Serenata de plomo [Una novela de duro] · Epílogo 1/2

SerenatadePlomoEPILOGO

CACHARRAS, PISTOLEROS Y ANACRONISMOS (O EL EPÍLOGO DEL LISTILLO) /1

Por Martin Holmes.

Ace Bullet duerme poco y observa un régimen riguroso de whisky indecente y puñetazos secos y contundentes como coces de percherón que le atizan los matones en lo alto de la cresta que aparentemente no le afectan a su discernimiento, pero que, a la larga, le han provocado un par o tres de secuelas incontestables que son la de mirar el mundo como a través de un cristal esmerilado, sucio y roto y la de interpretar con laxitud el paso del tiempo. Por Ace Bullet no pasan los años porque es un Peter Pan borrachuzo y putañero que refrenda alegremente aquella sentencia de don Camilo José Cela que decía: desengáñese, el que es joven lo es para siempre. Bullet sitúa el principio de su aventura en el negocio de las botellas de jarabe en el año que sucedió al final de la guerra, cuando regresaron los chavales con sus cascos prusianos y sus gonorreas, y la acaba haciendo referencia a la venta de las Series Mundiales de béisbol por parte de los White Sox de Chicago, pero en el medio anota la guerra italoirlandesa, el atentado a Johnny Torrio, el asesinato de Dion O´Banion, la jubilación forzosa de Anselmi, Scalise y Giunta y la Matanza del Día de San Valentín.

