ÇHØPSUËY3D #1 :: Martín Olmos: «Bullet es como Philip Marlowe, pero sin pasar por Secundaria»

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ENTREVISTA Y FOTO :: PERROANTONIO

A Martín Olmos (Bilbao, 1968) se le reconoce porque suele llevar gorra de golfo periodista del Chicago de 1920, porque mira mucho, parece tímido y no para de moverse. También porque se queda con los detalles más nimios, porque recuerda conversaciones que ocurrieron hace décadas y porque en lugar de citar a Kant, a Aristóteles o Maquiavelo, utiliza frases de novelas y películas para apoyar sus afirmaciones. No parece una persona tranquila y le bulle una tormenta interior que destella en ráfagas de humor y asociaciones librescas. Colecciona libros. Y películas malas. Y navajas. Y naipes, pero sólo si los encuentra en el suelo y boca abajo, para adivinar su suerte; ya tiene veinte. Es de esos tipos que no baila en las fiestas y a los que nunca te atreverías a levantarles una novia. Parece siempre tenso, pero se suelta delante de la página y escribe historias muy barrocas sobre raros, lunáticos, asesinos, ladrones, escritores zumbados y, en general, sobre canallas. Su blog Escrito en negro, confeccionado con las historias que publica en el periódico El Correo, es visita obligatoria para los interesados en la crónica negra y en la literatura sucia y viril. En 2013, una selección de sus artículos obtuvo el XX Premio Literario Café Bretón, de Logroño. En 2014 ha publicado por entregas en ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS un pulp policiaco, Serenata de plomo. Una novela de duro, cuyo detective, Ace Bullet, merecería ser llevado a los tribunales por ofensas a los guapos, los chinos, los italianos, los irlandeses y los australianos, si es que previamente no lo linchan las mujeres, le mata a golpes la bofia o le confecciona un traje de cemento la mafia.

Usted es periodista…

Bueno…

En fin, estudió Periodismo…

Eso sí. Parece lo mismo pero es distinto.

¿Y cómo le dió por tratar estos temas de canallas, malvados y asesinos?

Siempre he tenido, digamos, ciertas inclinaciones por el mundo canalla. Yo empecé escribiendo para la sección de Cultura del periódico El Correo, pero cada vez que había algún muerto me levantaban el artículo, con lo que no cobraba. Así que pensé que mejor me dedicaba directamente a los cadáveres, que eran más abundantes.

¿Hubiera preferido trabajar en Sucesos?

Puede que sí. O tal vez no. Quizá conocer en persona a los malandros fuera decepcionante. Los villanos tienen que tener su carisma para resultar atractivos.

A los suyos les sobra personalidad. ¿La tienen o se la pone usted?

La tienen… Bueno, el tipo de personalidad que pueden tener individuos de esta catadura.

¿Cómo se documenta?

Con libros. La gente no me cree pero no hace falta tener una enorme biblioteca. En las librerías de viejo hay cosas divertidísimas, como las memorias del comisario Poveda, que era un fulano de Brigada de Investigación Criminal. Son libros de ese tipo los que más utilizo.

¿Y no se documenta en la prensa?

Sí, claro. Tengo varias carpetas llenas de recortes de periódicos de crímenes y asuntos bizarros, tanto antiguos como recientes.

¿De dónde le viene la inclinación por el ambiente patibulario? ¿Tal vez de los malos del boxeo? Porque creo que empezó a frecuentar muy pronto los ambientes del ring.

Sí, es verdad. Yo iba con mi padre al boxeo, que le gustaba mucho. En realidad le gustaban todos los deportes, incluido el ciclismo, algo que jamás entendí. Conocía además a algún boxeador local, como Benito Canal. Ahora estaría mal visto, pero cuando era niño solía acompañarle a ver combates a La Casilla y a la Plaza de Toros.

¿Vió alguna gran pelea?

