El rey Capone (Serenata de plomo XXVI)

CAPONE-COMIC-OK
Por Martin Holmes.

El rey Capone y su corte de grasientos operísticos ocupaban toda la planta 22 del hotel Hawthorne, en Cicero, donde Chicago empezaba su nobleza y los burdeles dejaban paso a las iglesias.
—Al Jefe le cuesta cien grandes diarios subir la persiana —dijo McGurn—. Sostiene a dos barberos, tres mayordomos, cuatro doncellas con cofia, tres secretarias, media docena de recaderos y cuatro picapleitos. Putas y pistoleros aparte.
Una legión de golfas en cueros paseaban bandejas de plata llenas de fiambre de capicola, gambas y pitillos de marijuana, y sobre dos mesas largas pegadas a la pared del pasillo había baldes de latón llenos de cerveza. Reconocí a Kraut Helga y a Purkie Newton la Vino Dulce, que le faltaban dos dedos de la mano derecha. También vi a Freddy Goetz el Cerebro, a Tony Accardo y a Claude Maddox el Elegante.
—Bullet, cariño, ¿qué te trae por aquí? —me preguntó Kraut Helga.
—A diñarla sin remedio —le dije.
—Tengo que repasarte —me dijo McGurn.
Me abrí la chaqueta y McGurn me cacheó desde los calcetines hasta el sombrero.
—¿Quieres casarte conmigo? —le pregunté.
—¿Y qué comeríamos, muerto de hambre?
—Haría la calle para ti, guapetón.
—Me quedo aquí con el jamón de capicola y las gambas, no te ofendas.
Un gorila del tamaño de la Estatua de la Libertad vigilaba la puerta de una suite.
—Desnudo como Adán —le dijo McGurn.
El gorila abrió la puerta y pasamos a una habitación de seiscientos metros cuadrados presidida por un diván de terciopelo rojo en el que estaba tumbado un chimpancé vestido de etiqueta. Sobre una banqueta de ordeñar vacas había un gordo en calzoncillos cantando ópera. Parecía un elefante sobre un dedal y sudaba como una tajada de sebo al lado de una vela. Capone estaba sentado en el suelo, sobre una almohada con flecos de pan de oro, fumando un puro Upmann y con los ojos cerrados. Llevaba puesto un camisón de seda negra, pantuflas con las iniciales bordadas y un sombrero de pelo de armiño con una banda de casimir. Nos ordenó guardar chitón con la mano y escuchamos al gordo de la banqueta. Parecía un gato atrapado en la boca de un coyote. El chimpancé me enseñó unos colmillos enormes como cuchillos y se rascó la mollera. Capone abrió los ojos y chasqueó los dedos. El gordo de la banqueta cerró el hocico y el chimpancé aplaudió con los pies.
—Bravo, Enrico —dijo Capone.
—Gracias, Al —dijo el gordo.
Capone se levantó del suelo y se puso a jugar con el mono. McGurn se puso a mi espalda y los pelos de la nuca se me erizaron hasta tomar la firmeza de un poste de telégrafos. El gordo de la banqueta temblaba como una hoja. Kraut Helga entró en la habitación con un plato lleno de pitillos liados con papel amarillo y una botella de whisky Templeton Rye.
—Dale un beso al Senador Borgia—le dijo Capone.
Kraut Helga le dio un beso al chimpancé y le encendió un pitillo, se lo puso en el morro y me guiñó un ojo.
—He besado a tíos más feos, creeme —me dijo.
El chimpancé chupó el pito como si faltasen cinco minutos para el Juicio Final y cuando lo quemó se prendió otro con la brasa de la colilla.
—¿Quieres un trago, Bullet? —me dijo Capone.
—¿Puedo bajarme de la banqueta, Al? —dijo el gordo.
—Es whisky Templeton Rye, mejor que el jugo de boñiga del Viejo Coronel —dijo Capone.
Asentí con la cabeza y Capone escanció un trago generoso en un vaso de cristal labrado. El chimpancé se quedó frito en el diván y pensé que se había muerto.
—¿Puedo bajar de la banqueta, Al? —repitió el gordo.
—Claro, Enrico, baja y ve con Helga a que te den de comer, pero no bebas nada frío —dijo Capone.
—Que vaya solito —dijo Kraut Helga—, tiene las manos muy largas.
—Enrico es un pillo —dijo Capone.
Enrico se rió sin ganas y se le notó como se le notaba el miedo. McGurn le miró con desprecio. Enrico parecía un gurriato pequeño y rosa.
—Creo que se te ha muerto el mono —le dije a Capone.
—El Senador Borgia es inmortal —dijo Capone—, se queda frito con la marijuana y sueña con la selva.
—Es un mono vagabundo —dijo McGurn.
Enrico el Pillo salió de la habitación detrás de Kraut Helga. La suite era la pista central de un circo.
—¿Cuándo entran las jirafas? —pregunté.
—Ese gordo zampabollos es Enrico Caruso —dijo Capone—, un napolitano seboso que se pasa las tardes pellizcando a las chavalas, pero estaba en San Francisco durante el terremoto y cuando toda la ciudad se venía abajo se detuvo en mitad del desastre y cantó para comprobar si la emoción le había dañado las cuerdas vocales.
—Eso da que pensar, ¿eh, Bullet? —dijo McGurn.
—Pues parece un botijo enano —dije.
—No es un lince, pero supo lo suficiente como para calcular cual era su capital —dijo Capone.
—Todos tenemos un capital —dijo McGurn.
—Este puro Upmann y las gambas, y mi colección de concejales, no los paga el whisky ni las casas de putas, no señor —dijo Capone—. Todo es a cuenta de mi reputación y del respeto que infunde la misma.
—Reputación y respeto —dijo McGurn.
—Ese es mi capital intangible y lo único que tengo en mitad de una ciudad que se desmorona.
—¿Comprendes, Bullet? —dijo McGurn.
—Yo no sé cantar —dijo Capone.
—Yo tampoco —dije—, pero silbo para matar el rato.
—Silba algo, Bullet —dijo McGurn—, silba “El vicario y la hija del panadero”.
—Esa no me la sé.
—Los chicos me dicen: Al, ¿qué hace Bullet el saco de mierda caminando sobre sus dos pezuñas después de querer meter el hocico en tu cesto?
—Conque eso dicen los chicos —dije.
—Silba “El barco que partió de Pimlico” —dijo McGurn.
—Esa tampoco me la sé.
—Yo les digo: tranquilos chicos, es solo un ganapán que quiso llenarse el bolsillo de calderilla para comer caliente —dijo Capone.
—Tienes poco repertorio, Bullet —dijo McGurn.
—Y los chicos me dicen: claro, Al, porque siempre me dan la razón
—Los chicos siempre le dan la razón a Al —dijo McGurn.
—Los chicos siempre dan la razón al tío de la pistola, ¿eh, McGurn? —dijo Capone.
—Al tío del pistolón, Al, cierto como el Evangelio —dijo McGurn.
—Pero yo leo en las molleras de los chicos como en una pared escrita con una tiza de cal y los chicos piensan: Al se está poniendo blando.
—Eso piensan esos desgraciados, ¿te lo imaginas? —dijo McGurn.
—Como en una pared escrita con una tiza de cal —dijo Capone.
—Pues acaba ya, pedo de vaca napolitana —dije—, no pienso suplicar ni subirme en calzoncillos a la banqueta y ponerme a cantar.
—¿Me has llamado pedo de vaca napolitana? —dijo Capone.
—Te ha llamado exactamente eso, Al —dijo McGurn.
—Que McGurn saque sus pistolitas barrocas con culebras en las cachas y luego que vengan tus golfas en cueros a barrer —dije.
—¿Tienes pistolitas barrocas, McGurn? —preguntó Capone.
—Labradas a mano, Al. Los ojos de las serpientes son de obsidiana.
—Una pareja de cacharras de asco tan pretenciosas como su corbata de paleto de domingo —dije.
—No me atrevo a repetir lo que te ha llamado, Al —dijo McGurn—. Diablos, no lo haría por respeto.
—Me ha llamado pedo de vaca napolitana, lo recuerdo —dijo Capone.
—Eso mismo —dijo McGurn el memorioso.
—McGurn, esta cagada de mono tiene su par de cositas forradas de acero puro —dijo Capone.
—Y el tiesto igual de vacío que un globo —dijo McGurn.
—He calculado mi capital y no me sale un gran resto —dije. Me soplé el trago de Templeton Rye—. No voy a darle un beso a tu mono, así que dispara ya y que vuelva el botijo capón.
—Pistolas con las cachas labradas —dijo Capone—. Lo cierto es que sostengo a un buen montón de pistoleros de feria. Son como pueblerinas con un sostén que no pica.
—¿Te pica el sostén, McGurn? —pregunté.
McGurn se fue quedando pálido. El tío acarreaba un buen capital de miedo sobre su peladura. El Senador Borgia se despertó y se puso nervioso. Se quitó a jironazos el traje de etiqueta y meó una cortina. Yo no sabía si me iban a matar antes o después de que llegasen las jirafas.
—Puerco mono meón —dijo Capone. Abrió el cajón de un escritorio y sacó una Remington 51. McGurn se tensó como la badana de un sombrero y se frotó los muslos con las manos intentando esforzadamente no empuñar sus Colts Government.
—¿Ya no quieres que silbe, McGurn? —le pregunté.
El Senador Borgia se volvió loco y comenzó a galopar pegado a una de las paredes yendo y volviendo incesantemente. Capone apagó su puro Upmann sobre una alfombra pisándolo con sus pantuflas con iniciales. El camisón negro estaba húmedo de sudor. Vació las siete balas del cargador de la Remington sobre el chimpancé pero no le acertó ni de lejos. Tony Accardo, Freddy Goetz el Cerebro y el gorila de la puerta entraron en la suite con la artillería al pelo. El gorila llevaba una escopeta capona y los otros dos Tommies de tambor. McGurn se echó a un lado de la habitación y se pegó en la pared como una tira de papel para atrapar moscas. Como yo ya estaba muerto me quedé donde estaba, como si la cosa no fuese conmigo. Capone se subió a la banqueta de ordeñar vacas y largó un discurso:
—La ambición es un valor recomendable siempre que no la alimenten los tíos que están a tu alrededor —dijo.
—¿A quién disparamos, Al? —preguntó Tony Accardo.
—Scalise, Anselmi y el tonto de Joe Giunta eran ambiciosos como una novia pensando en su dote —dijo Capone.
El Senador Borgia se quedó quieto en una esquina. McGurn era papel pintado.
—¿Dónde está Albert Anselmi ahora, Tony? —preguntó Capone.
—En el cura, Al —dijo Tony Accardo.
—¿Dónde está Johnny Scalise ahora, Tony?
—En el cura, Al —dijo Tony Accardo.
—¿Dónde está Joe Giunta, Tony?
—No tenía muy buen aspecto cuando recogieron lo que quedaba de él en una cuneta en Hammond, Indiana —dijo Tony Accardo.
—No tiene muy buen aspecto alguien con la cabeza abierta a palos —dijo Capone.
—¿A quién disparamos? —dijo Tony Accardo.
—¿A quién disparamos, Bullet? —me preguntó Capone.
—Yo le pegaría un tiro a McGurn —dije.
McGurn estaba tan blanco como un sudario y se había meado encima. Sus pantalones de chuleta de pendejas criaron una mancha oscura como un charco. Ni siquiera sudaba.
—¿Qué nos ha hecho el buen McGurn? —dijo Capone.
—Igual es ambicioso —dije.
—Te llamó pedo de vaca —dijo McGurn.
—Es una pueblerina con un sostén que no pica —dije.
—¿Matamos a Bullet, Tony? —dijo Capone—. No es muy buena propaganda para mi reputación. Capó a Joe Garza.
—No pude evitarlo —dije—, aquello fue una reforma agraria.
—¿Te has meado, McGurn? —preguntó Capone.
—Igualito que el mono —dijo Tony Accardo.
—No eres ni la mitad de listo de lo que te crees —le dije a Capone—. Hasta Hemingway se te ha escapado. Tu reputación no vale dos gordas.
—Tienes acero puro en la bragueta, Bullet —dijo Capone— y un buen pedazo de tierra virgen en el cerebro.
—Hemingway está en el sur de Francia molestando a las vacas. Te has cargado a los irlandeses pero se te ha escapado la Banda de la Zarigüeya.
