Me acuerdo de Irlanda

camaradasergei
Por el Camarada Sergei

Me acuerdo de aquella chica de California que decía Lindon en lugar de London, pero no recuerdo dónde estábamos. ¿Islas de Aran?

Me acuerdo de haber tomado muchas fotos de unas maniobras inesperadas. Un grupo de élite del ejército tomaba nuestro barco desde unos helicópteros. Descubrí que había colocado mal el carrete. Estaba apesadumbrado, en un acantilado abisal, creo que de piedra blanca, peligroso.

Me acuerdo de aquella pelma defensora del Ira y de la eta y de que yo trataba de torcer su mente como Uri Geller las cucharillas del café. Y eso que yo no sabía nada de la eta, pero sí algo del nacionalismo. Nada de teoría, un poco de práctica.

Me acuerdo de aquellas dos chicas de Barcelona que conocí en Galway. Eran muy guapas y terminaron en mi hostal charlando con unos cafres mientras yo roncaba como un cerdo.

Me acuerdo de un hostal de Galway que tenía en el pasillo las fotografías de unos marineros gallegos que habían sido rescatados en la costa y que habían pernoctado allí, una vez a salvo.

Me acuerdo del momento en que me hicieron el tatuaje. Rocío fue la primera y se tatuó en la nuca la palabra «mujer» en alfabeto japonés.

Me acuerdo de la primera vez que oí el nombre de Arcadi Espada. Una tarde de tertulia con el poeta comunista. Me decía que tras la publicación de Contra Catalunya Arcadi tenía que vivir escondido.

Me acuerdo de que cogí en el jardín unos cuantos caracoles para cocinarlos y se me escaparon todos de la bolsa.

Me acuerdo de Basel, el perro de Kitty.

Me acuerdo de aquella fiesta judía y de cómo me metieron mano en el coche mientras yo tenía que poner cara de póker.

Me acuerdo de cómo Isa, Rocío y yo perdimos la barca de retorno y nos quedamos abandonados en una isla desierta. Pedimos ayuda a gritos a un velero y poco más tarde llegó el barco de rescate. Unos mozos fornidos tomaron a las dos chicas en brazos para llevarlas a la lancha que nos conduciría al barco. Yo tuve que meterme en el agua para subir.

Me acuerdo de cómo pegaba la hebra en los pubs.

Me acuerdo de la discoteca Pegs, que yo llamaba Pigs.

Me acuerdo de aquellas dos chicas que se empujaban una a la otra como forma de acercarse a mi cuerpo garrido. Una de ella tenía los dientes casi en horizontal.

Me acuerdo de que Anne-Marie salió casi en pelotas una noche de invierno y cuando Kitty le dijo que iba a coger frío le dio la razón, subió a su cuarto y bajó con una bufandita enrollada al cuello.

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