El joven Adams (Serenata de plomo. XXI)

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Por Martin Holmes.

El joven Adams montó un buen numerito de señorita diciendo que no podía respirar porque le había roto las costillas. Valiente contrabandista. Cuando dejó de gemir como una parturienta cagando mellizos nos contó que Hemingway había conseguido llevar el camión de whisky desde Toronto hasta Nitroglycerine Creek, al norte del Lago Michigan, en la raya con Canadá, y lo tenía guardado al recaudo de una familia de montañeses medio tarados que eran los nuevos socios de la ya extensa cofradía de la zarigüeya. Hemingway era como Jesucristo y pensaba que podía multiplicar el bebercio para que le sacasen la tajada la mitad de los vagos del vecindario, pero un servidor aún no había visto un puerco chavo y, en cambio, cualquier retrasado mental de Chicago que tuviera una cacharra quería dispararme. Adams había traído su Ford T, que se sostenía sobre sus cuatro ruedas de puro milagro, y decidimos ir a Nitroglycerine Creek en busca del whisky y pensar por el camino qué diablos íbamos a hacer con él. Podríamos entregárselo a Capone con nuestra mejor cara de palurdo, coger una paliza y salir más o menos de una pieza, o podríamos vendérselo de ganga a un juez con mucha vida social, trincar los machacantes y despedirnos de Chicago para buscarnos un porvenir en un pueblo pequeño, cambiar de nombre y casarnos con una aldeana con el trasero de balcón que hiciese los domingos pastel de albaricoque. Soy alérgico al albaricoque y a los traseros de balcón, y a la misa de los domingos y a pasarme el resto de mi vida detrás del mostrador de una tienda de clavos echando las tardes con los labriegos hablando de la cosecha. El whisky de Hemingway era quimérico como los ríos de oro de El Dorado y no se me quitaba de la mollera mi sueño de opio y la cesta de mimbre. El joven Adams escupió un diente y lo recogió cuidadosamente del suelo, lo limpió con la manga y lo envolvió en un pañuelo.

—Diablos, Bullet, pensaba que éramos socios —dijo.

Lola me devolvió la Loomis. Le pegué un tortazo con el revés de la mano. Se mordió el labio y sangró levemente. Nada serio.

—Hacía años que nadie me zurraba —dijo—, me haces recordar los viejos tiempos, cuando era joven y bonita.
—No te pongas melancólica, Lola —le dije.
—No mates a nadie si no es necesario —me recomendó—, y trae ese cochino whisky elegantón con sabor a turba y madera.
—No mates a ningún cura ni a nadie que te estreche la mano —dijo Molly.
—Ni pensar que tienes una cacharra, ¿eh, Nickie? —le dije a Adams.
—Ligero como un peregrino —dijo.
—Vamos a Nitroglycerine Creek con un trabuco y tres cartuchos del diez y la mitad de Calabria en pos de nuestras peladuras. Vamos a buscar el Vellocino de Oro.
—¿Nos vamos al campo? —preguntó Molly.
—Nitroglycerine Creek es un pantanal rijoso lleno de mosquitos —dijo Lola—. Es la capital mundial de la endogamia y los muchachotes montan a sus hermanas pequeñas recién se ponen a sangrar. Distribuyen a todo el país retrasados mentales para trabajar en las fundiciones y comen castores cocidos y lagartos.
—Biblia, incesto y alambiques —confirmé.
—No es muy distinto a Polonia —dijo Molly.
—Dios estaba trompa cuando creó Nitroglycerine Creek —dijo Lola.
—Dios aún está trompa, echa un vistazo a tu alrededor —dije—. Iremos Nickie y yo con el escopetón de la vieja Lola y nuestro ánimo de excursionista.
—No sé si podré conducir —dijo Nick—. Me duele el pecho.

Le pegué un puñetazo en la oreja y cambió de opinión. Se puso al volante con cara de Jeremías. La oreja se le hinchó como el fuelle de una gaita. Molly, Lola y el Profesor Charmé se quedarían en Chicago, en un piso que tenía Lola en la calle Redención, y mi menda y el Chico de la Oreja de Gaita iríamos a Nitroglycerine Creek, nos haríamos con el whisky y toda la pandilla se reuniría en Rat´s Paradise para celebrar una asamblea. El Ford T arrancó a puros cuescos como un tísico y derivaba a estribor hasta acariciar la cuneta, como las golfas de Tampico, que son cojas. Hubiésemos ido más rápido subidos a los hombros de mi abuela. En veinte millas empezó a expulsar humo negro por la cazuela y tuvimos que echarle agua de un charco. Íbamos montados sobre un trueno loco, pegando saltos como en un tobogán de feria de pueblo.

—Este coche se llama Forajido —dijo Adams.

Forajido perdió dos radios de una rueda a la altura de Milwaukee y lo enfriamos con cerveza que nos vendió un vivo del lugar. Comimos bocadillos de tasajo y pan de centeno en Fond du Lac y nos pegamos una siesta debajo de un álamo. El joven Adams se despertó y escupió sangre negra.

—Oh, Dios, creo que tengo una hemorragia interna —dijo.
—Eres un caso, Adams, te quejas como una vieja.

Se nos acabaron los pitillos y empezamos a ver pasmas en Wisconsin, que eran diferentes a los polis de Nimbus y parecían palurdos en una coronación. Mascaban tabaco y llevaban uniformes negligentes y sombreros Stetson de tratantes de vacas. Una patrulla nos estuvo a punto de enchironar por vagabundaje pero eran gente sin constancia y se aburrieron de buscarnos las cosquillas. Mordían ramas de trigo y uno de ellos se rascó las partes con la baqueta del revólver. Se largaron por donde habían venido a ver parir a una yegua o lo que quiera que les entretuviese a esos cagones de abono.

—Estos se creen que aún están combatiendo a los comanches —le dije a Adams.
—Hemingway es medio piel roja. Tiene sangre algonquina y un nombre de guerra.
—Y yo soy la Princesa de París y llevo ligas de encaje.
—Eso tú sabrás.

Estaba harto de las mentiras de Hemingway y sus ambiciones de escritor de novelas de barbería. Sus embustes y sus industrias me habían conducido a la carretera rumbo a Nitroglycerine Creek con un pescador de mosca cagón y mi pellejo no valía una gorda en Chicago. Una semana antes mi mundo era sacarles rendimiento a los cornudos y no mezclarme en los asuntos de los demás y ahora era la diana de cualquier napolitano grasiento, tenía el bazo roto y me la habían pegado un chino medio tuerto y un vendedor de puros. Empezamos a oler a boñiga en Marinette y pasamos la noche en un granero. Dormí poco y mal sobre un lecho de alfalfa y debajo de un nido de murciélagos. El campo es para los segadores, yo prefiero el cabaret. Madrugones y una mula, baldes de mierda de vaca y doblar el lomo en la huerta, quédeselo usted, socio, con todo su aire puro y la luz del sol. Cruzamos la frontera por Iron Mountain, dejando al este el Lago Michigan, y en una cuesta arriba nos adelantó una vieja montada en un burro que bebía a gollete de una garrafa.

—Ya cogeremos una pendiente —dijo Adams.

Nos adentramos en un bosque y Forajido tosió por última vez y se clavó en la tierra como la raíz de un pino.

