69 comentarios

  • Leo el artículo y lo primero que hago es despertar a mi abogado para decirle si el profesor Calaça ha podido incurrir en uno o muchos delitos con su semblanza, y si le puedo sacar una pasta. “Ha ido a La Modelo”, me informa la señora de mi abogado. “A qué hora regresará”, le pregunto. “En siete años”.

    No voy a poderle sacar ni una puta europeseta al muy cabrón.

    En serio: todavía emocionado y patidifuso por la ondulación, no sé ni qué decir.

  • Hace unos meses escribí un comentario en el que me preguntaba quién era una determinada señorita que escribía, bajo seudónimo, en una revista underground de principios de los 80. Era una pregunta que me había hecho a mí mismo, e intentado resolver, innumerables veces a lo largo de tres décadas.

    Al cabo de unos dos segundos, mesié Follandeiro me dio la respuesta. Sólo le faltó ponerle un lacito para regalo.

    Ello me impulsó a escribir un relato que, con toda seguridad, es el mejor que he publicado en Chopsuey. En la versión original –y por lo menos uno de los dos editores de esta publicación es testigo de mis palabras– uno de los personajes del mismo, el que da la solución al enigma, era un peligroso matemático. El párrafo que lo describía decia lo siguiente:

    Este fulano es distinto. Hace unos años le explicó la teoría de Cuerdas a Joe el Gordo y aquella misma tarde éste se cambió el nombre a Unidimensional Joe o Joe el Fotones. Ahora, entre carrera y carrera de caballos, el gordinflón es capaz de resolver la ecucación del movimiento de Shrödinger sin despeinarse.

    A pesar de que se le presentaba bajo la luz más favorable y que su presencia allí no era sino el testimonio de mi admiración hacia una de las pocas personas que todavía me hacen alucinar, pensar y descojonarme de risa bajo el cielo, mi legendaria prudencia y mi afán por no incomodar a nadie me empujaron a variar un tanto el personaje en el último momento.

    Fue, a todas luces, un error. Pero baste esta nota, por lo menos, para consignarlo aquí.

  • Lo malo de que misú Calaza no escriba sus memorias de una puta vez y del tirón es que al final lo va a terminar haciendo otro, y peor.

  • La referencia al oso Belagorda no creo que la hayan pillado en Vigo, una referencia mas literaria hubiera sido llamarle Aloysius, como el osito que inventó Evelino.

  • Bonjour
    marqués, lea usted bien, Belagorda es una osa, como la moto aquella, hombre;

  • Perkins, ya empiezas con el orujo de mañana? El artìculo surrealista, tengo la impresion, era el de los penaltis. Este es puro realismo socialista, mariconil y de las jons. Como Cataluña si Mas se apellidase Cunqueiro o algo asì.

  • 05/10/2014 A LAS 11:23
    MERCUTIO
    Lo malo de que misú Calaza no escriba sus memorias de una puta vez y del tirón es que al final lo va a terminar haciendo otro, y peor.

    Concuerdo.

  • Alguien tiene que decirlo: publicar este artículo en el Faro de Vigo es absurdo, sus lectores no pueden entenderlo, pero sobre todo es un desprecio inaceptable hacia Chopsuey, lugar donde debería haberse publicado.

  • Estoy de acuerdo Brema, no cronicar las xuntanzas supone en cierta forma también un falta de respeto a Chopsuey.

  • Claro marqués, como si los lectores del Decano de la prensa española fueran de Toledo o por ahí para no poder entender este articulo.
    O este
    http://www.farodevigo.es/opinion/2010/03/21/poster-che-confesiones-traidor/422153.html
    O este
    http://www.farodevigo.es/opinion/2010/02/07/latigo-negro/409480.html
    O cuarenta más por el estilo ¿Qué te pasa, hombre, te molesta que se lo haya dedicado a Gomez o que no te lo haya dedicado a ti?

  • Bien, si así se quiere, habrá crónica, pero luego no quiero llantos. Y será a la tarde, que hoy es domingo y debo oficiar como chef, como anfitrión, como hombre de familia y como friegaplatos, aparte de trabajar alguna taberna local, para practicar el habla de los lugareños. La vida en el Olimpo tiene estas exigencias.