La verdad es que no asístí a ninguna de esas que merezca la pena recordar. He visto a Amaña, a Tony Acosta, a Evangelista…

Así es imposible consolidar la afición…

La afición la perdí con la muerte de mi padre. Murió de cáncer de páncreas y el último mes lo pasó muy mal. En las pocas mejorías que tenía intentábamos animarle para que saliera de casa y la última vez que lo hizo fue a una velada de boxeo en el Pabellón de Deportes de La Casilla, al lado de casa. Ya no recuerdo quienes peleaban. Fue la última vez que salí con él. Recuerdo su mirada perdida durante el combate, supongo que pensando en cosas mucho más importantes. No he vuelto a ir. Ha habido buenas veladas y los amigos han intentado llevarme alguna vez, pero no he vuelto. Quizá sea superstición, pero se me quedó grabado que lo último que hice con mi padre fue ir al boxeo y no he querido volver.

Vaya… Dejemos pues el boxeo. ¿Su interés por los escritores canallas sigue intacto?

Sigo en ello. Desde que era un chaval me gustaban Hemingway, Dashiell Hammett, Raymond Chandler… Luego, cuando empecé a indagar un poco en sus vidas, llegué a la conclusión de que sólo me gustaban los escritores alcohólicos.

Sería casualidad…

Hombre, la verdad es que hay tantos escritores alcohólicos que lo raro es encontrar a alguno que no sople. Pero entonces era joven e ingenuo y no lo sabía.

Usted me descubrió a James Ellroy. ¿Sigue leyendo novela policiaca?

No tanto como antes. No he descubierto nada nuevo que me haya entusiasmado en los últimos tiempos.

Hablemos de Ace Bullet, el protagonista de su pulp, «Serenata de plomo».

Ace es ‘as’ y Bullet, ‘bala’. Ya ve, puro simbolismo. Pero metí la pata. Buscaba un nombre sonoro y no reparé en que ya existía Ace Ventura, un tipo verdaderamente odioso.

Yo reconozco que Bullet me desconcierta. Más que hard boiled parece escupido y masticado.

Comienzó como una parodia, pero creo que ha ido adquiriendo entidad humana. Bullet es como Philip Marlowe pero sin pasar por secundaria. Un tipo con mala suerte que poco a poco va revelando cierta moralidad. Que reciba palizas es algo típico de los detectives, aunque reconozco que quizá es un poco exagerado que le rompan el bazo.

Hombre, utilizar como antorcha una cabeza humana tampoco es muy cristiano…

Bullet tampoco tenía demasiadas posibilidades en aquel pasadizo. ¿Qué pretende, que llevara una vela en el bolsillo para situaciones de emergencia? Ni que fuera Blancanieves.

Algunos lectores de ÇHØPSUËY protestaron por la crueldad de la escena de la castración. ¿Piensa en la sensibilidad de los lectores cuando escribe?

Yo sólo pienso en la lógica de la narración y de los personajes. Ace Bullet también se siente conmovido en ese momento. Tiene la intención de acabar con Garza con una azada, para que no sufra, pero sabe que se la está jugando. ¿Usted qué haría en su lugar? ¿Cómo reaccionaría ante una familia de psicópatas que deciden castrar al tipo que ha matado a su hermana?

Pero es usted quien crea esa escena campestre. Podría haber optado por una escena lírica, con flores y mariposas.

Hay que entender el contexto. Estamos en los años veinte, que están más cerca del siglo XIX que de los años cincuenta. Y estamos en el campo, donde ocurren estas cosas. Cuando yo era pequeño, en Beranga (Cantabria), un fulano se cargó a medio vecindario con una escopeta, como años después ocurriría en Puerto Hurraco. Había al parecer un problema de lindes, pero en los periódicos aparecieron razones sorprendentes de por qué se había generado aquel rencor. Se llegó a decir que el día de la Primera Comunión de la hija del asesino, los enemigos de su padre echaron barro a su vestidito blanco cuando ella paseaba feliz por el pueblo. Supongo que el tipo se cansó de las humillaciones y de ser el hazmerreír del pueblo. Estamos hablando de los años setenta. ¡El campo! El campo es un sitio al que hay que ir con mucho cuidado. ¡Piensas que eres un tipo duro de ciudad porque has visto un par de navajazos en un bar! Ja. En el campo te devoran.

