Pelando perdices

perdiz
Por Ximeno de Atalaya.

En la antigüedad, cuando a uno le regalaban unas perdices, era de buena educación entregarlas limpias y desplumadas o incluso previamente escabechadas. Desafortunadamente las costumbres cambian y hoy día podemos encontrar desaprensivos que son muy capaces de regalarte unas perdices ensangrentadas a las que solamente faltan las plumas que perdieron en el lance cinegético que terminó con su aristocrático vuelo.

Estaba en la cocina y tenía ante mi una bolsa de plástico que contenía una bolsa de papel con cuatro bonitas perdices repletas de plumas.

—Supongo que no se te habrá pasado por la imaginación pelar las perdices dentro de casa —escuché decir a mi mujer que me advertía desde la sala.

—Nooo… ¿dentro? ¡Qué disparate! —respondí mientras trataba de recoger las abudantes pruebas de mi torpeza que revoloteaban a mi alrededor.

Mientras intentaba limpiar de plumas la encimera con sigilio y la meticulosidad que requería una actividad tan delicada, cometí un fatídico error y permanecí completamente en silencio algo así como un minuto. Sesenta segundos puede parecer un período escaso, sin embargo en el entorno doméstico si permaneces tanto tiempo ejerciendo alguna actividad en soledad y sin emisión de ruidos o sonidos, ese acto, acontecimiento y/o su circunstancia pueden tener la consideración de extraño, anormal o incluso sospechoso. Cuando me volví —escupiendo plumas por el colmillo— ella estaba allí.

No sé si era mi día de suerte o qué, el caso es que logré convencerla de que lo único que había hecho era comprobar si las perdices tenían pulgas, porque los animales salvajes y las perdices lo son, suelen estar infestados de pulgas.

—No te preocupes, ahora mismo las saco a la terraza.

No era el día más frío de diciembre pero se le acercaba un poco. El termómetro marcaba seis grados a las cuatro de la tarde, había aún una niebla espesa y allí estaba yo elegantemente vestido con un “chándal” que uso exclusivamente para pelar perdices, no se me escandalicen.

A decir verdad adquirí tan elegante prenda de mi vestuario informal en el afamado centro comercial de artículos de importación de procedencia oriental que regenta el señor Wen Biao un aciago día en el que hube de pintar el trastero. Así que en realidad si tenemos en cuenta mi intrascendente incursión en el noble gremio de los pintores de brocha gorda el susodicho chándal no tenía propiamente hablando la consideración de uso exclusivo para pelar perdices.

Calculaba yo en mi ingenuidad que pelar cuatro perdices —previamente muertas— y por ende sin posibilidades de fuga, sería cuestión de unos diez o doce minutos, sin embargo sólo los preparativos para no inundar el barrio de plumas me llevaron el doble, aunque nadie podría reprocharme que la infraestructura utilizada, a pesar de la improvisación que requería el caso, no se ajustara como guante a la situación. Conseguí fabricar una cámara de aislamiento plumífero con una fastuosa mosquitera que adquirí no sé exactamente con qué propósito, pues soy poco dado a aventuras en lugares donde la presencia de dípteros chupadores de sangre me puedan importunar.

Mi mujer, tranquilizada por el despliegue, se despidió de mí a eso de las 16:45 y anunció que llegaría a la hora de la cena porque después de visitar a mi anciana madre tendría que hacer unas compras propias de la época.

Una perdiz tiene muchas plumas a las que cuesta convencer de que no han de salir de una bolsa de basura. Todo tiene su explicación científica. Se denomina efecto triboeléctrico a la curiosa propiedad que tienen algunos objetos de cargarse eléctricamente por frotación. Parece ser que el roce de plumas y plástico hace que ambos se carguen de electricidad estática y se te peguen donde no te apetece o se fuguen de donde no quieres.

Mi elegante chándal simil-Terlenka multicolor estaba confeccionado a partir de unas poliamidas textiles con una potencia triboeléctrica autenticamente arrebatadora, vista su capacidad de atraer hacia si a cualquier objeto ligero que se desplazase en el aire a una distancia no mayor de un metro aproximadamente. Esta circunstancia no facilitaba especialmente la labor de confinamiento de plumas en recintos previamente determinados y en consecuencia no pude evitar que, encerrado como estaba en el pequeño perímetro de la mosquitera, una gruesa capa de plumas adornara mi ya sobresaliente aspecto.

Plumas revoloteando, rostro desnudo y manos ensangrentadas a consecuencia de la evisceración de las perdices hacen malas compañías y no tuve más remedio que, apremiado por picores y cosquillas, adornar mi semblante con salpicaduras y refregones de sangre. Me rasqué, vamos.

Pluma viene, pluma va, al cabo de unas dos horas logré terminar la faena. Introduje la mayoría de las plumas en la bolsa de papel, ante la imposibilidad material de lograr que más de una docena de plumas lograra acomodarse en la de plástico, mi primera elección por su mayor tamaño, pero que hube de desechar tras convencerme empíricamente de la inutilidad de mis esfuerzos.

Cuando salí de la mosquitera vi mi reflejo en el cristal y, si hubiera podido, habría salido corriendo. Mi aspecto era, por decirlo suavemente, poco tranquilizador. El chándal no es una prenda que ayude a mejorar la apariencia del ser humano. Mucho menos un chándal como el mío, que no integraba características que hicieran más llevadera su triste condición: no lucía colores a la moda, ni hechuras elaboradas, tampoco era de marca reconocida (“Chanda Pijarma Fashion” modelo “Vip Star”). Si ya como chándal era un desastre que hubiera avergonzado al mismísimo Fidel, encima adornado con plumas primorosamente descolocadas…

Así que opté por tratar de evitarle a la vecindad tan poco edificante espectáculo lo más rápidamente posible pero, lamentablemente, mi queridísima esposa, sin duda aterrorizada por el hecho de que alguna pluma lograra escapar a las trampas que les había tendido, cerró la puerta de acceso a la terraza. Curiosamente los fabricantes de puertas suelen omitir la colocación de manillas en el exterior tengo entendido que para no facilitar la labor a los cacos.

Eran las 18:45, había bajado aún más la temperatura y empezaba a anochecer.

Intenté introducir algo por algún sitio, pero no había posibilidades, ni tornillos, ni cerraduras, ni trinquetes así que me dispuse a pedir socorro puesto que la alternativa era una hipotermia de muchísimo cuidado.

Como todavía creo en la bondad natural del ser humano, en los sentimientos de empatía que la adversidad ajena destapa, en la tan alabada solidaridad de nuestros jóvenes y todos esos lugares comunes, incluso me permití elegir al individuo a quien solicitar ayuda. En este caso una individua realmente atractiva que taconeaba calle abajo con elegante displicencia.

—¡Oiga, señorita! —le grité desde la terraza. La chica se volvió pero no había nadie tras ella, claro. Estaba dos plantas por encima.

—¡Aquí, aquí! —requerí su atención agitando una mano, mientras ella se detuvo y miró atentamente. Tenía un aspecto imponente. Guapa, que es más que bien parecida, con un cuerpazo entre notable alto y sobresaliente y una sonrisa de esas que hacen que una cara no se olvide.

—¿Me hace usted un favor? —solicité tratando de parecer más alto, más guapo, más rubio e incluso más adinerado.

—Si tuvieras treinta años menos a lo mejor me lo pensaba —respondió la descarada sonriendo divertida. Y se fue calle abajo taconeando como antes.

Al menos me dedicó una sonrisa.

