¿Sueña Solysómbrez con cabritos eléctricos? (II)

por el Camarada Sergei

Zaragoza Connection

Zaragoza Connection

La histriónica ciudad seguía la fiesta. El festival tecno en la plaza del Pilar aún no había agotado sus cartuchos, y cientos de jóvenes y ancianos seguían bailando con el cachirulo atado a la cabeza y entonando a las veces vivas a la Virgen. Los tranvías nucleares recorrían el centro de Zaragoza a 203 km/h por la red de vías elevadas, y los taxis volantes sobrevolaban el Palacio de la Aljafería en busca de viajeros borrachos de pacharán pasteurizado. El crecimiento de la ciudad había convertido la Vía Hispanidad, una de sus arterias tradicionales, en un suburbio donde pululaban los emigrantes chinos, pakistaníes, catalanes y conquenses, así como maños descastados; todos ellos buscando el trapicheo, el negocio rápido. Fermentaba el delito en las calles adyacentes. Los puestos de comida rápida, kebabs, chopsuey, gänsebraten, estaban copados por las criaturas de la noche: prostitutas, bibliotecarios alcoholizados que vendían de tapadillo libros de la colección Austral, prestamistas, mercenarios, franciscanos buscado la redención de sus semejantes… Corría el cierzo que había que verlo, y una fina lluvia difuminaba la escena urbanita tiñéndola de tristeza, morbidez y ocaso.

En los suburbios resistían reducidos grupúsculos de joteros impenitentes, alejados de los bares de diseño, las microtapas espumadas y los camareros con pinganillo y en la boca un ignífugo palillo de látex liofilizado. En uno de los tugurios, los servicios secretos del nuevo gobierno de centro nordeste UP3 habían localizado a un posible «replicante». Un topo había detectado una inusual actividad tertuliana en un sujeto que podía contestar cualquier argumento sin activar su iPhone Pentium para cerciorarse en Google Corporation Search Service de que los datos que ofrecía eran correctos.

Un equipo de especialistas informáticos de la BenemériCat había logrado acceder a su cuenta de Kepassapp camuflados bajo el perfil de una bilbilitana cachonda que no sabía cómo quemar ni su cuerpo ni su fortuna. Por la falsa bilbilitana pudieron saber que el susodicho replicante se llamaba Leo, soltero, de oficio soldador y a la sazón en paro. La Gencat Corporació colaboraba con la BenemériCat para detectar al peligroso replicante con el fin de desactivarlo en sus laboratorios de Manresa. El objetivo era hacerle el test de Voigt-Hessler-Schweinsteiger, el adecuado para reconocer las características propias de los replicantes: respuesta para todo, con la particularidad de no mostrar emoción alguna en el epicentro del debate más férvido. Sujetos peligrosos, sin duda. La BenemériCat organizó una entrevista de trabajo gracias a los ardides de la bilbilitana virtual.

***

25 de noviembre de 2019. Plaza de San Francisco. Rascacielos Jorge Pujol, planta 27ª, oficina 89.675.23. De las chimeneas de teratonita galvanizada surgen llamas de anís quemado, las últimas reservas energéticas de la urbe. El Sr. Gutiérrez, Brave Runner camuflado de gerente de Recursos Inhumanos, entrevista al supuesto replicante Leo. Se sirve subrepticiamente un trago de ginebra menorquina de su iPad 386 con petaca habilitada en el pitorro de los auriculares. Sabe que va a ser un diálogo muy duro.

Gutiérrez: Bienvenido. Este test pretende averiguar sus tiempos de reacción ante imprevistos en el taller. El tiempo de respuesta es primordial. Por favor, ponga atención. Conteste lo más rápido que pueda.

Leo: Muy bien.

Gutiérrez: Está usted en un desierto, caminando por la arena, cuando….

Leo: …una lágrima suya, como dijo Peret, en la arena cayó. ¡Y al final de la Rambla me encontré con la negra Flor…!

Gutiérrez: Correcto. Piense ahora en un desierto concreto.

Leo: ¿En cuál?

Gutiérrez: ¿Qué?

Leo: ¿Qué desierto?

Gutiérrez: El desierto que sea. No importa. Es hipotético.

Leo: ¿Y por qué iba a estar allí?

Gutiérrez: Quizás porque usted está harto, o quiere estar solo. Quién sabe. Mira hacia abajo y ve a un galápago que se arrastra hacia usted.

Leo: ¿Un galápago? ¿Un Emys orbicularis?

Gutiérrez: ¿Ein?

Leo: Un Emys orbicularis, un galápago ibérico.

Gutiérrez: Sí, eso. Una tortuga.

Leo: Nunca he visto una tortuga en un desierto, y he estado en desiertos a cascoporro, pero le comprendo a usted.

Gutiérrez: Vale. Se agacha usted y pone el galápago patas arriba, Leo.

Leo: ¿Se inventa usted esas preguntas, Sr. Gutiérrez, o se las dan escritas?

Gutiérrez: El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda.

Leo: ¿Qué quiere decir que no le ayudo?

Gutiérrez: Quiere decir que no le ayuda. ¿Por qué es así, Leo? … Sólo son preguntas, Leo. En respuesta a la suya le diré que me las dan escritas. Es un test hecho para provocar una respuesta emocional. … ¿Quiere que sigamos? … Descríbame, con palabras sencillas, sólo las cosas buenas que le vienen a la mente …. acerca de su tía Jacinta.

Leo: ¿Mi tía Jacinta?

Gutiérrez: Sí.

Leo: Le voy a hablar de mi tía Jacinta.

Leo disparó a Gutiérrez doce veces con una RetroStar con perdigones de una aleación de cuarzo, feldespato y mica.

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