  • Lo que creo es que Chopsuey es el lugar adecuado para este artículo. Los motivos son tan obvios que no es necesario exponerlos. También podría haber sido una Tercera de ABC, cosas mas raras he leído en ella, pero lo que digo es poco discutible. La hombría de bien, hoy tan escasa, hubiera obligado a publicarlo aquí y desde luego dedicado a mí y no al tal Gómez. .

  • Marqués, se lo digo con educación, humildad y sin ningún ánimo de polemizar: a veces pienso que en realidad se le ha ido un poco la pinza y se ha convertido usted en una suerte de Gustav von Aschenbach, personaje en cuya ficción yo representaría las veces de Tadzio, un Tadzio, mal que me pese, un tanto granadito y alejado ya de sus mejores días. Sólo bajo este punto de vista consigo interpretar su querencia hacia mi persona. Le suplico, por tanto, que reflexione con serenidad sobre la verdadera naturaleza de sus sentimientos, pues temo que me hieran una vez más en el amor, y en caso de que su pasión por mí persista todavía por más tiempo y modifique de una vez por todas sus rudas maneras de captar mi atención, tal vez en un futuro pueda premiar su constancia con el cariño que sin duda merece. Entretanto, reciba un abrazo viril.

  • A Follandeiro le pasa lo que a un futbolista del Madrid cuando un espontáneo lo encontró haciendo pis en un callejón en noche de marcha: “Joder, no te la guardas ni para mear”.

  • Pues mira,Procu, me parece una forma elegante y generosa de insinuar paz, si no interpreto mal. Por mì de acuerdo completo y absoluto, si lo deseas.

  • Esa M de maricona no podia follar, digo, fallar.
    De meadas hay una mejor, de la mili. De un sargento que le dijo al teniente que el arresto a Carballeira era por haberlo “agarrado meando con la polla de fuera”

  • Dice el tal Calaza: “La creencia vudú aconseja buscar siempre una causa exterior a las desgracias.” Miente dos veces.

    No hay ninguna causa que no esté fuera de su efecto, sea éste bueno o malo o mediopensionista. Si no estuviera fuera la causa del efecto, y por tanto el efecto fuera de la causa, el mundo no habría cambiado nunca. Incluso en procesos como los despliegues, que empiezan desde dentro, se cumple la norma.

    La creencia vudú no se limita a aconsejar que busquemos fuera de nosotros la causa de nuestras desgracias, sino que precisa dónde está esa causa: en unas determinas acciones de otros como nosotros.

  • No sé qué pensará Calaza pro creo que Gengis Can tiene mucha razón : la vida es mentir (dos veces) follar y morir. El problema es otro.
    Creo que fue Wittgenstein quien dijo que el principio de causalidad es pura superstición. Me parece que los físicos cuánticos opinaban otro tanto como quedó probado con la paradoja EPR que, como de costumbre, no dio la razón a Einstein gran defensor del principio de realidad y del de causalidad.
    Pero de forma más danzarina y pedestre, en honor de Belagorda, gran trotadora de caminos que me estará escuchando y recordando las enseñanzas de la Dialéctica Eristica me permito insinuar que en el vudú, pobriños, distinguen someramente entre causas endógenas de la desgracia, que genera la propia sociedad o individuo por razones que ignoro sin ninguna intervención exterior, y causas exteriores a la desgracia –esto es, que proceden del exterior, que están fuera- pero que nuestro querido Gengis confunde, un tanto airadamente, con causas externas que efectivamente serian difíciles de entender puesto que obran hacia el exterior pero desde el propio objeto, sujeto, predicado, complemento directo o, chaval de qué vas, rosa rosae,

  • El principio de causalidad ya había quedado muy tocado por Malebranche, en el siglo XVII, y hundido por Hume, en el XVIII; pero nunca se acusó a esta superstición de estar al servicio del Vudú. Para llegar a éste hacen falta más cosas.

