ÇHØPSUËY3D #1 :: DECONSTRUCCIONES :: Instrucciones para irse

IRSE-DECO

«Si me queréis, irse.»
Dolores Flores Ruiz, 1983

MORTIMER GAUSSAGE

Irse, acción aparentemente sencilla, exige unos presupuestos y supone unas consecuencias que de ordinario se escapan a la consciencia opacadas por la vorágine de la experiencia real. Desmenuzarla en sus componentes, examinar sus presupuestos lógicos, desvela el sustrato del pensamiento y los esquemas preconcebidos que moldean nuestra experiencia de lo real. Todos creemos saber qué es irse, pero el contenido de ese conocimiento está fijado por esquemas culturales que se superponen a la realidad cognoscible y quedan ocultos tras la superestructura del lenguaje.

En una primera aproximación podremos advertir que para irse es necesario estar. Así descubrimos que estar e irse son acciones estrechamente relacionadas, apareciendo la primera no sólo como antecedente sino también, en su vertiente negativa, como consecuente necesario. En definitiva, si previamente al inicio de la acción de irse no se está ésta deviene imposible; y como resultado de una exitosa acción de irse obtendremos un no-estar.

Pero para estar resulta presupuesto necesario ser. Lo que no es no puede estar, ya que a la inexistencia no se pueden añadir predicados. Así se opera una reducción drástica del ámbito posible de la acción de irse, limitada a lo que es. Pero no cualquier ser sostiene lógicamente un irse. Una segunda limitación es la existencia actual, no bastando una meramente hipotética o pasada. Para irse hay que existir en el instante de la acción, no bastando ni la certeza de existir en un futuro o el haber existido en el pasado.

Se advierte expresamente que si bien el resultado de irse es un no-estar, eso no implica que de ello resulte un no-ser. Antes al contrario. Al final de la acción de irse el sujeto deberá seguir siendo pero en un no-aquí.

Existiendo en el instante de la acción, y consecuentemente estando, cabría entender que irse es ya lógicamente posible, pero hay otras limitaciones. Hay que existir en el lugar del cual irse. Si usted no está existiendo en el lugar del cual pretende irse fracasará. Irse implica un ser actual y un estar actual en el lugar de la acción (aquí).

Ambas condiciones, ser y estar, han de mantenerse en el instante del acto de irse. Quiérese decir que si usted ya se ha ido de un lugar no podrá irse de ese lugar, ya que ejecutar el acto de irse lo agota.

Además de ser-estar-ahora es necesaria la determinación previa un aquí, definido éste como un área o un volumen con límites ciertos. No cabe irse si no hay un de-dónde (aquí) previamente definido que funciona como punto inicial de la acción.

Planteando el problema de las condiciones que ha de reunir el aquí de inmediato advertimos que no cabría irse del Universo entendido como conjunto de todo lo existente. La determinación del aquí presupone una previa compartimentación de la realidad en su dimensión espacial que permita la existencia simultánea de un aquí y un no-aquí. Si aquí quedara definido como «cualquier lugar posible» irse devendría lógicamente imposible.

Por ello la determinación de aquí exige que, dentro de la totalidad de lo real quede espacio para que, bien por medio de una determinación expresa de sus límites, bien por simple exclusión, quede igualmente determinado un no-aquí. La definición de no-aquí puede, por tanto, no ser expresa, sino resultado de la sustracción al todo de la porción de la realidad espacial que forma el aquí.

Si un aquí excesivamente amplio impide irse, un aquí demasiado limitado en el espacio podría impedir estar. Si la determinación del aquí se hace con unos límites físicos tan restringidos que el sujeto de irse no pudiera estar en él no habría posibilidad de ejecutar el irse. Los límites del sujeto de irse han de ser menores que los límites físicos de aquí. Una molécula no puede irse de un electrón, o una ballena de una baldosa, ya que aquellos no podrán estar en estos.

Finalmente el aquí ha de permitir el movimiento hacia el no-aquí y el no-aquí el acceso desde el aquí. Es decir, los límites que definen aquí y no-aquí han de ser traspasables, permeables al ser que actúa el irse. Un aquí no franqueable o un no-aquí inaccesible convierten el irse en imposible. Piénsese en una celda como un aquí no franqueable y en una caja fuerte como un no-aquí inaccesible.

Establecidos los presupuestos para irse podemos pasar al análisis de la propia acción y afirmar que implica un desplazamiento del sujeto, pero que no cualquier desplazamiento resultará en un irse exitoso. Para determinar qué desplazamiento del sujeto es idóneo hemos de fijar un marco referencial respecto del cual medir el movimiento y este marco referencial ha der siempre el de aquí. Si el sujeto, pongamos una vieja y un viejo, van en el tren hacia Albacete ese movimiento les permite irse de Madrid con éxito pero, si el aquí previamente definido es el vagón-restaurante en el que se encuentran, ese movimiento del tren no les permite concluir con éxito el irse. Necesitarán otro movimiento respecto del marco referencial vagón-restaurante.

Iniciado el movimiento dentro de los límites de aquí en dirección al no-aquí este ha de ser mantenido hasta que el sujeto deje de estar en el aquí para estar completamente en el no-aquí. No basta con un inicio de movimiento sino que este ha de producir un efectivo y completo no-estar del sujeto en aquí y pase a estar en el no-aquí. Un movimiento incompleto podría producir un irse fallido o, en el mejor de los casos, podríamos encontrarnos con un irse in itínere, pero no completo y perfecto.

Llegado el momento de la fijación de qué le es exigible al sujeto de la acción de irse, es necesario advertir que no cualquier objeto existente es susceptible de irse. Para irse es necesario que el sujeto de dicha acción disponga de un cierto grado de lo que llamaremos complejidad.

Un ser inanimado puede ser desplazado de un aquí a un no-aquí por una fuerza irresistible y exterior, pero no sería una acción calificable como irse, ya que ese movimiento habría sido causado. Así podemos concluir que el desplazamiento que llevará al sujeto desde el aquí al no-aquí ha de ser un movimiento por-si. Un tipo que sale de su casa esposado y es llevado a prisión no está actuando un irse, sino que, en el mejor de los casos, está siendo ido.

Ese por-si exige un cierto nivel de complejidad en el sujeto de irse que permita la existencia en él del impulso de irse, así como la capacidad de actuar un auto-desplazamiento. Una molécula, por ejemplo, no contiene la complejidad necesaria para la formación del impulso de irse ni para iniciar y mantener el movimiento. Pero no se exige más que la formación del impulso o la reacción al estímulo y la capacidad de moverse.

Por ello no es en absoluto necesario que en el sujeto de irse exista consciencia ni de sí mismo, ni del aquí, del no-aquí, del estar o el ser. Basta la complejidad necesaria para ejecutar un impulso, con origen en sí mismo o como respuesta a estímulos exteriores, que inicie y sostenga un desplazamiento como el descrito.

Tampoco es exigible al sujeto de irse lo que llamaríamos consciencia o libertad, ya que no es necesario que sepa que está actuando el irse. Piénsese que un perro o un robot con un cierto grado de respuesta a condiciones exteriores pueden irse sin ser conscientes de su propia existencia o de cual es la causa que origina sus respectivos irse.

Así el irse quedaría lógicamente definido como el desplazamiento completo desde un aquí franqueable hasta un no-aquí accesible de un sujeto existente, de tamaño menor que el aquí, que ha iniciado y sostenido por-si un movimiento, respecto del marco referencial del aquí, como respuesta un impulso interno o un estímulo externo.

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