Satur se acuerda

empudimos
por Satur

Me acuerdo del día que me lavaron la boca con un estropajo porque eructé y dije: ¡hablo en vasco!

Me acuerdo de que iba en bici y que mi amigo Dani iba detrás; el arcén estaba lleno de boñigas de oveja que la rueda trasera lanzaba como proyectiles hacia su cuerpo.

Me acuerdo de que paré la bici y no pude sacar el pie del pedal y me caí como en una escena de Benny Hill.

Me acuerdo de cómo huí de una encerrona dejando a un amigo en la estacada. Creo que dejé allí mi bicicleta y mi amigo me la trajo a casa. Es uno de los momentos más vergonzosos de mi vida y mi corta edad no es un eximente.

Me acuerdo de un día que me quedé encerrado en la terraza y tenía unas ganas imperiosas de realizar actividades naturales relacionadas con el aparato excretor. Me acuerdo de que lo conté en el metro a Ricardo y a Tomás cómo terminó lo de la terraza, y el primero contó algo parecido y Tomás no dejaba de mirar como alucinado a un señor que yo tenía sentado a mi lado, imagino que asqueado por la conversación.

Me acuerdo de que una vecina era modelo y había trabajado junto a Judith Mascó.

Me acuerdo de otra vecina que llevaba un jersey con lana trenzada que dejaba ver la parte circular más colorida de sus glándulas mamarias. Le lanzó un piropo tremendo a mi padre y yo creo que era más casquivana que las gallinas.

Me acuerdo de otra vecina que decía haberse reencarnado varias veces.

Me acuerdo de que otra vecina, la señora Lola, me dijo un día que pasara a su casa para identificar un pájaro que había terminado en su terraza. Yo pensé que se trataba de un halcón, pero comparándolo con una baraja de rapaces que tenía casualmente en casa comprobé que era un cernícalo.

Me acuerdo de que en una feria me dejé la cámara de fotos sobre una escalera y un chico me avisó gritándome: “¡eh, heavy, la cámara!”. Me llamó jevi porque tenía un chaleco vaquero con un parche enorme de Pink Floyd.

Me acuerdo de la vez que fui con mi tío en el camión con la esperanza de que le mandaran al extranjero y que en esos tres o cuatro días libres hicimos tres veces el trayecto Tudela-Bilbao y viceversa.

Me acuerdo del Oliva, que nos pedía permiso para jugar a las canicas e iba siempre con una bolsa de cola para esnifarla.

Me acuerdo de las plantas carnívoras que crecían en el solar del Canódromo, frente a mi casa.

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