En la taquilla

PuertaTMarco

Por Gómez.
OJOS

La broma empezó por una apuesta.
Trabajaba una de las discotecas más selectas de la ciudad. Una noche me dio por dibujar un ojo en el anverso del talonario de entradas. Cuando algún cliente ocasional —que por algún motivo no me gustaba— preguntaba si había que pagar entrada, yo agitaba el talonario en el aire, cuidando de que se viera bien el ojo, y entonces preguntaba a mi vez:
—¿De chupitriki, cacharrico con cruasán o de mirón?
Por curioso que pueda parecer, en un amplísimo porcentaje de ocasiones los clientes se inclinaban por preguntar en qué consistía la de mirón.
—Cuesta quinientas pesetas (la entrada auténtica costaba mil) —les explicaba— y tiene usted derecho a mirar todo lo que ocurra en la sala, sentarse si hay sillas libres, utilizar los servicios si lo precisa y, además, va incluido un fino cañería de consumición.
—¿Un fino cañería? ¿Y qué es eso?
—Agua del grifo… pero servida con hielo y limón, como los señores.
Se asombrarían si supieran cuánta gente se decantaba por esta última modalidad. Tendría que haberla patentado.

ONDAS DE RADIO

Sólo sabía de él que vivía por ahí cerca y, desde luego, que no estaba del todo en sus cabales. Yo le caía bien, como a casi todos los majaras del barrio. Me adoraban. Una noche detuvo su destartalado ciclomotor en la puerta del garito y, sin ni siquiera quitarse el casco, me espetó:
—Tío, ya he descubierto lo de las voces.
No tenía ni la menor idea de qué me estaba hablando, pero le seguí la corriente, como solía hacer en casos semejantes.
—¿Las voces?
—Sí, en mi cabeza —se golpeó la parte superior del casco con la mano—. Resulta que intercepto sin querer la frecuencia de radio de la policía. Por eso escucho las voces.
—Te habrás quedado más tranquilo —dije, sin saber muy bien qué decir en realidad.
—Joder, y tanto; la cosa me tenía preocupado… Bueno, nos vemos —se despidió al tiempo que daba gas a la moto y desparecía de mi vista.
Se equivocaba: jamás lo volví a ver.

PREMIO

La mejor pregunta que me hicieron jamás en una puerta quizá fuera la siguiente: ¿Cuánto cuesta la entrada de mil pesetas?

FUEGO

Tenía el cabello más rojo que he visto jamás. Algo increíble. Nunca antes había venido por el local. Las personas que la acompañaban se adelantaron y ella se quedó junto a la taquilla.
—¿Tú te llamas Alfredo? —me preguntó.
Entonces, sólo entonces, la reconocí. Diez años antes de aquella noche ella era una preciosa estudiante que rozaba los veinte y vivía en la zona adinerada de la ciudad. Yo tenía algunos más. Nos conocimos en una fiesta que organizaba una amiga. La cosa marchaba bien entre nosotros pero cometí la torpeza de invitarla, para asegurar el tiro, a unos cuantos chupitos de alguna bebida fuerte.
Demasiados chupitos de alguna bebida demasiado fuerte, para ser más exactos.
El asunto fue que ya en el primer beso noté que ella perdía el equilibrio. De ahí para adelante, la cosa fue de mal en peor, hasta terminar en la semiinconsciencia. Se me había ido la mano con el alcohol y, no sólo no pude hacer nada con ella, sino que además tuve perderme gran parte de la velada llevándola a su casa como el perfecto caballero que siempre he sido.
Días más tarde, me fui a vivir precipitadamente a un pueblo de la costa y le perdí la pista…
Hasta esa noche, en la taquilla.
De aquella hermosa chica, empero, sólo quedaban el cabello de fuego y sus ojos verdes. Por lo demás, el tiempo no se había portado tan bien con ella como cabía esperar.
Como si me hubiera leído el pensamiento, dijo:
—Acabo de tener mi tercer hijo.
Estuvimos charlando unos minutos. De refilón advertí cómo mi novia de entonces andaba por ahí cerca, controlando el territorio como una leona junto a un lago del Serengeti. Y era de armas tomar… Cuando la pelirroja se iba a ir por fin, le comenté, sin saber si se acordaría del incidente, en tono socarrón:
—Juraría que me debes una cosa.
Se acordaba. Y tanto que sí. Si en alguna persona en este mundo el verbo enrojecer cobró un significado especial, fue en ella. Sonrió, me regaló una sonrisa que brilló como un rubí en la noche. Aunque parezca literatura barata, creo que, de alguna manera, aquella sonrisa vergonzosa valió por el polvo que nunca llegamos a pegar una década atrás, por ese polvo que todavía me debe.

