61 comentarios

  • (A mí, en un ataque de caridad y compasión hacia el prójimo que tanto me caracterizan, me estaba viniendo la idea de hacer un apartado de consejos de salud pero no en plan cómo estar científicamente delgado, que eso seria más para el Marqués, sino de consejos caseros infalibles explicados de forma llana a la par que metafórica, y haciendo uso en ocasiones del recurso de la personificación (esto es, dotar con atributos de persona como el habla o la intención en los actos a algunos de los elementos del relato), para no caer enfermos y/o desprenderse de molestias varias.
    Ya tengo algunas observaciones en esta mi mente que a penas pasa de hepatopáncreas.
    Aporto como CV que, quitando de algunos episodios de tristeza, eso que las madres han venido llamando a lo largo de los hechos costumbristas de la Historia *cuento* (“tú lo que tienes es mucho cuento”, “estás haciendo cuento”), yo no he caído enferma en todo lo que va de curso, y sólo he tomado paracetamol en algún acto aislado de salvaje y romántica rebeldía, ante los dolores de cabeza y profunda melancolia que me produce la indiferencia de mi supuesto enamorado.
    Si le parece bien al equipo directivo, me pongo a ello.)

    (Y que qué coño pinta la de la minifalda con los calcetinitos a rayitas en la ilustración.)

  • Sin asomo de duda: soy uno de los tíos más cerdos, guarros y salidos de España, pero en esa foto sólo veo dos niñas. Y en los guardianes de la moral sólo veo podredumbre, complejos criminales y totalitarismo.

  • (¡Eh!, que lo mio no era vigilia moralista. Lo mio era búsqueda de la conjugación texto-imagen a la par que pura envidia por las piernas y por los calcetinitos)
    (Esa tiene de niña lo que le pegue su nieta)

  • La foto es mía (aunque tiene truco). La saqué hace un año en Burdeos, durante el Carnaval. Las presuntas niñas fueron niñas 15 años atrás o así. En el centro de la foto sin trucar hay un tipo vestido de niña, con más espalda que un armario, que tampoco es una niña. Sigan mi consejo: De lo que les digan no se crean nada y de lo que vean, la mitad.

  • Pues a servirdor de ustedes se le da que, al menos en determinados temas, el Santo Padre lleva más razón que un santo. ¡Hosanna in excelsis!

  • LIMPIO Y ESO

    Pues a servidor de ustedes se le da que, al menos en determinados temas, el Santo Padre lleva más razón que un santo. ¡Hosanna in excelsis!

    (Un poco mejor.)

  • A mí me parece que Bogart, y en general el cine negro americano, ha hecho mucho daño. El estereotipo del borrachín abrochado a una barra e intercambiando sentencias con el camarero, resulta ya algo patético y mil veces regurgitado en innanes artículos, películas y novelas.

  • 25 de enero de 2015 a las 11:06 Perroantonio
    La foto es mía (aunque tiene truco). La saqué hace un año en Burdeos, durante el Carnaval. Las presuntas niñas fueron niñas 15 años atrás o así. En el centro de la foto sin trucar hay un tipo vestido de niña, con más espalda que un armario, que tampoco es una niña. Sigan mi consejo: De lo que les digan no se crean nada y de lo que vean, la mitad.

    Lo mismo dijo Epiménides el cretense, que todos los cretenses mienten. Pero el consejo es socilamente disolvente y la foto es correcta a pesar de que el tipo no sea ya tan niña. Sin embargo todas las mujeres llevamos un pequeño hombre de grandes espaldas en nuestro interior. Pugnando por salir. De copas. Esto que les cuento es una verdad como un témpano.

  • Gacho, te pido disculpas por haberte llamado repugnante totalitaria ahíta de venganza clasista y de género además de acomplejada genital y obsesa con los rulos. ¿Me perdonas?