Pocos minutos después pasó un antiguo compañero de colegio que me miró de reojo y se hizo el distraído. ¿Como se llamaba aquel tipo? ¿Villalba? ¿Villalobos? ¿Villalón? Sólo recordaba el mote con el que alegremente torturamos su infancia: “El Befas”. Me vio, estoy seguro de que me vio pero frunció el ceño, disimuló y se fue a pasear su labio leporino por el parque. Como no me pareció prudente gritarle al Befas las burradas con las que cariñosamente le sorprendíamos cada día en el patio de los maristas, opté por no reclamar su atención y lo vi alejarse.

Después pasó un tipo calvo con un gorrito de lana calado hasta las cejas y una señora gorda a su lado.

—Disculpen —se volvieron—. Aquí, aquí —les llemé agitando mis manos ensangrentadas.

—¿Pero has visto que pinta más rara? —decía la gorda.

—Disculpen, resulta que mi mujer me ha dejado encerrado en la terraza y…

No necesitaron más. Fue ver a un tipo vestido de forma —para que vamos a negarlo— un poco estrafalaria, con unas cuantas, bastantes, salpicaduras de sangre de perdiz por la cara —cierto es que ellos no tenían manera de averiguar que la sangre era de perdiz— y pasé de ser un vecino más bien estrafalario a la poco honorable condición de sospechoso de los más atroces crímenes de violencia de género.

—¿Su mujer, dice? —el del gorrito quería detalles.

—Sí, verá. Resulta que estaba pe…

—¿Y por qué no la llama?

Aquello se estaba complicando. Cómo podría convencer a una pareja de desconocidos de que no pasaba nada raro. Bueno, no exactamente. Quiero decir que reconozco que la situación era algo extravagante, pero nada que pudiera ser considerado como alarmante, ni nada de eso.

—Pues… es que… —estaba claro que no podría, necesitaba tiempo, quizás demasiado tiempo—. Yo… en realidad ella no quería que… la sangre… y entonces… —no sé qué demonios entendió la condenada gorda el caso es lo dijo.

—La ha matado, seguro que la ha matado.

—No, mujer —repuso el del gorrito—, entonces no podría haberlo encerrado. —menos mal que alguien razonaba con sensatez, pensé.

—De todas formas llama a la policía antes de que la mate. Que luego ya sabes lo que dicen en la tele: que no había denuncias por maltrato. Pues ahora la va a haber.

En ese momento sacaron sus teléfonos y antes de que pudieran marcar me agaché y armado con dos perdices en cada mano les obsequié con unas muestras de las imprecaciones que mi extenso vocabulario reserva para ocasiones como la… Bueno, para las grandes ocasiones, que si no va a parecer que este tipo de situaciones me suelen acontecer con relativa frecuencia.

Se fueron. No se si llamaron o quienes atendieron su llamada no se creyeron lo que acertaron a relatar, aunque tengo que reconocer que no era fácil:

—Corran, por favor, hay un tipo emplumado en una terraza con dos perdices en cada mano que tiene pinta de haber hecho algo muy gordo.

—¿Pero saben que ha hecho?

—Pues… No, pero…

—Ya…

Pasaron varias personas calle abajo, calle arriba, qué más da, pero no se dieron por aludidos a pesar de que evidentemente me habían visto y habían podido observar que tenía problemas. Bueno, en realidad todo el mundo tiene problemas, pero yo estaba tratando de pedir ayuda para resolver los más urgentes.

Unos hacían como si estuvieran sordos, otros como si estuvieran acostumbrados a ver personas ensangrentadas y emplumadas en sus terrazas.

Por fin logré llamar la atención de un tipo a quien después de la celebración de la ceremonia de la presentación de las perdices, que consistía en una primera postración tras la balustrada, incorporación con ofrenda a los cielos de un par de perdices en cada mano, nueva postración y rezos de las letanías en las que se ponía a la parroquia al día de los acontecimientos que habían dado lugar al misterio, eso sí evitando en todo momento la inclusión de la frase prohibida “Me hace un favor” habida cuenta de los resultados y ocultando aviesamente cualquier referencia a mi vida conyugal, con objeto de no atraer el interés de la Fiscalía de la Mujer.

No sin esfuerzo logré convencerlo de que llamara a un teléfono. No es fácil. Primero hay que recordar un número de teléfono, porque hoy día nadie memoriza los números de teléfono. Están todos guardados en el móvil. Recordé el número de mi anciana madre y se lo grité al individuo.

—No contesta —respondió.

—No puede ser —exclamé casi aterrorizado.

El tipo amablemente me mostraba el terminal y lo señalaba con el dedo como invitándome a comprobarlo. Yo sabía que con el día de perros que hacía mi madre no habría consentido en salir de casa, desconté que su sordera no le permitiría escuchar el tono de llamada, pero mi esposa había ido a visitarla y puedo atestiguar que la sordera no es una de sus virtudes.

—Pues… —en ese instante tuve una visión. Se había equivocado al marcar. Le pedí que me indicara el número que había marcado. Justo lo que pensaba, un baile de números. Volvió a marcar.

Ahora tengo que describir cómo es la terraza, lo digo porque es importante para comprender el desarrollo de la conversación —desconocido amable, interpuesto— que mantuvimos mi mujer y yo, a través del teléfono móvil de un buen samaritano que por momentos estuvo tentado de salir corriendo y olvidarnos cuanto antes, mejor.

Digamos que está dividida en dos por una puerta corredera, pero, obviamente para acceder a ella es preciso abrir la puerta que da acceso a la vivienda. ¿Parece sencillo? Pues no lo es tanto.

Mi alma caritativa trató de explicarle a mi mujer, que normalmente no acepta llamadas de personas que no tiene en la agenda, pero que en esta ocasión gracias a que nunca logré memorizar el número de su teléfono móvil, contestaba la llamada desde el teléfono fijo de mi madre.

—Dice un tipo…

—Un tipo, no: Ximeno, Ximeno, su marido.

—Eso, que dice Ximeno que es su marido, que le ha dejado encerrado en la terraza.

Entretanto yo asentía y gesticulaba mientras el individuo le aclaraba la situación.

—Que su esposa dice que no lo ha dejado encerrado —me gritó confundido.

—¡Hombre! ¿Cómo que no? Entonces por qué se cree que la estoy llamando.

—Es que en realidad quien la está llamando soy yo —repuso el individuo.

—¡Ya, ya! Y se lo agradezco mucho, pero insista en que me ha dejado encerrado. Dígaselo, dígaselo, por favor. Y que tengo frío, que llevo dos horas en la terraza, que…

El tipo pacientemente trataba de convencer a mi mujer de que a lo que parecía no sólo estaba encerrado sino que si no lo resolvía con urgencia tenía pinta de que terminaría estando para que me encerrasen definitivamente.

Al cabo de un rato puso esa cara que poníamos cuando nos pescaban en alguna travesura, subiendo los hombros, y mostrando las palmas de las manos en la actitud que en lenguaje no verbal significa “a mí que me registren” y se fue cruzando el parque mientras yo le suplicaba a gritos…

Tremendo error porque llamé la atención de unos mozalbetes que merodeaban por el parque. Los jóvenes adolescentes en su mayoría actúan como lo que son: animales salvajes. Ustedes habrán visto en alguna ocasión dos perros dándole una paliza a otro, generalmente más pequeño, pues normalmente si aparece otro perro, se une a la trifulca poniéndose siempre a favor ¿del solitario que ya llevaba las de perder? Nunca. Tres contra uno.

Los salvajes a medio domesticar me vieron y me vieron indefenso. En fechas prenavideñas por estas latitudes se incrementa el consumo de petardos, cohetes y otros explosivos de uso más o menos lúdico y aquellos muchachos tenían en su poder artefactos explosivos como para volar un imperio.