—Así que molestando a las vacas en el sur de Francia —dijo Capone.
—Y bebiendo de un orinal.
—El maldito zángano —dijo Capone—. Me prometió trabajar duro para ser novelista.
—A mí me gustan las novelas de Edgar Wallace —dijo Tony Accardo.
—¿Cuáles te gustan a ti, McGurn? —preguntó Capone.
—Yo estoy bien así, no soy ambicioso —dijo McGurn.
—¿Hemingway te prometió trabajar duro para ser novelista? —le pregunté a Capone.
—En su última carta me dijo que estaba trabajando concienzudamente, pero veo que se está pegando la gran vida.
—El jefe recibe muchas cartas —dijo Tony Accardo.
—Le van a poner su cara a un sello —dijo Freddy Goetz el Cerebro.
—Como si fuera Lincoln —dijo Tony Accardo.
—Hemingway se trajo un par de cajas de whisky Canadian desde Toronto. Los aduaneros miraron hacia otro lado porque era un chaval con metralla en las piernas —dijo Capone.
—Un héroe de guerra —dijo Tony Accardo.
—La mitad se lo bebió y la otra mitad se la cambió a Lola por revolcarse con las rameras en el Nitty Gritty.
—Con rendimiento irregular —dijo Tony Accardo.
—Ya conoces a Hemingway: una coja parpadea a su lado en un tranvía y al de cinco minutos está diciendo que la reina Victoria le guiñó un ojo y le sacó a bailar.
—Ese tío estira un cuento como si fuera la liga de una gorda —dijo Tony Accardo.
—Como la liga de una gorda —dijo Goetz el Cerebro.
—Pensó que si podía pasar un par de cajas podía pasar un camión y se puso a vocearlo por Chicago como si vendiese manzanas de caramelo al lado de una noria —dijo Capone.
—Es un vivo —dijo Tony Accardo—, ofrecía el whisky sin tenerlo.
—El whisky canadiense lo mueven mis socios de Detroit y viene desde Ontario, a través del lago Michigan.
—Con documentación falsa que dice que su destino es Venezuela —dijo Tony Accardo.
—Johnny Torrio me dijo: Al, manda un par de tíos a darle un susto a ese bocazas. Cutello, Urkle el Francés y el Bailarín le emplazaron en la taberna de los Doce Picheles. Entre los tres no juntan la mitad del cerebro del Senador Borgia y cuando apareciste tú buscando pelea te tomaron por un menda de O´Bannion.
—El puerco irlandés, que en paz descanse —dijo Tony Accardo.
—Mi madre decía que más vale hacerlo que mandarlo —dijo Capone—, así que me fuí con Anselmi y Scalise, comadrejas traidoras, a pegarle fuego al chamizo de Hemingway, pero una cosa me llevó a la otra y acabé disparando a los chinos.
—¿A quién no le gusta disparar a un chino? —dijo Tony Accardo.
—En algunos estados ni siquiera es un delito —dijo Goetz el Cerebro.
—¿Te gusta disparar a los chinos, McGurn? —preguntó Capone.
—Claro Al —dijo McGurn—, pero no soy ambicioso.
—¿Te gusta dispararles con tus pistolitas de serpientes?
—Claro Al —dijo McGurn.
—¿Has disparado alguna vez a un chino, Bullet? —me preguntó Capone.
—Disparé a un cura hace poco —dije.
—No es lo mismo —dijo Tony Accardo.
—Los chinos no cuentan —dijo Goetz el Cerebro.
—Los curas sí —dijo Tony Accardo.
—Johnny Torrio no quería la guerra, se acomodó como una gorda en un neumático —dijo Capone—. Yo le decía: Johnny, ¿por qué repartir la tajada con la purria de Irlanda cuando podemos comernos el filete entero y la guarnición de guisantes? Pero Johnny no quería pelea y estaba bien sentado con su trasero encajado en el neumático.
—Como una gorda —dijo Tony Accardo.
—Johnny me sacó de largar a los bolingas de sus bares en Conney Island y de las peleas en los Five Points. Confió en mí, y eso es lo que me importa. Me trajo a Chicago y me compró un sostén que no pica. Pero yo quería la tajada entera.
—Y la guarnición de guisantes —dijo Tony Accardo.
—Y las papas y el postre —dijo Goetz el Cerebro.
—Hojaldre de manzana y chocolate fundido —dijo Tony Accardo.
—Y un cigarro Upmann —dijo Capone.
—Y una siesta después del almuerzo —dijo Tony Accardo.
—La vida padre —dije yo.
—Después de lo de los chinos y el circo que organizó el Gran Johnny Calidad en la Cámara de Comercio, los irlandeses empezaron a tomarse en serio el cargamento inexistente de la Banda de la Zarigüeya. Pensaron con sus molleras de asno que Hemingway había inaugurado otra vía para nosotros.
—Una vez le abrieron la cabeza a un irlandés y encontraron confeti —dijo Tony Accardo.
—Encontré a Hemingway mientras tu roncabas tres días tus sueños de opio en el Si—Fan y le dije: ¿qué diablos buscas, bocazas? Un pasaje en el “Leopoldina” con destino a París, me respondió. Bien, le dije, pues lleva tu trasero a Canadá haciendo todo el ruido que seas capaz, hazte con el primer camión vacío que encuentres y regresa a Chicago como si trajeras un océano de whisky. Los irlandeses querrán matarme, me dijo. Y si no te mataré yo, le dije.
—Y la gente suele hacer caso al tío del pistolón —dijo Tony Accardo.
—Molly y Lola hicieron lo suyo. Molly por un billete de la Union Pacific con destino a Hollywood y del burdel para raros de Lola en Nueva Orleans yo me llevo una cuarta parte.
—El Club Lord Byron —dije.
—Un lupanar coqueto como una caja de bombones y con cortinas de soga dorada. Scott Joplin toca para los pervertidos.
—Una casa de putas de campeonato —dijo Tony Accardo.
—Su mejor cliente es un obispo episcopaliano que afloja quinientos machacantes por dejar que una furcia le riegue una meada en el bigote —dijo Capone.
—El inútil de Hemingway no fue capaz de robar un camión y embaucó a esos palurdos de Nitroglycerine Creek —dijo Tony Accardo.
—Los irlandeses salieron de la parte norte y dispararon a Torrio, Dios mío —dijo Capone y se puso a llorar con gran sentimiento.
—McGurn —dijo Tony Accardo—, trae el frasco de las lágrimas.
—Despégate de la maldita pared —dijo Capone— o alguien te clavará un clavo en la frente y colgará un calendario.
McGurn se despegó de la pared y buscó en el escritorio el frasco de las lágrimas, que era una botellita en forma de pera de cristal violeta. Capone tomó una de sus lágrimas con el dedo índice y la depositó en el frasco. Luego reparó en el Senador Borgia y dijo:
—¿Por qué sigue el mono vivo?
Goetz el Cerebro lo acribilló con la Thompson y el puerco chimpancé quedó roto en ristras negras y peludas.
—Pues no era inmortal, después de todo —dijo Capone.
—Luego nosotros nos cargamos a O´Bannion —dijo Tony Accardo.
—Cristo, huele a pis de mico y a pis de McGurn, a pólvora y a sangre de mono —dijo Capone—. Limpiad todo esto y enterrad al Senador Borgia en un cementerio católico.
Me cogió del brazo y salimos de la suite. Los pistoleros del pasillo no se rieron al verle en camisón y pantuflas.
—El resto ya lo sabes —me dijo—: acabé con el Piojo Morán y ahora soy la estrella del circo, el tío que hace el triple mortal. Todo me costó menos que lo que me gasto en maní para mi hijo cuando vamos a ver a los White Sox.
—Toda la tajada y la guarnición de guisantes —dije.
—A cambio de un pasaje en el “Leopoldina”, un billete de tren, una participación en un burdel solvente y las pelotas de Joe Garza.
—¿Y Adams?
—Incordiando a las percas en el lago Wallon. No es muy ambicioso.
—Como McGurn.
—Mira a mis metralleros aguantándose la risa porque me ven en camisón. Son una patulea de pueblerinas con sostenes que no pican.
Purkie Newton la Vino Dulce tenía los pies metidos en un de los baldes de cerveza del que bebía Claude Maddox el Elegante.
—Este camisón era de mi madre y aún conserva su olor a ajo y a miseria y me aferra a la cordura y esos cagones no se atreven a decirme que me viene estrecho de sisa.
—Te cae como un chaparrón —le dije.
—Un matasanos me dijo que me estaba volviendo loco porque pesqué la sífilis, pero yo no veo la relación entre la bayoneta y la mollera. ¿Crees que estoy loco, Bullet?
—Acabas de cargarte a un chimpancé y te paseas en camisón, yo no veo nada fuera de lo común.
—Tengo un sostén que no pica hecho a tu medida, Bullet, me vendría bien un tío con la cabeza hueca, poca ambición y las pelotas de acero puro.
—Me apaño con mis calzoncillos de soga de esparto que pican a rabiar.
—Vino Dulce —dijo Capone—, saca tus pies del balde y trae un par de entradas de palco para el partido de los White Sox para mi amigo Ace Bullet.
Purkie Newton la Vino Dulce se apeó del balde y me trajo dos entradas de lujo. Capone me preguntó si pensaba que Lola se arreglaba con su loro y le dije que no tenía la menor idea.
—¿Qué tal te va, Purkie? —le pregunté a Vino Dulce.
—No hay peleas por una puta a la que le faltan dos dedos, Ace, y aquí estoy bien. No me tengo que poner debajo del farol cuando llueve.
Salí del Hawthorne sorprendentemente vivo y pensé que Molly tenía razón y el sueño de opio me anunció el porvenir. El whisky escapándose por los mimbres de la cesta y todos mondándose de la risa menos yo. Destilado con el material de nuestros sueños. Todo el mundo apañó su parte de las ganancias de un camión de nada que tardó una eternidad en arder y el viejo Ace Bullet se quedó para saco de los morenos en el tugurio de Johnny Uno Dos y para tajos de ganapán como zurrarle a un salchichero. Pasé una tarde sin hípica con Me Llaman Philly y le pregunté si tenía algún sostén que no picase.
—Ni hablar, marinero, esos son de satín y los míos son de sarga de dos cuartos y sus costuras me irritan la piel.
Le invité al isleño a ver a los White Sox, pero no pareció entusiasmado. Caminamos por toda la avenida Ontario sin decir ni pío. De pronto se detuvo y dijo que se iba a buscar solares para alquilar.
—Son entradas de palco —le dije—, no nos asaremos al sol ni nos tirarán cáscaras de maní.
—Diablos, Bullet, los White Sox ya no valen nada desde que vendieron las series mundiales.
—Ni que tuvieras muchos planes.
—No te ofendas, prefiero hacer lo de siempre y no estaría mal que esta noche no volvieses a casa.
—Que no digan que Ace Bullet mendiga una cama, huevos, tocino y un revolcón —le dije—. Hasta la vista, amigo. No le diga adiós a Philly. Se lo dije cuando tenía algún significado, una tarde al salir del Jams and Bread pensando que me iban a matar, cuando aún creía que el whisky existía.
Merqué las entradas en la reventa y saqué cien pavos. Me bebí la mitad y con el resto me compré unos calzoncillos de satín que no picaban y paseé mis pelotas blindadas y mi cabeza hueca por Chicago orgulloso de no haberle besado a un mono ni de haberle birlado la parienta a un isleño desconcertado por tanta tierra firme. Con el tiempo, Molly encontró trabajo en el circo ambulante de Tom Mix y a Capone le metieron en el trullo por timar al fisco. A Jack Metralleta McGurn le frieron a tiros en una bolera de la avenida Milwaukee y Me Llaman Philly vendió el Jams and Bread y se fue al campo con el isleño, tuvieron una hija y se puso gorda como un país pequeño. Hemingway puso una agencia de viajes.