    ***

    Leí algo de Alvite cuando lo recomendó Calaza y me compré dos libros suyos. Después de cinco artículos lo dejé. Es bueno, muy bueno, pero se tiene que leer una columnita suya al mes, por lo menos. Así no estraga la repetición de esquemas y trucos, más si viene acompañada de tanto énfasis y tanto teatro.

  • He leído el librito (47 páginas) que enlazó ayer Holmesss sobre la verdad (Harry Frankfurt, Sobre la verdad) y al llegar a los versos de la poetisa Adrienne Rich y después al soneto de Shakespeare he recordado: fueron entrada en un NJ3 de junio de 2013 (cortesía de Holmesss, lo he buscado).
    Me ha gustado mucho la sencillez y luminosidad del razonamiento. Y el final (atención, SPOILER): ¿por qué la verdad es tan importante para nosotros? Porque es la forma en que accedemos a la realidad, a los hechos que no somos, los que, independientes de nosotros, nos limitan y conforman.
    Sin embargo, cuando vives en una cueva poco oreada, tanta claridad también te molesta en los ojos y casi que no se ven más que bultos gordos. Es decir, también me decepciona toda esa cantidad de evidencia lógica, que no se plantee por qué la verdad es difícil y problemática, incluso para sus mejores amantes, tal vez sobre todo para ellos.

  • A mí me parece que Bogart, y en general el cine negro americano, ha hecho mucho daño. El estereotipo del borrachín abrochado a una barra e intercambiando sentencias con el camarero, resulta ya algo patético y mil veces regurgitado en innanes artículos, películas y novelas.

    (Celosón)
    ——————–
    (Jabóiseslahostiaenversoamen, si te dejaras la pértiga en casa para no saltar mis comentarios, hubieras visto que ese enlace ya lo puse yo, con bastante más respeto que tú, sin necesidad de dilucidar el contenido del mismo dando por hecha la falta de comprensión lectora por parte de la concurrencia.
    Hortera. Que eres un hortera. Vaya paladín petulante para el maestro.)

  • (Solo Dios tiene capacidad para perdonar. Yo, como mucho, podría interceder por ti y decir aquello de “Padre, perdónale porque el pobrecillo es un gusano solitario (o sea, Padre, una tenia), y gustando de atacar al más débil con la pretensión de conseguir que siempre haya alguien más repugnante que él -eso sí que es una Cruzada, Padre-, no sabe lo que dice”.)

  • El mejor combinado que he visto pedir –por un borracho– en una barra, a las tantas de la madrugada y para pasmo de propios y extraños, fue un “qué miedo me das con zarzaparilla”, que, una vez traducido, resultaría ser un inofensivo coñac con cola.

  • Gómez, en uno de los libros de Steinbeck, ahora no recuerdo cuál, el prota se pide un beer-milk-shake en una hamburguesería. Tras la sorpresa inicial, consigue que el camarero se lo prepare. Siempre había querido saber cómo sabría, y constata que no está mal.

  • En breve acotaciòn, y vuelvo a mi ataud: no soy Jaboieselmasghuapo. Soy Adelaida, mis tuits andan por ahì; Follan no enviò ni recibiò un tuit en la vida ni debe saber como funciona eso.
    PD. Brema, para teatro el de Martin Hallmes )o como se escriba.) A Alvite no hay que leerlo por las columnas sino por las metàforas: “guiso de azafràn gris”, “beso tullido”, “el estado de mi pròximo cadàver me hace tener envidia del estado de mi coche” etc.
    Seguiré leyendoos con placer, incluso a Marin Hallmes (o como se escriba) y a Bonnie.

  • Era en “Cannery Row” (una joya de libro). Luego piensa que:
    “If a man ordered a beer milkshake, he’d better do it in a town where he wasn’t known.” Quizás fue el que lo inventó, el libro es bastante antiguo (otro de mi colección de Penguin Books, Perroantonio), aunque ahora si lo tecleas en Google aparecen muchas entradas, parece un combinado del que hay muchas variedades, tantas como tipos de cervezas.