—Que Dios te bendiga, Forajido —dijo Adams. Sacó un par de monedas de un cuarto de pavo y las dejó sobre el capó—. Esto es para el barquero, viejo compañero.
—Eres un derrochador —le dije. Amartillé la Loomis y disparé sobre el coche un cartuchazo del diez. Forajido expulsó gas por la chimenea y se fue al diablo.
—No tienes sentimientos, Bullet, eres un hombre de hielo —dijo Adams.
—Así no sufrirá, como los pencos con las patas rotas. Y de paso despertamos a los paletos de la campa para que vengan a asomar las narices y les preguntaremos por un idiota con un cargamento de whisky.
—¿Ese es tu plan?
—Por lo visto el tuyo era organizar un entierro.

Un palurdo enorme montado en una yegua baya apareció entre los árboles. Tenía la cara morada de pegarle a la botella y un par de toneladas de mugre seca sobre las espaldas. Cabalgaba sin silla, manejando la yegua por la crin, y balanceaba sobre su muslo un fusil Hawken que debió pertenecer al abuelo de George Washington. Levantaba sus dos buenos metros desde sus pies planos hasta la guinda y tenía los ojos escondidos detrás de una tonelada de párpados gruesos como la suela de una bota de labriego.

—Bienvenidos a Nitroglycerine Creek, peregrinos —dijo—. Y ahora dadme una buena excusa para estar aquí antes de que os convierta en un cedazo.
—La hospitalidad del campo —dijo Adams.
—Tómeselo con calma, mazorral, no vaya a hacer daño a alguien con ese trabuco —le dije.
—De vez en cuando cae por aquí un listo como usted —dijo el paleto—, y no vea lo bien que queda clavado en una puerta.
—¿No tiene bosta que palear, labriego? —le dije.

Amartilló el Hawken y olí desde lejos la pólvora negra. Cantó un ruiseñor. El campo bucólico y toda la mierda de vaca del mundo. Estaba empezando a perder la paciencia y me acerqué a la escopeta Loomis. El palurdo gigantesco sonrió enseñando sus dientes mellados desde lo alto de la yegua.

—Me llamo Nick Adams —dijo Nick—, estamos buscando a mi socio Ernest Hemingway, un chico alto, aunque no tanto como usted, es medio indio y teniente honorario del ejército italiano.
—Y es tonto de remate —añadí—. Acá estará como en casa.
—Haber empezado por eso, señoritingos —dijo el paleto—. Soy el Gran Adolphus Knee, esta es mi yegua Soraya y todo lo que su vista alcanza es mi predio. Ustedes deben ser los socios de Chicago del capitán Hemingway.
—¿Ahora es capitán? —pregunté.
—Encantado de conocerle, señor Knee —dijo Adams—, aunque no sé si debo llamarle Gran Adolphus.
—Puede llamarme general, si le place, pero no se crea más vivo que yo porque soy de pueblo. A lo que parece ahora somos socios.
—Todos somos socios en este circo —concluí—: putas, loros, paletos y yeguas. Podríamos montar una convención y cantar un himno.

117 comentarios

  • Peroperopero. El pulp, cada vez màs soberbio; Perroan, superándose en cada ilustración. La de hoy es de abrirse un champán para celebrarla.

  • Distinguido Sr. Wert,
    Distinguidos Señores del Jurado del Premio Nacional de Música 2014,

    Recibir la noticia de este importante premio me ha creado dos sentimientos profundamente contradictorios y totalmente incompatibles: primero, una gran alegría por un tardío reconocimiento

    Y hasta aquí puedo leer sin que me entre la risa.

    Las negritas son mías. Cantan, bailan y son muy suyas.

  • Merc, aunque sea entre risas siga leyendo, y verá (tanto en el comunicado como en la carta) que la belleza salvará al mudo.

  • He leído la carta aquí, que es el único sitio donde parece que se publica íntegramente (la foto de Wert, en fin), y la carta no me ha parecido sospechosa de perfidia catalanista. Qué tristes días en que por ser Savall catalán su gesto pueda interpretarse como victoria del nacionalismo, que desconfiemos de su honestidad. Supongo que la razón por la que sí aceptó el premio catalán es que la Generalitat le ha beneficiado con sus ayudas. El beneficio de mis dudas y mi respeto para Savall. (Es mi voto de «provinciana españolista», como dijo anoche Pirata, que es malisma, malisma).

  • Me importa una mierda lo que tenga que decir un artista sobre cualquier cosa no referida a la ejecución de su arte.

    El premio por tardío, eso sí, es completamente injusto. Tenían que habérselo dado justo el segundo día de iniciar su carrera profesional.

  • Hombre, Adaptaciones, que él precisamente habla de él y su arte. Savall ha hecho la rehostia por la música española, y si alguien está bien acreditado para opinar sobre una política cultural, como objeto que es de la misma, a lo mejor es él.

  • Lo siento pero mi misantropía se exacerba cuando un artista lloriquea.
    ¿Alguien te quiere ver y te paga? Perfecto.
    ¿No interesa tu arte? Mala suerte. Búscate un mecenas, pero no lloriquees porque no te doy suficiente dinero vía impuestos o porque no lo gasto según tu criterio. Preséntate a las elecciones.

  • Rechazar un premio es el punto de partida.
    Es simplemente mala educación. Capullo, que eres un pintamonas. ¿Qué te has creído?

  • Vamos a morir todos asfixiados por el fango que forma la superpoblación de artistas, sociólogos, psicólogos, psicopedagogos, y adanes.

  • La carta de Savall recuerda mucho a las emocionantes palabras de Mutti contra la política cultural de Berlusconi en 2011, en plena representación del Nabucco de Verdi, con todo el teatro en pie cantando el Va pensiero (el himno oficioso de Italia) y las octavillas contra il caimano lloviendo desde los palcos. No parece que tenga otras pretensiones. Bravo por Savall.
    https://www.youtube.com/watch?v=SkijuuLaE98

  • 31/10/2014 A LAS 02:26 GENGIS KANT
    El sentimiento nacional.-
    Estoy hasta aquí arriba de las descalificaciones al nacionalismo por lo que tendría de fenómeno irracional. Una de las variantes de esa inquina al nacionalismo consiste en ver en él un sentimiento, lo peor a juicio de los intelectuales alfa.

    Se equivocan esos críticos. El nacionalismo no es un sentimiento de pertenencia a una determinada nación; es la ideología que, tras darles muchas vueltas a las cosas -por eso es una ideología y no un sentimiento- juzga que es bueno, para empezar, que uno tenga tal sentimiento (se entiende: que lo tenga a su nación, no a otras, y que lo tenga el que sea miembro de esa nación, los demás no).

    El nacionalismo no niega que sea bueno sentirse parte de más de una comunidad, pero el valor máximo sólo se lo otorga a la pertenencia a una de las comunidades a las que, según él, hacemos bien en sentir que pertenecemos.

    No debemos confundir a aquéllos cuya adhesión a un grupo territorial tiene la naturaleza profunda de los sentimientos con aquéllos que sienten que su adhesión a un grupo territorial es profunda. No debemos confundir los sentimientos con las sensaciones.

    Puestos a no confundir, debemos distinguir entre la conciencia imprecisa de que ocurre algo (sentir que algo pasa) porque nuestro sistema sensorial detecta algo y la conciencia imprecisa de que ocurre algo (sentir que algo pasa) aunque no sea nuestro sistema sensorial el que lo ha detectado. En muchas ocasiones no son la misma cosa sentir y tener una sensación.

    Y más cosas.