[Próxima entrega: Epílogo en donde Martin Holmes da noticia de algunos personajes y explica las extrañas incongruencias temporales del relato comparadas con los hechos que realmente acontecieron.]

capone

 

206 comentarios

  • Con Olmos es imposible hacer una antología. Salta la sorpresa frase a frase.

    Empiezo a ver comentarios de gente que hablan de respeto y de que la sátira está fuera de lugar. Me pilla leyendo esto.

  • LAS TRES MARÍAS
    Durante todo el bachillerato y primero de carrera hube de cursar obligatoriamente las tres marías: Educación Física, Formación del Espíritu Nacional y Religión (católica en exclusiva). En contra de lo que algunos creen el grado de adoctrinamiento era mínimo, las dos primeras asignaturas las solía impartir un falangista bebedor que se tomaba escaso interés y la última un bondadoso cura. A mí me hubiera gustado recibir estas asignaturas como las troncales y no como un mero trámite para cumplir el expediente.
    A la vista de la deriva cultural de los últimos años visualizo un Plan de Estudios paneuropeo que incluya de nuevo las tres marías como eje de la nueva currícula. Lo visualizo de la siguiente forma:
    1. Educación Física y hábitos alimentarios e higiénicos.
    2. Educación musical y estética.
    3. Educación para la ciudadanía que incluyera los seis puntos que cité ayer.
    Este debe ser el primer paso para regenerar nuestra sociedad. Desde luego incluiría viejas costumbres como izar la bandera cada día (en este caso solo la europea) y ponerse en pie cuando entrara el profesor. En el fondo se trata de tener una madrassa, una ikastola, una escuela común quizás incluso con una lengua koiné.

  • Creo que tras la entrega final del folletín deberíamos apiolar a Martin Holmes, vender este presepio revalorizado por haber acogido la última obra del autor y largarnos todos a Baja, donde te disparan igual pero al menos la palmas tomando el sol y con cubitos de hielo en el vaso.

  • Un excompañero de clase me envía hoy un vídeo grabado en el patio de mi colegio, junto con una larga lista de recuerdos de aquellos años. El mejor, un sputnik fabricado con fósforos de cera y celofán de Ducados que trazó la parábola entre la última fila y la tarima donde disertaba el profe de Literatura.
    La FEN nos vacunó contra el espíritu nacional; quizás por ser tan explícita. La FEN que reciben ahora debe ser más subliminal, porque no parecen tomarla a guasa como nosotros.

  • Marqués, ¿es que a ti no te gusta Martin Holmes?
    Y otra cosa, aunque yo sueño con pelarme una patata, trocearla a cuadraditos y freírlos con una ranmita de romero, ¿con qué debería acompañar la rodaja de emperador a la plancha que voy a hacerme para comer si pretendo disminuir de peso?
    (Nota: Queda excluida cualquier tipo de carrera al paso, al trote, o al galope. Yo no corro. Y punto)

  • 9 de enero de 2015 a las 11:46
    GACHOINLOWERCASE
    Y otra cosa, aunque yo sueño con pelarme una patata, trocearla a cuadraditos y freírlos con una ranmita de romero, ¿con qué debería acompañar la rodaja de emperador a la plancha que voy a hacerme para comer si pretendo disminuir de peso?

    ¡¡Ésa me la sé!! Con nada.

  • Gachó, me he adherido a la propuesta de Perroan para que continúe el Pulp en Pamplona y Madrid al ritmo de Eliades Ochoa ¿Qué mas quieres?

  • No si ya, qué me vas a contar a mí de l goce del comer (aunque tú me lo dices pa que no me ponga apolínea que yo lo sé)
    Bueno, pues se acabó el foro de acompañamiento para el emperador. ¡Venga esa patatita con romero!
    ¡Y esos 6 temas de bioquímica!
    Óle, Óle.

  • Pirate, tú que sabes, ¿qué hay de cierto en eso de que los terroristas árabes tienen pánico a morir por balas engrasadas con productos que incluyan manteca de cerdo?

  • PASAR FRÍO
    Hoy sabemos algo mas de llamada “grasa parda” y es que el frío hace que ponga en marcha una señal que activa el metabolismo de la “grasa blanca” para liberar fuentes de energía celular. En la práctica significa que pasar frío acelera el metabolismo y se consumen grasas con la consiguiente pérdida de peso.
    Les recomiendo pues que aprovechen los rigores del invierno para hacer ejercicio al aire libre y mejorar así su rendimiento energético. Corriendo, o andando rápido, cuando hace frío se adelgaza y se previenen los catarros, en contra de lo que la gente cree.
    Les desaconsejo los gimnasios con calefacción y olor a “quesos” a los que algunos son tan aficionados.
    No salgan a la calle muy abrigados, bastan calcetines y jersey de lana, lleven calzado cómodo y muévanse..

  • Estoy leyendo el Don Julián (1970) de nuestro reciente Cervantes. Y dice así:
    “beduinos de pura sangre cubriran algún día toda la espaciosa y triste España acogidos por un denso concierto de ayes, de súplicas, de lamentaciones”.

