Ensoñaciones librescas

DOREMARQUES800

Por Fernando García.

La lectura de El nombre de la rosa terminó de envenenar mi mente, en aquellos años 80 me dio por coleccionar revistas científicas (Nature, New England, Lancet, BMJ) y llevarlas a encuadernar primorosamente a uno de esos talleres de Madrid que olían a cuero y pegamento. La ensoñación consistía en tener en mi propia casa todo ese material de consulta perfectamente ordenado. Pero ay, vino un hijo y luego otro, y empezó a faltarme espacio. Aquello me sobrepasó y me obligaron a donar mi colección a un departamento universitario.

No habiendo escarmentado me enredé en un nuevo disparate, crear una biblioteca completa sobre la Guerra Civil. Iba comprando y sustrayendo subrepticiamente a mi suegro algunos volúmenes que iba colocando en los anaqueles liberados por las revistas científicas encuadernadas. Mas los acontecimientos se precipitaron, mi suegro falleció y me cayó encima su biblioteca completa. Dios aprieta pero no ahoga y heredamos también el Zulo manchego a donde desplacé el ingente material. Esta nueva situación me dio alas para nuevos proyectos, ahora disponía de un espacio casi ilimitado para dar salida a mis obsesiones.

Un desvarío llama a otro. Enfebrecido me propuse un nuevo disparate, diría que el epítome de las ensoñaciones librescas: coleccionar Quijotes. Incapaz de prever las dimensiones del asunto me entrampé para hacerme con un Ibarra, sin haber pagado éste adquirí un Thomson y así me fui enredando y cayendo por el abismo. La adquisición de unos Quijotes portugueses sembró la alarma en la familia, que me aconsejó buscar ayuda médica. La ciencia no pudo rescatarme, pues di un paso adelante y me hice «cervantista». En las noches del Zulo proclamaba a quien quisiera oírme, cierto que presa de los licores, que el Marqués, Paco Rico y García Trapiello, éramos los tres grandes cervantistas vivos. En fin, adquirí los siete tomos del Astrana Marín y buceé en la vida del verdadero fénix de los ingenios, de la cual llegué a conocer los detalles más nimios.

Frisaba los cincuenta años cuando andaba en éstas y parecía que el paso del tiempo me iba templando el espíritu. Prometí a mis deudos, preocupados al verme pignorar los últimos majuelos, cesar en mis afanes. Así lo hice y aquí me veo ya con un pie en el estribo pero satisfecho de haber cumplido casi todos mis sueños.

111 comentarios

  • Hace muchos años, y de resaca, así que pueden Vds. no hacerme mucho caso, el hijo de un coleccionista de quijotes me habló de un tipo que se empeñó en ilustrar cada escena del Quijote, un storyboard tan disparatado como la propia historia narrada en el libro, que requería de una lámina para, digamos, mostrar desde ‘En un lugar de la Mancha’ hasta el ‘galgo corredor’, otra para la olla, una tercera iluminando al ama y así sucesivamente hasta terminar el primer párrafo y acometer el segundo. Como todos esperamos, el hombre enloqueció antes del final, dejando inacabada una obra que ríase usté de los caprichitos de Fitzcarraldo y del Quijote cinematográfico de Wells.

    No sé si la historia es real, se parece siquiera a lo que he contado o se la inventó aquel Alejo para tomarme el pelo, pero la he recordado al leer las andanzas y mixtificaciones de este otro Don Alonso.

  • «¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
    la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
    ¿Los yunques y crisoles de tu alma
    trabajan para el polvo y para el viento?»

    Respondido que he a don Antoño ⎯«…para el polvo…», polvo el que tú tienes, don Antoño, mi alma; no, trabajan para el alambre, don Antoño, entraña⎯, dejo aquí los versitos para anotar la entrada.

  • Gata, no lo dices en serio. La ilustración de ayer era muy buena y divertida, con su punto cabrón incluido, un contexto negro muy oportuno y gracioso.
    También me gustaba mucho Kieslowski. (Luego pillamos a la Jenny distraída en una asera y le damos entrambas su meresido).

  • 3 de mayo de 2015 a las 22:29 GACHOINLOWERCASE
    (Perraco, la ilustración es un enorme despropósito. Lo último que me hubiese esperado yo es a un tío sometiendo a una tía ¡en MI deconstrucción!! Vamos, es in-tu-le-ra-pla!!! Y no pinta nada. Pero nada de nada.
    Volvéis a aprovecharos de mi confianza y candidez)

    Uf.