    Antes de que siga vaciando el Mediterráneo cacito a cacito creo que conviene realizar alguna acotación a su definición de nacionalismo: “El nacionalismo es, para empezar, la ideología que juzga que es bueno que uno tenga el sentimiento de pertenencia a la nación propia. Y más cosas”. Me he permitido condensarla —incluyendo las promesas de nuevas revelaciones— para poderla llevar a la boca y ver si me deja regusto a taninos y efluvios florales o a corcho. A corcho.

    No sé, para empezar, si el nacionalismo es una ideología que “juzga que”. Yo creo que más bien “cree que” puesto que su procedimiento reflexivo, en caso de que se produzca, sólo pretende justificar la previa efusión sentimental y los sentimientos no se eligen.

    El nacionalismo no es que juzgue que es bueno tener sentimiento de pertenencia a la nación propia, es que cree que es imposible que alguien pueda ser no nacionalista… salvo que no tenga sentimientos.

    Su afirmación de que “el nacionalismo no niega que sea bueno sentirse parte de más de una comunidad” me ha dejado perplejo. Como no conozco nacionalistas que lo sean simultáneamente de dos naciones, supongo que esa bondad en la simultaneidad de sentimientos de pertenencia a la que usted se refiere es la comunidad nacional y la comunidad de propietarios o la de amigos del queso de Cabrales. Porque el nacionalismo admite, claro, que uno pueda ser nacionalista gallego y sentirse también vasco viviendo en Baracaldo, Vizcaya, siempre que acepte la sumisión jerárquica, pero lo que no admite es que el gallego proclame su galleguidad ignorando o no asumiendo su condición subsidiaria.

    Hay otra cosa inexacta en su definición. Es una inexactitud que opera al 50%, por lo que, supongo, la invalida totalmente. Es cierto que “el nacionalismo es, para empezar, la ideología que juzga que es bueno que uno tenga el sentimiento de pertenencia a la nación propia” pero también lo es que “el nacionalismo es, para empezar, la ideología que juzga que es malo que uno tenga el sentimiento de pertenencia a la nación propia”, siempre que la nación propia sea aquella o aquellas a las que se opone el nacionalista. Este me parece un asunto, creo en mi ingenuidad, de cierta importancia, toda vez que el nacionalismo suele ser la ideología de quienes carecen de nación propia reconocida como tal o de quienes la tienen sojuzgada, y se enfrentan a las naciones realmente existentes y/o operantes, que son las malas. No se me escapa que el quid de la cuestión está en el adjetivo “propio”, que para que sea comprensible habrá también de adjetivarse como “propio bueno” (la nación propia del propio pueblo) o “propio malo” (la nación que se apropia de lo propio del propio pueblo, que es el autóctono desde que se instaló).

    En fin, no me gustaría acabar sin manifestar al menos mi acuerdo con algo de lo que sugiere, su implícita crítica a los intelectuales alfa que creen estar al margen de los sentimientos de pertenencia. Yo, como intelectual épsilon de vuelo raso, reconozco que no puedo sustraerme al amor por los paisajes e incluso por las personas —aunque menos— que traté en mi niñez y juventud. Según dicen eso es una patria. Pero lo propio y esencial del nacionalismo —perdóneme, pero tengo que ir al grano; me pierde el grano— es considerar que los propios de la patria tienen más derechos que los advenedizos. Yo no soy partidario. Y tanto no lo soy que creo que la solución pasa por barrer las patrias y eliminar los efluvios sentimientos de la no suficientemente fría prosa administrativa. Los sentimientos, para el amor y para las romerías.

  • No sé si se trata de un triunfo del nacionalismo o no; pero aceptar un premio concedido por la Generalitat en una tierra donde cualquier aspecto relacionado con la creación y posterior difusión de esa creación está sometida a infranqueables criterios lingüísticos e ideológicos (que en Cataluña, con su política de cuotas, viene a ser la misma cosa), resulta, cuando menos, chocante.

  • De todas maneras, la primera condición para recibir un premio de tales características debería ser que el premiado esté muerto. Se los podría bautizar como los premios “Usted Perdone”, por ejemplo.

    Me viene a la cabeza, por ejemplo, Cary Grant, quien jamás recibió un Oscar, cuando a los sesenta y seis años, tras décadas y décadas de mutuos desencuentros con la Academia, recibió por fin un premio especial por su trayectoria y, entre lágrimas, finalizó su discurso con estas caballerosas palabras:

    Así pues, antes de dejarles quiero agradecerles muchísimo que hayan mostrado de este modo su reconocimiento. Lo guardaré [el premio] como un tesoro mientras viva, porque probablemente no hay mayor honor para un hombre que el respeto de sus compañeros. Gracias.

    Con todos sus innumerables defectos, eran hombres de otra pasta.

  • Sólo lamento que Savall no rechazara la medalla de oro de la Generalidad por motivos parecidos. Por lo demás soy muy partidario de que todos los españoles podamos escuchar las sublimes músicas de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria y podamos beneficiarnos de la fabulosa energía espiritual que transmiten la divina belleza de estas músicas. No hacen falta sino medidas audaces, como el céntimo sanitario —es decir, un céntimo por cada vez que usamos el sanitario— para que podamos llenar los festivales de España y del mundo de energía espiritual y podamos trascender de una vez por todas cloacas tan infectas como este fanzine.

  • Dando una vuelta a la idea de Gómez, creo que todo Premio Nacional debería incorporar como requisito previo la expedición forzosa del premiado al Panteón de los Ilustres, para que viviera eternamente en nuestros negros corazones.

  • Pues que también recordemos cuántas veces nos espanta la condena del autor de la obra que amamos a causa de sus otras opiniones o por una participación equivocada en la vida pública. Incluso si la única forma correcta de juzgar el gesto y las palabras de Savall sea identificando la sumisión del apesebrado nacionalista, entonces ruego que se acuerden de Céline.
    (¿No pega? ¿Y no se podría clavar?).

  • No juzgo la música que interpreta Savall ni juzgo a Savall como músico. Disfruté mucho con el sonido de la viola de gamba en Todas las mañanas del mundo. Incluso tampoco me molesta que su acto sea una bofetada virtual al ministro. Lo que me desagrada es su carta llena de hipocresía y sentimentalismo, tan plagada de las mismas razones que podrían haberle llevado a renunciar al otro premio.

    Hipocresía y sentimentalismo, siempre juntos.

  • “Es cierto que en algunas contadas ocasiones he podido beneficiarme, a lo largo de más de 40 años de actividad, de alguna colaboración institucional: la celebración del V Centenario del descubrimiento de América, las pequeñas ayudas a giras internacionales y recientemente las invitaciones del Centro Nacional de Difusión Musical a presentar nuestros proyectos en Madrid. Pero igual que la inmensa mayoría de músicos y conjuntos del país, he seguido adelante solo con mi esfuerzo personal sin contar jamás con una ayuda institucional estable a la producción y materialización de todos mis proyectos musicales.”

    Este señor quiere que se funcionarice el arte, más concretamente su arte y exige que no se haga con él lo mismo que con toda esa chusma musical del país.

    O no quiere enterarse de lo que es un premio o no ejerce como persona educada.

  • Gutiérrez aún le está dando vueltas a lo de Arcadi y Juaristi. Debería leer ÇhopSuëy. Como siempre que le retuercen la oreja se echa al monte y salta por peteneras. Para colmo, se las da de listo y tratando de darle un rapapolvo erudito al catalán termina por hacer el ridículo. Lo del “cosas veredes” es una variante posterior del “cosas tenedes”, que no es del Cantar de Mio Cid sino del Romancero del Cid. Puestos a liarse con cervantinismos, cidismos, etc., quizá le convenga atenerse a la verdad en lugar de copietear la primera web que le salga en el Google.