  • Espaciosa y triste, el título de los ensayos de Juaristi (que ganaron el último Premio Euskadi, GUAH), es el verso de Fray Luis en «La profecía del Tajo»:

    «Llamas, dolores, guerras,
    muertes, asolamientos, fieros males
    entre tus brazos cierras,
    trabajos inmortales
    a ti y a tus vasallos naturales;

    a los que en Constantina
    rompen el fértil suelo, a los que baña
    el Ebro, a la vecina
    Sansueña, a Lusitaña:
    a toda la espaciosa y triste España».

  • Muy amable, marqués.
    (Y los cojones de Mahoma, que son de goma. Perdón, es una de esas viejas frases que me ha subido al recuerdo en los borbotones de rabia de estos días y no había podido aún calzarla en ningún sitio. Ya estoy mejor).

  • 9 de enero de 2015 a las 15:52 PROCURO FIJARME
    José Luis Pardo: «Borrando la sonrisa».
    He creído entender que no es partidario del fanatismo antifanatismo. Y tengo un rebote… ¡Voltaire àkbar!

    Vaya. Acababa yo de enviar un artículo con la misma idea, que lo que no soportan los gilipollas es que no los tomen en serio. Hablo de gilipollas y no de integristas (que también), por la misma razón que el conjunto hortalizas incluye a los boniatos.

  • Un creyente cristiano actual tolera mal las bromas con su creencia porque piensa que ésta es una cosa especialmente valiosa; un verdadero creyente, como el musulmán, no las tolera en absoluto porque a él no le parece que el objeto de la broma sea su creencia sino una persona.

    En la tolerancia ha de ver a la fuerza una maniobra atea dirigida a que él mismo desplace su interés, así como el que no se da cuenta, de la persona en la que cree a la experiencia subjetiva de creer.

    La tolerancia ya es una toma de partido, cosa que se sabía de la tolerancia ilustrada, cuyos dogmas racionalistas ya venían chocando con una sensibilidad más dubitativa. Pero, si tengo razón en lo que he dicho antes, también la tolerancia escéptica distaría de la neutralidad exquisita que se asocia a su concepto.

    ¿Qué hacer entonces? Mi idea de que hasta el escepticismo comporta una intolerancia de fondo viene ya con la respuesta: no hay que hacer nada, y menos que nada salir a la búsqueda de una tolerancia inédita, hiperbólica, total, absoluta. No exite tal cosa.

  • Se entendería mejor mi respuesta si hubiera preguntado qué debemos hacer para superar el conflicto entre la fe y la falta de fe.

  • La actitud de Pardo, que comparto, tiene como límite la relatividad moral que el sabio Ratzinger denunció en su momento. Creo que ahora es el momento de admirar el moderadísimo papel de la Iglesia Católica y del cura argentino que la dirige.

  • Justo Gengis, no soy partidario del ateismo ni del escepticismo radical, pues tal condición deviene en creencia. Propugno, y practico, un catolicismo cultural exento de fe y, sobre todo, reirme de la vida como forma de supervivencia.

  • Creo que lo comenté ayer, o el miércoles. Tengo la impresión de que en dos días se ha cruzado el Rubicón, y de que las cosas van a ser muy diferentes de aquí en adelante. Una de las cosas que ha cambiado, salvo mayor sorpresa, es el sentido de mi voto. Si ésta no fuera una revista satírica, escribiría una entrada que podría titularse algo así como “La izquierda secuestrada” (por sí misma, aclaro). Casi un obituario.

  • Ya, Gacho. Pero teniendo en cuenta que la cara es el espejo del alma, que no sabemos qué ha querido decir el Marqués con “admirable” y que la Observadora pone como ejemplo lo que ocurre en las calles de El Cairo para sentenciar sobre lo que sucede aquí, todo resulta peligrosamente confuso y ambiguo, de modo que mejor no arriesgarse: ante la duda, siempre la más tetuda.

  • Pirata, esto es un fanzine satírico pero no aún neurasténico, como era El Papus. No obstante, estaríamos encantados de ampliar temática e incluir artículos de peso (aunque no pesados) que trataran de política. También queremos cruzar el Rubicón y, si es necesario, el Manzanares.

  • Tengo futuro como vidente: ayer le comentaba a un amigo que era curioso que todos los terroristas islamistas que golpeaban en Europa eran árabes, de nacimiento u origen, pero que no se veía a ninguno negro como el betún, pese a la presencia del Islam en toda África. Y hoy, zas, un negrazo de la hostia la lía parda en el súper. Voy a echar la Primitiva.

  • La tolerancia escéptica y hasta ilustrada, que practico diariamente con cierta elegancia (si no lo digo yo, quién lo va a decir) no supone ninguna neutralidad exquisita. Eso son propagandas de acomplejados. Al contrario, parte de una conciencia prístina de su superioridad moral e intelectual, pero tolera las creencias por espíritu práctico: yo no ataco a la gripe si ella no me ataca a mí.

  • Me cago en la puta de oros. Estoy viendo la BBC, que está cubriendo todo lo que ocurre y ha ocurrido en París. No hay manera de ver un puñetero programa sobre ello en RTVE.

  • (Menos mal que Angeles Carmona es mona -huy, pareao-. Porque si llega a no cumplir los cánones de chica mona no quiero ni pensar todo lo que le hubiesen echado encima las jaurías de machuzos pestilentes.
    Las que hemos sufrido en nuestras poderosas carnes el azote del “piropo” hasta el punto de no querer salir de casa en nuestros años mozos, estamos -en esto- con Angeles Carmona.
    Ya lo dije: el (supuesto) piropo es la audible y manifiesta consecuencia de la incapacidad que tienen algunas personas para respetar el derecho de otras personas que aquellas consideran guapas o atractivas, de caminar tranquilas por la calle.)

  • El «piropo» más bestia que he oído nunca: «estás tan buena que te comía entera y me cosía el culo pa’ no cagalte».

  • Perroantonio

    La tolerancia escéptica y hasta ilustrada no supone ninguna neutralidad exquisita. Al contrario, parte de una conciencia prístina de su superioridad moral e intelectual, pero tolera las creencias por espíritu práctico: yo no ataco a la gripe si ella no me ataca a mí.

    Y ahora dónde coño me tatúo yo todo eso.

  • El canon que de verdad cumple esa señora Carmona, como todos los vocales del CGPJ, es el de inútil. Y eso no tiene nada que ver con el sexo-¿o se dice género?-sino con el cargo.

  • Brema, me da la sensación de que lo que no “consiguieron” los salvajes atentados de NY, Madrid y Londres, con sus ¿4.000 muertos? acumulados a las espaldas, lo han conseguido estos dos días con ¿18 muertos? Tal vez por ser una de las últimas gotas, tal vez porque Francia sigue siendo mucha Francia. Los hombres necesitamos los símbolos, y quizá el símbolo de un consejo de redacción francés, y por demás sesentayochista, en el sentido generacional y político de la expresión, pese más en nuestro ánimo que el símbolo americano, y por demás capitalista, de las Torres Gemelas. Pienso en voz alta. En voz baja, he seguido de cerca las decenas de pequeños atentados (dos muertos aquí, uno allá, otro linchamiento aquí) contra la población judía francesa estos últimos meses. De alguna forma, esperaba que el salto se diera en algún momento. No me malinterpretes: sería ridículo hacer comparaciones con los primeros 30. Pero la advertencia aquella creo que conserva toda su vigencia: primero empezarán con X, luego con Y, y luego te tocará a ti. La manifestación del domingo en París, pienso, será uno de esos acontecimientos históricos que luego absorben otros acontecimientos aún más dramáticos, pero que nosotros vamos a tener ocasión de ver en persona.

  • La igualdad hombre-mujer hay que aplicarla con todas sus consecuencias. En mi ambiente laboral es frecuente que chicos y chicas se digan cosas agradables en relación con el aspecto físico, incluso diría que ellas lo hacen con mayor frecuencia. Cierto es que las pocas salidas de tono las suelen protagonizar hombres.

  • ¿Pero no se ha reanudado ya la liga de petanca tras las vacaciones? ¿No hay construcciones en obras para que los pensadores ágrafos piensen mientras las contemplan?

  • Tranqui, Mortadelo. Digo yo que a un atleta de élite como tú le quedarán fuerzas para arrojar el boliche, inundar sin misericordia y marcarse unas reseñas a la vez.

  • Eres un pedazo de ingrato, Morta. Luego te entra la llorera, como una damisela melindrosa, llorera cuando te comparo con el doctor del programa de Mariló Montero cuando deberías de estarme agradecido. Cabronazo.

  • EDITO

    Eres un pedazo de ingrato, Morta. Luego te entra la llorera, como una damisela melindrosa, cuando te comparo con el doctor del programa de Mariló Montero cuando deberías de estarme agradecido. Cabronazo

  • ¿Por qué todos los vocales del CGPJ son unos inútiles? (Jo, dicen los expertos que “inútil” es lo peor que se le puede llamar a una persona y que nunca es cierto)
    Yo nunca he estado de acuerdo (pero nunca ¿eh?) con el termino acuñado como “violencia de género”; yo siempre he pensado que el termino correcto es “violencia de pareja”. No tiene que ver con la condición sexual (entre parejas de homosexuales también se da), sino que es por la cosa esa de la posesión.
    ——
    (Bueno, yo estoy estudiando. Voy fatal y se me hace bola.
    ¡Qué de profesores lo siguiente de mediocres hay por el mundo!. En plena época de paro injusto, de miseria economica, y estos ni siquiera se molestan en disimular un poco el pasotismo con el que agradecen su sueldo.)

  • ¡Joder! Me dedicas seis o siete comentarios cada vez que escribo algo y no voy a poderte hacer ni una puñetera broma. No me extraña que seas el mayor cornudo –reconocido– de internet. Que te den.

  • Chopsuey, un saloon para canalizar dichas viejunas adaptaciones sin que salpique la sangre y se ultimen vidas, Fair play, que pide Ramos.