El más osado apuntó hacia mí con un cohete. Afortunadamente erró el disparo, aunque identificó el objetivo. Media docena de cohetes más tarde colar un cohete en mi terraza era pan comido para ellos. Petarditos variados e incluso una pequeña traca me hacían compañía entre estampidos y otros estrépitos.

Se pueden imaginar el panorama: saltaba aterrorizado entre explosiones y nubes de humo con olor a pólvora mientras otras nubes, estas de plumas de perdiz, flotaban mansamente en la niebla. En medio del fragor de los estallidos llegó la policía municipal. Ya no tenía frío.

Los artificieros aprendices de delincuentes juveniles desaparecieron como si se los hubiera tragado la niebla, hecho este que restaba credibilidad a mis intentos de dar explicaciones a los agentes que, con educación pero con firmeza, me apremiaban para que les abriera la puerta. ¡Que les abriera la puerta!

Poco antes de que la derribaran por la fuerza llegó mi mujer insistiendo en que la puerta de la terraza estaba abierta. Afortunadamente hay un atestado, una denuncia por arrojar despojos animales a la vía pública y otra por utilización de explosivos en el casco urbano sin permiso administrativo, porque si no… a ver quién me hubiera librado a mí de una buena bronca porque al final se colaron un par de docenas de plumas.

130 comentarios en “Pelando perdices

  1. Buen relato, Ximeno. Como soy muy ingenuo pregunto si es ficción o puritita realidad.

    Una vez me quedé encerrado en la terraza. Me entró la furiosa necesidad de ir al baño y lo que ocurrió no lo puedo contar porque huirían de este nuestro benemérito fanzine las chicas y los timoratos.

    Ha caído una nevada elegante. Vosotros los subsaharianos aplaudiríais y gritaríais de contento. Estoy convencido de que el 97,2% diría la palabra «bonito». Para nosotros, las aguerridas gentes del norte, la nieve es un fastidio. En unas horas gran parte del «manto blanco» será una bahorrina negruzca y asquerosa; mañana helará y los hospitales se llenarán de tudescos, turcos y apátridas contusionados; apenas se podrá caminar, la gente estará de mal humor y ligar será un suplicio aún mayor que d’habitude.

    Ayer vi una peli de Charles Bronson.

  2. Mañana termina el plazo para que los exiliados podamos apuntarnos al votar en España en 2015. El anuncio no aparece en ninguna página de ministerio alguno, según leo aquí, aunque al buscar en el google con cuatro palabras lo primero que aparece es esto. En cualquier caso el proceso de voto para los exiliados es harto complejo y el Estado no comunica ni facilita, como hacía antes, nuestro derecho. Los exiliados somos ciudadanos de segunda y es una de las desigualdades antidemocráticas a sumar en España. Los vascos y los navarros tienen privilegios fiscales, las mujeres tienen privilegios judiciales, los españoles residentes en la patria tienen privilegios constitucionales. Yo no soy vasco o navarro, no soy mujer, mis pies no pisan España. Llevo cerca de veinte años sin votar, pero ahora voy a hacer lo posible para hacerlo porque creo que están pisoteando mi derecho al voto. Evidentemente no puedo votar ni a la Pepé ni a la Pesoez, puesto que son los dos artífices de tal aniquilación. Lo que queda es desolador: aunque soy de izquierdas no puedo votar a un partido comunista, y por lo tanto liberticida y autoritario, como es el Podemos. Votar a UPyD sería como votar a los payasos de la tele. Los Ciudadanos son aún una cosa muy rara y amorfa. Creo que me queda el voto en blanco o el nulo: una papeleta rosa escrita en letras amarillas con tipografía sans sefif: iros todos a tomar por culo, hijos de puta.

  3. Ximeno, antes de pelar determinadas aves es costumbre dejarlas colgadas un par de días en un lugar frío para que se mortifiquen, ganando así en sabor ¿Tiene esto sentido también con las perdices?

  4. Una historia muy graciosa y bien contada, Ximeno, le felicito.

    Quiero asimismo destacar un parrafito:

    Sesenta segundos puede parecer un período escaso, sin embargo en el entorno doméstico si permaneces tanto tiempo ejerciendo alguna actividad en soledad y sin emisión de ruidos o sonidos, ese acto, acontecimiento y/o su circunstancia pueden tener la consideración de extraño, anormal o incluso sospechoso.

    Eso es lo que ocurre cuando el que «permanences tanto tiempo» tiene entre uno y medio y siete años, Ximeno.

  5. Procura Usted Fijarse, ¿se dice «pelando la pava» o «desplumando la pava»? Hay otra pregunta que quiero hacer al respective, pero no me atrevo.

  6. Entre las notas enciclopédicas que aparecen en las definiciones que Autoridades hace de muchos pájaros, una de las que me parecen más impresionantes es su valoración como manjar. Por ejemplo, dice de hortelano que «Se llama también cierto paxarito, semejante al gorrión, que se ceba con leche y harina, y se pone tan gordo y delicado, que es comida mui regalada» (Autoridades, IV, s.v., 2ª ac.).
    En menos de dos líneas has visto al pajarillo pasar del alegre revoloteo a la cazuela y la barriga del lexicógrafo. El diccionario es ciertamente una lectura para adultos.

  7. ¿Preguntar si «duro de pelar» es lo mismo que «duro de desplumar» es ser cochino? ¿En qué pensaba usted, doña Procura Fijarsen?

    Srta. Bellpuig, exijo la expulsión directa con cartulina roja para esta sujeta sin predicado y aprovecho la presente para solicitar lo mismo para el Marqués de Cubaslibres por las ignominiosas maledicencias que lanzó ayer contra el míster de El Equipo del Pueblo.

  8. Nostalgia de perdices silvestres. Esas si que convenía colgarlas antes. Indefectiblemente, la comida de navidad familiar giraba en torno de las perdices estofadas (con siete ingredientes en crudo según receta de la bisabuela) que, como primogénito, precisaban mi bendición en loor de la cocinera.

  9. ¿Y qué me dicen de la ilustración, no es preciosísima?
    No a la caza de perdices (algún día os hablaré de la Francisella tularensis y sus vais a cagà); sí a los chandals multicolor tribo..de ésos; sí a las performans balconiles; y por supuesto, sí a la traca.

  10. Esto le encantará a Adapts. He visto uno de esos vídeos chorras del FB que te explica cómo hacer velas de la forma más chorra posible: con los plastidecor, con lo rojo del queso de bola, con una naranja y… con una lata de atún en aceite. Basta hacerle un agujerico a la lata, meter un trozico de periódico enrollao empapado también en aceite y vualá. Pues bien, uno de los comentarios al vídeo dice: «Este video me parece una ofensa total al animal que ha vivido, se ha pescado para consumo y acaba como antorcha. Al que se le ocurrió esta “gran idea” que se piense en un momento si le convierten en chicha enlatada, le cubren de aceite y sirve para alumbrar 3 horas. ABSURDO, MUY ABSURDO».

  11. 29 de diciembre de 2014 a las 11:02 Procuro fijarme

    Sólo porque como persona que se dedica fundamentalmente a ‘pensar’, es de los muchos que, últimamente, vuelven a pensar que no le corresponde otra cosa que una descripción del mundo sin preocuparse de proponer acciones de transformación.

  12. ¡Ostras! ¿Me has reconocido a pesar de la peluca? Es el uniforme que suelo llevar para pasear por La Concha. Por Bilbao suelo ir más formal: de delincuente de cuello blanco.

