El anarquista enamorado, 6: La exposición de arte a la que no quiso ir El Druida

Katxonda

Por José Martínez Ferreira (@josenez).

Frente al espejo al final del pasillo se puso su americana marrón, la de ligar, dijo su típico “It’s showtime!” como hacía Roy Scheider en All That Jazz y salió de casa hacia la galería de arte donde inauguraba una exposición el pintamonas del cuñado de su amiga Ana, de quien esa misma mañana había recibido tres mil mensajes llenos de “porfa, porfa, ven” con docenas de emojis de cacas y flamencas entre medias. Aunque tangencialmente era del mundillo y seguro que conocía a casi todos los asistentes, en este tipo de eventos siempre se sentía tan perdido e incómodo como Peter Sellers en El Guateque, pero se iba a acercar porque siempre había sido incapaz de decir que no a una mujer y menos a Ana, a quien conocía desde el día en que Tassotti le rompió la nariz a Luis Enrique y tuvieron que salir corriendo de Bodegas Rivas, donde estaban viendo el partido apretados como sardinas en lata, en pandillas separadas pero con algún contacto en común, para que no les pegara un sopapo un energúmeno enfurecido tras descubrir que estaban descojonados brindando a la salud del romano en la barra del bar.

El plan estaba bien, tomar unos vinos y ver algo de pintura con Ana, aunque ponían Stress es tres, tres en 8madrid TV esa noche y quería volver a verla. A pesar de ser mucho más refractario a estos eventos aún que él, esperaba que estuviera Miguel, a quien sus colegas de la facultad llamaban El Druida, quien había sido el nexo de unión entre los dos grupos de amigos de aquel partido de la Selección y que se había casado con Ana al cabo de varios años. Varias decenas de mañanas de vermús después, estando los tres un día en la terraza del Kybey II de la Plaza de Olavide, él les confesó que cuando se enteró del motivo de su huida del bar en aquel infausto partido le había dicho a Ana que si les hubiera visto brindar también habría intentado tirarles por la cabeza su mini de sidra, pero que ahora le pasaba como con la muerte de Chanquete, le gustaba y le hacía gracia a pesar de haber llorado agriamente la primera vez que vivió el mutis del viejo pescador. Se llevaba muy bien con Miguel, con quien en inauguraciones y similares siempre acababa en un rincón bebiendo el alcohol que hubiera, desbarrando sobre la hipotética influencia de la obra de Chesterton en oscuros discos de hardcore melódico angelino y puntuando a las chicas que pasaban cerca de ellos según el Índice José Coronado de Follabilidad (IJCF) que habían creado en homenaje al playboy madrileño.

Así que ya casi de noche atravesó en diagonal el Retiro, salió por el paso subterráneo de Lagasca no sin antes saludar amablemente al camello africano de turno, bajó por Columela, echó su lagrimita al ver los andamios del edificio donde había estado Caribbean desde mediados de los setenta jurando en arameo no pisar en su vida la nueva tienda de Ayala y desde ahí fue ya casi directo a la galería de arte de Claudio Coello donde era la inauguración. Cuando llegó ya había bastante gente dentro, se abrió paso entre varios barbudos votantes del Partido Popular y unas cuantas chicas elegantes pero calzadas con New Balance que fumaban fuera y entró en el local. A lo lejos divisó a Ana hablando con uno de los colegas más pesados del pintor y se dirigió hacia ella para rescatarla tras una cómplice mirada de ella, que le había visto de reojo al entrar. Ya en plan salvador total, en vez de meterse en la conversación para pudrirla y así liberar a su amiga, solamente le dijo alarmado que le buscaba su amiga pelirroja en la calle, que algo le pasaba al coche de su hermano, con lo que Ana se fue inmediatamente fuera a echar un cigarro, totalmente consciente del engaño. Él se quedó a charlar un rato con el amigo del pintor, a quien también conocía y no aguantaba; era el típico espécimen de la endogámica sociedad artística madrileña que hace que nadie que no sea del club entre en una galería de arte mientras que sí que hace cola para ver cualquier absurda exposición pompier en la Mapfre o en el Thyssen.