La Primera Guerra Mundial acabó cuando el Káiser se escapó a Holanda y la nueva república alemana firmó el armisticio de Compiègne en noviembre de 1918, con lo que un año después sería el final de 1919 y la Ley Seca no entró en vigor hasta enero de 1920. Hemingway regresó a Oak Park en 1919 y fue, como le asegura Fred Pasley a Bullet, una celebridad local que dio conferencias en los institutos sobre sus experiencias en la guerra convenientemente exageradas y concedió entrevistas al Chicago American, al Kansas City Star y al New York Sun. En el Instituto de Oak Park enseñó sus pantalones con sangre incrustada, una máscara de gas y un revólver del ejército austriaco. Una estudiante de secundaria se desmayó y le dieron sales. Su capital de regreso consistía en una recomendación para la medalla italiana del valor (ni que los italianos supieran qué diablos era eso), mil cuatrocientos machacantes con los que le indemnizó el seguro por sus heridas y una catadura de héroe autorizada por los treinta fragmentos de metralla que le extrajeron de las piernas después de recibir su parte de un proyectil austriaco en Fossalta di Piave. Al año siguiente empezó a trabajar de reportero independiente en el Toronto Star Weekly y en el Toronto Daily Star, publicaciones a las que estuvo vinculado hasta 1924. A Hemingway le gustaban los canadienses porque decía que si le soltabas veinticinco centavos de propina a un camarero te daba las gracias y no llamaba al matón. Pasley tiene razón cuando le dice a Bullet que Hemingway repartió regaliz en el frente, porque no pudo combatir como soldado por un defecto en el ojo izquierdo y se enroló de voluntario como conductor de ambulancias de la Cruz Roja. Para esa época ya era más embustero que un pescador y contaba a cualquiera que tuviese un rato para escucharle que había tenido un asunto con la actriz Mae Marsh, la estrella de la película “El Nacimiento de una Nación”, y que se había tumbado encima de la espía Mata Hari, pero que la encontró un poquito cargada de caderas. A la Mata Hari, que espió poco y mal y cuya habilidad principal fue enseñar el parrús en los cabareses, la fusilaron en Vincennes en octubre de 1917, un año antes de la comparecencia de Hemingway en Europa. Principiando los veinte Al Capone estaba recién llegado a Chicago como gorila de confianza de Johnny Torrio el Cerebro y solo alcanzó el generalato de la Unión Siciliana cuando Hymie Weiss, que era un polaco medio beato y un asesino psicópata, Vincent Drucci el Intrigante y el Piojo George Moran acribillaron a su jefe el 24 de enero de 1925 y le acertaron en el pecho, el brazo y el estómago en venganza por el asesinato de Charles Dion O´Banion, el patrón indiscutible de los irlandeses de la Banda de la Parte Norte. Torrio le cogió prevención al plomo administrado en píldoras y dejó el predio en manos de Capone, con lo que se puso de baranda seis años después del final de la guerra. Dion O´Banion era abstemio como un pagano, antiguo monaguillo de la catedral del Santo Nombre, ambidextro y cojo del jamón izquierdo porque de niño le atropelló un tranvía. Tenía una floristería en el 738 de la calle North State y la costumbre de llevar encima tres revólveres: uno custodiando su huevada, al norte de su pantalón, otro en el sobaco izquierdo para desenfundarlo con la derecha y otro en el bolsillo exterior de su chaqueta. A Dion O´Banion seguramente le mataron Frankie Yale, Albert Anselmi y Johnny Scalise el 9 de noviembre de 1924, de seis tiros que le repartieron de la siguiente manera: dos en el cuello, dos en el pecho y dos en la cara. Sus funerales inauguraron las fastuosas pompas fúnebres de la mafia y dejaron a una boda zíngara a la altura del bautizo de un noveno hijo: no se ahorró un penique en plañideras, flores, monaguillos y concejales, su cuerpo fue expuesto durante tres días en el escaparate de la funeraria Sbarbaro, propiedad del fiscal adjunto del estado de Illinois, dentro de un ataúd de diez mil pavos rodeado de cuatro candelabros de oro y al cortejo que le llevó a su última morada umbría en el cementerio de Mount Carmel le siguió un escuadrón de la Policía Montada, el alcalde de Chicago William Emmett Dever llorando como un mocoso, veintiséis camiones cargados con cincuenta mil machacantes de flores recién cortadas y la Orquesta Sinfónica de Chicago. Albert Anselmi y Johnny Scalise eran conocidos como Los Gemelos del Crimen y formaron una patrulla letal a las órdenes de Capone hasta que empezaron a pensar por su cuenta y los mataron en mayo de 1929. Aunque Lola la del Lunar le dice a Bullet que son napolitanos, ambos eran sicilianos, uno de Marsala y el otro de Castelvetrano, y fue creencia del callejón que Capone los despachó personalmente a los postres de una cena rompiéndoles la cabeza con un bate de béisbol cuando descubrió que estaban conspirando, en asociación con Joe Giunta y Joe Aiello, para hacerse con el barandaje de la Unión Siciliana. Hemingway partió a París para comer caracoles en diciembre de 1920 a bordo del “Leopoldina” (nombre de resonancias a Joyce, como escribió Anthony Burgess) y fue por primera vez a los sanfermines en 1923, donde vio torear a Freg, Márquez, Villalta, Joselito Martín, Maera, Gitanillo de Ricla, Rosario Olmos y al Algabeño. A Hemingway le recomendó visitar Pamplona Gertrude Stein, la golfa medio lesbiana que suda dólares como Bullet vierte mierda. Hemingway, por cierto, conocía de primera mano los pesebres de Chicago y en el Toronto Star Weekly escribió algunos artículos sobre el asunto (“El salvaje oeste: Chicago” y “Chicago bebe más que nunca”, que pueden leerse en español en el volumen “Publicado en Toronto. 1920-1924”, editado por Planeta en 1987). La Matanza del Día de San Valentín se perpetró el 14 de febrero de 1929, en una mañana en la que los termómetros señalaron cinco grados bajo cero, en un garaje del 2122 de la calle North Clark que servía de almacén de bebidas a la banda irlandesa de George Moran el Piojo, heredero de la pandilla irlandesa después de la muerte de O´Banion. Seguramente, el capitán de la patrulla de liquidación fue Jack Metralleta McGurn, del que no se sabe si llevaba pistolas con cachas de serpiente. McGurn era siciliano de Licata, antiguo boxeador y medio dandy en el vestir al estilo hampón de combinación de colores y corbatas anchas de padrino de boda calé que hoy le dicen los modistos moda vintage y las madres hortera. Una vez le cortó la lengua a un menda con una navaja y le mataron tres pistoleros en una bolera de la avenida Milwaukee en febrero de 1936. En la masacre de San Valentín liquidaron a los dos hermanos Gusemberg, a John May, a Adam Heyer, a Albert Weinshank, a Jimmy Clark y al doctor Reindhardt H. Schwimmer, médico optometrista. Los Gusemberg eran chorizos y asesinos, antiguos huéspedes del penal de Leavenworth; John May era un formidable sembrador que tenía que dar de comer a siete pendejos y hacía apaños de mecánico a los contrabandistas irlandeses; Adam Heyer era ladrón y estafador y tenía tres alias; Weinshank tenía tascas ilegales y James Clark era atracador de bancos y experto tirador de pistola y rifle. El doctor Reindhardt H. Schwimmer, médico optometrista, era de esa clase de imbéciles a los que les gusta que les vean con los hampones para chulearse delante de las chavalas y pasar por tíos un poco granujas. Aplíquense el cuento, botarates, por si les da por pasar por canallas y sigan mi consejo y manténganse en la clase media antes de que se metan en un embrollo. El Piojo Moran se libró por el canto de una moneda de medio pavo y volvió a su antiguo oficio de asaltante de bancos. Murió de cáncer de pulmón en la prisión de Leavenworth dejando a la posteridad cien dólares miserables que no le llegaron para un entierro decente y le dieron tierra de mala manera en el cementerio del trullo sin flores ni concejales. Los White Sox vendieron las Series Mundiales en 1919 porque sus estrellas (Eddie Cicotte, Joe Jackson el Descalzo, Arnold Gandil el Pollo, Buck Waever, Oscar Felsch el Contento. Freddie McMullin, Claude Williams el Zurdo y Charlie Risberg el Sueco) consideraban que el patrón del equipo, Charlie Comiskey, era un tacaño miserable que les pagaba dos perras. Amañaron una derrota contra los Reds de Cincinatti (que bonito es Cincinatti) cuando tenían los pronósticos a favor y cobraron las apuestas por el intermedio de jugadores fulleros comandados por el trilero Arnold Rothstein el Barajador, un judío zurdo de las dos manos que acabó muerto de peritonitis por una bala que se le complicó en el estómago en 1928. La complicación se la metió un matón llamado Hyman Byller, que trabajaba para el coimero George McManus, por cuenta de un cañón de cuatrocientos mil pavos que palmó Rothstein en una timba tan limpia como un charco que jugó con Black Jack Bernstein, el Gran Titanic Thompson y Nate Raymond el Negro, burlangas notorios con mangas de ida y vuelta. La prensa destapó el arreglo un año después y los siete fulleros fueron expulsados de las ligas profesionales sin que les importase media mierda, porque se jubilaron con las petacas rebosantes. Los White Sox eran, junto a los Cubs, los dos equipos de pelota base de Chicago y Capone seguía a ambos y se hizo una foto con el receptor de los Cubs Gabby Hartnett, que le regaló una pelota dedicada.