  • Lola, han dicho varias veces aqui que yo soy Follan: no es cierto. Soy Adelaida, este es mi twit:
    Adelaida López
    @DelilLS
    No parece, por otra parte, que el articulo quiera hablar de Alvite (salvo como pretexto) sino mas bien de como puede llegar a odirase cierta Galicia hasta el punto de meterle dos tiros.

  • ¡Qué bueno, ZEPPI! El libro que cita no lo he leido; pero, para joyas, Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros.

    A los nueve años ocupé un sitial en la cofradía de los caballeros del rey Arturo, con tanto orgullo y dignidad como el que más. En esos días harto escaseaban los escuderos aguerridos y de noble corazón que portaran escudo y espada, ciñeran arnés y socorrieran a los caballeros heridos. Entonces acaeció que los deberes escuderiles recayeron en mi hermana de seis años, cuya gentil bravura era incomparable. A veces ocurre, para tristeza y lamentación, que quien sirve con fidelidad no es reconocido como fiel servidor,
    y así permanecieron en la sombra los trabajos escuderiles de mi bella y leal hermana. Por lo tanto, en el día de hoy hago las enmiendas que están a mi alcance, y la nombro caballero y le rindo mi homenaje. Y a partir de esta hora llámesela Sir Marie Steinbeck de Valle Salinas.
    Dios le dé gloria sin mengua.

    John Steinbeck de Monterrey
    Caballero

  • Gran libro, Gómez. A mí todos los de la época “californiana” de Steinbeck (“Sweet Thursday”, “The log from the sea of Cortez” …) me parecen una maravilla. Pero “Cannery Row” es mi preferido, por ser el primero de la serie y el que presenta a los personajes de forma más “objetiva”, tal como son. En “Sweet Thursday” los dulcifica un poco y la trama es un poco más empalagosa, aunque algunos capítulos (“The troubled life of Joseph and Mary Rivas” por ejemplo), rozan la antología. Le recomiendo vivamente ambos libros, si aún no los ha leído, ambos mantiene el espíritu del que usted cita y hacen que uno se pregunte si es posible que en realidad existan tipos como esos.

  • “Por el Mar de Cortés”, si no es el mejor relato viajero de la historia, le anda cerca. Cannery Row, en mi versión Los arrabales de Cannery, buenísima. Una vez que te enteras de lo que es una damajuana, claro.

  • Uff, ZEPPI, me temo que no llego a tanto, pero le garantizo que le haré caso con la de Por el mar de Cortés, que he estado a punto de comprar en más de una ocasión.

    Había una santa editorial –que Dios tenga en su gloria– llamada Marín, que publicaba en el mismo volumen varias novelas completas de un mismo autor. En el de Steinbek, que perdí, recuerdo haber leído Las uvas de la ira y La perla, y que ninguna de las dos me gustó demasiado. (Luego me desquitaría con Los hechos, que sí es una maravilla indiscutible.)

    (En honor de esta editorial diré que ahora mismo tengo delante, con una lujosa encuadernación en piel, un ejemplar de la misma de obras de Faulkner que contiene las siguientes novelas:

    -Pylon.
    -Los invictos.
    -Mientras agonizo.
    -Una fábula.

    Casi ná.)

  • ZEPPI, 14: 27

    … el que presenta a los personajes de forma más “objetiva”, tal como son.
    […]
    hacen que uno se pregunte si es posible que en realidad existan tipos como esos.

    JEJEJÉ.
    ***
    Schultz, una damajuana, la propia palabra lo dice, se aprende lo que es en un libro de Onetti, que ya no me acuerdo cuál era, más que de eso y de Santa María (ruega por nosotros, BSS, BSS, BSS…).
    ***
    Gómez, La Perla, Las uvas de la ira y Al este del Edén: saque ahora mimmo sus «no me gustó demasiado» de mis Steinbecks, que los disfruté mucho.
    ***
    Follandeiro, véngase a pegar tiros aquí, hombre.