  13. Ximeno, hombre, hombre…..para otra ocasión consulte el Google y ahí le explican pasito a pasito como desplumar y fingir que es un experto y hasta sexador de perdices.

    Y otra cosa; al final fueron felices?

  14. Don Brema, repondiendo a su pregunta, es el fidedigno relato de una parte -no ejemplarizante- de una embarazosa autobiografía y coincidente casi letra por letra con el pliego de descargo que presenté en la Jefatura de la Policía Local -excepción hecha de las referencias personales al Sr. Befas (de apellido Villalobos).

    El contencioso con la municipalidad se ha resuelto favorablemente al encausado por desestimiento (El sargento de guardia -no obstante- insistió en conocerme personalmente y me da a mi que su sonrisa era un poco exagerada desde el punto de vista de lo que sería más o menos correcto y acorde a las normas de la cortesía institucional).

  15. Pues a mí lo que gustaría para el 2015 es que Sukkt y el marqués (juntos) fueran felices y comieran perdices.

  16. Marqués, como usted sabe de sobra, el faisandé ya no se lleva. Antiguamente se dejaban las piezas de caza colgando del pico hasta que podrido éste, o el cuello del ave, esta caía al suelo. A continuación se desplumaban y se cocinaban… con la nariz tapada.

  17. Podría decirse casi con el mismo derecho que se tiene para decir lo contrario que el efecto de quitarle prosopopeya colectiva a los crímenes etarras presenta algún aspecto imprevisto, pues con aquélla también podría sufrir algún menoscabo la pretensión de las víctimas de ser oídas a la hora de decidir qué hacer con la banda. Para atender esa exigencia habría que dar por bueno que lo fueron de algo así como la lucha de ETA y no exclusivamente de la voluntad de quienes les dispararon.

    Pero -párrafo nuevo, pensamiento diferente- a la anterior divagación le falta la conciencia de que no hay necesidad de echar mano de una presunta dimensión política en la conducta agresora -estamos hablando de una política criminal, sea dicho de paso- para comprender que los agredidos vean lo que hay de colectivo en todo ello. Existe el delito de pertenencia a banda de malhechores, y peor aún si está armada, aunque no sea la banda la que deba ser condenada sino sus miembros.

  18. ¿Dónde miran los historiadores?

    Schlögel concentra su lupa erudita de historiador en una sola ciudad, en un solo año, el del despliegue máximo de las purgas de Stalin, fijándose en detalles singulares en los que nadie más ha reparado: por ejemplo, en el estudio de ediciones sucesivas de los directorios y las guías de teléfonos de Moscú, que de un año a otro sufrían variaciones espectaculares, según arreciaba la carnicería de las persecuciones y desaparecían de golpe millares de nombres. Antonio Muñoz Molina en El País.

  19. 29 de diciembre de 2014 a las 11:34 Tipo Material
    29 de diciembre de 2014 a las 11:02 Procuro fijarme
    Sólo porque como persona que se dedica fundamentalmente a ‘pensar’, es de los muchos que, últimamente, vuelven a pensar que no le corresponde otra cosa que una descripción del mundo sin preocuparse de proponer acciones de transformación.

    Hala, otro de Podemus. «Proponer acciones de transformación», proponerse manos a la obra y si le queda un rato arreglar el grifo del lavabo. Mucha tarea para un solo hombre, mucha tarea hasta para un coreano. A mí no me parece ni reaccionario ni involucionista ni nada de eso. Como mucho, aceptaría «flojo» (pero solo si no hubiera más remedio, que para mí va bastante bien de tensión mental). Formula reflexiones interesantes y da sabios consejos espirituales, Tipo.

  20. Pienso que el faisandage tiene todavía cabida, cierto que sin los abusos de antaño. La tórtola, la cerceta, la becada, la propia perdiz, pueden beneficiarse de cierta mortificación. Cuando el ave es macho, como pasa con los jabalíes, la liberación de testosterona puede exagerar el gusto en exceso.Recuerdo una cena en Arce donde degustamos un faisán macho (la faisana es mas cara) con muchas horas de cuerda. Me pasé aquella noche haciendo fracking sin descanso. Ah, qué tiempos…

  21. Pirata, tenía razón en lo de Crímenes. El relato del robo del cuenco japonés –con ladrón griego que se cree finlandés incluido– es tan escalofriante como bien contado.

  22. 29 de diciembre de 2014 a las 14:16
    PERROANTONIO
    ¿Dónde miran los historiadores?

    Así no se puede trabajar. Otro tochaco que tengo que meterme entre pecho y espalda para escribir medio párrafo.

    El artículo me ha recordado esa visita que hicimos al MBA de Bilbao con CGA. No se me va del USB de mi celebro. Y luego nos fuimos a un restorán oriental y yo comí çhøpsuëy.

  23. No sé si lo que se hace con la carne de vacuno es faisandage o como se diga (homenaje a Olmos), pero es una gozada comerse un filete de buey cuya carne se ha colgado y secado durante tres semanas antes de bien cocinarse.

    Voy a ver otra de Charles Bronson.

  24. Como no puedo creer en una intervención divina que haya hecho que todos los escritores de interés del momento sean gallegos, he de creer que es nuestra mirada la que nos hace fijarnos sólo en los gallegos.
    ¿Estamos necesitados de la retranca irónica y la buscamos donde es tradición y se da por lo natural?
    ¿Qué pasa con los escritores sorianos? ¿Ein? ¿No tienen acaso valía y un corazoncito?

  25. mi esposa había ido a visitarla y puedo atestiguar que la sordera no es una de sus virtudes

    Supongo que en el atestado no lo dijo o al menos no lo expresó de ese modo, porque le hubiesen abierto otra causa. Qué buen rato leyendo su mal rato, Ximeno.

    Felicidades, Bonnie.

  26. En los dos meses largos que estoy inmerso en la titánica tarea de terminar la Barraca del Barranco, nadie, nunca, ni siquiera por que se equivocase, hizo bien y normalmente su trabajo. Todas las personas intervinientes han necesitado, corrección, auditoría permanente, chillo o berrido y una buena tanda de mecagondioses para que su faena fuera terminada de modo normal, no digo perfecto.
    Todo dios hace lo mínimo posible intentando no ser descubierto, llegando aextremos absurdos en los que casi es más difícil hacerlo mal que bien. Esa es la cruda realidad de la responsabilidad y el amor al trabajo, jejajjaaaajajajajaa. Ahora vendrán los güenos de izquierdas a decirme que no puedo generalizar,
    Si fuera inversor extranjero y hubiese vivido esta experiencia, sabría exactamente donde no invertir un leuro. En España y en Italia.

  27. No entiendo de literatura PerroAntoine, huyo de las congregaciones y tanto aglomeración gallega me hace sospechar. Es un acto irracional y reflejo.
    Pero ¿de verdad son los que mejor escriben o hay algo de esa necesidad que apunto de leer algo balsámico para nuestro difícil momento social?

  28. 29 de diciembre de 2014 a las 17:57
    ADAPTACIONES
    En los dos meses largos que estoy inmerso en la titánica tarea de terminar la Barraca del Barranco,

    Si los valencianos no saben hacer paella, menos sabrán hacer una casa, digo yo.

    (Ayyyy, ya me callo, es que me las ponéis a huevo).