Toda esta verbena de fechas cubre con desahogo una década entera que desbarata la secuencia que dibuja Bullet sobre su calendario encogido y que es la siguiente: Bullet recibe el encargo del doctor Clarence Edmonds Hemingway, va al Nitty Gritty, se entrompa y escribe un telegrama, con lo que rinde un par de jornadas. Después visita la Taberna de los Doce Picheles y le atizan una zurra, se encuentra con Hemingway en Rat´s Paradise, se entrompa de nuevo y le amanece la resaca tumbado al lado de Molly Malone, con lo que ha hecho el tercer día, que lo emplea en dejarse disparar por Crazy Horse Ryan, maltratar a su bazo, recibir otra zurra del Jefe Nimbus e ir a mear grosellas a la Cámara de Comercio. Luego se pasa tres días en el Si-Fan, haciendo una escena onírica, regresa al Nitty Gritty y le dispara todo el mundo, huye a Rat´s Paradise y prepara una excursión al campo. Van seis días, y gasta otro par en llegar a Nitroglycerine Creek, pasa una jornada rural con la familia Knee y cumple otros dos en regresar a Chicago, en donde le meten un balazo que le convierte en concertista de viento. Aproximadamente se ha pulido diez días en palizas, trompas y frases chulas y suma una semana más convaleciendo en el gimnasio de Johnny Uno Dos. Un mes después se atreve a ir a su oficina, le da una paliza a un vendedor de salchichas y se instala de gorra con Me Llaman Philly y el Isleño, habla vagamente de un par de trabajos y es de suponer que no rinde mucho más tiempo de otro mes siendo el tercero en discordia, hasta que le visita McGurn, el hombre poco ambicioso, descubre que no se ha enterado de la mitad de la misa y se compra un par de calzoncillos que no pican. En menos de tres meses le caben los acontecimientos de una década porque tampoco se va a detener en mirar almanaques y con su costumbre de mezclar puñetazos y whisky malo no está para echar cuentas. Bullet, como todos los hombres que vamos a dejar posteridad, es despreocupado con el paso del tiempo por considerarlo una medida para ordenar las lúgubres existencias de los que no van a dejar recuerdo. Si usted está pendiente del calendario, amigo, tenga por cuenta que su vida no vale un chavo y cuando la diñe, con suerte, le recordará su parienta un par de días o tal vez tres y después irá a consolarse con el primer tío que la saque a bailar.