  • Cómo molaría tener la rapidez en la réplica de los personajes de Holmes, especialmente la de ese Bullet, que está siempre sembrado. ¡No habría cuñado que lo resistiera!

  • Es verdad que la idea consensuada sobre la tolerancia -por ejemplo, sobre la tolerancia religiosa que inventó Europa en el XVII- no ve en el tolerante, ni falta que hace, a alguien liberado de cualquiera de las creencias en conflicto, un mero espectador neutral. Al contrario, él tiene su religión. Por ello lo único que se espera de él es que, mal que bien, tolere, soporte otras. Pero la misma idea consensuada es que esa tolerancia -no necesariamente el tolerante- o es neutral o no es nada. El príncipe católico de un territorio mayoritariamente luterano sigue siendo católico; su tolerancia, no.

    Ahora iré más allá del consenso para afirmar que ahí ya se empieza a notar un cierto descreimiento: al menos el que sitúa por encima de la fe, aun sin prescindir de ella, cosas como las ganas de vivir en paz, el afán de prosperidad, etcétera.

    Y ahora me enfrento al consenso para sostener, como hice esta mañana, que ni la propia tolerancia religiosa es neutral, lo que baso en aquello de la reducción del vínculo religioso -entre dos personas, una mortal e inmortal la otra- a creencia religiosa, una vivencia que prácticamente se agota en el interior del creyente y en la que el dios queda reducido a la condición de contenido de la creencia.

  • Entiendo muy bien la irritación de la mujer piropeada por desconocidos; tiene que ser la misma que siento cada vez que me para alguien en la calle para venderme algo o reclamar mi solidaridad. También entiendo la de la mujer piropeada por conocidos; tiene que ser muy parecida a la que sentimos los sosos cuando alguien bromea con nosotros, lo que nos obliga o a intentar seguirle el juego, con la torpeza que cabe esperar de los que no tenemos el ingenio que la situación requiere, o a quedar como unos cenutrios por no seguírselo. El humor suele ser una cosa muy grosera.

  • No entiendo el concepto de “neutralidad” de la tolerancia. Esa presunta neutralidad sería, en todo caso, un producto derivado que reclamaría quien se encuentra en situación de inferioridad. Reclamarían neutralidad, es decir, un trato idéntico a la religión, costumbres dominantes, etc., quienes no disfrutan de las mismas condiciones: por ejemplo, los musulmanes o los budistas pretenderían que se enseñaran sus respectivas religiones por sus respectivos sacerdotes en las escuelas. Pero esto no es así. La tolerancia se basa en la existencia de una superioridad de origen. El tolerante es el que está en posición de fuerza y en lugar de emplearla decide sufrir, resistir, soportar o respetar (es decir, no aplastar) a los tolerados. La tolerancia es un ejercicio de contención del poderoso y es por eso que no se le exige al débil ser tolerante.

  • Voy a reflexionar al respecto de la tolerancia a ver a qué conclusión llego. Porque así de entrada, acabado de leer lo de Perro, lo que me viene a la cabeza es que muchas intolerancias surgen de los supuestos débiles, y que a veces la tolerancia con ellos termina pagándose cara.
    Ejemplos:
    -los churros que emigran a un pueblo valenciano parlante: todo el pueblo termina hablando castellano y el valenciano desaparece debido a la intolerancia del que ha venido de fuera (“yo no tengo porqué aprender valenciano, estamos en España” “a mí hablame en cristiano” etc).
    – los moros en el mismo pueblo cuando escolarizan a los niños: mi hija no va a tocar la flauta, mis hijos no cantan villancicos, no pueden comer cerdo, pollo sí pero ese no porque tiene que ser pollo matado por no sé qué rito… etc.
    -la casa de Andalucia, la casa murciana, la casa de no sé dónde, que reclaman su parte alícuota de presupuesto festero para hacer su propia fiesta…
    Pues la tolerancia a toda esta intolerancia, nos hace perder terreno. Pero además, ahora imagínate tú que vas a las tierras de ellos. Pues vale, ni de coña, ni de coña, te dejan que no adquieras todas y cada una de sus costumbres. Y me he dejado a los chinos! con sus negocios.
    Y lo dicho, voy a reflexionar, que asi a bote pronto, me estoy pareciendo xenofob, y al final terminaré votando a la Le Pen ésa)
    Buenos días.

  • (Yo en Arabia Saudí ¿sabes?:
    – ” buenas, que venia yo a pedir que me cuelguen un Cristo en el comedor de la empresa; que si me dan ya la licencia de conducir que me da nosequé ir por ahí sin carnet, y que a ver si podría yo abrir un restaurante español “La tasca de Ejpaña” que voy a traer jamón..”
    ¿A que sí que me iban a dar permiso para todo? Vamos hombre, no me jodas. La tolerancia es una cosa, y hacer el canelo como lo estamos haciendo, otra.)

  • Una amiga de FB hacía notar la (amarga) ironía de que esos bárbaros asesinaran en una revista y fueran a morir a una imprenta.

  • Me siento chocada ( de shock) con lo ocurrido en París. Qué hacer cuando los terroristas consideran que su verdadera vida no es esta sino la inmortal que les espera tras haber cumplido como mártires?….no hay defensa ante los que no valoran la vida, nuestro don más preciado.
    Maldita Religión- no la suya, cualquiera- . Genera seres que no piensan, que se entregan. Sin ideas propias espontáneas ni empíricas.

  • En principio -no entro en los mecanismos psíquicos por los que actúe- el débil no reclama tolerancia para sus cosas en calidad de débil sino de igual. Lo primero tendría que ver más con la compasión que el vencido pide al vencedor que con el valor político de la tolerancia que obliga a todos por igual. Esa igualdad -que si no se identifica con la neutralidad, poco le faltará- reclamada por el débil no se refiere a todos los aspectos de su vida; no tiene por qué servir de base para reclamar igualdad de financiación de sus peculiaridades, por ejemplo; es sólo, aunque nada menos que eso, la igualdad mínima, ésa igualdad que le garantiza ante todo que no será castigado por las mismas.

  • Ya pero si quiere ser igual, lo mínimo que puede hacer es intentar parecerse. Porque una cosa es ser igual y considerarse como un igual y otra es que sus “peculiaridades” sean consideradas iguales a la tónica general.
    Es fácil (o debería serlo) igualar a todos los seres humanos sea cual sea su condición física a la categoría de ser humano; lo que veo mas complicado es igualar el derecho a la practica de que a algunos seres humanos les dé por cortarle el clítoris a otras seres humanas, pongo por caso

  • Qué susto Suktt con su avatar azulino y mirada malvada. Le sospechaba por tiendas de Serrano en busca de unos leggins rebajados para pasearse bien al trote con bolso de Chanel.

  • He leído esta mañana uno de Juan Manuel de Prada: «Yo no soy Charlie Hebdo»,. Que dice que son las aberraciones del pasquín las que nos han gonducido al abisbo. JO. Y después he encontrado este de David Brooks, que también se titula «Yo no soy Charlie Hebdo». Qué mala suerte; esto va a ser culpa del vermú, verás, me he dicho. Pues no, solo el título es igual. Brooks distingue «la mesa de los adultos y la de los niños»; son estos los que «en su estilo de misil descontrolado, a veces dicen cosas necesarias que nadie más dice». Me vale.

  • “Ahora Imagínate tú que vas a las tierras de ellos.”

    Ya estoy en tierra que también es de ellos. Diciendo esto no peco de exceso de hospitalidad; lo digo simplemente porque temo que quien se ponga a definir qué es lo propio de mi tierra me deje fuera a mí también.

  • Me ha gustado este artículo muy vibrante de Bernard-Henri Lévy: «El instante churchilliano de la V República».
    Subraya que «La unidad nacional es lo contrario de “Francia para los franceses”». Pero a la vez,

    «Aquellos que tienen por religión el islam tienen el deber de proclamar en voz muy alta, y de forma muy multitudinaria, su rechazo a esta forma pervertida de la pasión teológico-política. No es cierto, como se dice demasiado a menudo, que a los musulmanes de Francia se les conmine a justificarse; más bien —y es exactamente lo contrario— se les convoca a manifestar que se sienten hermanos de sus conciudadanos asesinados y, de esa manera, a erradicar de una vez por todas la mentira de que existe una comunidad de espíritu entre su fe y la de los autores de la matanza».

  • Comparto con D. Brooks el desprecio, más contenido el suyo que el mío, a los que se dedican a reírse de todo y de todos. Y así debe ser si se tiene en cuenta esa grandísima y no menos y profunda obviedad de que la risa nunca será una cosa seria. Ni siquiera estoy dispuesto a agradecerle al que se mofa de mí que puede que esté enriqueciendo mi autoconocimiento; aunque lo enriqueciera.

  • Risa es una de esas palabras de definición imposible: «Movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría». Luego vas a buscar alegría (porque a lo mejor no caes) y lees: «Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores», y también «irresponsabilidad, ligereza», o lo mismo una
    modalidad del cante andaluz. Hombre, ahora me acuerdo. Me acuerdo de aquella película de Jean-Jacques Annaud, En busca del fuego, que se fijaba en esa mueca como un rasgo humano muy distintivo.
    Gacho y Bonnie, ¿es verdad que los animales no ríen?

  • Así era, Bolaño. Y sea como fuere la verdad zooantropológica, la risa es un enorme placer y gratuito, lo que me trae también el recuerdo de conversaciones de esas muy inteligentes de tías (tanto como las de ellos), en las que lo mismo que decimos lo mucho que nos gustan los hombres que nos hacen reír, casi siempre caemos en pensar que a los tíos no les van las payasas. Como valor erótico, digo.
    ¡CARMONAAA, monaaa ⎯copyright Gacho⎯, anda y osérvalo!