DONDE EMPIEZA EL ARCO IRIS

Mi gran sueño era convertirme en novelista y aunque, por supuesto, una insalvable vergüenza me impedía decírselo a nadie, escribía con la dedicación de un adicto a la heroína. Puro estalinismo literario. Aquello era un secreto entre la hoja en blanco y yo, la única cosa que de verdad me importaba en el mundo. Por aquel entonces andaba liado con mi primera novela, y los días de diario de invierno, cuando no venía nadie, me ponía a escribir en la taquilla hasta la hora de cierre. A las cinco de la mañana, cuando llegaba a casa, pasaba lo redactado con bolígrafo al ordenador. Tenía además dos casi novias (con sus respectivos novios) y un perro aquejado, como su dueño, de severos problemas mentales. No sé ni cómo puede salir adelante, y mucho menos aún como salió adelante aquella obra; pero lo cierto es que con el tiempo llegué a publicarla en una buena editorial, cobrar por ello e incluso a vender los derechos cinematográficos a una productora. Es muy posible que el tribunal de la Posteridad sea inflexible con ella (en el muy hipotético caso de que siquiera se tome la molestia de juzgarla), de acuerdo; pero ¿quién puede presumir de haber escrito la mayor parte de una novela de doscientas páginas casi a la intemperie, en pleno invierno y de pie?

132 comentarios

  • Hola, buenos días y gracias.

    Lo pronunciaba, con un acento andaluz del que carezco, sssshupitriki;y, la verdad, me lo inventé. Como lo del cacharrico. Para reír, más que nada.

  • JO. Un personaje del Gómez que es escritor y ha escrito una novela que se titula Invierno y de pie. Genial. Gómez, recuerdo haber leído de otros escritores que escriben de pie, aunque sea ricamente en sus cuartos con radiadores, que no es lo mismo. Me parece que uno es José Ovejero.
    Me encanta la foto.

  • Yo sólo he escrito de pie un artículo, cuando eso del Factual. Querían algo urgente e iba camino del oculista. Pensé que podría hacerlo mientras esperaba, cómodamente sentado en una silla, pero la consulta estaba a rebosar y lo escribí con lápiz y papel sobre una columna redonda. Me salió impresionante, dicho sea con toda la modestia que he sido capaz de reunir mientras tecleaba esto.

  • El Lemmingway escribía de pie. Y con lapicero.

    La mejor pregunta que me hicieron jamás en una puerta quizá fuera la siguiente: ¿Cuánto cuesta la entrada de mil pesetas?

    Me recuerda a una escena de Clerks en la que se presenta a los clientes petardos. Cierto lo cual que es que si antes las entradas de mil pelas las dejabas en quinientas la lógica imperante en el mundo capitalista nordoccidental nos demuestra que a lo mejor la entrada de mil pelas también puede valer quinientas, no sé si me explico.

  • Y de vagos. Copular de pie es lo que más verracazo me pone. Por cierto que había un personaje de La saga/fuga de J.B. que gustaba de hacerlo así, contra las tapias, aunque yo prefiero no tener sustento alguno.

  • “Ondas de radio” me ha recordado a mis propios conocidos con chips en la cabeza implantados por extraterrestres y al poema de Carver. Es una coinsidensia que lo he buscado ahora para enlazarlo y lo he encontrado en este blog que se llama La intemperie: “Radio waves

  • Gracias por la foto, señorito Montoya. He sentido un gran orgullo al ver a esas jóvenes azafatas de congresos y exposiciones, con sus minifaldas de Justerini & Brooks, siempre con una sonrisa en los labios.

