54 comentarios

  • Estudié Medicina en una universidad pública: 6+4=10 años. Los 6 primeros fueron la Licenciatura y los 4 siguientes (remunerados) fueron la Tesina, los cursos de Doctorado, la Tesis y la Residencia. Cuando acabé esta orgía, incluido el Servicio Militar, tenía ya 28 años. Corría el año 1984 y recibí en los siguientes años no menos de una docena de ofertas de trabajo. Todo esto fue gracias al entramado de enseñanza pública que se inició durante el franquismo y que durante la Transición se mantuvo y multiplicó. Esta es la realidad histórica, por mas que algunos quieran negar la evidencia.

  • Estos carteles de domingo ¡pecadorl! de la pradera son geniales.
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    Bolaño, gracias por las recomendaciones que trasladaré («amorosamente» quiere decir que es sin gritar, ¿no?), como ya hice con los «Cuentos cuánticos», que nos ha puesto aquí a veces, y he solido leer con gran interés y poco éxito.
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    Mi último párrafo sobre el plan de flexibilización de las titulaciones aprobado en el consejo de ministros. Empecé con el asunto para decir una cosa, aunque luego llegaran otras al guateque, pero a lo mejor como de paso. Por eso quiero repetir la primera. Es MENTIRA que las familias van a ahorrar con las más cortas. Que no lo digan.

  • (El problema es que esa educación pública ya no existe. Esa de los 80 y 90 ya no existe. Ahora haces menos años, y tienes que completar con másters (caros) para que te sirva de algo la titulación.
    A mí la matricula en biológicas me costaba 50.000 ptas. Ahora la matrícula me dicen mis jovencisimas compañeras del FP, cuesta 1600€. A esto le sumamos que muchos de sus padres están en el paro, y que los puestos de trabajo como que no están lloviendo (yo pude ganarme algunas pelillas trabajando los veranos en una piscina), y mucho de lo que se ofrece ahora es prácticamente ilegal (sin el prácticamente) y rozando la esclavitud.
    Tuvimos mucha suerte los que estudiamos en los 80 y 90, pero esa no es la realidad de los jóvenes de ahora, y por eso protestan.
    Bastantes, ni pueden estudiar ni encuentran un trabajo, el que sea que les permita ganar un sueldo aunque sea bajo pero con cierta solución de continuidad (albañiles, camareros, dependientes… Es que hasta esos han desaparecido).
    O sea, que ni estudian, ni trabajan, y encima los padres están en el paro, y en algunas familias se tira de la pensión del abuelo (esas pensiones son las que están aguantando España, a ver si os enteráis). El problema vendrá cuando mueran los abuelos. Y es por eso que esto no puede seguir así, porque al final correría la sangre, de unos, de otros, o de todos.
    Y ahora a todo esto le sumamos la amenaza yihadista, la proliferacion de redes pederastas, y el aumento de la xenifobia, y ya es para partirse de risa de lo bien que va todo.)

  • Los actuales estudiantes de Medicina siguen haciendo 6+4 años, estos últimos remunerados. Tienen la gran ventaja con respecto a mi generación de no tener que hacer el Servicio Militar y que hay casi una plaza MIR por cada Licenciado. En mi época el ratio llegó a ser 1/10, es decir, que solo los primeros números del examen MIR teníamos plaza. Esta es la puta realidad.

  • Sigo con los zapatos. Llevo un tiempo dandome cuenta de que el calzado más robusto e interesante lo venden en una tienda de… ropa para seguridad en el trabajo. Justo todo lo que siempre he buscado está ahí: punteras reforzadas, suelas (verdaderamente) antideslizantes, tejidos impermeables y transpirables, plantillas ergonómicas y diseños deportivos no apayasantes. Mi reciente adquisición, unos zapatos Grisport, suaves como un guante que he probado ayer en los charcos y que dentro de un rato probarán su primera ración de barro, granizo y camino de cabras. Y 70 euracos me parece un precio razonable, después de las últimas estafas.

  • Joder, Perroan, seguimos la misma senda. Yo también me he estado probando calzado de seguridad, pero aún no me ha convencido ninguno.