Sobre el elenco de comadrejas (y además de Torrio, McGurn, O´Banion, Anselmi, Scalise y el Piojo Moran), hay refrendo documental de la existencia de Freddy Goetz el Cerebro, Tony Accardo y Claude Maddox el Elegante, los comedores de gambas del Hotel Hawthorne. Fred Goetz, alias el Cerebro y alias Disparo Ziegler, fue un héroe de la Primera Guerra Mundial que obtuvo la medalla al valor como piloto de las Fuerzas Aéreas y de vuelta a casa se dedicó a mitigar a balazos la competencia de Capone hasta que se le pegaron las manos en doscientos mil pavos del jefe y le acabaron en el restaurante Minerva en marzo de 1934. Tony Accardo, alias el Patón y alias Joe el Bateador, sobrevivió a la era colorista de Capone y llegó a ser consejero de Sam Giancana el Cigarro. A Sam Giancana le decían también Momo, le quiso envenenar un puro a Fidel Castro y barrenó en los mismos boquetes que JFK. James Ellroy le saca mucho en sus novelas, que esas sí que son buenas. Claude Maddox el Elegante, alias John Moore, fue el cabecilla de la banda del Café del Circo, que fue un vivero de ratas mugrientas del que salieron McGurn, Accardo y Tony Capezio el Duro y que formaron, más adelante, el equipo de derribo de Capone. Maddox el Elegante y Joe el Bateador no la diñaron en la brecha y murieron del natural como si fueran notarios. No está demostrada la existencia, sin embargo, de Crazy Horse Ryan, el Susto y Emil el Llorón, ni de la banda del Lunes de Pascua que palma en el Nitty Gritty, ni de los tres barítonos algo inoperantes de la Taberna de los Doce Picheles. De dicha tasca tampoco se ha guardado recuerdo, aunque sí existió la Barbería de los Veintiún Picheles, propiedad de Amato Gasperri, al lado de la avenida Wabash y cerca del Club de los Cuatro Doses. Amato Gasperri era calvorota y un poco tímido y guardaba una jarra para el jabón con el que afeitaba personalmente a Johnny Torrio y a Al Capone. El pasadizo subterráneo por el que escapa la Banda de la Zarigüeya cuando los grasientos echan abajo el Nitty Gritty, dice Lola que es una de las catacumbas de escape del infame doctor Holmes, asesino depravado que mató a quinientas personas durante la Exposición Universal del noventa y tres. Bullet asegura que Holmes es un cuento de viejas, pero en realidad existió, se llamaba Herman Webster Mudgett y era metodista. Mudgett estudió medicina y se dedicó a estafar a las compañías de seguros por el medio de mangar cadáveres, desfigurarlos y hacerlos pasar por víctimas de accidentes. En 1886 puso una farmacia y asesinó a su casera y dos años después construyó un hotel en Chicago mirando de sacarle rendimiento a la Exposición Universal que iba a inaugurarse en 1893. Era una construcción en forma de castillo con setenta habitaciones que llenó de pasadizos secretos, cámaras de tortura y cuartos insonorizados. Se hizo llamar Henry Howard Holmes y mató a más de cincuenta turistas a los que antes les hizo firmar seguros que le beneficiaban. Disolvía los cadáveres en ácido sulfúrico y tuvo un empleado temporal al que pagó treinta y seis dólares por desmembrar tres cuerpos. Al pobre doctor Holmes, asesino estrafalario y lector de Boecio, constructor imaginativo e inspirador de la arquitectura burdelaria del quicio de carretera que levanta castillos como los de Camelot para que cabalguen los camioneros, le colgaron en Filadelfia en 1896.