    Cuánto mejoraría Catalunya si todas las jóvenes estudiaran para azafatas.

  • En la entrada de Boccaccio, y luego de Up&Down oficiaba un mariscal cuyo apellido empezaba por G y acababa en O.
    Apenas con un leve gesto, una mirada, y siempre sin acritud, indicaba al que llegaba que el local estaba lleno aunque franqueara la entrada al tipo de detrás suyo, o bien dirigía los pasos hacia el sótano bullicioso o hacia la zona noble guay del U&D. Con el roce uno iba ganando lentamente puestos en ese escalafón misterioso.
    Muchas horas invertidas y posiblemente perdidas para nada. Apenas rescato el recuerdo de una tarde, que no noche, en Boccaccio, y poco más.

  • El partido animalista PACMA había presentado una querella por la VÍA PENAL por el sacrifico de Excalibur.
    La han desestimado.
    Pero vivo en este país, en el que unos torraos pretenden imputar a una persona por una decisión de salud pública equivocada o no ¿por un perrico? no, ni siquiera es por eso, es por la visión sentimental del mundo que tienen estos subnormales y la mayoría de nuestros congéneres apañoles.

  • ¡¡VIVAN LOS PERROS, ABAJO LAS PERSONAS (menos las señoritas ligeras de ropa)!!

    Pedro Antonio no sé dónde encaja en esta taxonomía dictada por el fervor que me han producido los últimos comentarios de Adacks.

  • Estaba yo pensando, que quizá por evitar parecernos demasiado a otros blós, podíamos criticar los textos de la entrada sólo cuando no nos gustan. ¡Porque siempre son entre buenos y la hostia! y claro, o sea, que me veía yo ahora a punto de felicitar una vez más a Gómez y me he acordado del Sr. Lobo.

  • Yo creo que en el limbo, Satur, un perropersona uy racional.

    Fueraparte, yo suscribiría pero tal que así:
    ¡¡ABAJO LOS PERROS, ABAJO LAS PERSONAS (menos las señoritas ligeras de ropa)!!

  • Aquí se pasan unos rigurosos estandartes de calidad que impiden que se cuelguen textos deficientes, de ahí que a mí no me publiquen desde hace semanas (¿ein, Pedro Antonio, ein, Gremanel, ein, dicen que señorita Bellputx?), dicho lo antecedente que lo cual me viene a la cabeza que a veces se han criticado cosas no siempre bien llevadas por los criticados.

  • Y ya que no hay dineros para crear una emisora de radio ni tenemos tertulianos entre los participantes del francín, propongo que Pedro Antonio o Gremanel llamen a diario a una de esas emisoras donde ponen la música que piden los arradioyentes y cuelen una ondulación, por ejemplo.

    – Hola, me llamo Gremanel y quiero que pongan el Wash your hands here de los Pint Flock y aprovecho para ondular a Adacks, que ha escrito un comentario muy bueno sobre el exterminio de los perros sentimentales en el francín ÇhopSuëy (quiero decir que lo ha escrito allí, no que allí se exterminen perros sentimentales, porque bueno se pondría Pedro Antonio).

  • Claro que a veces podrían quedar en ridículo, porque ya me veo al Gremanel aprovechándose y pidiendo el “Rascándome los cojones” de los Cicatriz para ondularse a sí mismo por un comentario buenísimo buenísimo (palabras suyas) contra el Paco Iglesias, o sobre algún colaje de esos que hace con guarrillas para disimular que es un oseso con la escusa del arte. Menuda publicidad, más vale tenerlo encerrado.

  • Bolaño, cuando he escrito el comentario lo iba a incluir en la serie “la decadencia de Occidente”, pero decidí ceñirlo a los apañoles por ser los más bobicursis correctness del mundo mundial.
    Pero sí, incluso en EE.UU. Es cuestión de grados, pero el mal es el mismo.