  • De Steinbeck me leí la primera página de su libro de viajes con su perro, y me encantó. Luego me leí, traducido, su libro de viaje por la URSS junto a Robert Capa. Muy entretenido, aunque como reportaje sea una basura objetivista. Quería ver la realidad tal cual era para contarla a un público muy concreto: el estadounidense. Así, en lugar de ver a bolcheviques criminales, sólo vio campesinos la mar de simpáticos que no hacían más que discursos y llenarle la andorga de vodka y comistrajos. Yo creo que convenció a sus lectores de que los campesinos soviéticos no tenían ni cuernos ni rabo demoñaco, pero dudo de que convenciera a nadie avisado de que Capa y Steinbeck no siguieran la ruta preestablecida por el departamento de propaganda del régimen totalitario ruso. Creo que tenía un gran sentido del humor, pero de aquellos reportajes se puede deducir que o bien era un mentiroso compulsivo y abyecto, o que era más imbécil de lo que aparentaba.

  • Al este del del Edén no la he mencionado, Procu… pero, si bien no la leído, creo recordar (aunque cito de memoria porque presté el libro y jamás me lo devolvieron) que en el magnífico ensayo La verdad de las mentiras de Vargas Llosa, el título del capítulo en el que se la analizaba esta obra era precisamente: “Elogio de la mala novela”.

  • Proc, mi problema es que leí bastante jovenzuelo a Steinbeck, un poquito antes que El Astillero. Concuerdo con Gómez, me gustaron mucho menos las supuestamente obras mayores. Lea la de Cortés, que no se arrepentirá.

  • Hay cosas que verdaderamente no entiendo. No entiendo si se trata de mala fe o simplemente de incapacidad para entender lo que se lee. En ninguna parte de su artículo Calaza dice que las columnas de Alvite fueran buenas. Todo lo contrario, dice que muy frecuentemente eran malas, repetitivas, fracasadas desde la primera línea pero que se salvaban por la prosa y por la capacidad de Alvite para encontrar siempre un adjetivo o una metáfora simpar. Y que fue capaz también de recrear un universo literario muy especial -superior al de Bukowski- que centró en El Savoy.

    Como bien entendió Gachó – y Merc en un twit que me envió- el personaje central del artículo de Calaza no es Alvite sino Eligio y, alternativamente, Luzbela, la abuela lesbiana y pistolera de Follanski von Patos.

  • Gracias Schultz, no sabía que hubiera traducción al castellano de “Cannery Row”, voy a ver si encuentro alguna edición, aunque en mi recuerdo permanece como un “entorno” muy difícil de traducir, y que solo se puede captar en su plenitud en el idioma original. Supongo que habrá traductores verdaderamente buenos, pero me da que una versión en inglés de “Cien años de soledad”, por ejemplo, no transmitiría lo mismo. Pero seguramente será un prejuicio mío, la mayoría de obras que he leído eran traducciones y nunca me he planteado que desvirtuaran el original.

    Respecto a Steinbeck, concuerdo con usted y con Gómez, me gustaron menos las obras supuestamente mayores.

  • PROCURO FIJARME

    JEJEJÉ.
    ————————–
    Proc, no sé explicarlo mejor. En Cannery Row, parece que el autor pone una cámara y los personajes y el entorno cuentan la historia ellos mismos. En Sweet Thursday, la continuación de Cannery Row (el capítulo “What happened in between” pone al lector al día de lo ocurrido a los personajes), el protagonista se enamora y los personajes actúan de otra manera.

  • Yo sólo escribiré sí y sólo si, me deconstruye Calaza, aunque me pegue patadas en el culo que vayan dirigidas a otros.

