Sensación agridulce

moscasPor Botillero.

Confieso haber picado con Faltan moscas para tanta mierda, aunque tampoco mandaría el producto a la hoguera: un par de reseñas leídas con poco detenimiento, un título llamativo y una portada sugerente me llevaron a comprar de manera compulsiva, algo a lo que no soy muy proclive. Acudí al libro de Joaquín Campos, un perfecto desconocido para mí, esperando encontrar una buena radiografía de esa siempre misteriosa sociedad china de la que tanto se habla y me topé con un auténtico putiferio desde el principio hasta el final.

El protagonista, Rodrigo Mochales, es un español afincado en Shangái que se dedica a comercializar un enorme excedente de vino español de dudosa procedencia entre esos nuevos ricos que ha parido el neocomunismo chino y a los que nuestro hombre desprecia con toda su alma; entre negocio y negocio, el tipo se pasa la vida follando, bebiendo y tomando drogas, y así, entre polvos de toda clase y borracheras interminables, poco espacio queda para diseccionar a esos especimenes más bien enanos y su cultura milenaria. Porque de alguien que ha vivido y trabajado como cocinero en lo que él mismo define como un infierno, expresando el deseo de un gaseamiento masivo para China, su racismo y suciedad, uno esperaba más: sólo en el último capítulo, con un episodio en un hospital, hallamos un buen retrato de esa enorme mierda para la que faltan moscas.

Dice un crítico en la contraportada, y a modo de reclamo publicitario, que estamos ante un estilo ágil y directo: y a veces precipitado, añado yo, como cuando el protagonista nos dice que no habla ni entiende el chino, de ahí que con sus putas se comunique en inglés, pero que plantado en la barra de un bar nos cuenta ¡de qué hablan! —niños, maridos y bragas— las mujeres chinas allí apostadas. Esto es padecer eyaculación precoz en la escritura.

Hay momento, con tanto sexo y tantas drogas, en que he viajado en el tiempo, a esa juventud incipiente que me hacía devorar los libros de Harold Robbins, malos, sin duda, pero que te obligaban, o casi, a dejar el libro para evacuar alguna necesidad; por el contrario, en Faltan moscas, y tras los excesos sexuales de Rodrigo Mochales, en los que no podía faltar el Cialis, se queda uno totalmente indiferente. Serán los años, o tal vez que en las mujeres asiáticas, según describe, el protagonista, el coño es como la cabeza de un mod. Ni tanto ni tan calvo, ni agrio ni dulce.

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