  • No hombre..(era un chascarrillo)
    ¡¡qué bonita es la palabra chascarrillo!!
    **
    Me ha sorprendido el representante de PDMS acusando a un periodisto de machista al ser preguntado por la implicación de su novia, la novia de PBLMS, en una serie de asuntillos ludicofestivos en su pueblo.
    Me ha recordado a los gitanos de mi pueblo que cuando se les acusaba de algo te llamaban “racista” y tan anchos que se quedaban.

  • Solicito una portada de El Jueves con el secretario general del Podemos dándole por la retambunfa a la concejal de Rivas Vaciamadriz.

  • Gracias a Procu, he pasado una agradable tarde releyendo los últimos poemas de Carver contenidos en Un sendero nuevo a la cascada. He vuelto a encontrar, también, este pasaje, titulado Dádiva, de Czeslaw Milosz:

    “Un día muy feliz.
    La niebla se levantó pronto, trabajé en el jardín.
    Los colibrís se demoraban sobre las madreselvas.
    No había cosa en la tierra que yo deseara poseer.
    Sabía que no merecía la pena que envidiase a nadie.
    Cualquier mal que hubiera sufrido, lo olvidé.
    Pensar que una vez fui el mismo hombre no me molestaba.
    En el cuerpo no sentía dolor.
    Cuando me estiré, vi el mar azul y velas”.

    (traducción de Mariano Antolín Rato)

  • ”El pequeño Nicolás acaso sea la anécdota excéntrica de ese mismo ambiente social que ha encontrado en Podemos su arma de destrucción masiva y que ha reducido la discusión nacional a un ámbito absolutamente emocional y primario en el que sólo existen dos posibilidades: o estás por la destrucción de todo, o eres un cómplice de la cleptocracia.”

  • Bas de lo bisbo, Adapts, zurrando al personal:
    Francesc de Carreras, «¿Sabemos?»

    Bonnie, yo también he visto a Pablo Iglesias llamar machista a un periodista porque le preguntaba por el escandalillo de Tania Sánchez. Para mí que no era machismo, que era solo curiosidad, pero el tío se ha callado. Acojonante.

  • 26 de noviembre de 2014 a las 19:54
    Gómez

    ***
    Ha dado usted, Gómez, con uno de mis poemas favoritos de Milosz. Y de la ‘Propina’ (?, hablo de memoria) de Carver, de la ‘Dádiva’ de Milosz y de las propias neuras, que uno tiene para repartir, salió éste en el blog de Pirata Jenny, que uno también sabe plagiar y se consuela pensando que al menos sabe cómo elegir a los plagiados. Es un poema -el de Milosz- muy extraño, rebosa nostalgia y optimismo. En la segunda mitad del XX está Milosz y luego naide y después Milosz. ¿Ha leído usted sus memorias de infancia?

    Me doy cuenta de que parece un espacio publicitario, pero en realidad es que no quiero repetirme.

  • Muy hermoso su Milosz de usted, Pirata. Iba a ponerles una canción de los Bee Gees (¡el año que viene en Benidorm!), pero me he decidido por uno de mis Milosz de él:

    Lo que significa

    No sabe que ilumina
    No sabe que vuela
    No sabe que es esto y no aquello.

    Y cada vez más con la boca abierta
    Con un Gauloise apagándose,
    Con un vaso de vino tinto,
    Pienso en lo que significa ser esto y no aquello.

    Es igual que cuando tenía veinte años,
    Pero entonces cabía la esperanza de serlo todo,
    Incluso una mariposa o un mirlo, por conjuro.
    Ahora veo los caminos polvorientos de la comarca
    Y un pueblo donde el funcionario de correos se emborracha
    Cada día por la pena de ser idéntico solo a sí mismo
    Y si solo las estrellas me encerrasen
    Y si esto fuera lo normal,
    Que así es el llamado mundo y el llamado cuerpo,
    Si quisiera ser no contradictorio. Pero no.

    (De El rey Popiel y otros poemas, en Tierra inalcanzable. Antología poética, traducción, selección y prólogo de Xavier Farré, Madrid: Galaxia, 2011).