    Cosas tenedes, el Cid,
    que farán fablar las piedras,

    http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/fondo2000/vol1/siete-infantes/html/34.html

  • Como soy un cerdo me da por chapotear en el barro de vez en cuando, así que le he echado un vistazo a los comentarios de los chiripitifláuticos. ACFOJONANTERGGFS.

  • Hola people.
    Jopetas, no sé por dónde empezar .
    Sta Bel: sea lo que sea que he hecho no soy consciente de haberlo hecho; me disculpo.
    Viernes de siesta después de dura jornada de trabajo mañanero.
    Ayer tarde-noche estuve en la tienda apple, donde había un pequeño festejo y LO QUIERO TODO. Es fascinante. Viviría en esa tienda.
    Nos dieron champán en unas copas alucinantes, acompañado de violetitas en bandejitas y todo tipo de chuches. Creo que, salvo mi jefe, no había ningún tipo sin barba ni NB. Si todas las actividades extra-laborales son así me apuntaré a todas.
    Me hace mucha gracia que alguien pueda pensar que soy un tío. Bajo un aspecto frágil soy un supermacho. Y me choca que lo piensen sobre todo Tareixa y Procu, dos chicas superfemeninas.
    Comienza el finde con otro gallifante en Soto del Real. Joder, qué fiestas deben montarse allí.

  • Pues a mí lo que ha hecho Savall me parece bien. Y con ello no digo que yo comparta su pensamiento, pero si él cree que debe renunciar me parece coherente. Lo fácil es aceptar el premio.

  • – Perro a Gengis:

    […] No sé, para empezar, si el nacionalismo es una ideología que “juzga que”. Yo creo que más bien “cree que” puesto que su procedimiento reflexivo, en caso de que se produzca, sólo pretende justificar la previa efusión sentimental y los sentimientos no se eligen.

    El nacionalismo no es que juzgue que es bueno tener sentimiento de pertenencia a la nación propia, es que cree que es imposible que alguien pueda ser no nacionalista… salvo que no tenga sentimientos.

    Su afirmación de que “el nacionalismo no niega que sea bueno sentirse parte de más de una comunidad” me ha dejado perplejo. Como no conozco nacionalistas que lo sean simultáneamente de dos naciones, supongo que esa bondad en la simultaneidad de sentimientos de pertenencia a la que usted se refiere es la comunidad nacional y la comunidad de propietarios o la de amigos del queso de Cabrales. Porque el nacionalismo admite, claro, que uno pueda ser nacionalista gallego y sentirse también vasco viviendo en Baracaldo, Vizcaya, siempre que acepte la sumisión jerárquica, pero lo que no admite es que el gallego proclame su galleguidad ignorando o no asumiendo su condición subsidiaria.

    Hay otra cosa inexacta en su definición. Es una inexactitud que opera al 50%, por lo que, supongo, la invalida totalmente. Es cierto que “el nacionalismo es, para empezar, la ideología que juzga que es bueno que uno tenga el sentimiento de pertenencia a la nación propia” pero también lo es que “el nacionalismo es, para empezar, la ideología que juzga que es malo que uno tenga el sentimiento de pertenencia a la nación propia”, siempre que la nación propia sea aquella o aquellas a las que se opone el nacionalista. Este me parece un asunto, creo en mi ingenuidad, de cierta importancia, toda vez que el nacionalismo suele ser la ideología de quienes carecen de nación propia reconocida como tal o de quienes la tienen sojuzgada, y se enfrentan a las naciones realmente existentes y/o operantes, que son las malas. No se me escapa que el quid de la cuestión está en el adjetivo “propio”, que para que sea comprensible habrá también de adjetivarse como “propio bueno” (la nación propia del propio pueblo) o “propio malo” (la nación que se apropia de lo propio del propio pueblo, que es el autóctono desde que se instaló).

    En fin, no me gustaría acabar sin manifestar al menos mi acuerdo con algo de lo que sugiere, su implícita crítica a los intelectuales alfa que creen estar al margen de los sentimientos de pertenencia. Yo, como intelectual épsilon de vuelo raso, reconozco que no puedo sustraerme al amor por los paisajes e incluso por las personas —aunque menos— que traté en mi niñez y juventud. Según dicen eso es una patria. Pero lo propio y esencial del nacionalismo —perdóneme, pero tengo que ir al grano; me pierde el grano— es considerar que los propios de la patria tienen más derechos que los advenedizos. Yo no soy partidario. Y tanto no lo soy que creo que la solución pasa por barrer las patrias y eliminar los efluvios sentimientos de la no suficientemente fría prosa administrativa. Los sentimientos, para el amor y para las romerías.

    – Gengis a Perro:

    Por lo que veo, no ha hecho mella en usted mi intento de discernir cosas distintas cuando un nacionalista habla de su sentimiento nacional: desde la pura y seca conciencia a otra mucho más húmeda, o sentimental, de que es miembro de una nación. Tiene su importancia desenmarañar un poco todo lo que se ha metido en esos sentimientos nacionales.

    Pero no diré que mucha. Con sentimientos sentimentales o con otra cosa, a lo que apunta el nacionalista que los saca a relucir es a la dimensión subjetiva de toda nación: la conciencia nacional, esto es, la conciencia que se espera que vayan adquiriendo sus miembros de serlo.

    Esta dimensión subjetiva -la conciencia de ser- ha entrado en la historia como un modo de democratizar el viejo nacionalismo orgánico, de filtrarlo a través de la voluntad de los individuos. Si éstos no quieren -y para querer hay que saber qué es lo que se puede querer- asumir su pertenencia a una nación, no hay nación. Creo que esa especie de humanización no ha ido muy lejos. Dejo para otro momento la exposición de las razones de mi creencia en la modestia del avance.

    Como no podía ser de otro modo, la conciencia nacional que el nacionalista siente que tiene, y quiere que tengan otros, es la de su nación; otros que pertenezcan a esa nación; lo que no quiere es que los que no son de ella se sientan de ella.

    Pero -mucho cuidado- ese rechazo es compatible con el deseo de que se sientan miembros de aquéllas a las que pertenecen. El nacionalismo de Herder, por poner un ejemplo señero, es cosmopolita; aboga por la existencia de muchas naciones por aquello del tesoro cultural que se encierra en cada ellas.

    El nacionalista, que en su cerrazón es más abierto de lo que muchos piensan, también puede ver con buenos que a los de su nación les guste pertenecer a otras comunidades siempre que -tuve, a la hora de usar ‘nación’ y ‘comunidad’, un cuidado del que usted no se ha beneficiado- admitan que nación sólo hay una.

  • Exposición de las razones de mi creencia en la superficialidad de la humanización del nacionalismo orgánico:

    “No se puede negar que, al margen de las formulaciones duramente organicistas del nacionalismo, que ven en la nación una realidad sustantiva y en sus miembros nada más que la materia renovable de la que estaría formada, no han faltado versiones del llamado principio de las nacionalidades permeadas de un espíritu más liberal, el cual aconseja contar con la opinión de los integrantes de la comunidad presuntamente nacional para asegurarnos de que efectivamente nos encontramos ante una verdadera nación, y no ante un mero producto de la fuerza. Esta forma de nacionalismo no hacía tanto hincapié, a la hora de definir la nacionalidad, en elementos objetivos y duramente fácticos -comunidad étnica, lingüística, religiosa, etcétera-, cuanto en factores más subjetivos, y, por supuesto, más cercanos a la voluntad de los individuos: la conciencia de formar parte de un grupo nacional, pero, sobre todo, el asentimiento a esa pertenencia.