Tras una corta faena de aliño al mentecato colega del pintor en la que estuvo realmente cumbre se propuso echar un vistazo a la exposición, aunque antes se pilló una copa de vino con la que empezar a empañar su razón y así poder hablar de la pintura del artista -y ligar- con más soltura. La evolución del pintor, que al menos seguía pintando y no se dedicaba a las instalaciones o demás formatos subvencionados, iba desde sus inicios de artista pop atragantado con las sobras de la Nueva Figuración Madrileña, en donde alguno de sus remedos de Carlos Alcolea todavía mantenía algo de la fuerza con la que había sido pintado, como ese “Autorretrato flambeado con Torres 5 nº4” que tenían Ana y Miguel en el salón de su casa y que Miguel, por supuesto, odiaba, a una abstracción más cercana al pastiche decorativo que a la profundidad que se supone que debe de tener este tipo de pintura y de la que el autor presumía en interminables monólogos. Sí que en sus lienzos se mantenía el colorido de años atrás, aunque ahora, tras haberse perdido las figuras como Don Beltrán con la grande polvareda de su evolución pictórica, los cuadros se asemejaban más a alguno de los preciosos pero un tanto apocados paisajes con cipreses de Manuel Ángeles Ortiz pero distorsionados y emborronados como uno de los antiguos pintoyo del Parque de Atracciones que a cualquiera de las emocionantes obras de José Guerrero, en quienes se suponía que se había inspirado para esta última exposición, a tenor del enorme Granada que había en neón rojo en el escaparate del local.

En un rincón, el rincón de las gambas a la gabardina, rodeado del conocido grupo de venerables ancianas del barrio de Salamanca que no se pierden una inauguración que incluya comida gratis, su amigo el conocido crítico de arte Claudio Sífilis pontificaba sobre los saltos ideológicos del anarquismo al comunismo y vuelta atrás del pintor gitano Helios Gómez y de la influencia de esos brincos en su obra. Las viejas, con su hábil memoria selectiva, habían olvidado que algunos de los amigos de Helios quizá les habían quemado su casa o arrojado a su padre a una cuneta tres cuartos de siglo antes, y hoy para ellas el anarquismo del que les hablaba Claudio no iba más allá de los grupos de jóvenes en monopatín con pantalones caídos que pocos años atrás habían lijado con sus tablas los bancos de la plaza de Colón, molestándolas en sus trayectos hacia la merienda en Embassy, hasta que el alcalde Gallardón empezó a ponerles multas y colocar adoquines para impedir la correcta ejecución de sus piruetas. Su querido amigo Claudio, que durante más de veinte años había escrito una columna semanal llamada “Flores y abejas” hasta que el periódico de Guadalajara donde las publicaba, El Día, echó el cierre, era en realidad Erik Satie transplantado al siglo veintiuno, siempre iba con el mismo traje gris y unas Yumas de 1988, modelo del que se había comprado veinte números de una sentada, según le había comentado una vez de borrachera en uno de sus bares de cabecera, el Orgaz de General Oráa. Todavía le quedaban cinco pares sin estrenar. Se los había comprado con el dinero de una quiniela de trece que había sacado aquel año (ese puto Elche-Cádiz, del que seguía murmurando blasfemias cada noche a partir de la octava caña, que le había jodido los catorce por aquel penalti de paradinha que había fallado Mágico González a falta de unos segundos para acabar el partido). Y mientras todos bebían su vino español en delicadas copas, el bueno de Claudio, más íntegro que una pepitoria de gallina de Casa Ciriaco, se lo tomaba en vaso, aduciendo con razón que su padre nunca había bebido el vino si no en vaso y que Rosa, su amiga asturiana especialista en westerns y sunshine pop, le había chivado que cuando Juanele estaba en la cresta de la su fama presumía de que prefería un tubo de vino peleón a cualquier otra bebida y recipiente. Y lo que decía Juanele iba a misa. Claudio era todo un personaje.

Iba a saludarle y preguntarle qué tal por Guadalajara, si al final había podido encontrar un editor que le publicara todas sus críticas de arte, cuando se le cruzó el artista y se paró un rato a hablar con él. Al igual que su pintura, físicamente también había evolucionado, pasando de ser una especie de doble no encorvado de Quique San Francisco a ser clavadito a Kris Kristofferson en cualquiera de aquellas turbadoras apoteosis del spandex -ay, Kate– llamadas Blade. Le felicitó comentando lo mucho que le habían impresionado y sobrecogido algunos de los verdes de los tres cuadros gigantes que ocupaban una de las paredes de la galería; era lo que había que decir, el vocabulario se lo sabía de memoria y además no era mentira, esas tres obras eran lo mejor de la muestra y quedarían fenomenal en la sala de reuniones de algún repeinado notario de Chamberí, público objetivo de este tipo de pintura.