  29. Hoy comí en una franquicia y se me ocurrió pedir el vino por copas. Para mi desesperación tardaban 10 minutos en reponerla. Me levanté airado y cogí la puta botella forcejeando con el camarero de la barra que defendía su predio. Al final como estsban moscas conmigo les dejé 10 euros de propina. “Ójala hubiera mucho hijoputa como usted”, se despidió el de la barra

  30. Escritores sorianos… se me ocurren Enrique Andrés Ruiz, Gonzalo Sainz, Manuel Villar Raso, Bernabé Herrero y Avelino Hernández. Y Dragó, que dice que es soriano.

    Pongo por encima de cualquier escritor español -a excepción de don Ciro Bayo y Segurola- a dos escritores gallegos: Gonzalo Torrente Ballester y Álvaro Cunqueiro. Calaza me daría dos hostias por no encabezar la lista con Cela. Qué le vamos a hacer.

    No sé quién escribe hoy en día el mejor castellano en España porque no suelo leer autores contemporáneos, pero gustándome como me gustan los gallegos que leo en la prensa y en eso del internet creo que aún les falta mucha tecla y les sobra mucho truco.

  31. la fotografía de El País no le hace justicia. El señor Tallón es más guapo, más alto, delgado, joven, airado y más de todo.

  32. 29 de diciembre de 2014 a las 17:57 Adaptaciones

    Adapt: ¿su barraca es clandestina o tiene todos los papeles en regla?

  33. 29 de diciembre de 2014 a las 14:52 Procuro fijarme

    Proc: no me pegue… etiquetas. [Pero Han no es progresista].
    Por cierto, AMM, en el artículo que cita Perro, se autodefiende de ese calificativo que ojalá sólo se entendiese con la primera acepción del DRAE que ha quedado viejuna.
    De sus elogios al museo… ya conoce mi opinión.

  34. En realidad no estoy obrando, la casa estaba acabada, sólo rematando. Pero resulta increíble los cienes y cienes de cosas que hay que rematar y que requieren la intervención de fontaneros, electricistas y demás.

  35. Vaya movida, Ximeno. Celebro haber llevado a un profesional las perdices que me regaló un amigo cazador.
    Aprovecho para comunicar a quien pueda interesar que para seducirme sólo hacen falta unas perdices guisaditas con unos farcellets de col.
    El vino lo aporto gozoso.

  36. R. La cuestión fundamental es que existe un sentimiento de odio hacia la mediación. Por un malentendido perverso, no pocos creen que odiar cualquier forma de mediación sea una señal de espíritu democrático. Mientras son beatos ante la palabra “acceso”. Esta es la clave. La idea de que no haya intermediarios entre el escritor y el lector. Es un poco la ideología de Amazon, y es una trampa funesta. Lo curioso es observar lo que está pasando. Por un lado, Google ha digitalizado una cifra de libros que ninguno sabe, 15 millones quizás. Un estudiante inteligente, de esos que sufrían porque estaban en provincias y no tenían acceso a las grandes bibliotecas ni dinero para ir a París o Londres, hoy desde casa puede tener acceso a libros del siglo XVI, del XVIII, o a las revistas más complicadas de encontrar. Todo está en la red, algo inconcebible hace 20 años. Y, sin embargo, no he notado que se haya producido un particular desarrollo, jóvenes que escriban una tesis magnífica…

  37. Abandoné mi abono del Bernabéu al no poder soportar la grosería de los “piperos” que me rodeaban, pero el ejemplo que da Grijelmo en el artículo que enlaza Brema no me vale. Se queja el periodista catalán que se coreé “Messi subnormal” cuando según él es un superdotado (entiendo que mental en ambos casos). Desde un punto de vista científico no parece que Messi sea ni subnormal ni superdotado, sino probablemente lo que se conoce como “border line” o inteligencia límite, es decir, en el rango inferior de la normalidad. Para los radicales culés tipo Grijelmo llamarle así sería un insulto pues le consideran superdotado, algo a todas luces falso. Sin embargo los culés que padezco a diario están convencidos de que Sergio Ramos es subnormal, cuando es mas que evidente que el nivel de inteligencia de este futbolista es totalmente normal. En resumen el articulito es una basura empedrada de buenas intenciones buenistas.

  38. No recuerdo si se ha traido aquí ya esta reflexión.
    “Esa idea regeneracionista de la “Política” como instrumento transformativo de la sociedad, que expulsa a la “política” como facilitadora de proyectos individuales, sigue viva hoy día. Late en el mantra de que debemos “buscar la utopía” y en la queja de que el mercado reina sobre la política. Pero la utopía es solo una trampa, y el mercado solo nos recuerda que vivimos en un mundo de recursos limitados.”
    http://elpais.com/elpais/2014/12/17/opinion/1418825927_757876.html

  39. y
    “Al exonerar a las masas (como si estas no fueran también extractivas, sino víctimas inocentes), los intelectuales alimentan de odio y revanchismo la política. Justifican así iniciativas que, al socavar la economía de mercado, nos condenarían a décadas de pobreza.”

  40. Muy grande don Benito denunciando las sandeces de los intelectuales, radicales y otras hierbas. Tomen nota, lean y relean este artículo que nos copia Adapt.

  41. Interesantísimo, Adapts.

    Marques, lo de Grijelmo lo he traído por lo que dice del uso del lenguaje, no porque se meta con los merengazos, siempre tan quinceemes.

    El País trae hoy otros artículos a los que merece la pena echar un vistazo. El de Soledad Gallego sobre la desigualdad en Europa y el de Elora sobre Sade (aunque se arme la picha un lío). También, ay, una entrevista de Ruiz Aizpeolea.

    Yo hogaño hago como Adrede antaño, sólo leo El País.

  42. Celebro que el marqués vuelva a la causa de los prudentes, pero habrá que preguntarle por aquel entusiasmo con César Molinas.

  43. Informe anual ÇHØPSUËY según Jetpack.

    Con un agradecimiento especial a la señorita Procuro Fijarme y a los señoritos Bremaneur, Marquesdecubaslibres, Adaptaciones y Gengis Kant, y a todos los demás, aunque no aparezcan en el ranking.

  44. 30 de diciembre de 2014 a las 06:31 BREMANEUR
    Efecto dominó.

    Pero la palabra “negro” en sí misma no discrimina ni insulta, como tampoco “moro”, “gitano”, “subnormal”, “minusválido”, “indio”, “judío”… si nuestro ánimo no implica desconsideración o racismo. Y me pregunto si no valdría la pena que esos términos ganasen el terreno que es suyo, y que algún día lográsemos desproveerlos de toda connotación para que tomaran su valor de pleno derecho en una sociedad de iguales. Si todas esas palabras circularan con normalidad, eso sería señal de que están curadas ellas; y nosotros también. ALEX GRIJELMO

    Hombre, si todas las palabras perdieran su connotación acabaríamos hablando en lenguaje matemático, y aún así dudo mucho que no despertaran admiración la raíz cuadrada de 3, no cayera francamente mejor el 7 que el 6, o llamáramos 0 o -10 a los gilipollas. Lo normal sería, francamente, que dejáramos tranquilo al idioma y nos centráramos en los actos.

  45. Fueraparte, ¿son buenas cifras? No alcanzo a saber a que puede aspirar un bló por numero de visitas y todo eso, aunque si me sorprende lo de los ochenta y nueve países.

  46. Me gusta ese efecto dominó del que habla Grijelmo porque podemos volver a usar palabras proscritas. Por ejemplo, subnormal. Ahora, como dice el artículo, no hay subnormales sino disminuídos, o así. Por lo tanto, podemos volver a usar subnormal sin que nadie, excepto el objeto de nuestra ira, se sienta insultado. Me parece maravilloso.