75 comentarios

  • Me cago en la puta. Me lo he leído del tirón y a toda hostia, y al llegar al final he estado a punto de volver al principio a darle otra vuelta.

    Cuando salga a la venta me pienso comprar la edición cara, la de tapas forradas en piel de polla de indio y hueco en las páginas para meter la Derringer.

  • Tremendo.

    dice Lola que es una de las catacumbas de escape del infame doctor Holmes, asesino depravado que mató a quinientas personas durante la Exposición Universal del noventa y tres. Bullet asegura que Holmes es un cuento de viejas, pero en realidad existió, se llamaba Herman Webster Mudgett y era metodista.

    Esto sale en la serie Whitechapel. Mola.

  • 12 de febrero de 2015 a las 21:00
    PERROANTONIO
    Lo malo es que ya sólo te quedan dos y te queda una peña del carajo. O restringes la lista a muertos después de los años 50 o a ver cómo das hachazo a una lista que incluye a Antonio Machado, Blas de Otero, Miguel Hernández, García Lorca, algún Panero, Ángel Gónzález, Salinas, Aleixandre… (Eso restringiéndolos a españoles en sentido geográfico-idiomático y olvidando a hispanoamericanos y a los escritores de lenguas vernáculas).

    Ahí está la gracia, en restringir. Por otro lado, he leído poca poesía y soy más bien cazurro, o sea prosaico. Proc me amenazó con acuchillarme con una tilde si no incluía a Machado, así que es el cuarto. Falta un quinto y os lo dejo a vuestra elección.

  • Me rindo a sus pieses señor Holmes. Ace Bullet merece (y pido más capitulos de balancera ) otras entregas más. Usted tómese su tiempo, que tiene aquí rendidas admiradoras de su prosa.

    (Gata no empuje, a la cola con su chof y chof)

  • Disolvía los cadáveres en ácido sulfúrico

    Ésto salía en Breaking Bad.
    ***
    Olmos me ha recordado mi paseo por Sicilia: Marsala con su vino y su barroco español espléndido. Castelvetrano con sus olivas y la iglesia normanda de la Santa Trinità (cerca de Selinunte y su acrópolis) y Licata cerca de Agrigento con sus monumentales restos arqueológicos y tremendos templos griegos.
    ¡¡Ayyyyyy!! Quiero volver a Siciliaaaaaa

  • Perdón Sita Bellpuig!
    Me se ha olvidado poner una r en mi dirección de correo y tengo el comentario en moderaçao…si fuera o fuese usted tan amable.
    Gracias mil, Sita.

  • Hoy viernes 13, en efecto. Y mañana San Valentín. Puedes por tanto descuartizar hoy a tu novia con una sierra mecánica y mañana mandarle unas flores. Cuarenta y ocho horas a tope. O veinticuatro. O las que sean.

