría firme, corazón de hormigón, espíritu de acero: la miraría sin pestañear mientras me metería lentamente en la boca mis últimas cucharadas de cereales inflados por la aplicación repentina de calor a presión atmosférica. Lo que ha sucedido es que me ha dado tal colleja que me ha hundido la cabeza en el tazón, y allí he dejado mi testa, humillada y ofendida, mientras aún he tenido el valor de masticar lentamente, crunchi, crunchi, con la leche entrándome en las narices como si nada hubiera pasado, como si todo fuera una broma macabra y siniestra del destino perro.

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(*) Gloria es la pilinguis por la que mi padre abandonó a su familia. Yo le he perdonado porque ella está de buen ver y hay cosas que se entienden sin que te las expliquen.

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