  • Bueno, como nos hemos bajado tres botellas de Rioja y una de whisky de gasolinera espero que me perdonen el exabrupto sentimental. Lo había leído pero como si no lo hubiera leído, Proc: qué bestia este hombre, es capaz de volverme boca abajo y del revés.

    En realidad, lo que quería decir antes y me extravié es que Milosz y Carver, en esos dos poemas, maman de Kavafis, que va y dice (J.A. Valente mediante):

    Que me detenga aquí.
    Que también yo contemple por un momento
    la naturaleza,
    el luminoso azul del mar en la mañana y del cielo sin nubes
    y la amarilla arena: estancia
    hermosa y grande de la luz.

    Dejadme
    que me detenga aquí y crea que esto veo
    (ciertamente esto vi un instante tan sólo cuando aquí me detuve)
    y no, incluso ahora, mis sueños, mis recuerdos,
    la rediviva imagen del placer.

  • ¿No les parece acojonante que alguien pueda decir “el luminoso azul del mar en la mañana y del cielo sin nubes/ y la amarilla arena:/ estancia
    hermosa y grande de la luz” y quedarse tan pancho? A mí me parece que uno tiene que ser muy bueno, pero muy bueno.

  • Me acuerdo de las campañas aquellas, «No te drogues, haz deporte». Que siempre pensaba, hombre por Dios, entre las drogas y el deporte, todo el mundo preferirá las drogas. En cambio, si tienes que elegir o drogas o poesía, entonces sí es que no hay discusión.

  • Por no hablar de “Dejadme/ que me detenga aquí y crea que esto veo”.

    De esto ni follamos.

    Hasta mañana, gente.

  • Si una eventual condena a tu marido te puede costar dinero, sería injusto que quedaras a merced de la pericia del abogado que haya contratado para su defensa. Debes ir con el tuyo para convencer al tribunal de que tu marido no cometió el delito que te podría costar dinero. Pero esta cortesía de la justicia tiene dos inconvenientes: la incomodidad del asiento -un simple banquillo- y la imposibilidad de ser ministro en un régimen de masas, donde una imagen vale más que mil palabras.

  • Hubo una época en la que se admitía que la justicia no podía afearte demasiado que hubieras obtenido algún beneficio de los delitos que, sin saberlo tú, otro hubiera estado cometiendo, a la vez que se reconocía que el nivel moral que exigía la justicia era muy bajo. No te pedía que fueras ejemplar sino que no robaras. La obligación de la ejemplaridad, incompatible con ese beneficio inocente, te la imponías tú el día que decidías ser líder político.

    Pero las costumbres se han suavizado desde esa época severa y bárbara. Hoy ser ejemplar, como tantas cosas, es un asunto de mínimos. Lo es quien no está imputado de haber perpetrado un crimen. Asimismo, hoy nos conformaríamos con que los políticos cumplieran con la mera obligación reservona y taciturna de no mentir, en vez de reclamar que, además, sean generosos en sus explicaciones.

  • Una vez más, después de aguantar una conferencia sobre el peligro de caer en un régimen “oclocrático”, me reafirmo en la idea de que la democracia es la degeneración de la demagogia. ¿O no es la primera un procedimiento encaminado a impedir, mediante la interposición de una infinidad de instancias mediadoras, que la voluntad popular, el deseo sin retoques ni afeites de la muchedumbre pura y dura, la santa gana del populacho virgen, se haga realidad? Una vez más alzo mi voz, fiel intérprete del silencio de la mayoría, y exijo que haya en el Prado una sala permanente de Lladrós (de los de toda la vida, eh, antes de la llegada a la casa de las postmodernidades neocursis y retroirónicas de Jaime Hayón).

  • 26 de noviembre de 2014 a las 22:58
    ADAPTACIONES
    ¡Bremaaaaa, ven que Procuración ha dicho: acojonante!!

    Que no vuelva a ocurrir, Proc. Aquí se viene indignado de casa.