    La diferencia entre causas exteriores y externas no la entiendo. Tampoco entiendo de dónde te sacas que el territorio de lo endógeno coincide con el del propio individuo, o el de la propia sociedad, que sufre la desgracia. Es verdad que ‘endógeno’ y ‘propio’ vienen a ser lo mismo, pero que eso propio, o endógeno, sea el individuoi o la sociedad lo has estipulado sin mayores razones.

    ¿Quizá estás identificando ‘exterior’ con ‘sobrenatural’? Entonces también sería endógena la naturaleza; pero no lo dices, luego no es lo sobrenatural.

  • En el primer párrafo de su artículo, Calaza dice que la querencia por un mítico “mundo delimitado entonces para hordas, tribus y aldeas por los inclementes mares, desiertos, montañas o enemigos que las rodeaban” aún se da entre algunos de nuestros contemporáneos.

    No queda claro si con esa referencia a la tribu, la horda, la aldea, quiere referirse al gusto por lo pequeño precisamente por ser pequeño, o a una querencia totalitaria, o a las dos cosas. Para mí que con ella se está metiendo con los nacionalistas de este país, pero ya no sé si con los nacionalistas separatistas o con todos los nacionalistas. En ambos casos, se equivoca.

  • ¡¡¡Muchas felicidades Adaptaciones metabólicas hepáticas en el período periparto en vacas de alta producción de leche!!!

  • Nunca es mal momento para hablar del zoroastrismo, pero el autor no explica qué relación especial ve entre el mismo y el deseo de que las cosas terminen muy bien. Éste lo tenemos todos, y nadie nos ha dicho que fuéramos seguidores de esa religión. Y aún se ve menos la relación entre esa venerable doctrina persa y la creencia de que el maravilloso final que nos espera consistirá en una vuelta a los orígenes.

  • Espero que no les moleste el desorden con el que suelo abordar las cosas; hoy, el artículo de Calaza. Se debe a que no creo mucho en la visión panorámica, de conjunto. Cómo iba a creer en ella si no la tengo.

  • Crónica rápida del finde. Ayer subimos al puerto de Navacerrada por el Camino del Calvario y de allí subimos por la Bola del Mundo, a media ladera, para bajar por la Cuerda de Las Cabrillas hasta el Mirador de las Canchas, Walpurgis (llamado así porque en ese hospital abandonado, hoy derruido, se rodó años ha “La noche de Walpurgis”, un clásico del cine de terror español) y La Barranca. Grave error de apreciación y de memoria: la Cuerda de Las Cabrillas es absolutamente impracticable de bajada (se puede subir, haciendo malabarismos con la bici entre las piedras), tuvimos que bajar arrastrando las bicis como pudimos, hasta el Mirador de Las Canchas. La belleza de las vistas en la bajada desde allí a La Barranca no compensó el sufrimiento anterior.
    Y como ayer tocó sufrir, hoy ha tocado disfrute puro y duro. Subida suave a Camorritos por Los Ciruelos, cruzando el Río Pradillo para alcalnzar el Raso de Simón y de allí al pantano de Navalmedio y los caminos que lo circundan: la Senda del Comendador, la vereda de Las Jaras y el camino de Paquito Ochoa. Paisaje otoñal de gran belleza, pistas forestales amplias y con suaves pendientes y hordas de gente (caminantes, clclistas, recolectores de setas …) disfrutando de un día soleado y agradable. Un sensación de bienestar que, aunque efímera, se agradece.

  • Así, a simple vista, tiene muy poco de independentista la afirmación de que los “nacionalismos son como la halitosis, solo molesta la de los otros”. (No sé si esta objeción se la hago a Calaza o a Joseba.)

  • Disculpa que te haya dejado con la palabra en la boca, Gengis, estaba en el otro teléfono con Brema. Podias repetir, si no te importa, quidissìas?