  • “Tu comida se va a poner más buena”.
    Siempre he sentido un poco de reparo al utilizar el “bueno” para describir la comida. Es más, nunca lo utilizo.
    Soy de la escuela de Arguiñano y utilizo el “Está rico” o “es más rico”, porque el usar el “más” delante de “bueno”, me crea confusión y no sé si me expreso bien diciendo “más bueno” en vez de “mejor”. Ya sé que es correcto decirlo cuando se quiere expresar bondad o gustoso/apetecible, pero me cuesta..y sólo quería decirlo aquí, para que ustedes lo sepan.
    Sólo eso.

  • 13 de febrero de 2015 a las 10:10 bremaneur

    Falta un quinto y os lo dejo a vuestra elección.

    Como en esa película que no me acuerdo como se llama y que también es una novela, un rollazo de novela del copón, la leí de más mayor y era para haberla leído de mucho más pequeña, que ella está ahora en América y es rara porque tiene un pasado, que qué le ha pasado, qué le va a pasar, que es una polaca del gueto de Varsovia y también colaboracionista, pero le trincan y le meten en un campo de concentración con los dos hijos que tiene y le preguntan que a cuál quiere que salven. Para matar al otro.
    ¿EH?
    ¡A CUÁL!
    Cómo va a vivir luego EYA dessspuésss.
    Tenemos más poetas buenos que piojos un piojoso. Dile tú a un piojoso que se quede con uno solo de los pedículos de su pediculosis.
    ¡DÍSELOH!

  • Ayer compré en Amazon un CD de Pat Metheny (la música de Steve Reich 1965-1995) y me sorprendió ver precios desde 100$ a 1000. Es cierto que se trata de una pieza de coleccionista, pero observo que ya empieza a pasar con los CDs como con los libros viejos, hay una sosprendente diversificación en los precios..

  • 13 de febrero de 2015 a las 09:17
    holmesss . .

    A propósito de los gatos, Gacho y Perroantuan, así acaba Tristes trópicos:
    Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y que exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible permanecerá, mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación —a falta de recorrerlo— procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de desprenderse y que consiste —¡adiós salvajes! ¡adiós viajes!— durante los breves intervalos en que nuestra especie soporta suspender su trabajo de colmena, en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato.

    Cómo escribía de bien L-S. Infinitamente mejor que muchos novelistas de su generación.

  • 13 de febrero de 2015 a las 09:23
    MERCUTIO
    Cuando salga a la venta me pienso comprar la edición cara, la de tapas forradas en piel de polla de indio

    Cuando me haga la circunscripción ya te guardaré un cacho en un bote de formol.

  • Como lectura de este amoroso fin de semana les voy a recomendar “Cartas de amor de hombres ilustres”.
    Sí, porque los hombres ilustres también se han enamorado, han siso moñas (algunos más que otros) y han escrito moñadas. Aquí les dejo un fragmento de una de las cartas de James Joyce a Nora Barnacle, que deja en ridículo a las 50 sombras esas que tanto están de moda:
    “Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta a una puerca, glorificado en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto..
    ¡¡Qué romántico!!

  • En lo respective a esto de la higiene de los cuartos traseros femeninos, cuando yo leía los artículos de las revistas de psicalipsis embrutecida recuerdo una entrevista a TT Boy en la que hablaba de cuánto le gustaba… en fin, hasta aquí puedo leer.

  • Sigue la absurda controversia sobre si es bueno para salud o no beberse un par de copas de vino al día. No hay una respuesta universal para tal cuestión, pero baste saber que se puede beber una botella diaria y tener una salud perfecta para disfrutar de los estímulos intelectuales, gustativos y sexuales del vino. Eso sí, no se puede beber mas alcohol (no al atracón) y hay que mover el culo, ya saben a lo que me refiero.

  • El otro día me encontraba entre dos personas y di en reparar en que, por comparación con la halitosis del otro, el hedor a axila de uno de ellos parecía bien. Ya lo dijo el gran Eisenstein: «aunque tus arcadas te parezcan absolutas el mal olor es relativo».
    He estado buscando un libro que tengo de cartas de amor porque creo que es el que dice Bonnie. Las recuerdo todas malísimas menos las de Robert Browning y Elizabeth Barrett, me parece, que no lo he encontrado y a lo mejor estoy inventado. Luego he pensado que es normal que sean malas porque son reales.