  • Pirata, los últimos poemas de Carver siempre me han parecido, además de extrañamente bellos, sobrecogedores. Se me da también que evidencian algo que no sabría si calificar de regalo o de castigo de los dioses, y que, en cualquier caso, sólo se suele dar en contadas ocasiones, a saber: morir en el momento de mayor esplendor creativo. Con relación a Propina –y los demás poemas finales– resulta muy revelador el relato que hace Tess Gallagher en el prólogo de Un sendero nuevo a la cascada de aquellos postreros días del autor y su relación con los poemas, relación que a mí, particularmente, siempre me hace evocar aquel Chéjov postrado en cama y “más allá de toda posibilidad de tratamiento” de Tres rosas amarillas que pasaba los días consultando guías de tren.

    ***

    Me temo que apenas he leído a Milosz.

    ***

    Grandes entradas las enlazadas, Pirata.

  • ¿Son mis gafas cóncavo-convexas o la Tonia Sánchez ésa que se arrejunta con el del Podemos tiene unas perolacas del copón?

  • Ayer escribí en este cuadro: “Marqués, se abre una ventana…”. Pero me arrepentí, no fuera a acertar. Ja ja.

  • 27 de noviembre de 2014 a las 12:43
    SATUR
    ¿Son mis gafas cóncavo-convexas o la Tonia Sánchez ésa que se arrejunta con el del Podemos tiene unas perolacas del copón?

    Eso es machista.

  • Los poemas que han traído Gómez, Proc y Pirata asocian la felicidad al momento presente, tal como desarrolla PJ en sus textos. Eso evoca al Nunca más de Poe que salió hace unos días, y a la filosofía del tiempo de Delèuze. Ese “nunca más” que se conjuga con un “para siempre” en una experiencia del tiempo muy dirigida hacia la memoria, y para mí relacionada con el angst, y que contrasta con la experiencia del tiempo presente justamente asociada con la felicidad.

  • Por culpa de Bremaneur recibo un mail publicitario de Iberlibro donde me recomiendan comprar el “Yo, Cayetana”.

  • Eh, eh, sin empujar. Vais como locos por la vida, no desmarcáis las casillas de «sí, llenadme el correo con toneladas de basura publicitaria» y luego la culpa es de Bremaneur.

  • Pues ya lo he comprado (en edición facsímil), y se lo pienso regalar por Navidad. Esperamos reseña en RdL estilo Moradiello, al que le dejado un recado en su crítica del Evangelio Falangista.

  • Hablando de regalos, he comprado el CD con el que obsequiaré estas Navidades a las chicas que hayan sido cariñosas conmigo en 2014 (no he tenido que comprar muchos) Júzguenlo con el lenitivo de que está pensado para chicas, o sea, he buscado un diícil compromiso entre calidad y sensibilería:
    -Beauty de Ryuichi Sakamoto (1989)
    Colaboraron nada menos que: Brian Wilson (Beach Boys), Robert Wyatt (Soft Machine) y Robbie Robertson (The Band).

  • “…en la sociedad del siglo XXI no hace falta un elemento externo que coaccione al individuo para conseguir que el sistema siga funcionando: el individuo es, al mismo tiempo, verdugo y víctima. Se inscribe dentro de una sociedad en exceso positiva, donde impera la tiranía del “sí se puede”, “persigue tus sueños”, “nada es imposible”, siendo el mismo individuo el único que se fustiga a sí mismo a comulgar con estos dogmas de la positividad:”

  • Marqués, he recibido un aviso de Twitter en el que JA Montano propone que le nombren a usted Ministro de Sanidad. Como nunca se sabe, adelanto que tengo varias propuestas para el ministerio, la primera de ellas recetar ÇHØPSUËY (administración por vía rectal) a los deprimidos y a los nickjournalistas vergonzantes.

  • ¡Vergonya, PerroAntoine!

    26 de noviembre de 2014 a las 22:36
    Adaptaciones . .

    Montano en tuister_666:
    ”(Tuit para nickjournalianos): Es de cajón que el nuevo ministro debe ser el Marqués.”