  47. OJO: Spoiler. Y spoiler largo de cojones. Sáltese sin contemplaciones.

    _______

    Algunas lejanas películas en cines de “arte y ensayo” de la época y un ciclo que echaron por la 2 a principios de los ochenta me condujeron al íntimo convencimiento de que, con alguna notable excepción, Werner Herzog era un cineasta de ficción insoportable. Por fortuna, desde que vi (en 1984) Donde sueñan las hormigas verdes pienso exactamente lo contrario de su faceta de documentalista. Ayer mismo vi –-con unos añitos de retraso— Grizzly Man , un rotundo ejemplo de su maestría en este terreno, y una de las experiencias cinematográficas que más me han impactado de un tiempo a esta parte. Grizzly Man recoge la vida y la obra documental del famoso Timothy Treadwell, un histriónico ecologista que convivió durante años con los osos grizzly en una reserva de Alaska. Ya desde los primeros planos nos damos cuenta de que en realidad nos encontramos delante de un demente –-o de un imbécil en el mejor de los casos—, otro loco Aguirre que, armado sólo de su temeridad suicida, pasea por aquellos peligrosos bosques sin parar de rodar al tiempo que salmodia lo mucho que ama a los osos. A su lado, el que se me antoja verdadero personaje trágico de la película: Amie Huguenard, la esquiva chica (casi siempre la vemos ocultándose) que lo acompañaba cuando el ataque fatal. (En una de las últimas entradas de su diario, Treadwell comenta que su novia sí teme a los osos y que, además, se propone dejarlo para siempre al cabo de unos pocos días.) La familia de la chica, según cuenta Herzog, declinó la posibilidad de participar en el documental, con lo que el misterio jamás queda aclarado por completo. Tras una búsqueda de urgencia de información por internet, sólo he podido encontrar, aparte de ese enervante “girlfriend” con que se la describe aquí y allá, un testimonio de algún ex novio en el que es tachada de excesivamente crédula… Sea como fuere, la suma de la insania, por un lado, y la credulidad por el otro, alcanzará a la postre proporciones dantescas… El audio del ataque fatal corre por youtube. (Vemos cómo un emocionado Herzog le pide a la amiga de la pareja y propietaria de la cinta, tras escucharla y quitarse los cascos, que la destruya inmediatamente o se convertirá de por vida en su “elefante blanco”.) Yo mismo he aguantado apenas dos o tres segundos de grabación; aunque, por lo que se nos cuenta, sabemos que es precisamente allí, en el infierno de Dante, cuando emerge lo sublime, esto es, cuando Treadwell comprende que va a morir y suplica a Amie que lo abandone y salve su vida. (La respuesta de la mujer es, por desgracia, enfrentarse al animal armada de una sartén.) Poco después, uno de los momentos más sobrecogedores del film: sobre un primer plano de la mirada del asesino de la pareja, el propio Herzog reflexiona: “Lo que me persigue es que en todas las caras de todos los osos que filmó Treadwell no veo rastros de parentesco, de entendimiento, ni piedad; sólo veo la indiferencia abrumadora de la naturaleza […] y esa mirada en blanco demuestra que sólo le interesa la comida”.

    En resumen, una película que no es un canto a la vida salvaje, ni al conservacionismo, ni a la libertad, ni siquiera al voluntario retiro del mundo; una película, a mi entender, que habla de la obsesión como motor de una existencia, de la toxicidad que desprenden para sus seres queridos determinadas personas, y sobre todo, de cómo aquello que confiere sentido a nuestra existencia y nos mantiene vivos puede devenir a la postre en el mismo látigo que nos nos empuja a asomarnos una y otra vez al abismo.

  48. Todos los presentes sin excepción comprendimos que la cosa se ponía muy fea cuando mi maestro, borracho como una cuba, llamó ‘enano’ a un enano. Como descripción -fue nuestro unánime sentir- sobraba.

  49. La apunto, Gómez.

    Exacto, Gengis. Por eso no entiendo la furia que le acomete a tanta gente cuando la llaman «hijo de puta». Recuerdo con estupor el caso de un tipo del NJ que comenzó a hablar lastimeramente de su madre enferma cuando se le tildó de esa manera. Sí entiendo la descomposición moral de aquellos tontos que babeaban enfurecidos cuando les llamabas tontos, así a secas.

  50. Brema, tienes razón al comentar lo rara que es la gente. La gente y las cosas que dice. Una de las rarezas del lenguaje se ve muy bien en la escena que montó mi maestro, en la que, a saber por qué y eso es lo raro, no hubiera venido a cuento la clásica apostilla ‘no es un insulto sino una descripción’, que funciona mucho mejor cuando no es verdad.

  51. Quiero decir que, precisamente cuando el insulto reside en la descripción, no es operativo el recurso que consiste en decirlo. Aunque mi maestro, de haber insistido en la gracia, sí hubiera sido capaz de sacarle algún partido a eso último. Pero como metachiste.

  52. Me ha gustado mucho, Adps, el artículo de los Viejos y nuevos intelectuales.

    Respecto a su pregunta (y sin haber consultado ni a Brema ni a Bellpuig) creo que las cifras inducen a un moderado optimismo o a una triste melancolía, según el día. Hemos consolidado un numero de 350 lectores diarios (personas humanas distintas), lo que no está mal teniendo en cuenta que no somos un fanzine temático sino un pupurrí anárquico. Es una cifra modesta, especialmente si tenemos en cuentas que la revista parroquial de mi pueblo de adopción (26.000 habitantes) tiene mil suscriptores y que nosotros accedemos en teoría a millones de lectores en internet (aunque también es cierto que nosotros no contamos con la carta del obispo en la contraportada, lo que bien pensado podría ser una idea a explorar). Creo que las cifras mejorarían sustancialmente si actualizáramos los contenidos diariamente, pero eso supondría un trabajo y/o un número de colaboradores fieles, lo que hoy por hoy es impensable. Otra posibilidad sería convertirnos en un fanzine temático dedicado, pongamos, a la micología, con lo que conseguiríamos que todos los amantes del boletus edulis o del cantarellus (que son legión) nos visitaran. Pero me da que lo importante no es el número, sino la comunidad.

    En el lado de las dudas, parece evidente que el número de comentaristas no crece, quizá por el pánico que puedan tener algunos a ser víctimas de alguna mordacidad. Claro que también esa frontera es útil para huir de la trivialidad. Lamento mucho que haya gente que no se sienta cómoda con el formato de los comentarios moderados, pero es que el escabeche diario cansa.

    En fin, prefiero creer que vamos progresando lenta pero incesantemente. Algunos de ustedes se están animando a enviar colaboraciones que, como se está viendo hoy y se verá en los próximos días, pueden enriquecer mucho este modesto fanzine. Teniendo en cuenta que empezamos esto como un entretenimiento y que lo seguiremos mientras no nos aburramos, creo que estamos elaborando un producto cultural que tiene su interés. Basta leer las colaboraciones por autores o echar un vistazo al archivo gráfico para darse cuenta de que es mucho mejor haber hecho ÇhøpSuëy que haber estado apacentando nubes.

    Y sin desmerecer a nuestros extraordinarios colaboradores habituales (espero que sepan perdonarme) creo que la colaboración de Martín Olmos merece mención aparte. Ha escrito —bien es cierto que bajo la asfixiante presión del chino— un pulp extraordinario y divertido delante de nuestros ojos que espero obtenga la recompensa de llegar al papel. Lo ideal sería que hubiera un editor que se atreviera llevarlo al formato clásico y quizá no estaría mal que lo hiciéramos nosotros elaborando un objeto de coleccionista. Ya veremos. Esto no ha hecho más que empezar y, por ahora, no tenemos prisa.