  • EN DONDE SE RELATA LA CENA QUE SE FIZO EN PORRÚE E DE LAS VIANDAS E DE LOS SUCESOS QUE BIEN PUDIERON ASÍ ACONTECER

    Habiendo recibido aviso urgente de la Casa de Cubaslibres de que el Marqués procedería a asentar sus reales en la Villa de Bilbao el viernes 3 de octubre de este año 2014 y de que el dicho Marqués tendría a bien recibirme, si acaso le sobraba tiempo, para tratar de aquellos asuntos de la revistilla, entróme gran preocupación porque todo transcurriera de forma conveniente y con provecho, por si acaso al menos aquel día consiguiera comer caliente.

    Así que le envié la siguiente nota:

    Estimado Marqués de Cubaslibres
    Proceda a indicarme la hora de su llegada para que mis lacayos barran el suelo que han de pisar sus pies y tiendan sus capas al paso de su esposa.
    Suyo, afectísimo
    Perroantuán de La Villette

    Me llegó de vuelta, casi inmediatamente, el siguiente mensaje:

    Señor
    Comeremos puntualmente a las 14:00 horas en el Kate Zaharra. Traiga a su esposa y póngase corbata.
    El Marqués

    No había yo contado con los pequeños inconvenientes de la esposa y la corbata, así que me abalancé sobre la caja de cartón que tengo a modo de armario, no con la intención de encontrar allí una esposa, pero sí recordando que la última vez que comí en un restaurante chino fui recompensado por el pegajoso Sal Fumán con unos palillos y un trozo enrollado de tela inflamable, tras haberme atrevido a comer aquel pato que colgaba de un gancho en el escaparate desde los tiempos en que el emperador Quin unificó la China. Aparté la primera capa de camisetas, la segunda de cucarachas, la tercera de pantalones, la cuarta de polillas y la alfombrilla de moqueta que robé de aquel cuarto de baño, y entre restos y deshechos apareció enrollada una corbata cuyos motivos, colores chillones y reflejos me deslumbraron de tal forma que, a falta de colirio, tuve que poner los ojos bajo el exiguo chorro del grifo que, tras hábil empalme a la toma general, aún logra proveerme del agua que ya llevo tres años sin pagar. Más difícil me iba a resultar lo de la esposa. Así que procedí a enviar nuevo billete:

    Estimado Marqués
    Imposible acudir a la comida con mi esposa. Come a la misma hora con el Lehendakari. Acudiré solo, aunque me comeré también su menú.
    Suyo, afectadísimo
    Perroantuán de La Villette

    No tardó en llegarme nueva respuesta.

    Señor
    A las 21:30 en el Porrue. No fallen. Es un local informal, así que eviten la chistera y las lentejuelas.
    El Marqués

    Porrue, es decir, puerro. La palabra me provocó la misma reacción que al conde Drácula un ajo. En contra de lo esperado no era un local vegetariano, sino uno de esos restaurantes de fusión que lo mismo te maridan unas manitas de cerdo con chocolate que unas gambas en su tinta. Astutamente no pregonaban los precios de la carta, aunque la presencia de Laureano Oubiña como proveedor de las ostras hizo que echara rápidamente la mano a mi cartera: bien, allí seguía el bonobús y la fotocopia del billete de cincuenta euros que solía enseñar de lejos a los taxistas. Llamé a la puerta del vecino y le pedí (a cambio de unos trabajos de limpieza del trastero y de alicatado del cuarto de baño que ya veremos cuando le hago) que me prestara durante un día a su fámula, una joven anémica escapada de algún caserío de la Guipúzcoa Citerior, que atiende al nombre de Isabel.

    —Isabelita, guapa, ¿quieres ganarte 50 euritos? —le dije enseñándole la fotocopia en un voleo—. Pues tienes que hacerte pasar por mi mujer, así que lávate un poco, date un tinte de esos de Llongueras y ponte guapa con esas cosas que tienes del Zara. Y lo más importante, tienes que hablar sólo en vascuence y cuando te pregunten dices que eres lexicógrafa.
    — ¿Lo cuálo?
    — Nada, maja, luego, en el tren lo hablamos. Mira a ver si le puedes coger prestado el pase a tu jefe, que ya se lo devolveremos. Pero que no se entere, ¿eh?

