Julietina y el primo de Lolo

carnot
Por Ricardo López Bella.

ACTO PRIMERO

Escena Única

Pequeña casa a las afueras de Verona. Paisaje de fondo, la ciudad. Destaca el campanile de la Torre dei Lamberti. Cerca, las aguas del río Adige discurren lentamente. Julieta, mujer robusta, aun guapa y de buen ver después de tres partos, cose y recose un gastado camisón de dormir sentada en un taburetillo a la puerta de dicha casa. Tres criaturas corretean y alborotan con sus juegos.

Se aproxima un jinete al que sigue una mula cargada con un abultado fardo en su grupa. El nombre del jinete es Romeo. Llegado a las proximidades de la casa exclama alborozado al tiempo que cansado:

Romeo: ¡Julieta! ¡Julietina mía…!

Julieta: (apenas levanta la cabeza de su labor para contestar un seco) Hola.

Romeo: ¿No te alegras de verme Julietina?

Julieta: ¿Tengo que contestar esa pregunta?

Romeo: (Desmonta e intenta besar a Julieta. Esta se resiste) Vaya un recibimiento…

Julieta: Puaj…estate quieto… además ¡hueles a vino! Dime que no has estado bebiendo antes de venir aquí…

Romeo: Bueno, mujer… un par de jarras se le pueden permitir a un hombre cansado que regresa al hogar con su añorada familia…

Julieta: Tu añorada familia no ha recibido una sola carta tuya en los cuatro meses que has estado fuera… ni tampoco una sola moneda… Hace una semana que debías haber vuelto… No, no pongas esa cara, tu primo Lolo regresó el domingo pasado y todavía se habla del botín que trajo consigo…

Romeo: Mi primo Lolo no sabe divertirse, solo piensa en acumular dinero y más dinero…

Julieta: Tú sin embargo sí que sabes lo que es divertirse o mejor dicho no sabes hacerlo… seguro que te has jugado y perdido todo lo poco de valor que has podido pillar, porque ese fardo no parece muy pesado y no suena a música de metal…Cuatro meses para sitiar y asaltar un villorrio como San Gimignano y como siempre habrás vuelto con un montón de ropa que no encontrarás quien te compre por muy elegante y lujosa que sea… Menudo mercenario estás tú hecho.

Romeo: ¡Julietina…!

Julieta: … y no me llames así…sabes muy bien que no me gusta… Cada vez que pienso que dejé de tratarme con casi toda mi familia por estar contigo… Seguro que has estado en el tabernucho de Rusticello…también hueles a estiércol… el bello y temido Romeo durmiendo en una cuadra…

Romeo: Julieta…estoy un poco hambriento… dime por favor si hay algo preparado para comer en casa… y un poco de vino…

Julieta: O sea que no traes dinero…de vino ya has tenido bastante…lo que tienes que hacer es meterte de cabeza en el río para adecentarte un poco… si consigues salir te vas a ver al duque de Castelvechio y le pides que te emplee… aunque sea como capataz de cuadrilla en sus viñedos. Estoy harta de convivir, por poner nombre a lo nuestro, con un manirroto cabeza de chorlito que no vale ni para robar un par de copas de plata en una orfebrería sin vigilancia…

Romeo: Pero Julieta, soy de los pocos mercenarios que todavía hacen tres o cuatro campañas al año… todavía me contratan, cuentan conmigo…

Julieta: (muy enfadada) Es que me sacas de mis casillas ¡borrico! Todavía te contratan porque todos los demás con los que empezaste ya no tienen necesidad de hacerse matar por una mísera soldada y el botín. El que no se dedica al comercio se dedica a la banca. Todos son sinvergüenzas riquísimos y listísimos…todos fueron más previsores que tú. Si te contratan es porque te fías de la palabra del primero que te manda llamar y no les cobras por adelantado, ni siquiera una tercera parte de lo que te prometen y luego nunca te pagan… ¡nunca te pagan! ¡eres incapaz de hacerte valer para que te paguen! Cada vez tienes más dificultades para reunir no más de diez borrachines a la deriva para que te acompañen. Ya ni los sardos ni los catalanes quieren trabajar contigo y eso es muy significativo y muy triste…

Romeo: ¡Pero nunca nos ha faltado de nada, nunca…!

Julieta: Hasta ahora… hasta ahora…hace tres semanas Massina se fue de esta casa…prefirió volver con sus padres a segar trigo de sol a sol que trabajar para nosotros casi tan solo por la comida…Piénsate muy bien lo que te he dicho… vamos, ni te lo pienses… (señala en dirección al río) y ve de una vez a lavarte bajo el agua ¡vamos!…

ACTO SEGUNDO

Escena Única

Romeo se acerca completamente desnudo desde el río hacia la casa. Los críos apenas le prestan atención cuando pasa por su lado. En el mojado cuerpo de Romeo se pueden ver todos y cada uno de los músculos que componen una perfecta anatomía. También unos cuantos costurones de heridas tiempo ha cicatrizadas. El miembro que caracteriza su sexo detenta una erección formidable. Romeo está agraciado con un anormal tamaño. Se acerca silenciosamente a Julieta que faena en la cocina. La abraza por la espalda y coge una de sus manos con la que hace que agarre el enhiesto pene. Julieta en ningún momento se sorprende y comienza a masturbar a Romeo. Este va desnudando a Julieta y ambos emprenden el camino al dormitorio abrazados. Abrazados y arrodillados en la cama, se besan furiosamente. Ya tumbados, Romeo besa los pechos de Julieta y lengüetea su cuello, hombros, vientre y muslos. Sus manos acarician todo lo que pueden abarcar. La lengua de Romeo pasa de los muslos al coño de Julieta. La hace trabajar como si fuera un pene en frenético metisaca. En un momento dado, substituye la lengua por los dedos índice y corazón para pasar a besar la boca de su esposa. Esta agarra ambas nalgas de Romeo y las acaricia primero para estrujarlas rabiosamente después. En rápida maniobra él se gira y la hace girar a ella, poniendo su cabeza a la altura de su polla y sin necesidad de formular petición alguna Julieta engulle toda la longitud del miembro que puede con golosa glotonería. Los gemidos de ambos ponen la música a la amorosa escena. Tras varios lengüetazos aplicados con lentitud y mimo, Julieta cambia de cavidad para enfundarse el carnívoro cuchillo de Romeo. A dos y cuatro patas continúa el ejercicio de clavarse el buen trozo de sexo que su marido posee en sus entrañas… Tras un buen rato de galope ella es la que hace girar a Romeo para que sea él quien esté encima. Durante la maniobra no han dejado de estar acoplados. El carnal apuñalamiento aumenta el ritmo conforme ambos sienten que van a ser presa de una buena corrida. Finalmente la eyaculación, erupción, vaciamiento se produce… Aunque Romeo ya no tiene más fluido en la bolsa de los cojones, sigue con los embates a la cueva de las alegrías de Julieta, que no para de mover su cabeza de izquierda a derecha y viceversa totalmente abandonada al placer que le proporciona su hombre. Este no tiene más remedio que cesar la práctica amatoria cuando su herramienta afloja su volumen paulatinamente. Ambos recuperan el resuello tumbados de cara al techo.

Romeo: ¡ Arf, arf , arf…!

Julieta: ¡Buff, buff buff…!

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