  • Jo. Acabo de leer el siguiente texto -en voz alta, como debe leerse a los poetas- extraído del patio de recreo de Tareixa , y casi me caigo de espaldas, como la Blanchard. :
    Elegía a María Blanchard de Federico García Lorca

    Yo no vengo aquí, ni como crítico ni como conocedor de la obra de María Blanchard, sino como amigo de una sombra. Amigo de una dulce sombra que no he visto nunca pero que me ha hablado a través de unas bocas y de unos paisajes por donde nunca fue nube, paso furtivo o animalito asustado en un rincón. Nadie de los que me conocen pueden sospechar esta amistad mía con María Gutiérrez Cueto, porque jamás hablé de ella, y aunque iba conociendo su vida a través de relatos originales, siempre volvía los ojos al otro lado, como distraído, y cantaba un poco porque no está bien que la gente sepa que un poeta es un hombre que está siempre ¡por todas las cosas! a punto de llorar.

    ¿Usted conocía a María Blanchard? Cuénteme…

    Uno de los primeros cuadros que yo vi en la puerta de mi adolescencia, cuando sostenía ese dramático diálogo del bozo naciente con el espejo familiar, fue un cuadro de María. Cuatro bañistas y un fauno. La energía del color puesto con la espátula, la trabazón de las materias y el desenfado de la composición me hicieron pensar en una María alta, vestida de rojo, opulenta y tiernamente cursi como una amazona.

    Los muchachos llevan un carnet blanco, que no abren más que a la luz de la luna, donde apuntan los nombres de las mujeres que no conocen para llevarlas a una alcoba de musgos y caracoles iluminados, siempre en lo alto de las torres. Esto lo cuenta Wedekind muy bien y toda la gran poesía lunar de Juan Ramón está llena de estas mujeres que se asoman como locas a los balcones y dan a los muchachos que se acercan a ellas una bebida amarguísima de tuétano de cicuta.

    Cuando yo saqué mi cuartilla para apuntar el nombre de María y el nombre de su caballo me dijeron: Es jorobada.

    Quien ha vivido como yo y en aquella época en una ciudad tan bárbara bajo el punto de vista social como Granada, cree que las mujeres o son imposibles o son tontas. Un miedo frenético a lo sexual y un terror al “que dirán” convertían a las muchachas en autómatas paseantes, bajo las miradas de esas mamás fondonas que llevaban zapatos de hombre y unos pelitos en el lado de la barba.

    Yo había pensado con la tierna imaginación adolescente que quizá María, como era artista, no se reiría de mí por tocar al piano ‘latazos clásicos’, o por intentar poemas, no se reiría, nada más, con esa risa repugnante que muchachas y muchachos y mamás y papás sucios tenían para la pureza y el asombro poético, hasta hace unos años, en la triste España del 98.

    Pero María se cayó por la escalera y quedó con la espalda combada expuesta al chiste, expuesta al muñeco de papel colgado de un hilo, expuesta a los billetes de lotería.

    ¿Quién la empujó? Desde luego la empujaron; ‘alguien’, Dios, el demonio, alguien ansioso de contemplar a través de pobres vidrios de carne la perfección de un alma hermosa.

    María Blanchard viene de una familia fantástica. El padre, un caballero montañés, la madre una señora refinada; de tanta fantasía que casi era prestidigitadora. Cuando anciana iban unos niños amigos míos a hacerle compañía y ella, tendida en su lecho, sacaba uvas, peras y gorriones de debajo de la almohada. No encontraba nunca las llaves y todos los días tenía que buscarlas y las hallaba en los sitos más raros, por debajo de las camas o dentro de la boca del perro. El padre montaba a caballo y casi siempre volvía sin él, porque el caballo se había dormido y le daba lástima el despertarlo.

    Organizaba grandes cacerías sin escopetas y se le borraba con frecuencia el nombre de su mujer. En esta distracción y este dejar correr el agua, María Gutiérrez se iba volviendo cada vez más pequeña, una mano le tiraba de los pies y le iba hundiendo la cabeza en su cuerpo como un tubo de ‘Don Nicanor que toca el tambor’.