  • A lo mío.
    He terminado de leer Días de llamas, y quería dedicarle unas palabras por los largos ratos de intensidad lectora que me ha procurado y porque creo que es una buenísima novela. Agradezco al Marqués que la mencionara aquí y aprovecho la ocasión para dar un poquito más la vara al niño Bremanuel pa que LA LEYA, porque espero de él pelos, señales, aplausos y/o bofetones, en una palabra, el juicio definitivo.
    No es que esté muy ducha en la materia (ni en la materia novela ni en la guerra civil, bueno ni en literatura ni en historia en general, pero tampoco en cualquiera de las verdaderas ciencias y menos aún en su prima la técnica, JAJAJÁ). Sin embargo, me preguntaba si mi ignorancia del título era personal o más general y he buscado en el último tomazo de Historia de la literatura española que tengo (y que aún no he leído, JAJAJÁ) más o menos reciente, a ver si.
    Pues sí. Pondré lo que allí se dice («SE» son Jordi Gracia y/o Domingo Ródenas), en un apartado (pp. 766 y ss.) dedicado a la recuperación, en los ochenta y noventa, de autores que habían quedado «al margen de los mecanismos de canonización durante las décadas anteriores». Ahí es donde están, entre otros, Juan Iturralde (José María Pérez-Prat, 1917-1999) y Eduardo Zúñiga. Que ambos alumbran dos de las mejores incursiones narrativas en la guerra civil, y ambas con escenario madrileño, observan. La de Zúñiga son los cuentos de Largo noviembre en Madrid (1980). La de Iturralde, Días de llamas (1979): «… necesitó algunos años para ser reconocida como la magistral novela que es sobre el horror de la guerra».
    Cito:
    «En Días de llamas (título que procede del exergo de Victor Hugo: «Las revoluciones, como los volcanes, tienen sus días de llamas y sus años de humo») se ilustra el terror y la sinrazón que se instalo en Madrid desde el verano de 1936, donde las credenciales de republicanismo eran insuficientes para salvar la vida, en especial para quienes pertenceían a las clases medias, como el juez de instrucción Tomás Labayen que, detenido en una checa, vierte su angustia en un diario. A diferencia del Diario de Hamlet García de Masip, este no es divagatorio y metafísico, sino de un crudo realismo. El intenso efecto de verdad del relato ilumina la convulsión social y las fracturas morales en un cuadro desolador».
    Subrayo «intenso efecto de verdad», de verdad. Y me parece añadir que la mirada del protagonista tiene algo de Mersault, y sobre todo no se presenta a sí mismo desde la inocencia.

  • Perrúa, cojona, las botarracas Chiruca de toda la vida, ahora en hi-tech ouyeah. Me compré unas de goretrés para la moto, he repetido dos veces más (en doce o trece años, tres pares) y no hay absolutamente nada mejor en relación calidad-precio. O sin relación, en pura calidad. Y en la moto ya te puede llover como si cruzaras el Mar Rojo a pie enjuto sin intervención divina, que no calan en la puta vida.

  • Habláis de calzado que os dura cuatro o cinco años. Yo flipo. ¿Lo lleváis a diario? También gasté botas militares, pero esas me duraban aún menos.

    Proc, tendré que leerla ya.

  • Voy a hacer como Satur y pasar olímpicamente de Proc. Me ha llamado “el niño Bremanuel”, como Arcadi hace con “el niño Sostres”. Muy mal, muy mal, me has amargado el domingo. Bueno, no, que vienen mozas a comer y están mucho buenas y tengo mucha ilusión. Pero casi…

  • ¿No hay metraje pirata de la fiesta ruski en casa de Satur circulando por la red? ¿Es que nadie va a pensar en los niños?

  • Creo que les he comentado más de una vez esta anécdota, que me contó el protagonista. Examen de Literatura Española entre los estudiantes de primer curso de Historia. Mi amigo responde todas las preguntas pero se queda bloqueado con Góngora. Momentos de pánico y desesperación mientras comprueba como todo el mundo a su alrededor no deja de escribir. Finalmente le cuchichea a su compañera de mesa para que le chive. Ella le dice que espera hasta que termine. Más minutos de desesperación hasta que lla empieza a dictarle la respuesta: “Luis de Góngora, cordobés. Gran conversador y amigo de sus amigos…”.