Cuando el artista vio a su amiga Brianda mirando extasiada uno de los peores cuadros de la exposición, impecablemente vestida y con su perro raquítico en brazos, ”con los pies en tercera posición de ballet, como una alumna del Barnard College en una galería de arte”, como decía Pynchon en una de sus últimas novelas, pasó de él y se fue hacia ella. Los cuatro lo agradecieron, el artista, él, Brianda y el perro, a quien el pintor había bautizado como Krasner porque decía que se parecía a la artista de Brooklyn. Él no quiso acercarse a hablar con Brianda y solamente escuchando el leve gruñido de Krasner al mirarle se dio cuenta de que el chucho no olvidaba la patada a seguir que le había dado justo antes de salir del apartamento de ella tras la última noche que habían pasado juntos. “¡Ésta va por Ruth, cabrón!”, le había gritado enfurecido al perro antes de dar un portazo, harto ya de la tabarra new age de Brianda y de que el chucho le despertara siempre chupándole los pies tras subirse a la cama. Y era verdad, prefería mil veces la belleza y también la pintura de Ruth Kligman que la de la esposa de Pollock, cursi y evasiva, como la propia Brianda.

Ana, siempre enterada de todo, le había contado que su amiguita ahora acogía al galerista entre sus sábanas, quien también, claro, andaba por allí zascandileando. No le importaba mucho, o sí, pero bueno, él ahora estaba tan enfrascado en acabar el rollo de libro que estaba haciendo para los de la Seminci sobre la estancia en un internado gallego de Manoel de Oliveira en los años veinte que no tenía tiempo para amores ni para perros. Y encima Oliveira acababa de morirse y todo se había vuelto ultra-urgente. Había que aprovechar la ola necrofílica que había provocado la desaparición del cineasta, estrategia un tanto lamentable pero que había que seguir, que “las castañas no se asan solas”, como solía decir su padre. El galerista, gran personaje también, era para darle de comer aparte, salido de los enfermizos círculos cercanos al papel de plata de La Movida, tras distintos tumbos vitales de desocupado por Nueva York y Marruecos había vuelto a su ciudad natal y abierto la galería de arte desde la que se entretenía en exponer la obra de sus amigos y ahuyentar sus propios fantasmas, logrando en los últimos tiempos algunas exposiciones realmente brillantes. Las galerías de arte siempre le habían parecido un milagro, sobreviviendo ante el abuso de poder de las fundaciones y salas de exposiciones públicas. Ana se partía de risa contándole sus preocupaciones y las peleas que había tenido con el pintor para configurar la exposición, los dramas por el color de la pintura en las paredes, que el pintor quería de Sudbury Yellow y el galerista se había negado a poner dejándolas blancas, o en el montaje de la misma exposición en la que sí que había tragado el galerista ante los espantosos marcos de azabache de Dakota del Sur que hacía y decoraba una amiga uruguaya del pintor en Menorca y que habían costado un Perú y sin los que la exposición no se hubiera celebrado, a pesar de ser lo peor con diferencia de la muestra.

La noche fue pasando y la gente desapareciendo, chateó un poco con Miguel para echarle la bronca por no haber hecho acto de presencia, a lo que el muy canalla le dijo que había preferido quedarse en casa a ver Stress es tres, tres en la tele. Él le pidió que le mandara un muslo de pollo por chat cuando la Chaplin en la peli se quitase la peluca rubia en la playa y dejara ver su cabello negro de un brillo increíble gracias al blanco y negro de Saura, color que tanto le recordaba al de la melena suave y aromática, siempre sin atar, perfecta, de su amiga Paola. Al final quiso que Ana se quedara a tomar algo con él pero se excusó con un madrugón que tenía que darse al día siguiente, porque iba a llevar a sus chavales a la Facultad de Filosofía de la Complu para enseñarles no sé qué extraño laboratorio filosófico en el que había estudiado ella. Por otro lado Claudio había desaparecido sin decir nada, como hacía siempre, atraído por el alcohol barato de los bares de Espoz y Mina donde ojalá se encontrase en persona con Juanele o mejor con el fantasma de uno de sus héroes, Alfonso Vidal y Planas, a quien decía imitar en todo; y como a él tampoco le apetecía mucho quedarse con los amigos del pintor, se fue hacia casa andando, cantando a grito pelado Todo ha sido un juego, como hacía siempre.

