Obedecer a la tercera

Waugh

 

Del John Symes antes mencionado queda constancia de una curiosa experiencia; parece ser que una noche recibió una convocatoria preternatural con este encarecimiento: «Levántate y marcha a Launceston». Como suele suceder en estos casos, se mostró escéptico y obedeció la orden sólo a la tercera. Bridport está a unos ciento treinta kilómetros de Launceston. Quiso la providencia hacerle más llevadero el trayecto al proporcionarle a un barquero, despierto y disponible, para salvar el río, y un carruaje que le aguardaba en la posada con los caballos de tiro recién aparejados. Llegó a Launceston y allí descubrió que se celebraba una sesión del tribunal superior del condado. Y reconoció al acusado, a quien se juzgaba por asesinato, pues era un marinero con el que él había trabado conversación estando en Plymouth la noche del crimen, de manera que su testimonio le valió la absolución. Ésa es la historia que relataba mi bisabuela, su hija. Una de mis tías la puso por escrito. Sea verdadera o sea ficción, poca o ninguna luz arroja sobre su carácter ensombrecido, y menos aún presagia un don o un defecto transmisible.

Evelyn Waugh. Una educación incompleta: autobiografía parcial. Traducción de Miguel Martínez-Lage. Barcelona: Libros del Asteroide, 2007.

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