  • Gracias, Marqués. Calzo exactamente un 43, pero las Dr. Martens son calzado de macarras moteros. No me dejarían entrar con ellas en el Salón de Té a recitar mis poesías.

  • Me ha gustado mucho su historia de hoy, Gómez. Que casualmente habla de la amistad. Y también me ha recordado una frase que le oí a un psiquiatra: «No enloquece quien quiere sino quien puede».

  • Merc, ¿y la suela? Lo del goretex, la piel de culo de indio o el astracán lo veo muy bien, pero es que yo gasto suela. Necesito suelas resistentes, antideslizantes y troteras.

  • No las conocía, Pirata (las almadreñas sí). El modelo Basi-cop Extreme me ha parecido muy apropiado para patear culos.

    Cómo os gustan a los antisistema los complementos militares, o sea.

  • Je. Las segarra que utilizaban los soldados hace cuarenta años, que eran también las que utilizaba mucha gente de campo en Extremadura, no tenían ese aspecto tan nazi.

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    Que sepan que es un secreto a voces entre las mujeres, aunque a ustedes no se lo confiesen para no herir su vanidad masculina: el Varufakis está cañón. Mejorando lo presente.

  • Y menos de cuarenta, Pirata. Las mejores botas militares eran, sin la menor duda, las de infantería de marina, seguidas a corta distancia de las paracas. En mi unidad, los boinas verdes, nos permitían adquirir las botas que quisiéramos, y casi todos los que disponíamos del dinero necesario nos decantamos por la primera opción. Hoy en día, en las tiendas de supervivencia y/o efectos militares venden auténticas maravillas. El truco está en saber cuidarlas.

  • 1 de febrero de 2015 a las 17:59
    Perroantonio . .
    El Varoufakis no le aguanta ni media hostia al Papa Francisco.
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    Ya, ya. Pero a quién le importa. Sus rendidas admiradoras se conforman con que aguante otro tipo de sesiones enteras. Y no me refiero ante un miembro de la Comisión.
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    Gómez, ¿segarra de infantería de marina?

  • No. Segarra “tres hebillas”. (Antes, creo, “dos hebillas”) Y los zapatos “de bonito”. La tienda Segarra, por cierto, estaba en la calle Pelayo, si mal no recuerdo.

  • Próximas entregas
    Mañana Lunes: El anarquista enamorado. 2. El Druida y el bioma capitalista, del señorito Claudio Sífilis. (No entiendo como eligen ustedes los seudónimos. Con lo bonito que es llamarse Clarín o Stendhal).

    Miércoles: Silencio, de Juan Ramón Rodriguez, otro caballero al que agradecemos que se haya animado a compartir sus escritos en este Fanzine.

    Viernes…

  • 1 de febrero de 2015 a las 22:27
    PERROANTONIO
    Pirata, Brema, ¿habéis visto la foto de Arda Turan, el del Atlántico, con la famosa foto de la tarta de la bota? Me refiero a la foto “no recortada”, la que no hemos visto estos días en la prensa. ¿Bonita, no?

    Ya sé de qué me voy a disfrazar este año.

  • No había he visto ni la cortada ni la recortada, Perro. El Turco es un grande, uno de esos jugadores que los aficionados al fútbol no olvidamos, atlánticos o lo que seamos. Como no olvidamos a Z. Zidane.

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    En el NJ parecía que no era nadie quien no hubiera visto las entrevistas de un periodista patrio a ciertos escritores. Me hacía mucha gracia, porque era un remedo hispánico de los Apostrophes de Pivot y porque, en todo caso, ese “intercambiarse” cromitos siempre ha merecido todo mi desprecio. Viene esto al caso porque estos días atrás, se recordaba entre unos intelectuales afincados en Ginebra la histórica entrevista de Pivot a Nabokov. Una auténtica bestia literaria, y un soberano engreído. Pero hay otra entrevista de Pivot, la que hizo cuando se desplazó al culo del mundo, Maine, para hablar una sola hora con Yourcenar. Enorme cabeza; al menos tan tímida como N., pero mucho más generosa e inteligente. También septuagenaria ya, como N. cuando le entrevistaron, también sobradamente reconocida a esas altura, pero capaz de dejar de recitarse a sí misma. Ésa, no se la pueden ustedes perder.