  • La ogualdad no es un derecho de partida, sino un resultado de llegada. No somos iguales. A la igualdad se accede mediante la ciudadanía. Es la pertenencia a la polis democrática la que concede esa igualdad a cambio del respeto a la reglas comunes. Tolerancia si se acepta la convivencia; de lo contrario, guerra y muerte.

  • (Gengis, no te la cojas con papel de fumar, y mucho menos respecto a mis comentarios. Està clarísimo a qué me refiero con lo de ir a la tierra de ellos. He puesto un ejemplo y todo: “Dora la exploradora en Arabia Saudí”. Hombre ya, lo que me faltaba)

  • 10 de enero de 2015 a las 14:38 PROCURO FIJARME
    He leído esta mañana uno de Juan Manuel de Prada: «Yo no soy Charlie Hebdo»,. Que dice que son las aberraciones del pasquín las que nos han gonducido al abismo.

    Es evidente que De Prada no es Charlie. Él es mentalmente gordo.

  • La rubia -que está missing, por cierto- sabe más de EDO que yo, Procu. Pero juraría que la risa es una característica puramente humana. Ahora bien, los animales cuando se alegran lo hacen de corazón.

  • En un programa que he visto hoy sobre la Transición española, mostraban unas imágenes de archivo de la entrevista a pie de urna a varias personas que se disponían a votar en el referéndum de la Constitución. El periodista les iba preguntando por los motivos que los habían empujado a votar, y la respuesta, antológica, de una buena mujer, me temo que ejemplifica a la perfección cómo andaban las cosas por estos pagos en aquellos tiempos:

    “Porque me ha mandado mi marido”.

  • EL PASQUÍN
    Me he manifestado públicamente, a riesgo de ser impopular, contra los excesos escatológicos de Holmes, frente a alguna blasfemia anticristiana de Perroantonio o frente a las amenazas de vilolencia del segurata Gómez. Ser liberal, tolerante o escéptico no es patente de corso para insultar, blasfemar o amenazar, pues te pones a la rastrera altura de los que desprecias por fanáticos.

  • P: La igualdad no es un derecho de partida, sino un resultado de llegada. No somos iguales.

    G: No lo tengo yo tan claro, aunque sólo sea porque se mezclan ahí dos igualdades diferentes.

    La igualdad a la que se aspira no debe hacer olvidar a quien aspira a ella que, desde un punto de vista empírico, cada de uno de nosotros es totalmente diferente a todas las demás cosas, bípedas o no.

    ¿Quiere decir esto que no hay una igualdad de partida? Si no la admitimos, ¿en qué basaríamos la obligación de tratar igualmente a una colección de seres que aparentemente no tienen nada en común ni entre ellos ni con nosotros? La doctrina está obligada a admitir que se da alguna igualdad originaria entre ellos, y entre ellos y nosotros, si quiere que nos pongamos a pensar que tenemos el deber de tratarlos como a nosotros. Un ser humano sólo se pondrá a pensar en la conveniencia de conceder algunos derechos a los grandes monos si cree que comparte de entrada algo valioso con ellos. Si no lo cree, su respeto no pasará de ser ecológico o sentimental: nada que ver con ese respeto majestuoso, kantiano, de ponerse en pie, con el que se dice que han de tratarse los iguales

    P: A la igualdad se accede mediante la ciudadanía.

    G: Depende del grado de igualdad. Puede decirse que mediante la ciudadanía se accede a la igualdad cívica; mediante la pertenencia a un club, a la que concedan a sus miembros los estatutos del club; mediante la pertenencia a la hipotétia especie de los seres humánidos, a tener los mismos derechos humanidos; etcétera.

    Y también puede decirse que tiene algo de inútil y a la vez de ocioso la idea de que a la igualdad cívica se llega a partir de la ciudadanía. De inútil, porque habrá que añadir la idea suplementaria de que dicha ciudadanía, una condición legal más que natural, no puede ser negada a quien sea igual -se entiende: igual en un sentido jurídiamente relevante para el asunto tratado- a los que la reciben. De ocioso, porque esa ciudadanía es uno más de los institutos legales en los que consiste lo cívico, lo que la incapacita para ser su fundamento, como la parte no puede serlo del todo.

  • Morta, no me seas lililla, por el amor de Dios. Te dije hace meses algo de darte un tortón — o colleja, no lo recuerdo– y después del subidón lo retiré y pedí disculpas públicamente ante Dios y ante los hombres. Y fue un problema del tamaño del anular, como bien explicaste.

  • ¿De dónde vendrá la recomendación de reírse de uno mismo? Las cosas que hago, y por las que me defino, me las tomo muy en serio.

  • Por favor, Marqués. Es de mal gusto hablar de blasfemia cuando miles de personas han pasado por la hoguera o son ahora ajusticiadas por “blasfemar”. El verdadero cristiano pone la otra mejilla.

  • Eso es verdad.
    (El Marqués dijo que él era católico cultural, Perro. En la cultura católica está muy mal visto blasfemar, y poner la otra mejilla no está visto. Lo sé porque yo me salí por eso, pensé “¿y por éste, por ése y por aquél me dejaría yo golpear dos veces?, ¡Y una mierda, hombre!, y me salí. Como aquel rico que se dio la vuelta con tristeza al comprobar que no seria capaz de abandonar sus riquezas. Solo que yo cuando me salí no era rica. Ahora tampoco.)

  • Otra cosa es –y espero que no se tome como una amenaza porque no pretende serlo– que esté meridianamente claro que la cosa, de una manera u otra, va a terminar mal.

  • Los hechos son incontestables: Gómez ha sido un conocido matón de discoteca, aquí se ha vanagloriado de ello. Gómez, con escaso autocontrol y una evidente paranoia, una y otra vez me amenaza (hace un rato sin ir mas lejos).
    Es también un hecho que Chopsuey lo TOLERA. Me consta que no lo aprueba, pero lo tolera.
    Bien, es esta tolerancia lo que hoy se discute aquí ¿Es conveniente o razonable? Mi opinión es que no.

  • Ora que se nos va Olmos con Ace Bullet a saber donde (sniff) propongo un Gómez&Marqués con episodios al estilo el Gordo y el flaco. O así.

  • A ver. El juego es realmente molesto y desagradable. Pero la única manera de impedir que ustedes se toquen mutuamente las narices es banearles, cosa que resulta normalmente muy desagradable y que tratamos de evitar a toda costa. La cosa se podría resolver con un pacto por otra parte muy común en estos blogs, ignórense y ni se mencionen. Y nos harían un favor, porque aunque lo parezca no estamos todo el día pegados a la pantallita.

  • No, Gengis, no hay igualdad de partida. Lo que se manifiesta es la idea de que sería justo que existiera esa igualdad. No la ha habido históricamente desde el punto de vista jurídico y la idea de que todos los hombres son iguales (en derechos) es relativamente reciente. Hasta el siglo XIX no se abole la esclavitud y es en el XX cuando se habla de una declaración “universal” de derechos humanos (lo que implica, obviamente, que no eran universales cuando se proponían; no hace falta decir que tampoco lo son aún).
    Desde el punto de vista religioso, al menos desde el cristiano, la igualdad se manifiesta en que todos los seres humanos tienen alma, lo que no ha implicado, hasta anteayer, que tuvieran igualdad de derechos.
    Y sí, a la igualdad se accede mediante la ciudadanía, dado que la igualdad filosófica o religiosa le importan más bien poco a quien tiene que interpretar una ley. Las prueba de que es así es que hay unos señores encaramados a una valla en la frontera para conseguir esa ciudadanía y esa igualdad de trato. Digamos que su igualdad inmanente sólo se convierte en efectiva cuando obtienen trato de ciudadanos; mientras tanto, en el limbo.

  • Francamente, me parece idolatría (que es pecado grave) considerar que los monigotes dibujados en una revista representen a Dios. Ustedes no conocen ni su propia religión.

  • 11 de enero de 2015 a las 00:18
    Perroantonio

    Francamente, me parece idolatría (que es pecado grave) considerar que los monigotes dibujados en una revista representen a Dios. Ustedes no conocen ni su propia religión.
    ***

    10/10

  • Cuando hablo de igualdad de partida, no me refiero a un hecho observable por los antropólogos, o a un estado de cosas que se haya conocido ya en el pasado, sino a algo que, siendo más irreal que lo anterior, que ya lo es bastante, es una premisa de la mitología ilustrada de la que forma parte la teoría de los derechos humanos, con su igualdad y todo.

    El mito, bien cargado de naturalismo, sostiene que debemos ser jurídicamente iguales porque lo somos por naturaleza, en el buen entendido, entre nosotros, de que esta naturaleza es también un mito y no esa cosa susceptible de ser estudiada por la ciencia y que también llamamos ‘naturaleza’.

    Asimismo sostiene que el hecho de que no hayamos sabido hasta hace muy poco que existía esa igualdad entre nosotros no quiere decir que no fuéramos iguales.

    No hay ninguna razón teórica para admitir tal cosa, y por eso hablo de mitos, pero debemos saber que, si no la admitimos, se viene abajo toda la política igualitaria, incluida la más modesta, formal y burguesa. Parecería un tanto absurdo decir que “sería justo que existiera esa igualdad” si no se sabe qué grupo es ése al que queremos aplicar la igualación, a lo que añado que es francamente imposible decir de dos individuos que forman parte de un grupo sin no se admite que tienen algo en común.

    Llámesela como se quiera, júzguela cada uno como le parezca, pero hay que aceptar una igualdad previa a la igualación.

  • Ya pero si quiere ser igual, lo mínimo que puede hacer es intentar parecerse. Porque una cosa es ser igual y considerarse como un igual y otra es que sus “peculiaridades” sean consideradas iguales a la tónica general.
    “Es fácil (o debería serlo) igualar a todos los seres humanos sea cual sea su condición física a la categoría de ser humano; lo que veo mas complicado es igualar el derecho a la practica de que a algunos seres humanos les dé por cortarle el clítoris a otras seres humanas, pongo por caso.”