  • Preguntas del examen

    LENGUA
    Elegir la opción ortográficamente correcta para completar la oración “Me gustaría que me explicaras __________ has llegado tarde”.
    a) porque
    b) por que
    c) porqué
    d) por qué

    Elegir la opción ortográficamente correcta para completar la oración “Te daré la piruleta, _________________ si te callas”:
    a) haber
    b) a haber
    c) a ver
    d) ha ver

    Procedimiento de formación de palabras por el que se incorporan a la vez un prefijo y un sufijo a una base léxica; por ejemplo, trampa entrampar:
    a) Composición.
    b) Parasíntesis.
    c) Derivación.
    d) Acronimia.

    MATEMÁTICAS
    Con un depósito de 440 l de agua, ¿cuántas botellas de 5/8 de litro se pueden rellenar
    a) 708
    b) 282
    c) 704
    d) 275

    Completar los huecos con los números que faltan para que la siguiente sucesión tenga un orden lógico:
    0, 1, 1, 2, 3, 5, __, 13, __

    a) 8 y 21.
    b) 6 y 20.
    c) 8 y 20.
    d) 5 y 13.

    CULTURA GENERAL
    ¿Qué denominación reciben las líneas imaginarias que unen de norte a sur los Polos?
    a) Círculos polares
    b) Meridianos
    c) Longitud
    d) Paralelo

    ¿Cuál de los siguientes personajes, conceptos o hechos no tienen que ver con el proceso de hominización?
    a) Juan Luis Arsuaga
    b) Lucy
    c) Leakey
    d) Laika

    Durante los grandes viajes de los siglos XV al XVII muchos marineros murieron por el escorbuto. ¿Qué alimentos faltaban en la dieta de estos marineros?
    a) Cereales.
    b) Carne.
    c) Pescado.
    d) Frutas.

    Un examen específico para estudiar Magisterio

  • ¿Cuál de los siguientes personajes, conceptos o hechos no tienen que ver con el proceso de hominización?
    a) Juan Luis Arsuaga
    b) Lucy
    c) Leakey
    d) Laika

    “Con el proceso de hominización” yo diría que ninguno, pero me catearían, por listillo. Digamos que con la Antropología.

  • Durante los grandes viajes de los siglos XV al XVII muchos marineros murieron por el escorbuto. ¿Qué alimentos faltaban en la dieta de estos marineros?
    a) Cereales.
    b) Carne.
    c) Pescado.
    d) Frutas.

    Durante mucho tiempo he estado engañado por la leyenda de que al almirante Edward Vernon (al que zurró la badana Blas de Lezo en Cartagena de Indias), había inventado el grog (ron caliente con azúcar y limón) para combatir el escorbuto de los marineros ingleses. En realidad se trató simplemente de una añagaza para racionar las existencias.

  • Seguramente el perro tenga más que ver con el proceso de hominización que Arsuaga, que es sólo es un curioso del asunto.
    ***
    Nunca he tenido ese interés por poseer ediciones originales o especiales de libros, y lo he echado de menos en ocasiones. Apasionarme por esos detalles. ¿Qué se siente?

  • Un hombre sabe que hay que derramar amor sobre los objetos y los animales, pues ellos siempre te devuelven mas de lo que les das. En una suerte de deriva celiniana estuve a punto de dedicar la entrada de la siguiente forma” A los libros viejos, a las prostitutas y a los animales”. Pero como últimamente gustan “editarme” ya me he censurado yo solo. Conmigo sí se atreven, pero con Chachó no, que muerde. Su texto de ayer hubiera merecido una depilación a la brasileña, cierto tipo de escenas escabrosas sobran en este fanzine.

  • Creo haber tenido suerte con las mujeres. Las he profanado bellísimas, hubo una inteligente y si me mostráis una foto de mis hijos con la cara demacrada mostrando el periódico del día llegaré a confesar que dos de ellas eran buena gente. Todas tenían dos cosas en común: les encantaba chapotear enloquecidas en ese lodazal de frustraciones que es su alma y aborrecían mi pasión por los libros. Siempre que me vieron entrar en casa con las alforjas cargadas de libros agriaron la cara. Ese día se cortaba la mayonesa.

    Estoy acostumbrado desde pequeño. Mis padres no eran especialmente comprensivos con mi obsesión bibliófila. Lo puedo entender. Vívíamos en las afueras de una ciudad dormitorio. La calle estaba sin asfaltar y los balcones daban a un conjunto de fábricas vacías con los ventanales rotos a pedradas. Al lado, huertas donde se pinchaban los yonquis y un descampado que se inundaba con las feroces lluvias de abril. Un piso situado en esa zona no podía ser más que una ergástula donde apenas cabíamos cinco personas y un televisor.

    Vivir solo le permite al macho ciertas libertades: ver al Aleti cuando le pete, peerse y regoldar engallando el gesto y sembrar los muebles de calzoncillos acartonados por las pajas. También algunos placeres, como el de dejar la casa impoluta de tanto en tanto, mojar los langostinos en una mayonesa bien cuajada y atesorar los libros en estanterías y montones. Vivir en pareja troca esos placeres por otros: disfrutar de las películas cursis, salir a comprar bragas y practicar el acto. Mas el precio a pagar es altísimo: un despliegue de situaciones de histeria aniquiladora capaz de destruir los nervios del más templado barbián. No compensa.