    Ya sólo me quedaba por resolver el pequeño detalle del regalito, pues había oído que era costumbre del Marqués intercambiar banderines, como los futbolistas. Me pasó por la cabeza regalarle la corbata, pero el peligro de que quedáramos todos ciegos al mirarla o de que se inflamaran súbitamente sus fibras de poliexpán xerigrafiado en la proximidad de la luz de un mechero me hicieron desistir. Opté por acercarme a la FNAC, en donde aún no me conocen, y extraviar en el bolsillo que a tal efecto llevo forrado con tres capas de papel de aluminio para que no suenen las alarmas, un libro y un disco que, por razones obvias, habrían de ser compactos; ambos. Una antología del Jazz me pareció de lo más oportuno, no tanto por su contenido, que ni me molesté en mirar porque no distingo una trompeta de un arpa ni a un negro con una trompeta de un blanco con un xilófono, sino porque estaba en un expositor de saldos al lado de la puerta, lo que permitía un afane limpio. El libro fue una novedad, La filosofía del vino, de Béla Hamvas, autor del que jamás había oído hablar y que por el nombre parecía austrohúngaro. Aquí creo que cometí un error, pues el libro resultó ser un tratado contra el ateísmo, el cientifismo y el puritanismo escrito con un exceso de sentido del humor para mi gusto, que soy persona seria y aún adusta.

    Fue así como, una vez todo dispuesto, y tras una ilustrativo viaje en tren desde San Sebastián a Bilbao de dos horas y treinta y ocho minutos, que me permitió enseñarle a Isabel a responder al nombre de Elizabet y a alzar la voz para que puedan oírla al menos a la distancia de diecisiete centímetros, llegamos a la Villa. Cual no fue mi sorpresa al encontrar a los señores marqueses acompañados de dos criados jenízaros que sostenían un enorme marco de 2,6×1,8 metros o más. Tras las presentaciones despidieron a los criados y me endosaron el bulto, que resultó ser un lienzo dibujado por un artista al que mantienen recluido en su finca manchega, obligado a pintar repetidamente al Marqués en las más variadas posturas y preferentemente vestido. Al enorme dibujo le acompañaba otro más pequeño, realizado a bolígrafo, a dos colores, con claras influencias del vanguardismo ruso, el futurismo falangista o de ambos. Creo que podré sacar un buen pico por ellos.

    No recuerdo de qué hablamos, pues aparte de intentar sablear al Marqués para que financiara durante 25 años el Fancine ÇhøpSuëy y de pretender que la Marquesa hiciera una donación millonaria a la ONG Salvemos a la Abubilla, de la que soy presidente, tesorero y socio fundadores, me pasé toda la noche intentando que Isabel no dijera ni una palabra en castellano y que trufara sus frases con las palabras lehendakari, jaurlaritza, euskaltzaindia, foru aldundia, aurrezki kutxa y harrijasotzaile.

    De los vinos, un delicado champanoide de cuyo nombre no me acuerdo y del tinto Valenciso, de los sutiles percebes al carbón de encina, del pulpo asado o del cogote de merluza a la brasa inéditamente acompañado con lombarda no pienso hablar, porque he sido educado en una familia estrictamente calvinista que no se regodea en el placer. Tampoco hablaré de las manitas ni del steak tartare que ingirieron ellos. Y mucho menos, ni siquiera bajo tortura, de la pretensión del Marqués de hacerse amigo de Gómez; hay secretos que me llevaré a la tumba. Solo añadiré que todo estuvo a punto de irse al traste cuando Isabelita, que come menos que un jilguero y se había animado con los vapores del alcohol y con los aúpa del grupo de pelotaris que se sentaron en la mesa de al lado, empezó a cantar pasajes de la zarzuela El Caserío y se empeñó en pagar la cuenta. Con el sudor frío que me recorrió la espalda podrían haberse resuelto todos los problemas de deshielo del Ártico. Afortunadamente, un elegante movimiento de muñeca de la Marquesa hizo aparecer una Visa y aproveché el momento para incrustarle a Isabelita un codo hasta el píloro lo que, misteriosamente, la sumió en un mutismo no exento de melancolía.