  • Respirar es letal, por la oxidación. Hay un personaje de una novela de Landero que es una vieja que vive sentada en una silla concentrada para no mover un músculo y así no gastarse. Me parece un buen epítome del tema. Exagerado, eso sí, como aplicar un microscopio, pero los científicos también lo hacen.
    Escribe Sergio Campos: «La exageración no deja de ser la prima hermana de la mentira»*.
    Lo estoy pensando.

    *Porque he insistido pinchando por todas partes, que si no no encuentro el artículo de Revista de Libros al que se accede por la fotografía. Sergio Campos, ponga un enlace como es debido para los funcionalmente diversos, que somos una mayoría.

  • Señor MGaussage, me gusta su blog pero no lo entiendo. ¿Qué significan las «notas»? Y acabo de descubrir que tiene fotos pero solo salen si le das a «Inicio». (No soy yo, no soy yo, son ellos…, me digo).

  • Sra. PROCURO, me alegra que le guste el blog. Cualquier elogio de uno de los paladares refinados que pululan por ChopSuey cuenta mucho.

    La cifra que aparece en las Notas es el número de veces que alguien hizo reblog o like a las entradas (en Tumblr vienen a ser los RT y los FAV de Twitter).

    Cuando lo empecé tenía la intención de escribir mucho y poner alguna fotografía, lo que demuestra que me conozco poco. Cuando me ofrecieron enlazarlo desde ChopSuey pedí que lo hicieran a la sección en la que aparecen los textos. Si no fuera así habría que revolver mucho para encontrarlos.

  • [0] Jo con Holmes. Tiene que haber un modo convincente de convencerlo para que sigua escribiendo indefinidamente para el fanzine, como amenazarlo de muerte o secuestrarlo y obligarle a escribir bajo intimidación de leerle El Capital de Karlangas Marx traducido al catalán.

    Me ofrezco de sicario. O de lector, que así aprendo catalán del güeno.

  • 13 de febrero de 2015 a las 17:50 mgaussage

    Haciendo caso a Proc: verle su blog y saber que ha hablado de culos y que publica algunas imágenes artísticas me ha interesado. Salud (con dos copas de vino mejor).

  • (Pues yo prefiero media botella de vino (como la que acabo de calzarme) que un lexatin, por ejemplo.
    Ha sido una semana tensa (y lo que me queda), y ahora me ha dado por un crianza de Rioja, “monólogo” se llama. Yo no entiendo de vinos, pero éste me vuelve loca.)
    Y mañana San Valentín!, lo que me faltaba: sábado y San Valentín, mon dieu quel horreur!!)

  • Con el permiso de la señorita Bellapuig:
    INICIO DEL JUEGO FLORAL EN HONOR A SAN VALENTIN.
    -Aqui me tenéis, llevando mi amor a rastras cual toro muerto de seiscientos sesenta y nueve kilos.

  • La posibilidad de que un fiscal presente una querella porque, no sabiendo inglés, confíe más en la versión de Google Translator que en la de un traductor jurado me llena de congoja y aumenta exponencialmente mis ganas de cachondeo. En verdad en verdad os digo que la mayor parte de nuestros problemas como sociedad se originan en la desidia y la incompetencia, en la gente que no hace bien su trabajo.

  • (He estado más de dos horas sin internet! Creo que ha sido culpa de movistar. Casi me da algo)
    ————————
    (Jo, Procu, que ya había empezado.
    Veo que les había supuesto (erróneamente) de un entusiasta y espontáneo espíritu lúdico de equipo del que carecen. No así de la capacidad de escribir los versos más tristes y a la par más cachondos con métrica y sin rima, que de eso sí tienen. A mí no me la dan.
    Me pareció una actividad divertida a la par que reconfortante, pero ya veo que no es secundada.
    – No soy más que una maruja obsoleta presta a suplicar caricias de no importa qué manos, que me lleven a las tuyas.