  • «Aquí están mis recuerdos, algunos de mis recuerdos. Completo “desorden”. Es mi orden. Todo lo que no es mi orden, es desorden para mí… ¡Yo quiero ser YO! Mis recuerdos están en estas notas. Mis notas son cartones. Y los cartones son discos de acero. ¡Me alegro! Así no podré, aunque quisiera (¡que no quiero!), alterar la historia en beneficio mío. Para corregir los discos de acero, necesito una lima. Y sólo tengo un lapicero romo… Aquí están, amontonados, los discos de acero. Son como hojas arrastradas por un torbellino de pasiones. Las pasiones han dejado huellas indelebles en los discos de acero… ¡Que canten los discos! ¿Y qué? Yo he llegado a la ecuación idealista: sacrificio es igual al máximo de rendimiento con el mínimo de provecho. ¡Canten los discos de acero!»

    Jesús Ibáñez. Memorias de mi cadáver: novela encajada: discos de acero. México: El Libro Perfecto, 1946.

  • 27 de noviembre de 2014 a las 17:52

    ADAPTACIONES
    ¡Vergonya, PerroAntoine!

    26 de noviembre de 2014 a las 22:36

    Ostras, que no puedo estar en todo. Me ha llegado el aviso tuitero y lo cierto es que ya había leido su aviso de ayer, pero…

  • Por cierto, a JA Montano le cita (por Jabois interpuesto) Lucía Méndez en El Mundo atribuyéndole la frase más pija de la historia:

    El momento más feliz del día. Manuel Jabois contó que José Antonio Montano atribuía a Ana Mato «la frase más pija de la Historia». Preguntada sobre su momento más feliz del día, contestó: «Por la mañana, cuando veo cómo visten a mis niños».

  • ¿No habra algún presidente del PP [ppp] que hubiese dicho en infausta ocasión: ‘Yo, por Ana… mato’?

  • A PerroAntuan ya le vale, Adpts..nosotros que somos faneses suyos y estamos suscritos a su blog y nos lo leeemos y le comentamos, y él nos golpea con su indiferencia perruna.
    Ya no le vale eso de hacerse el longuis cuando he leído un estudio que dice los perros nos entienden

  • Jajsjajjjssssaaaaaasssmm y yo que me había contenido, ¡no una sino dos noticias perras había hoy!
    La otra es que van a permitir los perros en el metro de Madrit. Lo de las cacas en los vagones no lo han explicado.

  • A mi se me antoja que un lugar común para armadillos, poetas y algún poético diputado no es mal sitio para ladrar.

  • 27 de noviembre de 2014 a las 19:52 BONNIE
    A PerroAntuan ya le vale, Adpts..nosotros que somos faneses suyos y estamos suscritos a su blog y nos lo leeemos y le comentamos, y él nos golpea con su indiferencia perruna.

    Que no, Parker, que os quiero mucho, más que la trucha al trucho. Lo que pasa es es que leo demasiadas cosas, tengo la cabeza en demasiadas sitios simultáneamente y además soy despistado, como todo los grandes primates de mi degeneración. Menos mal que soy una máquina del amor, que si no.

  • Decía que no hay mayor satisfacción personal que el trabajo duro, bien hecho, reconocido como tal por tus compañeros y la Administración.
    Y salvar una vida.

  • Enhorabuena Sukkt.
    Ayer estuve en la presentación (con playlist musical) de Comida para perros de un Fernando Nuño (Ed. Milwaukee). Si la leo, les contaré sobre canes y hombres.

  • La música negra (incluido el jazz antes de que algunos músicos negros quisieran hacer de él un arma política y otros se empeñaran en convertirla en una música culta) es una música para el cuerpo, o sea, para bailar y para follar. Quien ha oído a Marvin Gaye mientras practicaba el coito (© Sheldon Cooper) lo sabe.

  • Uyssss, que se me pasó eso del comentar sobre coyundas; mas mejor sentada, frente a o espalda entre tanto encima leyendo a Horacio.

  • Qué coincidencia.