    Este nacionalismo de rostro humano parecía acercar la ideología nacionalista a posiciones más democráticas y liberales. Una nación no se basaba, venía a decirse, tanto en la existencia de unos rasgos externos, objetivos, fatales, cuanto en el hecho de que su realidad fuera asumida, querida por los sujetos humanos que la integran. Así, Pasquale Stanislao Mancini sostendría, pensando particularmente en los intereses del nacionalismo italiano, que “la doble serie hasta aquí presentada de condiciones naturales e históricas, la comunidad misma de territorio, de origen y de lengua a la vez, no bastan aún para constituir cumplidamente una nacionalidad tal como nosotros la entendemos. Estos elementos son inerte materia capaz de vivir, pero en la que no se ha insuflado aún el soplo de la vida. Entonces, ese espíritu vital…, ¿en qué consiste? Se trata, señores, de la conciencia de la nacionalidad …, la unidad moral de un pensamiento común, de un proyecto que hace de la sociedad lo que es porque en ella se realiza” (Sobre la nacionalidad -trad. de M. Carrera Díaz-, Madrid, 1985, págs. 34 y 35). La nación dejaría de ser, según esta concepción, una realidad externa que se impondría ineluctablemente a los individuos; sería, más bien, un hecho de conciencia, una realidad espiritual, una tarea más que una cosa. Lo que definiría a una nación ya no sería un conjunto de características objetivas, mineralizadas en su falso naturalismo -la malhadada comunidad étnica, cultural, lingüística-, sino un estado subjetivo, como es la conciencia de participar en un proyecto común.

    En una línea similar, Ernest Renan responderá a la pregunta sobre la esencia de la nación en los siguientes términos: “Una nación es un alma, un principio espiritual. Dos cosas que, a decir verdad, no son más que una, constituyen este alma, este principio espiritual. Una está en el pasado, la otra en el presente. La una es la posesión en común de un rico legado de recuerdos; la otra es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa…. Tener glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente; haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía, he aquí las condiciones esenciales para ser un pueblo…. La existencia de una nación es (perdónenme esta metáfora) un plebiscito de todos los días” (¿Qué es una nación? -trad. A. de Blas Guerrero-, Madrid, 1987, págs. 82 y 83).

    Antes de seguir querría llamar la atención sobre el cambio de registro que el planteamiento nacionalista sufría en el juicio formulado por Renan en el pasaje anterior. Hasta tal extremo llega el proceso de interiorización del ser nacional que plantea el pensador francés, que incluso la referencia al pasado, aparentemente un residuo de la tosca antigualla objetiva, queda subordinada a la conciencia que de ese pasado se tiene desde el presente. Sin desaparecer en Renan las alusiones al pasado, en el que encuentra uno de los dos pilares de la nacionalidad -el otro lo halla en el presente-, no es menos cierto que el polígrafo francés viene a decir que aquel ha de ser revivido, traído de nuevo a la vida, renovado una vez y otra, por la conciencia que, situada en el presente, vuelve la mirada hacia atrás. En efecto, Renan no habla tanto de la posesión de un pasado común, cuanto, sobre todo, de la posesión de unos recuerdos comunes, unida a la voluntad de continuar eso que se recuerda.

    Esta “humanización” democratizadora del nacionalismo corría el riesgo de ser más aparente que real. La voluntad compartida en la que presuntamente se cifraba el ser nacional sería interpretada por más de un nacionalista como un elemento no menos fáctico que los señalados anteriormente, como una realidad trascendente que los individuos se encuentran ya dada, en la plena perfección de su esencia, y que por eso mismo se presta a ser utilizada para descalificar como antipatriótico cualquier eventual deseo de cambiarla. Una vez que se desligara -ello, desde luego, no es imputable a Renan- el concepto de voluntad nacional de la clara exposición del procedimiento mediante el cual esa voluntad es reconocible empíricamente, que no puede ser otro que el voto individual y secreto, se corría el riesgo de hacer de ella un ídolo por encima de las voluntades de las personas concretas y reales, susceptibles de ser tachadas de traidoras siempre que no se identifiquen con esa metafísica voluntad colectiva, en la que se quiso ver el único fundamento legítimo de un proyecto común que, en su grave y sagrada fatalidad, trasciende los intereses individuales.

    Qué voluntad tan extraña es esa que vuela por encima de los deseos reales de los individuos; qué lejana se encuentra esa idea de voluntad nacional de la voluntad tal como la entiende el sentido común: una disposición personal -no una facultad de una entidad general- cuyo concepto es completamente ajeno al esencialismo en el que queda cosificada aquella fantástica voluntad colectiva.

    Pero el riesgo de que la exposición de la nacionalidad en términos de proyecto común, de empresa colectiva, pudiera acabar teniendo poco que ver con la deseable asunción de dicha tarea por parte de los nacionales, es evitado -¡cosa admirable!- por no pocos doctrinarios nacionalistas, que dan por cierto el beneplácito de los integrantes de la nación mediante un férreo círculo lógico que reza así: quien no admita el proyecto común que define la esencia, pongamos por caso, de España no es un verdadero español; luego todos los miembros de España admiten el susodicho proyecto. Evidentemente, se hace innecesario preguntar nada a nadie: la adhesión de los españoles a la empresa que sería España queda asegurada por ese portentoso ejercicio de democracia pura, a priori .

    A esta tergiversación del nacionalismo proyectivo, lanzado al futuro más que lastrado por el pasado, hay que añadir la presencia de algunas dificultades intrínsecas, teóricas. El plebiscito diario del que hablara Renan no puede ser el fundamento sobre el que nazca la nación, pues ya la presupone por cuanto es el plebiscito de la nación. Además, el intento de definir esta mediante características subjetivas, de conciencia, no evita tener que recurrir a la vieja formulación objetiva. En efecto, ¿cómo puede saber uno de esos que quieren vivir juntos quiénes son aquellos junto a los que quiere vivir si no es mediante el reconocimiento de aquello que todos comparten? Si bien es cierto que un grupo reducido puede ser caracterizado mediante la enumeración exhaustiva de sus miembros, no es menos cierto que una nación, por su magnitud, no puede ser descrita de ese manera. En su caso se requiere acudir a la descripción mediante notas objetivas comunes, y unos candidatos con muchas posibilidades de victoria, si bien no son los únicos, vuelven a ser las dichosas características geográficas, zoológicas, culturales y demás.

    Se podría salvar esta dificultad teórica que debilita la estrategia de definición en clave subjetiva mediante otra aproximación a la realidad nacional no menos subjetivista. Pero esta última es letal para el nacionalismo. Me refiero al reconocimiento de que las características objetivas que comparten los miembros del grupo nacional son con frecuencia el resultado de algunas voluntades muy concretas, y no, como presume la doctrina nacionalista, unos rasgos primigenios tan viejos como el mundo. Recuérdense los proyectos, muy conscientes y voluntarios, y sobre todo muy recientes, de recuperación -y, cuando ha sido necesario, de invención- de tradiciones, usos, modos, costumbres, lenguas, y en general de todo tipo de materiales con los que construir las identidades nacionales. Podría decirse, pensando en más de una lengua nacional, que no es su existencia la que habría justificado el derecho del grupo que la poseía a la autodeterminación, sino que ha sido la voluntad de autodeterminación de un grupo la que lo invitó a buscar una lengua debidamente diferenciadora, por más que adoleciera en ocasiones del pequeño inconveniente, al menos inconveniente desde el punto de vista de esa necesidad que a veces muestran los hombres de comunicarse, de no ser hablada apenas por nadie.”