90 comentarios

  • Yo de mayor quiero ser una venerable anciana del barrio de Salamanca.
    (El final ya li he leído en diagonal pq no me da tiempo)
    (Procu, sé que lo sabes, pero la bolsa en la que estoy es en la de trabajo de secundaria para Cataluña, primorosa)

  • Josenez ha escrito este capítulo para eruditos, a ver quien conoce a todos los artistas mencionados.
    ..
    Tomando unas cañas con él le pedí que lo escribiera, por suerte aceptó, dijo que era muy postmoderno.
    A mí me recuerda a los comics de marvel, que van cambiando de escritores y dibujantes.
    El caso es que yo tenía el titulo de un episodio que estaba en blanco, y es agradable verlo por fin escrito, poder leerlo y descubrir algunas cosas del mundo de las exposiciones de arte.

  • 22 de abril de 2015 a las 07:58 Claudio Sifilis
    «Josenez ha escrito este capítulo para eruditos, a ver quien conoce a todos los artistas mencionados».

    Eso, a ver quién conoce todos los nombres en negritas y a ver quién es capaz de leer la entrada a la pata coja y sin respirar. Josenez escribe muy bien y además le hace un retrato muy bonito, Claudio.
    La ilustración es muy giokonda. (Quién tiene a Satur. Que lo diga).
    ***
    Gata, en serio que no había caído. Luego dicen que hablando se entiende la gente. Será después de mucho preguntar. (Bueno, quien dice «la gente» lo que quiere decir es que a mí me cuesta).

  • ¿Podría ser un poquito más educado, señorito Material? Una hace lo que puede para satisfacer los deseos de todas las señoritas y de todos los señoritos que aquí escriben, lo que le hace sentirse a una un poco fulana, con perdón, especialmente cuando lo que recibe a cambio son groserías. Voy a hablar con la dirección para que decidan si mantienen o quitan la posibilidad de editar comentarios. Mientras tanto, les rogaría que no sean tan groseros a la hora de valorar mi trabajo. Gracias.

  • Sita, me irgo y erigo en portavoza de quejosos, porque en pudiendo estarme también con la boca cerrada a menudo se me suele quedar abierta. La edición es un verdadero lujo, lo que pasa es que todavía no la entendemos y la interpretamos conforme a las propias neurosis. No es el mecanismo ⎯y mucho menos usted, Sita⎯, semos nosotros.

  • Srta. Dª Marta Bellpuig: Disculpe, pero no le hacía responsable a Ud. sino a su jefe y cherife, tan mordedor unas veces y tan ladrador otras tantas. A sus pies, Mlle.

  • unas cuantas chicas elegantes pero calzadas con New Balance

    ¡¡Vaya! Pues yo, hoy mismo, voy calzada con unas NB y voy elegante a la par que discreta.
    ¡¡Habrá que verlo a él!!

  • La enorme cantidad de referencias a eso que podríamos llamar memoria compartida, pero escrita de manera tan fluida como si fuera un hilo de pensamiento propio, me ha dejado patidifundido.

  • Gracias por sus comentarios, señoras y señoritas.
    Don Claudio, que me invita a dos cervezas y me convence de cualquier cosa. Menos mal que no me pidió alguna cosa más raruna.

  • ALEXIS DE TOCQUEVILLE O LAS IDEAS DEL MARQUÉS
    Un aristócrata que racionalmente creía en la libertad y la democracia, pero cuyo estómago rechazaba el gobierno de la mayoría. Un pesimista que pensaba que el anciano régimen había cumplido su deber, aunque admitiera que su desaparición era ineludible. Un admirador de la revolución americana, tal como Montaigne admiró la inglesa, pero un crítico feroz de la francesa. Un liberal prudente, con temor reverencial a los procesos utópicos revolucionarios, pero que antes que liberal era patriota. Un hombre que estuvo en política, pero que no soportaba la miseria humana en forma de ministro. Un hombre que leía a escondidas a Maistre y a Burke, a los que hallaba lúcidos y realistas. Un hombre, en fin, que halló acomodo entre los “doctrinarios” de su época, pero que ha sobrevivido intelectualmente a todos ellos.

  • (Jo JuliO, precisamente terminaba de escuchar en la radio que hoy es el dia de la “pachamama” -tal cual lo ha dicho Juan Luis Cano en M80-, y enseguida he pensado en Pachakusi y en afearle el comportamiento por no habernos avisado. Si no llego a estar escuchando la radio, se termina el dia y ni me entero. Qué falta de entrega a la causa, Pachakusi, parece mentira.
    En otro orden de cosas: la del vídeo, ¿es una jovencita con peinado de señora, o una señora con piernas de jovencita? No puedo con la duda.)