    Reconozco que el disgusto de las hembras por mi pasión libresca no ha entrado nunca dentro de su catálogo de histerias. Más bien se ha tratado de una aflicción continua, un trabajo de zapa moral cuya herramienta principal de desgaste era un visaje de desprecio. Pero así como pude comprender el rechazo de mis progenitores, jamás entenderé el de ellas. ¿Pretendían llenar mis plúteos con sus mierdas y sus novelitas para mecanógrafas? ¿Acaso eran celos lo que sentían de aquellos cuadernillos cosidos? ¿Esperaban que llegara del rastro con bolsas llenas no de volúmenes de Austral sino de billetes para satisfacer minuto a minuto sus deseos de princesas baratas?

    Salieron todas de mi vida, por fortuna para mis nervios, y me quedé con mis libros. Ver películas cursis, comprar bragas y practicar el acto son cosas que pueden hacerse de tanto en tanto, con hembras dadas al escarceo fugaz. No es necesario que acampen en casa de uno para llenarlo todo de gritos, reproches y llantos incontrolados a cambio de unas caricias y dos céntimos de amor fingido.

    El placer de la lectura lleva implícito el del hallazgo y su peripecia. Dónde se compró cierto libro, en qué condiciones, cuándo se leyó y cómo sus páginas colmaron nuestros sueños. He pasado el fin de semana en Francoforte del Meno. Di casualmente con una librería, con fondos en varios idiomas, que subsiste en una calle céntrica de la ciudad. Parece haberse quedado anclada en los años 80, aunque los precios son actuales. Me llevé tres libros: dos novelas negras de Bruguera y un tomo de aforismos y breve miscelánea de Ramón J. Sender. Dos de ellos estaban retractilados, pero uno había perdido el plástico y la cabeza estaba cubierta de una costra polvorienta. La librera, que parecía tener el año y la color de los tomos que guardaba, sacó una brocha y un trozo de papel de lija. Como uno de aquellos memorables personajes de Delicatessen, desplegó un catálogo de gestos mecánicos: tomó la brocha, cepilló la cabeza, dejó la brocha, tomó la lija, la frotó concienzudamente sobre la cabeza, dejó la lija, tomó de nuevo la brocha y limpió los restos de papel que habían quedado en los cortes y en las tapas. Hojeé los tres libros en un bar mientras me tomaba una cerveza y emponzoñaba mis pulmones con un cigarro mal liado. En silencio, privilegio de los solitarios.

    No le meteré dos hostias a quien me llame despistado, porque es la pura verdad. No obstante, tengo una enorme capacidad de memoria visual. Atesoro la imagen de cualquier párrafo que me haya llamado la atención en un libro. Me costará muy poco encontrarlo de nuevo: recordaré si estaba al principio, en el medio o al final; si estaba en la página par o impar y si se localizaba arriba o abajo. El viaje de regreso lo pasé leyendo otro de los libros: La ventana siniestra, de Chandler. Qué gozo, amigos. La chulería de Marlowe no es algo que haya que despreciar. El gozo terminó por convertirse en placer supremo cuando leí un fragmento que, inmediatamente, se cruzó con una frase de Sender que había fijado en mi memoria. Al llegar a casa saqué de la maleta los calzoncillos sucios y los esparcí por el salón para dar ambiente, una especie de cotillón de bienvenida. Oriné, me rasqué, me tiré en el sofá, abrí una cerveza y cogí los dos libros para comparar las frases y comprobar que, efectivamente, había afinidad entre ellas. No me llevó más de treinta segundos localizar la de Sender: «Las mujeres están siempre al acecho de una buena ocasión para resistir las tentaciones, pero para eso tienen que buscarla, la ocasión, y es lo que hacen». La de Chandler la tenía fotografiada en el teléfono de bolsillo: «Esas son las zorras que se pasan la vida buscando líos, y cuando los encuentran la culpa la tiene el primer tipo al que pueden echarle el guante». Magníficas casualidades. Las hembras y su busca. En momentos así no hago más que bendecir mi biblioteca y mis obsesiones.

    Corolario: Esto está escrito para levantar sonrisas y aun alguna carcajada. Ahorraos los ataques de ansiedad, los insultos espasmódicos y los psicoanálisis baratos.

  • 4 de mayo de 2015 a las 13:52
    MGAUSSAGE
    … ¿Qué se siente?

    (El marqués, una erección fijo.)