  • “Lo fácil es aceptar el premio.”

    Aconsejo a todo el mundo que profundice en mi teoría de la obviedad; como mínimo, hasta que entienda que una razón muy importante para aceptar un premio es que sea lo fácil.

  • 31/10/2014 A LAS 14:20
    PERROANTONIO
    Yo, y pese a tu interpretación, creo que Espada dijo lo que escribió. Y me parece mezquino. Dicho sin acritud.

    No le voy a hacer un fisking al Arcadio porque me da algo. Estamos como siempre: averiguando qué diablos quiere decir. Mi análisis paleográfico me indica que no quiere celebrar la normalidad -que es la existente ahora en el País Vasco, ya que un gobierno nacionalista le ha dado un premio a un tipo como JJ, y tan normal es todo que JJ quiere ser enterrado allí- no quiere celebrar la normalidad, decía, mientras exista anormalidad en Cataluña, donde no se premian más que a los babosos de siempre, etc., etc.

  • “Profesionales del compliance”.

    Nueva soplapollez empresarial con asociación y tó oigan.

    Coaching, mentoring, tocapolling y así.

  • Me quiero jubilar para alejarme de tanta gilipollez. Cultivar mis calabacines y mis tomaticos, enfadarme yo solo viendo el telediario, despreciar a los jóvenes.
    Sencillos placeres.
    Pero no puedo jubilarme aún.

  • Jubilarse debe ser raro; imagino que, después de tantos años de rutinas desaprender esa conducta y los vicios que conlleva debe ser terrible.

  • Aunque, como todo en la vida hay que ir mentalizándose a partir de los 60. Buscando ocupaciones bonitas, cosas que siempre se han querido hacer y no se ha tenido tiempo. Tener las ideas clarasrepecto a lo que uno quiere hacer.

  • Cuándo hay cambio? a los 40, 50 o 60? o es algo progresivo?
    Es decir, se nota un salto en algún momento?.
    En mi vida por ahora ha sido todo progresivo, un fenómeno de cascada..tal vez el salto ha sido el inicio de la carrera profesional, el trabajo y el cambio de ciudad. Pero ha sido muy sutil.
    Va a ser verdad eso que dice mi abuela (92 tacos) que la vida pasa en un soplo.

  • Sólo puedo decirle que el cambio, en mi caso, no ha sido cansarme de trabajar, sino de las tonteridas en el trabajo

  • Mi padre me enseñó a no odiar a los ricos y a compadecer a los intelectuales. Éstos, me insistía, viven en un infierno al no ver reconocidos sus méritos ni con el dinero ni con los honores que creen merecer. Savall, Juaristi, Espada, cada uno a su nivel son eximios representantes de la alta cultura. Mas sufren los males que mi padre sabiamente anticipó. Seamos condescendiente con su soberbia, es mas que comprensible.

  • Estoy con ” La insoportable levedad del ser”.
    Amor,infidelidades,primavera de praga..
    Seguro que ya la habéis leido todos.

  • La obra de Savall es impresionante. Le vi actuar en el Colón en el 95, y ya entonces era un referente. Se hace perdonar su último acto de soberbia. Quizás olvida que Tomás Luis de Victoria tenía mucho mas mérito que él y tuvo infinito menor reconocimiento.
    .

  • Guiado por un comentario en FB consulto el mapa de Liebres e Iguanas, donde el Marqués y un servidor estamos mano a mano, dos provincias de por medio, dándolo todo por España. Sí, casi todos somos hombres. Luego vienen los gritos, los lloros, el ponersen en tetas en el parlamento y su puta madre en bragas.

  • “El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores”

  • Ya dije ayer que la carta me parece correcta. Savall cree que su trabajo ha sido menospreciado por el gobierno. Es posible que esté equivocado (anda que no se ha paseado por los Cervantes de todo el mundo), pero lo que me chirría es que, a la vez, le lama el culo al gobierno catalán. Savall es un producto típicamente catalán, como el espetec. Un tonto útil.

    Me llamó la atención un detalle al terminar uno de sus conciertos (le he escuchado cuanto he podido). Ya aseado tras terminar la cena, se echó a la espalda su instrumento camino del hotel. Como un hippy medieval, o así.

  • Aquí se mezclan dos asuntos, Perro, el tema de la financiación de las artes y el tema de la nacionalidad. Podemos estar en desacuerdo (o de acuerdo) con que los poderes públicos financien o no ciertas actividades, pero parece que la Generalitat sí ha financiado más o menos generosamente algunas iniciativas de Savall, cosa que no ha hecho el Estado español. Sic: “La Generalitat es quien más colabora con la actividad del músico, especializado en mantener viva la música antigua. En 2013, su Fundació Centre Internacional de Música Antiga (CIMA) recibió 290.000 euros del Departament de Cultura de la Generalitat para la promoción de la música antigua” (en El Mundo de ayer). Lo que parece evidente es que Savall podría no haber dado explicaciones, o podría haber cargado las tintas contra el “españolismo”, y se ha limitado a criticar una determinada política cultural. Vuelvo al principio: podremos o no estar de acuerdo con su tesis de que los poderes públicos deben mojarse, pero lo que es impresentable, por parte de catalanistas y españolistas, es querer llevarse al agua a un gato que nunca ha dependido de nadie para ser quien es.

  • Gengis ha citado al ilustre orientalista Ernest Renan, y automáticamente me ha venido a la mente su imprescindible Vida de Jesús: una de esas obras, a la que Wilde calificara de Evangelio de Santo Tomás, imposibles de olvidar desde la misma dedicatoria:

    AL ALMA DE MI HERMANA HENRIETTE, MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SEPTIEMBRE DE 1861.

    …Ahora duermes en la tierra de Adonis, junto a la santa Biblos y las aguas sagradas donde las mujeres de los misterios antiguos venían a unir sus lágrimas. Revélame, ¡oh buen ángel!, a mí, a quien amabas, estas verdades que dominan la muerte, impiden temerla y casi la hacen amar.

  • 31/10/2014 A LAS 19:34
    SUKTT
    A mí me encanta tu sensibilidad, Brema. Lo dulce que eres.

    Me has dejado sin palabras, consternado o al menos al borde de la consternación, esté donde esté ese horizonte seguramente tejano. O lejano. En cualquier caso, más allá de los desiertos del alma.

  • 31/10/2014 A LAS 20:16
    MERCUTIO
    Posiblemente la mejor tuitera del mundo.

    La más grande, desde el principio de los tiempos.

  • Estaba a punto de decir que a mí lo que me gustaría es meterte los pelos pa’dentro, pero sé que sólo tú sabrías escarbar entre la aparente grosería para hallar el tesoro oculto de mis palabras, de mi sentimiento, de mi corazón. El resto sólo vería barbarie y desazón humana. Me siento como Romemeo y te veo como mi Julieteta. ¿Jugamos a los médicos, a los veroneses, al parchís? Tú decides. Mis pelotas están en tu tejado.