  • No había entendido. Tus versos son muy difíciles y no me noto al nivel, pero doy palmas y te estribilleo:

    Por San Valentín
    me compro un batín
    en el Corte Inglés,
    ¿ves? Venga, Gata,
    saca tu bata
    de cola sin fin.

  • (¡No, no, no!, mejorando, mejorando):
    -Estrecho su retrato con frenesí, mientras él, desenfrenado, estrecha siempre a otra acordándose de mí.
    -Y ya me voy a todas las mierdas a las que me habéis enviado, sosainas, depravados.
    (Mira, este ha sido el mejor)

  • El día que por vez primera nos vimos, nos citamos, quizá escondidos, posiblemente culpables, en todo caso excitados, habría escrito barbaridades en las paredes de las lonjas, de los juzgados, de las casas de socorro, en el pavimento de las calles y desde luego en la arena de la playa y en la roca en la que te tumbaste, levantando la falda, despacio.

  • Yo no sé dónde viven ustedes, pero yo vivo rodeada por la megafonía del pueblo y ahora mismo estoy rezando: Virgencita, Virgencita, envía al ejército para que acabe con el Carnaval rápido y por las malas. Es todo, Virgencita.

  • Goytisolo explica en uno de sus libros que Cela visita París y le pide una cita con Sartre. Algo extrañado, la gestiona con su amigo. El día en cuestión Cela aparece y le dice: espera, que ahora llega el fotógrafo.
    Ahí Cela se queda sin cita.
    Supongo que el libro de Morán es un largo inventario de maldades como ésta.

  • (Seria bonito que la Bellapuig entregase un abanico de palabras con las cuales habría que escribir un párrafo, o una frase. Tendrían que ser palabras típicas de la poesia relacionadas con el amor, por ejemplo qué sé yo: ausencia, palabra, piel, manzano, asfalto y palangana. Y entonces, los que no estemos follando como maníacos, a falta de otra cosa, ligar un escrito.
    O eso, o también podemos (seee) ponernos a estudiar el teórico-práctico final del lunes.)

  • La Casa del marqués ha hecho hoy una importante compra institucional en Lolita’s Art. En concreto se ha hecho con cuatro piezas de diferentes artistas (del hambre) dedicadas a los músicos siguientes, todos ellos muy del gusto del señor marqués: Johny Cash, Adriano Celentano, Pedrito Rico y Pink Floyd. Éste último se donará en depósito vitalicio a nuestro fan oficial de tan fementido grupo, cuyo Lp Animals es objeto de homenaje en la pieza adquirida.

  • 14 de febrero de 2015 a las 16:03 Procuro fijarme
    Goytisolo

    Hablaba precisamente con mi librero este mediodía del libro de Morán, sin haber abierto el periódico todavía y ver al Goytisolo, y comentando su, la de GM, laudatio de Aub, le recordé que si había que comenzar ahora a reivindicarlo, no hacía mucho me había vendido un libro de aforismos del ‘valenciano’. Dicho y hecho, me sacó el librero de la caja un recién llegado estudio sobre exilio republicano y judaísmo bastante centrado en Aub que me ofreció a buen precio (y descuento) y que le adquirí con curiosidad.

    Hablando de Goytisolos, y como buscaban poetas el otro día, no es que proponga a José Agustín, para más ‘raros’ como los ya citados con Jaime Gil de Biedma y Leopoldo Mª, no incluyendo por descontado glorias indubitables como D. Antonio, tendríamos un panorama bastante apañado.

  • He leído dos veces Winnie the Pooh, una por cada hijo. La última, hace un par de inviernos en Roma, todas las noches cuando terminábamos de cenar. Humor inglés, del fino. Hay pocos libros que me hayan arrancado tantas carcajadas (a ellos también). Por la peli no he pasado, ya conocen usted mis prevenciones con el medio. Si ella tiene menos de 12 años y no lo ha hecho todavía, Gómez, lea la novela con ella y nos cuenta.