    Gacho, se me esacapó este comentario, con el que básicamente estoy de acuerdo. La ablación no entra en nuestro paraguas.

  • Qué es eso que está en juego en toda representación, y más aún cuando se parte de la sospecha de que el representante y el representado puede que no tengan nada en común, es uno de los asuntos más difíciles de tratar con una mínima garantía de no patinar desde el principio. Como todos.

    Hay razones de mucho peso para sostener que entre cualquier cosa que pretenda ser una copia de Dios y éste no hay nada en común -como podría pensarse que no lo hay entre lo finito y lo infinito, lo imperfecto y lo perfecto, y otras oposiciones del mismo calibre. Y, si no hay nada en común entr ellos, todo lo que apunte a Dios se atascará en lo que, sin serlo, quiere pasar por imagen suya.

    Ese barrizal es el caldo de cultivo de cualquier imputación de idolatría. Quiero con decir con ello, entre otras cosa que no controlo bien, que el idólatra jamás será consciente de serlo porque él está convencido de que su adoración atraviesa la copia y llega a lo copiado. Es su adversario el que, al pensar que tal travesía es imposible, le imputa la intención de adorar exclusivamente a la copia.

    El problema al que nos aboca la idea de que se da una heterogeneidad entre una copia terrestre y un copiado celeste puede ser formulado así: si nada de este mundo puede ser un signo de un ser que lo desborda por todas partes, entonces no podemos siquiera decir que estamos hablando de Dios cuando estemos hablando de él.

  • Fue Kant el que estableció la premisa de que “todos los hombres deben ser tratados con la misma considerarción y respeto” y a partir de aquí se construyó un fenomenal aparato político y jurídico que es la base de nuestra cultura. Sin embargo, existe interminable jurisprudencia sobre las “diferencias” de comportamiento que deben ser tratadas de forma diferente por el legislador. Siento tener que explicar el ABC de cómo funciona una sociedad democrática.
    Dicho esto, considero insólito que me pongan al mismo nivel que a xxxxx que gusta amenazar e insultar cuando le apetece. Decir que la solución es banear a ambos lo considero, cuanto menos, una afrenta histórica al sabio de Konisberg.

  • Aprovechando lo que dice el marqués, apunto que la obligación de tratar de un modo diferente casos diferentes forma parte del principio de igualdad porque esa obligación incluye, aunque no lo diga, la de tratar de un mismo modo las mismas diferencias. Cada vez que se presente una pareja de individuos uno de los cuales valga, a los efectos oportunos, el doble que el otro, habrá que darle el doble. No unas veces el triple, otras un tercio y otras no se sabe cuánto. Siempre, el doble.

  • Se entiende que en la misma dificultad en la que se encuentra el que cree que se ha ofendido a Dios a través de algo que él mismo ha dicho previamente que no lo representa se halla el que prohíbe representar lo que previamente ha declarado irrepresentable. Qué necesidad hay de prohibir lo imposible.

  • A mí me ofende que se metan con el Cholo. Cierto, hay blasfemias intolerables. ¿Que pongo el Cholo a la altura de Dios o de Alá? Pues claro. Y eso sin entrar en el debate sobre la existencia de esos dos, porque entonces salgo ganando.

  • Al tratarse de un ídolo, esto es, de algo con una doble cara, como le ocurre a toda imagen, siempre quedará la duda de si su adorador se paraba en el signo o quería llegar a lo significado. Los malos judíos seguramente no adoraron al becerro de oro sino al becerro Baal representado mediante una figura bovina de oro. Su pecado probablemente no fue el de idololatría sino el de equivocarse de dios.

  • Después de haber escrito veinte textos y haberlos borrado, resumo: banearé cualquier cosa que me parezca una amenaza.

  • Esta mañana pasó la manifestación madrileña de la hepatitis C por delante de mi casa. Poco ha faltado para que me sumara a ella, pero la ausencia de la mínima decencia intelectual en sus eslóganes me ha impedido sentirme compañero de los que iban en la misma, y eso que sé que, en una sociedad masiva, un mínimo de esa decencia convertiría en inútil cualquier demanda. Es un asunto complicado para mí. Sólo tengo claro, pero muy poquito, que mi hígado no es la medida de todas las cosas.

  • Asegura Rajoy que “todos los ciudadanos que necesiten cualquier medicamento prescrito por un médico lo tendrán”. O sea, que van a prohibir a los médicos prescribir lo que su ciencia les aconseje. Si no, a la quiebra todos.

  • Igual ha querido decir que lo tendrán si se lo pagan. Lo que no puede haber querido decir es lo que ha dicho, porque eso es imposible.

  • Quizá la razón de mi alegría tenga que ver con el principio filosófico de que las cosas son de quien las ve primero.

  • Parece inevitable hablar de libertad de expresión cuando unos tipos asesinan a los miembros de una revista satírica por sus sátiras, ¿verdad? Como cuando la ETA asesinaba a policías y hablábamos del trabajo policial o cuando asesinaba a concejales y hablábamos de representación política.

    La ETA ha matado a un concejal del PP. Quizá tengan razón y hayamos de cambiar las reglas de la democracia para no provocar que ese grupo de ciudadanos se sienta infrarrepresentado o dejado aparte por el sistema.

    Mira, no.

  • Aquí dejo mi propuesta (no muy políticamente correcta) para regenerar nuestra sociedad.

    -Educar en el respeto de la propiedad privada legítimamente adquirida, como única fuente de mejora de la sociedad, de toda la sociedad (especialmente de los más desfavorecidos).
    -Afortunadamente todos somos diferentes. La única igualdad a la que habría que aspirar es la igualdad ante la ley.
    -En general, fomentar el ahorro y no el consumo.
    -Promover el uso de los recursos propios. Solo recurrir al endeudamiento en caso de no tener otra alternativa.
    -Fomentar el cumplimiento de cualquier pacto o contrato realizado voluntariamente.
    -La envidia es mala, a veces inevitable, pero es muy mala. No pasa nada porque haya alguien más guapo que yo o más listo o que tenga más dinero. En el fondo todo es subjetivo.
    -Ante la duda optar por la paz y evitar la lucha o la guerra, con la excepción de la defensa personal ante un acto de violencia inminente.
    -Educación Física y hábitos alimentarios e higiénicos.
    -Educación musical y estética
    (las dos últimas son del marqués)

  • 11 de enero de 2015 a las 10:30 MOLINARI

    -En general, fomentar el ahorro y no el consumo.
    -Promover el uso de los recursos propios. Solo recurrir al endeudamiento en caso de no tener otra alternativa.
    -Fomentar el cumplimiento de cualquier pacto o contrato realizado voluntariamente.

    Fomentar el ahorro y no el consumo es una bonita forma de volver a la autarquía. ¿Para qué ahorrar si no vas a consumir? El dinero y la propiedad tienen que moverse para que las sociedades sean dinámicas y haya oportunidades para todos.
    El endeudamiento es saludable cuando se cumplen los compromisos adquiridos. Consumir sólo los recursos propios es conformarse eternamente con la pobreza. No hay que conformarse.
    No hace falta fomentar el cumplimiento de los contratos libremente asumidos, basta con aplicar la ley.

  • Resuelto lo de mi i-Tunes, que resultó ser un problema en las DNS, cambiadas por mi proveedor local de internet, a saber cuántas veces y, desde luego, sin mi consentimiento. Y yo, venga de borrar y volver a instalar el programa (es lo primero que probé; gracias de todos modos, Bremaneur) y de dudar de la probidad de Apple…

    Por fin puedo reanudar la copia de toda mi colección de CDs, sobre la que más adelante, cuando la complete (?), propondré aquí un bisness.

  • Perroantonio, no creo que tenga nada que ver la autarquía con el fomento del ahorro. Con ahorro no me refiero a meter el dinero en el colchón. Todo ahorro se invierte y hace que la sociedad esté más capitalizada, con más medios, que hacen que el trabajo de todos sea más productivo (mayor riqueza). El consumo es lo contrario.
    En cuanto a la pobreza tiene más que ver con la falta de instituciones de las que te puedas fiar que con el uso de recursos propios/deuda. El debate daría para mucho más pero no quiero aburrir al personal.

  • (Se me olvidó decir que la ilustración para el texto me parece chulísima y muy currada. De hecho, comparando texto-ilustración, creo que es la más guay hasta la fecha; claro que Martin Holmes, es mucho Martin Holmes y la ocasión supongo que lo requería (¡¡no supongas!! me decía un ex jefe. Bah, que le den por culo, que no supo-quiso defenderme)

  • Perroantonio, ya van dos. ¿Vamos a tener que leer el Diario Norte todos los días a ver si le sacan? Hombre, ¿y qué más? ¿Ahorrar? Nada me gustaría más que ahorrar para poder gastar MUCHO MÁS luego de golpe, pero de donde no hay no se puede sacar.
    Molinari, le dedico la PARÁBOLA de la LAVADORA, o de cómo los austeros derrochan sus escasos bienes:
    Al sujeto A se le rompe la lavadora y como gana lo justo y paga al contado se compra la más barata; a los dos años se le vuelve a romper (la osolesencia programada y que el sujeto A lava mucho porque es pobre pero muy aseado); repararla cuesta tanto o más que el aparato barato: compra otra. Y así cada dos o tres años. Paralelamente a nuestro protagonista, el sujeto B, que tiene más pasta, ha adquirido una lavadora de-la-hostia, alemana para más señas, carísima pero eterna. El sujeto B al final gasta una barbaridad menos en lavadoras porque es más rico.