  • Aunque el hilo es de otro día, como a esta santa casa se viene a pontificar (incluso los que en verdad, en verdad, somos pontífices) revindicaremos, como en EC, una literatura periférica imaginativa, refinada y epicúrea: la de Cunqueiro, Luján, Perucho, etc.
    Como me faltan referencias de otros estados federales, ¿Algún vascón? Procu, Perro…

  • Tipo, le voy a citar tres títulos que he leído en el último año y medio, y que me atrevo a recomendar al universo: los últimos libros de poemas de Juaristi (Renta antigua, 2012) e Irazoki (Retrato de un hilo, 2013) y Años lentos (2012) de Fernando Aramburu. Uno vive en Madrid, otro en París y otro en algún lugar de Alemania, así que bastante periféricos. Los tres hacen excelente literatura española. No sé si imaginativa y epicúrea (o por qué tendría que serlo la buena literatura), también querría saber qué entiende por refinada. Lo de vascón lo dejo correr…

  • 31/10/2014 a las 19:25 bremaneur
    Guiado por un comentario en FB consulto el mapa de Liebres e Iguanas, donde el Marqués y un servidor estamos mano a mano, dos provincias de por medio, dándolo todo por España. Sí, casi todos somos hombres. Luego vienen los gritos, los lloros, el ponersen en tetas en el parlamento y su puta madre en bragas.

    Es verdad. ¡Que pongan una cuota femenina, por Dios!
    (No he podido resistirme, Bremaneur, pero no me lo tenga en cuenta si acaso la cuota suya de que le toquen los cojones hoy ya…).

  • “En 2013, su Fundació Centre Internacional de Música Antiga (CIMA) recibió 290.000 euros del Departament de Cultura de la Generalitat para la promoción de la música antigua”

    Casi 300.000€. Ya, ya sé que se los hado la Generalitat y es de bien nacido ser agradecido,pero me parce excesivo que quiera pillar también de otra administración, si fuera el caso

  • Funes, simple avaricia no será. Habrá pedido ayudas en los dos sitios, que es lo que suele hacerse. Nasti de plasti, le ha respondido uno; toma, mi amol, y quédate con las vueltas, el otro.

  • Parece que nos hemos acostumbrado, y yo al menos hoy no lo he dicho. Lo de Martin Holmes de hoy tan buenísimo cono siempre. Y la ilustración diKiTikAgas.

  • Ya querría yo ser clemente y generoso como Proc y el marqués, sin llegar a forofo como PJ. Pero no, el tipo me ha parecido siempre muy pagado de sí mismo, un listo que ha sabido encontrar lo que todo el mundo busca, un nicho para explotar. Eso si, sobre todo que no se note, que parezca que sólo es por amor al arte.
    Ya.
    El escrito que ha publicado no ha hecho más que confirmar mis impresiones anteriores, salvo Pinker.

  • Alhuna explicación habrá de tener el hecho de que los catalanes se sientan “superiores” al resto de los españoles. Una posible explicación es que fuera verdad que son mejores, por ejemplo menos corruptos, mas cool, mejores cocineros o superiores intelectualmente. Quizas hasta hayan diferencias genéticas que lo justifiquen. A mi me parece que en general los charnegos son mas feos que los catalanes con 8 apellidos casolanos. Deberían aplicarse fondos públicos para investigar estas hipótesis mas que plausibles en términos biológicos.

  • Anoche bravas, atún y empanadillas en el Tomás.
    Le declaro arrestado, y no repetiré en una larga temporada. Es cierto que los fluorescentes no han cambiado, que Pedro está en su sitio, pero el alioli que recuerdo como la Magdalena que no he leído, su consistencia, aroma y sabor, ése nunca volverá. El que me dieron ayer, y la salsa picante, sí que se han repetido toda la noche.

  • No me asuste, Holmesss. El Tomás es uno de esos escasos lugares que indican que el mundo sigue en su lugar, como debe ser, tan atemporal como el propio Pedro.

  • Hablando de bravas. Acabo de quedar con alguien en Casa Tejada. Durante un tiempo sus bravas, aunque estuvieran a varios años luz de las del Tomás, también fueron bastante celebradas. Es uno de esos lugares en los que siempre da ilusión tomarte algo.

  • 01/11/2014 a las 14:15 marquesdecubaslibres

    Sí, la endogamia es una reconocida causa de mejora continua para las poblaciones.

    Marqués, le voy a seguir la broma. Interesante indicador de «raza» ⎯cof, cof, cof⎯, los apellidos, esos brumosos signos que van transmitiéndose por vía paterna mientras tudus suspechamus ⎯al menos, confiamos en ello⎯ que nuestras abuelas ligaron lo que pudieron con alegres nómadas de caldero, oso y romería. Tanto amor fou universal puede haber en la genética, mejor será no meneallo.
    Tag: AHIVALAHOSTIA.

  • [31/10/2014 a las 21:29 Procu: yo no le hablaba de jovencitos, sino de viejas, viejas, glorias].

    Otro jovencito.
    Flaco favor el de TVE (Tendido cero, hoy en la 2) que, en loor de un sobrevalorado JM ‘Manzanares’ (q.p.d.), se permite el lujo de menospreciar a Joaquín Vidal (r.i.p.) por aquella precisa y preciosa definición, que no insulto, de “fino torero alicantino” que le ponía en su sitio.
    Si Mariví Romero levantara la cabeza!

  • 01/11/2014 A LAS 14:15
    MARQUESDECUBASLIBRES
    Alhuna explicación habrá de tener el hecho de que los catalanes se sientan “superiores” al resto de los españoles. Una posible explicación es que fuera verdad que son mejores, por ejemplo menos corruptos, mas cool, mejores cocineros o superiores intelectualmente. Quizas hasta hayan diferencias genéticas que lo justifiquen. A mi me parece que en general los charnegos son mas feos que los catalanes con 8 apellidos casolanos. Deberían aplicarse fondos públicos para investigar estas hipótesis mas que plausibles en términos biológicos.

    Totalmente de acuerdo, pero al revés.

  • UNA ATRACCIÓN FUNESTA
    Philip Roth escribe hacia sus 56 años una autobiografía titulada Los hechos, en la que relata su relación y matrimonio con una mujer que sólo le va a crear problemas.
    Un título así ha de ser obra de un provocador o de un tramposo: la vida se compone más de interpretaciones que de hechos.
    Parece que nos hallamos en el segundo caso, ya que Roth acaba dando voz a uno de sus personajes, que le hará una crítica de la autobiografía recordándole lo que ha omitido. Mejor aún es la voz de la esposa del anterior, que verá en la autobiografía un esfuerzo por dotar de sentido a una serie de acontecimientos hacia la creación de un novelista judío de éxito, ignorando el carácter errático y aleatorio de muchos de ellos.
    En cuanto a la relación, resulta risible si no se hubiera de congelar la risa: qué hace que un joven judío se enamore de una mujer gentil, con dos hijos y un pasado familiar horrible, ignorando novias más prometedoras? No lo sabe, pero sabremos de un embarazo simulado hasta la trampa de pedir orina a una embarazada por la calle, de una boda a causa de lo anterior, y de un oneroso divorcio. Roth se escudará en la ingenuidad, sus críticos personajes lo llamarán debilidad, y visión del hogar paterno como un centro de detención insípido que no quiere reproducir con la novia conveniente: la funesta Josie, trasto total, como aventura.
    El amor, una semana más, hay que buscarlo con lupa.

