Nada de nada

Nada23
Por Mortimer Gaussage.

Pensar en la nada y no pensar,
es la misma cosa.
– Nicolás de Malebranche

La nada posiblemente no tenga ningún interés, lo cual no sería para nada sorprendente, aunque resulta llamativo cuantas vueltas le damos a cosas sin importancia. Oscar Wilde dejó constancia de la tristeza que le provocaba la creciente dificultad de encontrar información verdaderamente inútil, así que seguramente sus lecturas debían de limitarse a libros de cocina y bricolaje. Pienso que hoy, con Internet, se quejaría de lo contrario, aunque también puede ser que se pasase el día reenviando por Whatsapp fotos de gatitos y pollas. Es lo que tiene imaginar, que todo se presenta como posible y te acaba entrando el vértigo de elegir. Hoy, para regocijo de Wilde, la mayoría nos dedicamos a la producción de cosas e ideas anodinas, afirmación que dejo caer pero sin señalar a nadie con el dedo, aparte del tipo del espejo. El reverso de esta actividad incesante es que llevando al límite lo banal, que es lo vano e insustancial, uno en ocasiones y sin querer se topa de bruces con la nada, como cuando sales a buscar setas y encuentras Rolex, y acabas planteándote si aquello es un hongo más o viene siendo lo que se llama una singularidad. Es decir, la duda de si la nada es el súmmum de lo inútil o un tesoro.

Uno, que es poco leído, se enteró recientemente de que Flaubert, a quién el Señor tenga en su Parnaso Hall of Fame, desistió de escribir un libro sobre nada. Además de una pena, porque algo podríamos haber aprendido, que la nada se le haya resistido a Don Gustavo es mala noticia. Es indicio de que algo tiene que se escurre y escapa de entre las manos como el agua, que, también banal, igualmente merece nuestras atenciones y bendiciones. Quizá sea precisamente eso, que la nada y el agua necesitan una cierta distancia, un impreciso desafecto para tenerlas en foco. Acercarse hace que se escabullan, como cuando de lejos miramos la montaña y al acercarnos jubilosos nos encontramos con que allí sólo hay una cuesta arriba. Si a tipos como el francés les resulta imposible pillarle la distancia a la nada qué vamos a hacer los mortales.

Laforet, ella sí, escribió una novela con ese nombre. Yo no sé si Nada es una novela sobre nada, que podría serlo, o una novela sobre lo mismo de siempre, que al fin y al cabo es un vacío y viene a ser una nada pequeña, doméstica, de zapatillas, brasero, café de recuelo y mañana vuelta a empezar. Como de la nada sólo se puede hablar desde fuera más me inclino a pensar que Doña Carmen escribió pensando en esa nada que se extiende ante nuestros ojos cuando, en los días tristes, nos da por mirar al frente. Una novela sobre esas ocasiones en las que el tiempo futuro nos abruma y acabamos pensando que lo poco que llevamos dentro no nos alcanzará para llenarlo. El caso es que Laforet, que es casi anagrama de Flaubert, llamó Nada a una novela que ganó el Nadal, lo cual, visto así, creo yo, era inevitable. La pena es que no la haya publicado Anagrama, porque habría servido para acabar el párrafo con un primoroso volatín.

También Italo Calvino, escribiendo sobre una armadura vacía, posiblemente quiso, a su manera, hablar de la nada. Aún se discute qué pretendía y quizá nadie llegue a saberlo. Un tipo cuyo nombre sugiere un italiano protestante es necesariamente un individuo contradictorio y gente así vete tú a saber qué busca, cómo se plantea conseguirlo y qué haría, puesto en el caso, si encontrara un Rolex. Así que bien pudiera ser que Calvino, para que la nada no se le escurriese, hubiera decidido encerrarla en una armadura. Es decir, que todo el libro sobre la nada del inexistente caballero no sea más que una lata de palabras donde encerrar y conservar un vacío, un intento de forrar un agujero con papel de periódico y hojas de novelas. Yo más me inclino a pensar lo contrario, que intentó rellenar de palabras una armadura vacía o, lo que es lo mismo, llena de nada. Colmar un hueco que es el trasunto de un sí mismo inexistente, pero que podría ser el de cualquiera de nosotros, que nos vamos llenando de adjetivos y verbos hasta que nos convencemos de que hemos expulsado la nada y somos algo. En definitiva, que entre el huir del Italo y el confrontar del Calvino optó por lo segundo.

Si me preguntan por mis preferencias, igualmente irrelevantes, si de la nada hablamos, Buzzatti es quien con acierto la retrata. Y lo consigue a base de mantenerla a una distancia tal que, como a los tártaros en los desiertos, no se la ve aunque esté ahí. Aguardando a pie firme lo que no termina de venir, Drogo se entretiene en dar sentido a su vida con cosas banales como guardias, horarios y planes, que es una manera tan inteligente como cualquier otra de rellenar esa nada que intuimos es nuestro futuro y que ya desde lejos nos enfría los huesos. Cada uno se entretiene como quiere y una perspectiva funcionarial tranquiliza tanto como cualquier otra, si se presta a tu carácter. Como ya se dijo, la distancia, en la nada, las montañas y la lidia, pareciendo poca cosa lo es todo. Buzatti le hace una faena limpia y, como al toro, templa y manda, la coloca a esa distancia necesaria para, con más eficacia que arte, ir llevándola al sitio y ponerla en lance. Hay quienes, en las ciudades, esperan a la nada con el arrojo inconsciente de un enfermo desahuciado que hace planes para el futuro, pero otros no. Otros acaban obsesionados, mirando al norte, como esos toreros con mal presagio que se demoran, chulescos, alargando en demasía el paseíllo mientras rezan a la Virgen que no se abra el portón.

Así, según yo lo veo, de ser algo, la nada es la muerte, pero vista no desde éste, sino desde el otro lado. Esta afirmación goza de la enorme ventaja de ser incontrastable o, como diría Popper, no falsable. Y no sólo eso, sino que además deja en el aire y sin respuesta la pregunta planteada de si todo esto con lo que nos hemos topado es una inutilidad o un tesoro y, con ello, a la discreción del lector el verse reafirmado en su inconsciente y ya lejana decisión de que reenviar gatitos es una vida plena o, por el contrario, seguir protestando porque lo publicado en Internet es cada día peor.

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