O sea, que odia la vida campestre…

Qué va. A mí me gusta el campo, con sus vacas y esos tipos que hacen quesos, pero no me gustaría discutir por un palmo de tierra con un fulano que no se ha lavado los dientes desde los años 60. Un tipo así no te mete un pleito, te mete otra cosa.

Una historia típica del periódico El Caso.

Yo El Caso no lo llegué a leer. Mi padre lo tenía prácticamente vetado en casa. Decía que era muy morboso y que creaba adicción como las novelas de Estefanía. Pero a mí este tipo de noticias me impresionaban mucho y leía todo lo que caía en mis manos.

O sea, que su padre tenía razón. Quizá si no llega a leer ese tipo de historias ahora estaría escribiendo novela sentimental.

Sí, claro, y sería francés y comería caracoles.

Hablemos de “Escrito en negro”. He notado que entre sus asesinos no hay terroristas y apenas políticos. Está mal que lo diga, pero está desaprovechando usted un rico filón local. Somos potencia mundial.

Tengo una buena historia sobre un asesinato de ETA, pero ya la contaré en otra ocasión, que no quiero que me la birlen. Hace muy poco compré en Valencia, por un euro miserable, las memorias de Shane Paul O’Doherty, un arrepentido del IRA que se cansó de volar a la gente con dinamita y estudió teología. Muchos tíos del IRA acabaron derivando en el camelleo de mierda después de dejar la lucha. Eso es interesante. Es lo que hizo Jesse James: perteneció a la guerrilla irregular de Quantrill durante la guerra de Secesión, así que se puede decir que era terrorista, y cuando acabó la guerra se metió a ladrón de trenes, pero siempre poniendo como excusa a la Confederación. Los políticos no tienen gracia para la delincuencia. Les vienen los matutes en el contrato y los trincan. No hacen méritos.

Tampoco se trabaja mucho el mundo femenino. ¿No entiende a las mujeres?

¿Las entiende usted?

Corramos un estúpido velo. Usted ilustra sus propios artículos. Sus ilustraciones recuerdan también a portadas de novelas de quiosco. ¿Lo hace a propósito?

A mí me gustan los detalles en las ilustraciones, como en los cuadros de Rockwell, y cuando tengo tiempo me dedico a ellos. Pero al periódico tengo que entregarle un artículo a la semana con su correspondiente ilustración. No puedo demorarme en dibujar cada arruga del rostro, que es lo que me gusta.

Recuerdo que empezó dibujando con boli BIC, pero últimamente añade acuarela. ¿Progresa?

Progreso adecuadamente, como un pueblerino al que le enseñan a usar cubiertos. Tengo un plan. Acabaré pintando al óleo tías azules con la cabeza cuadrada, como los cuadros de Gertrude Stein que ve Hemingway en «Serenata de plomo». Cuando llegue a un punto salpicaré pintura sobre un lienzo en el suelo, como Pollock, y pondré a los cuadros títulos enigmáticos hasta que un marchante que no esté en sus cabales me retire. Es un buen plan, si se le da un par de vueltas o tres.

¿Habrá nuevo Bullet? ¿Tiene otros proyectos en mente?

Voy a repasar un poquito la novela a ver si me la compran. Si creo en Bullet es por culpa de los lectores de ÇHØPSUËY, así que ahora no les queda más remedio que arrostrar las consecuencias. Lo bueno de Bullet es que se conserva en alcohol y tiene una edad indeterminada, con lo que puede mezclarse en un buen montón de líos, en Hollywood, en la Guerra Española, o hasta en la época de los hippies que protestaban por Vietnam y acabar con Norman Mailer y Casius Clay recibiendo palizas y frecuentando golfas.

Entrevista publicada en ÇHØPSUËY3D, el primer fanzine en 3D de dos dimensiones.

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