Matagatos

gato

Por Perroantonio

Quizá no exista una conjura mundial para inundar mi correo electrónico, twitter, facebook, whatsup o instagram con imágenes de gatitos, pero alguien debería investigar el asunto. Que hasta ayer a los gatos los hayan despellejado, hervido, comido, encofrado o echado a la hoguera no me parece razón suficiente como para soportar la invasión gatuna en mi pantalla. Yo sólo he matado un gato y fue sin premeditación, alevosía y hasta conocimiento. Ya sufrí suficiente al enterarme y tener que recuperar su cuerpo roto. Si la pena del gaticidio involuntario es que todos los cursis del orbe me reenvien fotos de gatitos para hacerme reventar de empalagamiento, me parece excesivo, Señoría. Y si no se trata de eso y es sólo arrobamiento mundial ante la gatería, casi que peor. Arróbense ustedes con sus gatos propios pero no me hagan partícipe, que ya tengo los míos, y además he cubierto el cupo de documentales de felinos hasta el siglo XXXIII.

En realidad lo que me preocupa es que haya una pandemia de infección emocional. Que vean un gatito, una cabritilla, un perrito (con o sin jersey de punto bobo), una ranita, una foquita y les invada la ternura y quieran hacer partícipes a todos los humanos de la dulzura que invade sus corazones. Que no me parece mal, o sea, que yo también pongo cara de bobo en los crepúsculos y cuando lloro las lágrimas no me dejan ver las estrellas. Pero es que me llegan fotos de gatitos junto a imágenes de un tipo al que decapitan, otro al que defenestran por homosexual, otro al que prenden fuego, la niña con leucemia y el niño sin piernas y me cago en los putos gatitos, la osa polar, la psicología positiva y la educación emocional.

Que no solo me perturba el sentimentalismo, esa hipertrofia pegajosa de la exaltación emocional, sino que hace tiempo que considero a los sentimientos como perturbaciones tóxicas que confunden la percepción, alteran el juicio y fomentan el estupor. O sea, que sentimientitos no quiero más y a los gatitos que les den.

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