  • Debería de haber o un a ver… un enlace en negritas directo a la wikinena, porque no sé quién coño es chiquitines o Kristen Roberto

  • Debería de haber o un a ver… un enlace en negritas directo a la wikinena, porque no sé quién coño es chanquete o Kristen Roberto

  • Hablando de duelo, Borges toma la palabra:
    La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad. El Aleph página 1.

  • Así que el cansino del sífilis es la gonorrea de Josenezo. Pues me gustan ambos los dos. No tanto como inundan otros y miembras. Pero bien está que me entretengan con sus cosas.

  • Pangolín. (Ejem)
    Mamut lanudo en la repesca.
    Aún me quedan 3 minutos
    (Da para hacer glosas y posdatas)
    “Cabrones, les regalo el minuto que falta”
    Grulla trompetera (mintiendo sin ambages)

  • ¿Qué test? Iba yo también a preguntar Schultz. Yo no uso Google, empresa de jóvenes, ejemplo del buen rollito que me saca de quicio y que hasta tenía como lema: “no seas malvado”. El colmo.

  • Hoy mismo le he dicho a un jovencito que la segunda razón por la que no compraba su producto, era su desfachatez al tutearme desde el primer minuto.

  • Te juro Bella Tare que me ha salido:

    “Eres una langosta mantis!
    Misterioso y bello, no tienes miedo a utilizar tus potentes garras para atacar, aturdir y descuartizar a las presas.”

    Confirma tus sospechas, te lo perdiste.

  • ¡¡Padrísimo , wey!!

    Nos han ganado siempre esta temporada, pero en nuestra Champions, ¡ah, no!, eso, ni lo sueñes.

    Muy superior el Madrid, se habría podido jugar en el Beti-Jay. tambi´rn la ida. Según Marca, la efectividad en el pase del Aleti ha sido de un 7,1% por un 34,5% de los blancos. Lo peor del Madrí, conceder una ocasión de tiro al naguarro Raúl García en el último minuto, ganando y contra diez. Las bajas se han notado especialmente en el juego por las bandas, se ha echado de menos a Bale y a Marcelo; pero por otro lado por fin hemos tenido delantero centro (6 remates de Chicharito). CR7, decisivo una vez más.

    En cuanto a la expulsión, no se pueden quejar: ya le habían perdonado la tarjeta un par de veces.
    ¡Arda capullo,
    queremos un zapato tuyo!

  • (…) de 1988 (…) con el dinero de una quiniela de trece que había sacado aquel año (ese puto Elche-Cádiz, del que seguía murmurando blasfemias cada noche a partir de la octava caña, que le había jodido los catorce por aquel penalti de paradinha que había fallado Mágico González a falta de unos segundos para acabar el partido).

    Veamos …
    En la temporada 1987-88 el Elche militaba en la División de Plata y el Cádiz en Primera. Descartada.

    En la temporada 1988-89, Elche y Cádiz estaban ambos en la máxima categoría.
    La ida se jugó en Cádiz el 30 de octubre de 1988, ganando los locales por 2-1, de modo que a ese partido no se refiere el autor (pues un penalti fallado por Mágico González no hubiera alterado el singo del partido: seguiría siendo un 1).

    Por tanto ha de ser el partido de vuelta, que acabó con empate a 2 y en el que un máximo castigo convertido sí habría sido determinante, mas ese partido … ¡¡se jugó el 9 de abril de 1989!!

  • 88 es más poético que 89.
    Tereixa me ha llamado cansino.
    Josenez, por favor, dile algo.
    Y que sepáis que la sífilis tiene pedigrí, la gonorrea no. Que viene del duque de Alba.

  • La Diada de Sant Jordi o el perfecto ejemplo de la corrupción -real o percibida- de una agradable jornada de primavera por efecto de los capullos que la glosan, empalagan y engrasan, o del puto Tiempo: una afirmación y dos tentativas de respuesta.

  • Querido Funes, gracias por el comentario. La verdad es que sí que busqué que tanto Cádiz como Elche estuvieran en Primera y que Mágico González jugara ese año, pero no llegué a buscar los resultados de los enfrentamientos. Veo que fallé por un año. Lo corregiremos en la edición crítica de El Anarquista Enamorado. Sin falta.

    Tareixa dice “Pues me gustan ambos los dos” y yo se lo agradezco, da igual la enfermedad que tengamos. Me gusta. A mí me salió Dragón de Komodo en lo de Google.