    Nada más quiero añadir, salvo que nos despejó después el paseo nocturno, si bien ayudó el que tuviera que acarrear los cuatro metros cuadrados de cuadro. Los bares estaban ya cerrados y dejamos a los marqueses en su hotel. Nosotros dos, ya con el estómago caliente pudimos aguantar callejeando hasta las seis de la mañana en que el primer tren nos trajo de vuelta a las Guipúzcoas.

  • Perkins, coño, este post tenia que haber sido el arti de mañana, después os quejais;

  • Cono! Gracias por las felicitaciones, que me han emosionado.
    Me he quedado pensando como lo sabe Brema si nunca pongo la fecha real en las redes sociales. ¡Me espía los correos!

  • Sostiene el librito que nos obsequió Perroan que hay dos clases de ateos, los cientifistas y los puritanos. A ambos los cura con vino húngaro, dálmata o espa.Por mi parte debo estar mas que curado.

  • Hacer depender, como hace el gobierno catalán, la formación del comité de control electoral de “la vigencia correspondiente” vale tanto para fundar esa formación en algo que se piensa que está vigente pero no se quiere decir qué es, y menos que es la ley de consultas aprobada en Cataluña y suspendida por el TC, o para fundarla en esta ley una vez que ésta esté vigente.

  • Sin quererlo, alimentamos la densidad enorme que ya tiene la realidad catalana en la conciencia de la gente cuando sostenemos cosas como que el derecho catalán a decidir no puede oponerse, como lo hace, al derecho a decidir del resto de los españoles. Mal dicho; debemos afirmar que aquel derecho choca contra el el derecho a decidir de los españoles, incluidos los catalanes.

  • Cabe aseverar que una causa es una parte de su efecto, y que por tanto no es algo exterior a él; pero eso sólo puede hacerse a costa de permitirnos el uso de una geografía conceptual sin ninguna utilidad. Por ejemplo, cuando uno dice que la causa de lo mal que se encuentra reside en el funcionamiento defectuoso de su corazón, o cuando otro afirma que toda acción cambia el universo. La ciencia no debe conformarse con afirmaciones de este tipo, sino que debe empeñarse en conocer con detalle cuál es exactamente el cambio particular que una determinada acción ha provocado.

    También es comprensible que una cierta miopía, que sólo deja ver las cosas a bulto, pueda hacer pensar que la causa no es anterior al efecto, o sea, que no es temporalmente exterior. Así se engañan los que ven cómo un metal va dilatándose si lo mantenemos un buen rato cerca del fuego. Efectivamente, se da esa especie de contemporaneidad entre la dilatación y el fuego; pero los que gozan de una visión mejor llegan a percibir cómo, cada vez que ha pasado un cierto tiempo junto a la lumbre, por pequeño que haya sido, el metal se ha dilatado algo más, por poco que haya sido. Aquí ya no hay contemporaneidad que valga.

    Pero aún tengo que afrontar la eventualidad de que alguien piense que estoy haciendo trampa al hablar ya de entrada de la miopía de unos y me pregunte por qué hay que preferir la segunda forma de ver las cosas, ésa por la que he apostado. Me temo que la única respuesta que se me ocurra sea: para no poner en un aprieto al principio de que la causa y el efecto son cosas distintas, el postulado de su mutua exterioridad.

  • Me parece muy bien que la gente haga literatura a la vista de que eso no puede molestar a nadie; todavía me parece mejor cuando la hace gente como el Perro. Pero, una vez leído su relato, no he logrado saber, entre otras cosas acreedoras de mi curiosidad, si Procu estuvo allí. ¿Qué crónica es ésa?

  • En vuestra sección de “¿Esto qué es?” decís:

    “[…] además, tampoco tenemos botón Me gusta. […]”

    Esto es, claramente, publicidad engañosa, ya que en cada uno de sus artículos adjuntan el dichoso botón. Yo me siento estafado y pienso reclamar donde haga falta. De farsantes, mentirosos y ladrones está la blogoesfera llena!

  • Señorito Feto, está usted publicando en la página de “ayer”. He pasado su comentario a la publicación del día. Pronto obtendrá respuesta de nuestro Departamento de Atención al Cliente.