    O sea, que bien. Y anímense, que trataremos sus textos con cariño y a ustedes como se merecen. Con amorl, mucho amorl.

  53. Coincido con Gómez en el gusto por Herzog documentalista. Hice caso al autor y me abstuve de ver el video de Youtube: del horror hay que huir, porque aunque sólo dure unos segundos la memoria es persistente.
    Recomiendo otro documental que citó Pirata, rodado en la cueva de Chaumet: La cueva de los sueños olvidados. Da envidia de los documentalistas, entre otras emociones.

  54. Gracias, Perro, el de las hormigas verdes que citaba lo recuerdo, aunque lejanamente, como notable. También puede verse alguno por ahí como el de los 7 de Texas que no está nada mal. Y algún otro.

    Holmess, me refería a un audio que corre por ahí y que ni se escucha en la película –un forense explica el contenido del mismo con una sensibilidad que emociona– ni, por supuesto, he enlazado. Confieso que ayer me dormí con esos gritos bailándome en la cabeza.

  55. 30 de diciembre de 2014 a las 06:23 BREMANEUR
    R. La cuestión fundamental es que existe un sentimiento de odio hacia la mediación […]

    Interesante eso que dice Calasso, pero me temo que todavía no he leído nada verdaderamente serio sobre lo que suponen Amazon o Google para el mundo editorial. Yo tampoco lo voy a escribir, que no soy tan listo, aunque tengo alguna hipótesis.
    El negocio clásico del libro se distribuye en estos porcentajes, más o menos (y al 100% final se le suman los impuestos):
    – Autor: 10%
    – Editor: 30%
    – Distribución y venta: 60%. El porcentaje para la distribución varía dependiendo del volumen del punto de venta. En grandes superficies (ventas en masa) los costes de distribución bajan y aumenta el porcentaje para la venta. En pequeñas librerías suben los costes de distribución (traer el libro y llevárselo si no se vende) y baja el porcentaje que se queda el librero.
    Lo que ha conseguido Amazon es quedarse con el porcentaje del librero acabando con eso que llaman la mediación. Escuchando el dulce lamentar de los libreros, Salicio juntamente y Nemoroso, debió haber una Edad de Oro en la que te tomaban dulcemente de la mano y te mostraban las maravillas que atesoraban en sus Templos del Saber, que ellos llamaban humildemente librerías. O yo no estuve o no fue así, aunque no niego haber conocido libreros amantes de los libros, cosa a la que tampoco le veo tanto mérito, la verdad. También el pescatero ama a sus congrios y merluzas y no se da tanto pisto.
    Quiero decir que, por el lado del librero, la mediación es más bien anecdótica, limitándose poco más que a decir si el producto está fresco o que él ha probado de aquel y que le gustó mucho. La mediación la tienen que hacer el editor y los críticos, cuyo porcentaje del negocio no se pone en duda. Y como en el caso del pescatero de lo que se trata es de vender un buen producto: de calidad, bien presentado y bien servido. Con la millonada de personas humanas creo que hay sitio para todos, para el que prefiere leer la edición facsímil de Shakespeare, para el que busca una edición cuidada pero no onerosa, y para el que se baja el libro gratis de internet. Menos lobos.

  56. Vi el documental de La cueva de los sueños olvidados cuando se estrenó en San Sebastián precedido de grandes alabanzas. Como experiencia 3D es francamente deficiente, por decirlo claro. Se lamenta Herzog de que le dejaran poco tiempo para rodar dentro de la cueva, pero la sensación que queda es que tampoco pasó demasiado tiempo buscando información fuera de la cueva. Todo se soporta en las magníficas imágenes prehistóricas, lo que está muy bien, pero salí del cine con sensación de coitus interruptus. Experiencia placentera pero francamente mejorable.

  57. Aprovechando la audiencia, les aventuro que acabaremos con mucha altura el año 2014 y lo empezaremos chupándonos los dedos en 2015.

    31/12/2014 Tres canicas, un bolón (Me acuerdo). Por Pirata Jenny
    02/01/2015 ¡Que te lo comas! Hoy: El suquet de escórpora. Por Dr. Watson.
    05/01/2015 A ver esto qué tal. Por Albert.
    07/01/2015 El almendro y la espada. Por José Martínez Ferreira.
    09/01/2015 Serenata de plomo (último capítulo). Por Martín Olmos.

  58. Háganme caso espectadores, entren y comenten. Si son tontos, ustedes ya lo sabían por lo que si le atizan a su Nick las hostias se las lleva el ente ficticio y si no se empeñan nadie descubrirá quien es el tonto que se oculta. Fíjense en mí ¡si hasta escribo aquí más que Gengis y no tengo mucha sustancia!

  59. No es broma: aquella ministra Pajín pretendía llevar al Código Penal expresiones como maricón, subnormal, gorda… Recuerdo los tiempos del colegio, cuando uno abría el sobre de cromos de fútbol y salía uno de los más buscados. La envidiosa admiración de los demás se resumía en expresiones como “qué cabrón, qué maricón.” Así vamos.

  60. Viendo la estadística descriptiva de 2014 queda claro quién tira del pelotón y quién chupa rueda ( y en algún caso también pollas).

  61. Lo juro por Dios. Supongo que la antesala de la vejez es darte cuenta de que todavía, como en tus mejores tiempos, puedes causar, no ya ansiedad, si no auténtica obsesión en otra persona… El problema es cuando adviertes que esa persona roza los sesenta y además pertenece, por lo menos nominalmente, a tu propio sexo. Sin embargo, no doy crédito de ver a un señor ya granadito enfebrecido con mi persona como un adolescente y que, si por casualidad recibo algún elogio de quien sea — y las pruebas de lo que digo son abundantes–, enloquece hasta el delirio… En fin, sobrellevaremos ser su elefante blanco en el armario con santa paciencia y una trompa capaz de abrirle la cabeza de un solo –y metafórico mandoble–. Como apunta Keith Richards en su último libro: todo apunta a que estamos condenados a ser Gus y yo.

  62. Lo que más me alucina, palabra, es que incluso, durante esos estados de subidón, la obesión es capaz de arrinconar al propio miedo. Después viene la realidad y las invitaciones al zulo y a patatas bravas.

    Señor.

  63. Diga lo que diga, no sé, que me caen mal los de Ponferrada, Sukkt y Gómez se dan por aludidos.Es agotador.

  64. Vente para aquí, Gus, que despiertas en mí una ternura indómita, mariconazo. Vamos a comernos esas bravas como camaradas, me cago en la leche.

  65. Reconozco, Gus, que a veces me pongo un poco paranoico y pienso que la gente se obsesiona conmigo:

    22 de julio de 2014 a las 10:52
    Gómez

    16/07/2014 a las 15:09
    marquesdecubaslibres

    No voy a permitir que un escritor de noveluchas, un vate-filósofo y una filoloca me quiten protagonismo. Hasta aquí hemos llegado. Me despido al montanesco estilo. Adiós.

    16/07/2014 a las 15:12
    marquesdecubaslibres

    Gómez, para cuando vuelvas de la playa: un verdadero hombre no busca broncearse, eso se queda para marujas, putas y maricones. Ahora adiós de verdad. Para siempre.

    16/07/2014 a las 15:43
    marquesdecubaslibres

    A ver si va a resultar que Gómez ha follado mas que yo, hasta ahí podíamos llegar. Claro que me lo imagino bronceado y con las gafas de sol embutido en una camiseta negra entrando a todo lo que se mueve….

    16/07/2014 a las 16:16
    marquesdecubaslibres

    Gómez, lo nuestro es un “Tainted love”, como decían mis admirados Soft cell.

