¡Que te lo comas! Hoy: los huevos fritos

por Satur

Cobarde

En esta nueva sección de ÇhøpSuëy no vamos a hacer mofa de la «nobel cousin», del ferranadriato o de la grasienta comida popular. Todos esos chistes quedaron reducidos a la nada cuando en 1979 José Luis Garci, el mejor director español de todos los tiempos gracias a su película El Crack, dirigió Las verdes praderas. En una de sus escenas más elegantes, Carlos Larrañaga, que hace de cuñado de Alfredo Landa, visita a éste en el solar de lo que habrá de ser su próxima «segunda vivienda». En la barbacoa donde se celebra la compra del «terreno», Alfredo Landa no acierta a encender bien el fuego y Larrañaga, muy puesto en su papel de lo que ahora se conoce como «cuñao», y que hace referencia al cuñado pelma de toda la vida, en medio de aspavientos y frases hechas le muestra cómo conseguir que prenda la lumbre: aplicándole el aire de un secador. El papel del listillo ha sido fundamental en toda comedia desde al menos Vicente Calderón de la Banca, pero en esa escena alcanza su momento cumbre.

La barbacoa y el secador. Échenme chuletones, pochas, aires de romeros esferificados y leches en vinagre. Terminados los chistes y las gracietas sobre de la cocina, sus usos, costumbres y utensilios, tenemos que hablar ya en serio de una puñetera vez. Contemos, pues, cómo hacer un buen par de huevos fritos.

Para hacer unos huevos fritos son necesarios cuatro ingredientes y utensilios básicos: huevos, lumbre, aceite y sartén. Luego podremos añadir ajos, jamón (lo fríes antes de echar el huevo y pones éste encima: sale de relamerse), cebolla, fritada, piña rebozada con polvo de plátano cubano con granos de sal del Moncayo, etc.) Eso es aparte.

El huevo no importa que sea blanco o moreno, pero sería de desear que fuera puesto e incubado por una gallina de raza castellana o catalana del prat, siempre que haya sido alimentada con maíz no transformer regado con aguas de PH no superior a 7 y liofilizadas con filtros naturales. ¿Que sólo tenéis las gallinas de la abuela o los huevos del supermercado de la esquina, o del que está un poco más allá porque sale más barato? También vale.

Respecto a la lumbre, conviene que sea de leña de encina, almacenada en lugar fresco y seco (20º y 50%) al menos durante un mes. Los aromas que desprende ese tipo de madera otorgan a los medioparietales de la medular de la tráquea un retrogusto único, pero como siempre andamos comiendo chicle, o nos hemos tomado antes un pacharán, o estamos resfriados, o hay mucha polución, pues a lo mejor tampoco lo notamos, así que si calentáis los huevos con el gas, la vitriolocerámica china o la cocina por conducción inducida, también vale.

Sobre el aceite podríamos escribir cuatro ÇhøpSuëys, pero resumiendo: es mejor el de girasol que el de oliva, porque éste desprende sustancias organolépticas que eliminan las proteínas del huevo que le dan su característico sabor a tal. El mejor aceite es uno que hace una almazara de Cáceres que tiene un primo mío a medias con un medio terrateniente de la zona, porque están cultivadas las plantas en suelo arenisco con pendiente adecuada para la recepción de los rayos solares, y descascarilladas las pipas a manos (y dientes) por unos jornaleros del Real Madrid. Hacen su trabajo durante la liga (en la Chámpiñons se comen las semillas) y generan un volumen elegante. Luego se prensan en un molino del siglo XIII restaurado según unos planos de Leonardo De Vinzzit y el resultado es iónico en nariz y aplatanado en paladar. El aceite lo venden en la propia almazara y en Amazon. ¿Que no tenéis ganas de ir a Cáceres o no tenéis cuenta en Amazon? Pues os vais al súper de antes y compráis un 3×2 de aceite de girasol de marca blanca. También vale.

La sartén es realmente importante. Sin ella no hay huevos fritos. No vale echar los huevos directamente sobre la vitriolocerámica china o sobre la lumbre, porque preparas la de Dios. Lo ideal sería que, independientemente de la marca, estuviera hecha de aluminio acerado a 239847239487º en los hornos altos de Bilbao. Más que nada, porque cualquier cosa hecha en una sartén de Bilbao sale bien. Aquí ya no hay método empírico: aquí vale la experiencia, y tú hazme caso que lo que yo te diga. Ahora, que tenéis la típica sartén madín en China… TAMBIÉN VALE. Mientras no esté oxidada y no se pegue el condumio, también vale.

Hecho lo cual, es decir, la compilación de ingredientes y utensilios, el proceso es muy simple: pones la sartén en el fuego, echas el aceite, cuando esté caliente pones los huevos y ya.

El minutaje, la temperatura, las cantidades, la sal (si la echas sobre la yema muy pronto ésta se endurece por la ósmosis, y tal)… Todo eso son minucias. Lo dicta la experiencia y el gusto de cada cual. En próximos capítulos hablaremos de cómo acompañar los huevos fritos: con chorizo, patatas fritas, crispis… Pero eso ya es un curso avanzado: el MARIDAJE.

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