    En este tiempo que corresponde a la apoteosis final de Rubén, vi yo el único retrato de María que he visto, y era una criatura triste, no sé de quién, en la que está al lado de Diego Rivera el pintor mexicano, verdadera antítesis de María, artista sensual que ahora, mientras que ella sube al cielo, él pinta de oro y besa el ombligo terrible de Plutarco Elías Calles.

    En la época en que María vive en Madrid y cobija en su casa a todo el mundo, a un ruso, y a un chino, a quien llame a la puerta, presa ya de este delicado delirio místico que ha coronado con camelias frías de Zurbarán su tránsito en París.

    La lucha de María Blanchard fue dura, áspera, pinchosa, como rama de encina, y sin embargo no fue nunca una resentida, sino todo lo contrario, dulce, piadosa, y virgen.

    Aguantaba la lluvia de risa que causaba, sin querer, su cuerpo de bufón de ópera, y la risa que causaban sus primeras exposiciones, con la misma serenidad que aquel otro gran pintor, Barradas, muerto y ángel, a quien la gente rompía sus cuadros y él contestaba con un silencio recóndito de trébol o de criatura perseguida.

    Aguantaba a sus amigos con capacidad de enfermera, al ruso que hablaba de coches de oro, o contaba esmeraldas sobre la nieve, o al gigantón Diego Rivera que creía que las personas y las cosas eran arañas que venían a comerlo, y arrojaba sus botas contra las bombillas y quebraba todos los días el espejo del lavabo.

    Aguantaba a los demás y permanecía sola, sin comunicación humana, tan sola, que tuvo que buscar su patria invisible, donde corrieran sus heridas mezcladas con todo el mundo estilizado del dolor.

    Y a medida que avanzaba el tiempo, su alma se iba purificando y sus actos adquiriendo mayor trascendencia y responsabilidad. Su pintura llevaba el mismo camino magistral, desde el cuadro famoso de La primera comunión hasta sus últimos niños y maternidades, pero atormentada por una moral superior daba sus cuadros por la mitad del precio que le ofrecían, y luego ella misma componía sus zapatos con una bella humildad.

    La vida y pasión de Cristo fue tomando luz en su vida y, como el gran Falla, buscó en ella norma, dogma y consuelo. No con beatería, sino con obras, con grave dolor, con claridad, con inteligencia. Lo más español de María Blanchard es esta busca y captura de Cristo, Dios y varón realísimo; no al modo de la fantástica Catalina de Siena que se llega a casar con el niño Jesús y en vez de anillos se cambian corazones, sino de un modo seco, tierra pura y cal viva, sin el menor asomo de ángeles o milagro.

    Su cintura monstruosa no ha recibido más caricia que la de ese brazo muerto y chorreando sangre fresca, recién desclavado de la cruz.

    ‘Ese mismo brazo fue el que, lleno de amor, la empujó por la escalera para tenerla de novia y deleite suyo, y esa misma mano la ha socorrido en el terrible parto, en que la gran paloma de su alma apenas si podía salir por su boca sumida. No cuento esto para que meditéis su verdad o su mentira, pero los mitos crean al mundo, y el mar estaría sordo sin Neptuno y las olas deben la mitad de su gracia a la invención humana de la Venus.

    Querida María Blanchard: dos puntos… dos puntos, un mundo, la almohada oscurísima donde descansa tu cabeza…

    La lucha del ángel y el demonio estaba expresada de manera matemática en tu cuerpo.