  • Nunca habrá una máquina a la que llamar inteligente queriendo denotar “con pensamiento humano” precisamente porque se centran en encontrar la “inteligencia”, cuando en realidad lo esencial de lo humano es la estupidez, y la inteligencia sólo un fusible que encontró la evolución para evitar la auto-extinción de la especie. Una máquina no pasará de verdad el test de Turing hasta que su discurso coherente no se interrumpa con prejuicios, creencias infundadas y razonamientos absurdos.

  • Josénez no te soy crítica de arte. Me desmayé un poco al leerte y a punto de pedir las sales. Mejor no lo puedo decir. Anda…anda qué…

  • Pues ya que va de fúrbol y aunque solo sea por incordiar a Funes, que hace tiempo que no, con lo que hemos sido, servidor que es imparcial debe decir que el partido fue malo, que el Madrit ahora saca pecho y hasta se enorgullece del mismo manito al que tiene abandonado en el banquillo, pero la cosa estaba donde el Cholo quería y siendo muy superior el equipo local no debiera haber corrido tanto riesgo.
    Item más diré que el Atlético dará leña, que la da, pero el único que acabó como un Ecce Homo y sin quejarse fue el Manzukich.

  • Pero, pero, pero,..¿se puede saber dónde están los señoritos Bremaneur y Perroantonio?
    Aquí la única que trabaja es la Sita Bellpuig y nadie firma para que le suban el sueldo.
    Ni siquiera Satur asoma el morro.
    ***
    Pirlo, Llorente y Marchisio ¡¡Qué trío!!

  • Estuve ayer de visita a los amigos. Vi las cumbres del Pagasarri y sufrí un considerable acojono cuando me llevaron en todoterreno por algunos lugares no aptos para gentes con miedo a las alturas. Que un vehículo no agarre en la pendiente pedregosa de la cumbre de una montaña, acojona. Menos mal que unos minutos antes, manifestando un moderado pero enérgico histerismo, había conseguido salir del todoterreno. La explicación, “no me había dado cuenta de que íbamos sin la doble tracción” no me tranquilizó, la verdad.

  • A ver, lectores inanimados. Es imprescindible para la buena marcha de éste, nuestro fanzine que tanto les gusta, que escriban aquí sus chorradas o profundas reflexiones. Nadie sabrá quienes son, sólo conoceremos su Nick inventado.
    (Es que a veces me parece que falta sangre fresca).

  • 23 de abril de 2015 a las 15:26
    gachoinlowercase . .

    (Falta sangre, a secas, Adapt.)

    Eso también.
    (Conio veo que lo has editado- borrado. Nuevas consecuencias de la opción de edición).

    La sociedad del mal rollito preventivo, esa antigualla de la que formo parte, necesita formalidades para no incurrir en explicaciones innecesarias, explicaciones personales, juicios de intenciones y mierdas varias. Por ejemplo un simple recibo.
    Hoy en día puede uno encontrarse con que el ganado no entiende algo tan básico y tras soltarle a alguien ciento cincuenta leuros por un trabajo, no te haga siquiera un recibo, remitiéndote a la empresa para que emita factura.
    Eso le ha pasado hoy a mi santa (pedazo de pan a medio camino entre el buen rollo y la fiereza desatada (sólo contra mí)) con lo que pudiera darse el caso de haber tirado las perricas por la ventana. Que no se dará, buen rollo, buen rollo.

  • Te quoté, lo borraste, pero salió quotado.. Jóoooodete, si te pica jóooodeteeee, la edición no es infalible, traáaalaláaaa.

  • (Y también sé que ese

    Click to Edit – 4 minutes and 18 seconds

    , es en realidad una tentación similar a la que se siente en apretar el gatillo cuando juegas a la ruleta rusa -todos los jueves con las clavariesas en el local del centro de Convivencia del pueblo, es que nos gustan los subidones; por cierto, necesitamos nuevas socias-)

  • Gahï. veïna, deja de inundar.
    No puede sel que siga yo aquí rogando, que Brema intente alcahuetear y que sigamos sin conocernos, ¡coniiiio!
    Mis intenciones son puras, a no ser que tengas un tipo morboso-Rubensiano que me haga perder el oremus.

  • 23 de abril de 2015 a las 15:47
    gachoinlowercase . .

    (Adaptaciones, te estás ganando una hostia de las de con hache, so tonto)

    ¡¡¡¡ÑAM!!!!

  • “Goytisolo aprovecha la entrega del Cervantes para hacer campaña a Podemos” (LD)

    Pues claro, a ese julián siempre le han gustado jovencitos.