    VIVIR AL LÍMITE. (Del día a día de una mujer de acción. Hoy: VIAJAR, EXPLORAR)

    He compartido sesenta kilómetros de viaje con un hombre oscuro como la noche y grande como se ven las rocas en Abadiano: «un monte era de miembros eminente», lo juro por Dios, un negrazo. Dejaba él descansar una de sus piernas en mi asiento, detalle que suele irritarme un poco de ordinario, que suele llevarme un siesnoés al borde de la psicopatía. Sin embargo esta vez no me he puesto a voltear los globos oculares ni a susurrar con mi mejor ronquera «aprecio una contradicción en el hecho de que la pierna sea tuya y el asiento mío». Esta vez, no. Esta vez me he recogido en mis veinticinco centímetros de asiento mejor que el contorsionista aquel del Circo Mundial que se metía con zapatos y todo dentro de una damajuana. Marchaba ya el autobús cruzando la Tierra cuando mi compañero en la ruta ha empezado a estornudar. Rachas huracanadas y lluvia de perdigones a intervalos regulares y arreciando. Una gran intemperie para una aprensiva, creedme. Pero siendo como soy aguerrida e intrépida de natural y de natural epidemióloga, a una de estas me he lanzado: «Disculpe, ese catarro que tiene, ¿no lo habrá cogido usted en algunas misiones en el África?». «No. En Guernica o así, habrá sido», ha respondido el príncipe Nubio. «Oh, estupendo…», he rematado yo satisfecha la conversación que se desarrollaba en mi mente, mientras me secaba con unos clínex sucios, que siempre llevo el bolso lleno. Luego hemos seguido muy bien juntos por un camino del mundo y después nuestros destinos se han descruzado.

  • These are only needles in our skin

    But if I’d let you keep on working your machine

    You’d know all our secrets

    And you’d steal the last of us

    And we’d blow away and never be again

    Take everything you want, Man

    You will because you have

    But don’t come scuffling for our souls.

    (Richard Matheson, The Jazz Machine)

    http://www.ibooksonline.com/61/56.html

  • (Tengo una compañera en clase -más maja que las pesetas electrónicas- que trabaja de cocinera (hace más horas que el reloj de la Estacion del Norte, les han puteado lo indecible, y tiene un humor buenisimo), y nos comenta que cuando llegan momentos en la cocina que están absolutamente desbordados, ella exclama “Mira, sólo falta que entre un negro ahora y me dé por culo”.)
    (No, que me ha venido a la cabeza y eso. No sé si tendrá que ver. Como leo tantas chorradas, pues una más digo yo que no modificará mucho el pH)

  • Una vez vi salvar una vida en un restaurante. Un hombre de otra mesa, que se empezó a ahogar con un trozo de carne, y mientras todos ⎯al menos, yo⎯ nos quedábamos paralizados e iniciábamos al rato movimientos a la velocidad de los pasos que da un hombre en la Luna, fue mi cuñado y le hizo las maniobras esas que son bastante bestias. Mi cuñado es un auténtico animal de bellota, pero si hubiera sido por todos los demás que estábamos y tenemos un régimen más bajo en glandíferos, aquel hombre estaría ahora muerto, porque eso pasa en pocos minutos. Así que durante un tiempo miré a mi cuñado de una forma muy diferente, le veía como un resplandor, pero ya se me ha pasado.

  • (El abrazo del oso -amoroso-, o la maniobra de Hemlich, ha salvado no pocas vidas.)
    Yo también salvé a una niña en una ocasión de perecer ahogada (como andamos de medallitas…), pero no le hice ninguna reanimación, la saqué por los pelos (literal)

  • “Decía que no hay mayor satisfacción personal que el trabajo duro, bien hecho, reconocido como tal por tus compañeros y la Administración.
    Y salvar una vida.”

    Sí la hay: la satisfacción de que te la salven.

  • Afean a TVE haber presentado a la señorita Sánchez, domiciliada en Rivas-Vaciamadrid, como la novia del señor Iglesias. A mí me parece muy razonable que TVE se haya fijado en eso, y no en sus perolacas, o en si le gusta jugar al mus, o en si quiere ascender en la sección madrileña de IU.

  • Monago responde a las sospechas de haber usado dinero del Senado para follar en Tenerife ordenando que la Administración extremeña venda la casa que él mismo dice que no usa.