  • Estoy de acuerdo con Savall en que es lamentable que no tengamos grabadas las obras completas del padre Victoria. Aun diría más, el que no tengamos tampoco las del padre Soler acrecienta aun mas el bochorno, pues muestra como los españoles despreciamos nuestro patrimomio cultural. Mas grave es que nos lo tenga que recordar un catalán, al igual que lo era el olvidado padre Soler, un músico de la altura de Scarlatti. Admitida la miseria cultural española, y la catalana, cabría haber aceptado el premio Nacional y aprovechar su concesión para reivindicar nuestra música religiosa olvidada. Tengan por seguro que yo mismo hubiera pagado una suscripción adelantada para recibir la obra completa grabada de los citados genios musicales. Lástima que el insigne músico haya decidido echar las patas por delante y hacer un valiente denuncia: al parecer cuando habla en Madrid en catalán, le acusan de hacerlo en “polaco”. Polaco como el gran Lutoslawski, cuyas Paroles Tissèes estoy escuchando y aprovecho para recomendar férvido y poseído.

  • Holm, mientras el amor en Hegel es la realización plena de sí, para Marx nos hace extraños, pues dejamos de ser para tener, y por esa pasión posesiva nos alienamos.

  • La mojada de Alberto fue en el Sol, la mía en los Canasteros. No estaba lejos un local del otro. A él se la dieron unos ultraderechistas y a mí un gitano.

  • Dada la premura (http://elmed.io/iran-va-ejecutar-al-ayatola-boruyerdi/), en vista de lo que es ya inminente y contraviniendo normas de prudencia elemental,

    http://piratajenny.blogspot.com.es/2014/11/perdiz-esquiva.html

    Este país es un sindiós, pero aquí vivimos. Y no se nos da del todo mal, a pesar del guirigay. Hace treinta años, en plena efervescencia político-hormonal, pregunté a un viejo militante comunista al que creía caído en la desgracia de la Transición por qué se había vendido: por la tranquilidad de que a nadie le puedan tocar de madrugada a la puerta y desparecerle. Olvidamos algo tan elemental como la tranquilidad del sueño porque hemos nacido con ello, pero en algunos países la gente aún se sobresalta por la noche. Quiero decir esta misma noche, por ejemplo.

  • Casimiro, que es manchego, ha hecho la carrera del chusquero a la sombra de PJ, que es riojano. Rebelarte frente a quien te ha encumbrado es habitual, lo mismo que deprimirte cuando te bajan del púlpito. Pero al fin y al cabo PJ y Casimiro son, como todos, parte del engranaje. En una democracia liberal son las grandes empresas las que mueven la cuna, con el sencillo mecanismo de financiar partidos políticos y prensa. Yo he visto como un político le pide dinero a un empresario para pagar a un periódico. En este sistema las primas donnas como PJ aguantan un tiempo, pero las empresas prefieren en general a los chusqueros como Casimiro, son mas manejables.

  • Para leer novelas es necesaria la suspensión de la incredulidad. Para leer y ver medios de comunicación, la de la credulidad. Para leer la querella entre PJ y Casimiro, vaya nombrecitos en la pila bautismal, no sé qué suspender.

  • ¿Podremos encontrar en el periódico de hoy una sola por favor página chula?

    Sí, hemos podido: «El caso Sherlock Holmes sigue abierto», por Guillermo Altares.
    El párrafo final:
    «El filósofo John Gray resumió con lucidez en un pequeño ensayo escrito para la BBC titulado El inagotable atractivo de Sherlock Holmes los motivos por los que nunca nos podremos librar del detective: “Más allá de algunas reliquias del racionalismo victoriano, la mayoría de nosotros aceptamos que la razón no puede dar un sentido a la vida. Por eso necesitamos mitos y los mitos son contradictorios. Holmes es uno de ellos. Al ser capaz de encontrar orden en el caos utilizando sólo métodos racionales, demuestra el permanente poder de la magia. ¿Seremos capaces de ser razonables sin esperar demasiado de la razón? ¿Fracasaremos al intentar remodelar el mundo basándonos en principios racionales que en la práctica producen en el caos?”».

  • 01/11/2014 a las 16:23 Tipo Material
    [31/10/2014 a las 21:29 Procu: yo no le hablaba de jovencitos, sino de viejas, viejas, glorias].

    ¿Unamuno? ¿Baroja? … ¿Y Blas de Otero?
    ¿A que ya se sabía la respuesta antes de hacer la pregunta y la respuesta era “NO hay epicúreos, refinados e imaginativos”?

  • Oh, qué sorpresa agradable. Llego a través de twitter y me encuentro a la parroquía de siempre tomando el mismo combinado.
    Salud y saludos, queridos.

  • Proc:
    ¿A que ya se sabía la respuesta antes de hacer la pregunta?
    No, por eso le preguntaba por algún escritor vasco de la quinta de Cunqueiro y versátil como él.

  • Condenar el uso de la ficción en los ensayos está tan chupado como mostrar el más rotundo de los desacuerdos con los que se comen a sus hijos, por poner un ejemplo que se entienda. Pero el gusto sobrio, sin cuentos, por la verdad exige a estas alturas del big bang que tampoco busquemos en las ideas la brillantez, la profundidad, la lucidez, la genialidad, el impacto. Ellas se conforman con estar bien unidas unas a otras.

  • Para saber si dos ideas están bien unidas hay que mirar si hay algo que comparten y de qué modo lo comparten. Para ello hay mirar sus partes, analizarlas. También hay que analizar dichas partes, claro está. De la síntesis ya se encargan los columnistas.

  • Tengo serios problemas para seguir la marcha intelectual de la humanidad. Por eso le pido a la humanidad que me explique por qué está tan convencida desde hace varios milenios de que el hombre se divide en razón y pasión, o en razón e instinto, o en razón y e impulso, y otras parejas igualmente famosas.

    – Todas esa cosas están bien donde están porque a todas ellas les afecta una gran inestabilidad, un punto de locura, una esencial irracionalidad.

    – Pero tampoco hace falta ponerse así porque sean irracionales. También lo es la fuerza de la gravedad -que tuvo que esperar a que viniera Newton para enterarse de que obedecía a una fórmula matemática- y no pasa nada.

    ´¿Adónde quieres ir a parar?

    – A proponer que nos olvidemos de la oposición entre razón y pasión, y hablemos de la que se da entre un uso racional y uno irracional de la pasión. La gravedad no es algo irracional; lo que no es racional es intentar volar agitando las orejas; sí lo es, por lo que dicen, hacerlo en un avión.

  • Recuerdo el miedo que me metieron en el cuerpo cuando dije que quería estudiar para sabio, dedicarme a la contemplación pura. Olvídate de los placeres, tronaba una y otra vez el confesor; lo mismo me sugería el orientador. Al parecer no había enemigo peor para esa vida estudiosa, nada que más te distrajera de ella, que los placeres. No sabía yo que pudiera llevar tanto tiempo hacerse una paja.

  • Es poco sensato esperar que, si un nacionalista dejara de lado sus mitos, dejaría de serlo. Los liberales españoles hace tiempo que nos libramos de los nuestros, como aquél, falso en su contenido e irracional por su inspiración, de que las cortes castellanas habían sido allá en la edad media un precedente del nuevo parlamentarismo, y seguimos siendo liberales españoles. Y hacemos muy bien.