    El CORO: ¡Sujeto A, sujeto A! ¡Cómprate a plazos la lavadoradelahostia, que para eso vivimos en el capitalismo salvaje que dicen los del Diario Norte, y así te quedará algo en tu vida para gastar en otras cosas que no sea la prostituta lavadora! O inclusive para ahorrar, si es que fueres de ese parecer.
    FIN

  • Procu si se fija bien (sin cachondeo) en mis “recomendaciones”, no digo que no haya que endeudarse nunca, en el caso que cuentas, probablemente el sujeto A debería endeudarse y compar la lavadora cara. Lo que pasa es que en la realidad los casos no son tan evidentes, es difícil que siguiera en el mercado una lavadora tan mala, o a lo mejor la buena no es tan buena…

  • RESUMEN EJECUTIVO
    Ante el problema suscitado con los islamistas que viven en Europa se han propuesto tres soluciones diferentes:
    1. Echarles de Europa y cerrar las fronteras.
    2. Menos tolerancia con el multiculturalismo y la violencia callejera.
    3. Mayor tolerancia con multiculturalismo y con la violencia callejera.
    La primera la propuesto la extrema derecha y la última la extrema izquierda. Me quedo con la segunda propuesta hecha por moderados tanto de derecha como de izquierda.
    En general para todos los conflictos la solución segunda me parece la mas acorde con los valores de la cultura occidental.

  • Finalmente he acabado con el tomazo de Sloterdijk, y para su alivio no tengo capacidad de síntesis, o no la voy a poner a prueba aquí.
    Pero los comentarios de Molinari sobre el ahorro y los recursos propios, y las tensiones ya añejas de nuestro querido Euro, me deciden a copiar unos párrafos.
    Ahí va:
    Finalmente habría que hablar de los banqueros modernos, los cuales se revelan, por su actividad como dadores de créditos para quienes quieren mejorar su situación y que de hecho frecuentemente la mejoran, como los motivadores más efectivos de un cambio intensivo. De su praxis e desprende que una buena parte de los imperativos de ascenso bajo los que viven los modernos surge de arcanum magnum de la economía moderna de la propiedad privada. Si tratamos de explicitarlo nos topamos con el imperativo categórico del manejo de las deudas: lleva tu economía de tal manera que con una eficiente aplicación de tus recursos puedas disfrutar en todo momento de la certeza de poder devolver los créditos en el plazo establecido. La acentuación del crédito, que se impone a poblaciones cada vez mayores de deudores, sería una fuente de la disposición a innovar que ninguna teoría de la creatividad ha tenido aún verdaderamente en cuenta. Tan pronto como se haya entendido que en la base de las modernas formas de disciplinamiento no se puede encontrar ni la relación de “señor y esclavo” ni el antagonismo entre “capital y trabajo”, sino el antagonismo simbiótico entre el acreedor y el deudor, tendrá que reescribirse, cambiándola de raíz, la historia de todas las “sociedades” movidas por el dinero.

  • Molinari, he querido hacerlo pasar por enxiemplo moral pero en su tenor literal es crudamente autobiográfico. El sujeto B es mi hermana y el sujeto A soy yo. Creo que tiene razón en que «en la realidad los casos no son tan evidentes», pero no me apeo de que la mayoría de la gente vive tan justa que la idea de ahorrar carece de sentido para ellos. Y luego está eso del principio de Mateo de que al que más tiene se le dará más. Una cuestión de umbrales, me parece.

  • Gracias, Holmesss. Casi me da un ictus, pero he entendido que si creo que voy a poder ir pagando uno por uno los incontables pufos que he rubricado por heptuplicado y por mi honor, estoy fomentando la creatividad social. (No me diga que no lo he entendido porque no me queda crédito para entender otra cosa).

  • Y también que el magro o lucido saldo de su apreciada cuenta corriente depende de que deudores como usted tengan a bien-puedan ( ah, la voluntad ) atender a sus obligaciones de pago.

  • He visto en la tele la cabecera de la manifestación en París, con los presidentes y también Rajoy. Antes han salido imágenes y frases de manifestantes de toda España, salían musulmanes, salían crías con su velito diciendo cosas muy cívicas y sensatas, que me conmueven especialmente, porque ellas son el niño yuntero: «¿De dónde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena?». Pues tiene que salir de ellos, de quién si no.

  • Me he acordado de un chiste buenísimo, y como mi madre no me lee y ¡ha empezado ARCADI, Sita!, lo tengo de contar:

    La madre le pregunta al crío qué quiere desayunar.
    ⎯ Colacao, mecagüendiós⎯ . La madre alucina:
    ⎯ ¡A tu cuarto ahora mismo!
    Al día siguiente por la mañana, con el niño de nuevo a la mesa:
    ⎯ ¿Qué te pongo?
    ⎯ Colacao…, mecagüendiós.
    A la madre le va a dar algo; le atiza unos coscorrones y le castiga todo el día. Un día después:
    ⎯ ¿Qué quieres desayunar?
    ⎯ ¡Colacaooo, NO-O-O! Mecagüendio-o-ós…

  • No está tan claro, Proc. Todo es un poco más complejo. Esos islamistas eran franceses. Vamos, que habían pasado por la escuela.

    Lo que me recuerda la visita que me hicieron unos ex-alumnos para amenazarme por bocazas. Bien es cierto que ellos ya eran gilipollas antes de que intentáramos desasnarlos y lo siguieron siendo tras el fracaso en nuestro intento de desasnalización.

  • Todo se resume en una idea: lucha eterna contra la estupidez y la barbarie. La estupidez es, en general, controlable. Resulta más difícil —y más caro— mantener sujeta la barbarie. Pero cuando se ahorran gastos en el control de la barbarie hay que pagar sobrecostes en el control de la estupidez.

  • Perdón por salirme del tema, pero estoy arrastrando a mi familia a ver “Nebraska” y me está tocando hacer el puño puente para encontrar argumentos para que la veamos. Que si quien te la ha recomendado, que si de qué va, que si es un peñazo con ese nombre… ¿Qué les puedo argumentar por favor?

  • Bueno, no quería decir que los demás no tengamos mucho que hacer por nosotros mismos y para defender todo lo bueno que tenemos. Solo que esas crías me parecen especialmente valientes (y que me se saltan las lágrimas con facilidad; por la pubertad es, nada más).

  • Gacho, es una hermosa historia de un hijo que acompaña a su padre en un sueño absurdo. Perro dijo que era una pequeña obra de arte para todos los públicos: es verdad, le va a gustar a todo el mundo. ¿Quién la recomienda? Albert, Gengis Kant y yo bisba.

  • … el padre es un desecho humano, pero es el nombre del padre y su sueño. Hay dolor y amor, hay lealtad, hay algún ajuste de cuentas con el pasado y hay su poco de mecagüendiós… (Vale, que ya me vale).

  • Hoy en la carretera de las aguas, sobre Barcelona, me he cruzado por primera vez con dos guardias civiles en moto. No me prodigo mucho por allí, pero no he podido dejar de relacionarlo con estas fechas y los temores apocalípticos de Ximeno (allí están los depósitos de agua que abastecen bcn).
    Tampoco puedo dejar de pensar en que el colapso de la Unión Soviética se produjo al no poder dedicar tanta porción de su PIB a la defensa, a la seguridad.
    O sea, que propongo ser conscientes de que cada quantum de seguridad hasta un riesgo cero imposible multiplica exponencialmente sus costes económicos y en libertades, y que como decía aquel, al final todo acaba mal. Conclusión: en beneficio de todos, limita el miedo: carpe diem.

  • Tengo que inmortalizar este momento y transmitírselo a las próximas degeneraciones: Gachi en el cine, viendo Nebraska en blanco y negro, con la familia roncando al lado y ella con el móvil, retransmitiendo en vivo su desolación.

  • (Sabes perfectamente que no estoy en el cine, desarraigado. La familia es lo mejor para todo.)
    (Y si consigo no cortarme las venas antes de que termine la peli, me vais a oír, hatajo de snobs)

  • Cualquier película que pueda definirse como “western crepuscular”, “viaje iniciático” o “historia de superación” es siempre para meterse en la otra sala o cambiar de canal.

  • (Casi sasto, Holmess. Yo estaba en dos mariantoñetas del siglo XVIII -herencias de familia-, una para las posaderas, y la otra para los pies. Mesa camilla no, porque hay gas natural.
    Si algún día me recupero, comentaré la película. Ahora me voy a estudiar, que ya me vale.)

  • Bueno, Procu, lo mismo yo he visto otra Nebraska o es que no m ehe fumao lo que hay que fumarse para verla.
    ——————–
    En otro orden de cosas: ¡A Mantiño lo ha fichado la Gemio!, ¿y no avisáis?
    Yo no puedo escucharlo entero ahora, que estoy con la PCR, pero aquí la prueba

  • Gacho, para comprobar el nivel de peñazo de la peli es conveniente saber si los que se han quedado sopa han roncado y si ha habido babilla colgante.

  • Mi ateísmo es tan profundo, tan radical, que no necesito proclamarlo de forma tan explícita como Arcadi o José Antonio. Tampoco lo hago por prudencia, quizás es hipocresía, dado que estoy rodeado de creyentes católicos, catalanistas y musulmanes.

  • O sea, que propongo ser conscientes de que cada quantum de seguridad hasta un riesgo cero imposible multiplica exponencialmente sus costes económicos y en libertades, y que como decía aquel, al final todo acaba mal. Conclusión: en beneficio de todos, limita el miedo: carpe diem.

    Funámbulos somos Holmess. Me sumo Con Lambretta o a pie.

  • Sloterdijk utiliza a fondo la imagen del funámbulo en su libro (Has de cambiar tu vida) , y pone el acento en que apenas iniciar su Zaratustra, Nietzsche habla de su compasión por el acróbata caído.
    Para seguir dando vueltas a eso, Man on wire
    Lambretta, casco y coraje.

  • El mejor combinado que he visto pedir en una barra, a las tantas de la madrugada y para pasmo de propios y extraños, fue un “qué miedo me das con zarzaparrilla”, que, una vez traducido, resutó ser un inofensivo coñac con cocacola.