    16/07/2014 a las 20:24
    marquesdecubaslibres

    Yo creo que reirse de las peluqueras es de muy mal gusto.

    16/07/2014 a las 21:31
    marquesdecubaslibres

    Los catalanes se creen mejores que los españoles y Perro y Gómez se creen mejores que las peluqueras. Acojonante.
    16/07/2014 a las 21:33
    marquesdecubaslibres

    He visto (y catado) peluqueras que redactan mejor que el novelista de acción Gómez.

    16/07/2014 a las 21:36
    marquesdecubaslibres

    No soporto ni a los escritores ni a los intelectuales, solo respeto a la gente de acción como empresarios, peluqueras o en general los que trabajamos “cara al público” y tenemos que responder de nuestras acciones.
    16/07/2014 a las 21:38
    marquesdecubaslibres

    Un pincho de tortilla servido por el último de los meseros vale mas que las obras completas de nuestro Mozart del Poble Nou.
    16/07/2014 a las 21:40
    marquesdecubaslibres

    He hablado con Arcadi y se cree Jim Morrison redivido. Hace falta un cirujano de hierro, hace tiempo que lo digo.
    16/07/2014 a las 21:43
    marquesdecubaslibres

    Regeneración moral y cánulas ardientes de castigo para intelectuales, escritores y políticos. Me ofrezco como cirujano-jefe. Haré las primeras sacas en Poble Nou
    16/07/2014 a las 21:46

  66. Yo también vi Grizzly Man, habían hablado Adapts y Holmesss de ella; y luego dije no sé qué que se me ocurrió ⎯algo cozonudo seguramente⎯, en uno de mis mil setecientos noventa y ocho comentarios. Mil setecientos noventa y nueve con este.
    (QUÉ VERGÜENZAAA).

  67. A quien se le ocurra ocservar alguna conexión entre la parraplez o parlabaratería y mi condición de MUJER o de PISCIS, le saco los OJOS con unas agujas de hacer calceta.
    Mil setecientos cien.

  68. Pues la verdad no recordaba, Procu, haber leído aquí nada de Grizzly Man; si bien es cierto que, en ocasiones, entro solo a leerme a mí mismo.

  69. Al magnífico comentario de Gómez le voy a discutir una frase.
    Y nadie me va a detener. JAJAJÁ.
    Cuando habla «de la toxicidad que desprenden para sus seres queridos determinadas personas». Que me he quedado con la noción porque parece que se ha puesto de moda entre los psicobasureros de la autoayuda: la gente tóxica. A ver, si ella no estaba encadenada, ella también estaba obteniendo alguna ganancia. Pensar otra cosa es ver a esa mujer como una disminuida.

  70. Proc, si no respetamos los procedimientos científicos del Horóscopo no vamos a poder saca conclusiones verídicas. Ni que estuviéramos para hablar por hablar, o sea.

  71. Sí y no, Procu. Cuando hablé de “gente tóxica” me refería a eso, gente, sin distinción de género. En este caso, sí, un hombre.

  72. Recuerdo el texto de Pirata sobre las pinturas de Chauvet en el NJ3 porque me animé a entrar. A mí me gusta Chopsuey. Por si no sus habíais dado cuenta.

    Voy a volver a poner el resumen de la conferencia de Vallcorba sobre la pasión del editor, que es extraordinario. Y como hace poco he leído una entrevista buy-bo-ni-ta con un librero, el de la librería Cámara de Bilbao, pues también la pongo, mal que Pedroantonio los compare con los pezcateros. (Pedroantonio, que ha hecho una apoplejía del comercio en el periódico de los uy, qué poco amigos somos del comercio. Voy a mirar a ver si hay comentarios).

  73. Yo tampoco pensaba solo en parejas, Gómez. En general, aunque todos sepamos que hay gente que es mejor que no te encuentres, ver las relaciones humanas en términos de «seres contaminantes» me parece un mal análisis. Naturalmente, hay cabrones que mejor que no te encuentres, sobre todo como tu jefe o alguien de quien dependas. Pero no es el caso de los afectos.

  74. La queja de Calasso sobre la digitalización que hace la empresa Google parte de una información incorrecta. El número de obras digitalizadas y expuestas por entero al público es mucho menor que el que dice. Hay millones de libros digitalizados cuyo acceso es restringido de diferentes maneras. A la empresa Google cabe reprocharle que no garantice completamente la exactitud de las búsquedas en dichos libros, pero a los editores hay que abroncarles por no permitir acceder a más contenidos, aunque sea pagando.

    En las (cinco) páginas de agradecimientos de En nombre de Franco aparece Google, como no podía ser menos. La investigación nos llevó cinco años. Sin Google habría sido peor, casi imposible.

    Respecto al papel exquisito de los editores Perroan lo borda. No nos venden los libros para que seamos más cultos, buenos o mejores, sino para ganar pasta, como todo quisqui. Los intermediarios son tipos curiosos. Me viene a la mente un ejemplo del mundo de la música: aquella página, en los principios del internet en España, que quería incluir ¡fragmentos! de canciones de Rosendo ¡con el consentimiento de éste! Imposible. Se negaba la esgae. Sobre el mundo editorial conviene saber que en muchos casos los autores apenas tienen control sobre el libro una vez puesto el punto final: no pueden decidir nada sobre la cubierta, la tipografía e incluso el título. Los subalternos tampoco cobran lo que merecen.

    Sobre los distribuidores recuerdo el caso de una empresa reciente cuyo nombre no diré, una que a la vez publica una revista en internet y en papel, en blanco y negro todo, que es superguay, cool y megamoderna y ultramalasañer y pijoflautabarceloní cuyo título empieza por jota y se va para abajo en inglés (para down, para down), y que robaban fotos y dejaron de hacerlo cuando alguien les cantó las cuarenta y un día que le robaron una foto a una de sus fotógrafas y creo que ahora directiva ésta se puso a berrear a lo fino y a lo chulito secundada por su piara de espoliques babeantes, de esta distribuidora, decía, cuyo nombre omito por dignidad y señorío, tan guapa, tan chula, tan moderna y tan guay, me llegan quejas por parte de editores que no soportan que sea un desastre carísimo.

    Las quejas de Calasso, resumo, me parecen impertinentes.

  75. No hay que leer comentarios de página alguna, ni del tuiter ni los ajenos del feisbú. Anteayer vi un flim alemán que ha sido lo peor que he visionado en años, una historia pretenciosa y sentimentaloide con hechuras de cine negro nórdico que no había por dónde cogerla. La vi porque me fío de las notas de Filmin y, en general, de los comentarios. Los había sorprendentes: la tildaban de obra maestra, de genialidad, e incluso explicaban por qué. No estamos hablando de defensores y detractores de obras polémicas (por tema, por punto de vista, por innovaciones técnicas, etc.) sino de tíos que han visto un puto telefilm de esos de la telecinco a las tres de la tarde, cuando los macarrones con chorizo ferven lentamente en las tripas y ni el carajillo de anís hace avanzar la digestión. Tíos, estamos rodeados.

  76. Imagino que Tallón se habrá imprimido el dibujaco que le ha hecho Perroan y lo usará en sus tarjetas de visita, además de colgarlo sobre el cabecero de la cama.

  77. Creo que Javier Cámara (por otra parte buen librero y con un servicio magnífico) se equivoca con las jeremiadas que nos vienen contando sobre la lectura. Debería seguir haciendo lo que hace muy bien, vender libros y revistas y cuidar a los clientes. Y espabilar con la venta electrónica.

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