    Si los niños te vieran de espaldas exclamarían: “¡La bruja, ahí va la bruja!”. Si un muchacho ve tu cabeza asomada sola en una de esas diminutas ventanas de Castilla exclamaría: “¡El hada, mirad el hada!”. Bruja y hada, fuiste ejemplo respetable del llanto y claridad espiritual. Todos te elogian ahora, elogian tu obra los críticos y tu vida tus amigos. Yo quiero ser galante contigo en el doble sentido de hombre y de poeta, y quisiera decir en esta pequeña elegía, algo muy antiguo, algo, como la palabra ‘serenata’, aunque naturalmente sin ironía, ni esa frase que usan los falsos nuevos de ‘estar de vuelta’. No. Con toda sinceridad. Te he llamado jorobada constantemente y no he dicho nada de tus hermosos ojos, que se llenaban de lágrimas, con el mismo ritmo que sube el mercurio por el termómetro, ni he hablado de tus manos magistrales.

    Pero hablo de tu cabellera y la elogio, y digo aquí que tenías una mata de pelo tan generosa y tan bella que quería cubrir tu cuerpo, como la palmera cubrió al niño que tú amabas en la huida a Egipto. Porque eras jorobada, ¿y qué? Los hombres entienden poco las cosas y yo te digo, María Blanchard, como amigo de tu sombra, que tú tenías la mata de pelo más hermosa que ha habido en España.

  • RINCÓN DEL ZEN

    Les dejo mi pensamiento mágico de hoy:

    Cuando el dedo señala al imbécil, el imbécil mira la luna.

    Saludos, corazones.

  • 25 de enero de 2015 a las 16:21
    JABOISESELMASGHUAPO
    Hay cosas que verdaderamente no entiendo. No entiendo si se trata de mala fe o simplemente de incapacidad para entender lo que se lee. En ninguna parte de su artículo Calaza dice que las columnas de Alvite fueran buenas.

    Quieta, loca, que a la hora de criticar a Alvite aún no había leído lo de Calaza. Lo haré ahora, con bien y con despacio.

  • 25 de enero de 2015 a las 13:34
    FOLLANDEIRO (SÌ, JODER, FOLLAN D’EIRO)
    PD. Brema, para teatro el de Martin Hallmes )o como se escriba.) A Alvite no hay que leerlo por las columnas sino por las metàforas: “guiso de azafràn gris”, “beso tullido”, “el estado de mi pròximo cadàver me hace tener envidia del estado de mi coche” etc.

    Estoy de acuerdo con lo que dices de Alvite, pero no con lo de Holmes. El estilo de Holmes se adapta a sus personajes, todo unos tipos. Las metáforas de Alvite y demás truquitos son muy buenos, pero cansa ver ese despliegue para hablar de… nada.

  • Yo no leo nada, sólo veo el balonmano y a Greeksman. Y cuando toque, las carreras de automóviles hasta que compruebe en la segunda que a Alonso le han vuelto a poner un errecinco tuneao.

    Estoy muy de acuerdo con la entrada de hoy, ya basta de Pedro Antonio haciendo ñiqui ñiqui pues la realidad es como yo digo ñiqui ñiqui y al otro, al Gremanel ese, que escribe como si fuera un travesti celoso.

  • 25 de enero de 2015 a las 11:30 GÓMEZ
    Pues a servirdor de ustedes se le da que, al menos en determinados temas, el Santo Padre lleva más razón que un santo. ¡Hosanna in excelsis!

    Hombre, es la máxima autoridad en hostias.

  • En Grecia ha triunfado la pretensión de recuperar la soberanía, que nunca perdió, contando con que los alemanes se avengan a perder la suya.

  • Soberanías.-

    Hace tiempo que Grecia decidió meterse en un gran lío apostando por una enorme impostura financiera. Eso fue un producto de su libre voluntad. Pero no sólo eso; soberanamente aceptó las ayudas que recibe, y ahora -en un ejercicio de soberanía, se declama, como si no la hubiera habido antes- no quiere asumir las correspondientes contraprestaciones.

    Lo paradójico del caso, y así se sigue con el cuento, es que para rebajar éstas se fantasea con un supuesto deber de países como Alemania no se sabe si con la historia, o con la solidaridad, o con la verdadera economía, en vez de atenerse al hecho de que los demás países europeos son, y querrán seguir siendo, tan soberanos como Grecia.