    4 de mayo de 2015 a las 14:03
    MARQUESDECUBASLIBRES
    hubiera merecido una depilación a la brasileña,

    Todavía estamos a tiempo, cari. Como en breve entraré en quirófano, tengo que llevar eso como el de una muñeca y lo mismo es la última vez que palpito (entrar en quirófano es lo que tiene) vente a hacermela tú…que no sabes ni coger una espátula.)

  • (Que párrafo tan bonito, Bremi -y no como la mierda ilustración de ayer-)

    4 de mayo de 2015 a las 14:11
    BONNIE
    ¿Depilación masculina, sí o no?
    Yo abro el debate con un NO ROTUNDO.

    Yo lo sigo con un SÍ ABSOLUTO.

  • NO a la depilacionalización
    masculina.
    Y que ellos siempre conserven
    ese sedoso recuerdo
    del proceso de hominización.

  • Libros si. Pero por qué esas ediciones especiales?
    ***
    Nunca tuve ese problema de incompatibilidades de mujeres con la acumulación de libros, sólo por los montones sin orden aparente invadiendo espacios. Algo que si bien molesto, es razonable. Y lo de salir a comprar bragas tiene un punto estimulante comparado, por ejemplo, con ir a comprar cortinas.

  • 4 de mayo de 2015 a las 13:28
    PERROANTONIO
    Quienes no habéis respondido correctamente a la pregunta tres, aunque sólo sea por deducción, no merecéis ser maestros.

    Yo la he respondido bien por la chiripa del principiante.

  • El mito del soltero es recurrente entre los varones, depilados o sin depilar. El border-line Amador lo describe muy bien “vividor follador”.
    Sin desmerecer a Brema, el cabronazo de mi hermano cumple todas las expectativas consideradas por todos como quimeras inalcanzables. Se gana bien la vida con un trabajo que le gusta y que le obliga a estar todo el día bajo el sol, casi en pelotas (cuando hace frío neopreno) por lo que siempre está moreno y en forma. Tiene horario de bombero (capazos de días libres y vacaciones inacabables), trabaja en Valencia pero tiene la casa en Denia, a pie de playa literalmente, donde se dedica a sus perversiones y a mirar el firmamento con su telescopio, disfrutando de condiciones perfectas, un cielo nocturno claro y despejado casi siempre, pero sobre todo, a modo de muestra, su último rollete tiene veinticuatro años y él cuarenta y cuatro.
    Yo me paso la vida diciéndole que vuelva a la realidad y se organice una vida adulta, que le quedan muy pocos años de seguir follándose jóvenas, pero mientras tanto se descojona en mi cara.

  • El asquito es ese repelús por lo viejo, por lo usado, por lo manoseado y por lo diríase que chupado. Benito, químico de profesión, sabía que el asquito tiene su porqué verificable. Es el efecto sobre los sentidos del sedimento lamigoso producido por los años. En definitiva, la consecuencia ambiental que resulta de la película de secreciones que forman las inaprehensibles gotas de sudor, los microscópicos felipones, los ápices de legañas, las motas de caspa, las imperceptibles salpicaduras de la sartén. Intangibles partículas nanovolumétricas que, reunidas a millones por el paso del tiempo, llegan a concretarse en capas visibles de un beis muy característico, y que determinan el olor y el sabor del aire desde suelos, muebles, objetos, paredes y techos.
    Ya cité aquí Las ganas, de Santiago Lorenzo, que propone aquí una respuesta a lo que Mgaussage se preguntaba.

  • No puedo dar una réplica, Botillero, más bien un 10/10 que lamento por lo que había disfrutado con las Ventanas en Mannhattan. No conseguí acabar mi ejemplar de La Sombra que se va; veré de regalarlo a Brema, un decir.

  • ¿Réplica? Todo lo que no sea enviar padrinos y que elija arma va a quedar entre melifluo y faltón y para esto último se requieren esfuerzos considerables.

  • 4 de mayo de 2015 a las 15:33
    HOLMESSS

    Gracias por la referencia, lo buscaré. Tan de todos los días, el asco, y estamos como con el amor, que nadie lo define.

  • [0]

    Muchas veces, especialmente desde la aparición del libro electrónico, me pregunto qué hacer con mis libros. Sé que acabarán despareciendo como lágrimas en la lluvia o llenando un contenedor de papel y cartón, y me entristece: tantas horas he dejado en ellos – desde la búsqueda, el encargo si eso, la compra, la difícil, decisión cuando he tenido que elegir, muy a mi pesar, con varios en mi mano en la librería, por supuesto su lectura, la relectura y/o consulta (algunos), las mudanzas (ya van cinco), los viajes de ida y vuelta en vaciones, los más cortos y cotidianos en metro y autobús, sus cambios de asentamiento de una estantería a otra.

    Llevarlos a la vieja casa de pueblo, regalárselos a alguno de mis hermanos, que sí valorarían el regalo, donarlos a una biblioteca, que los hereden mis hijos (no muestran demasiado interés, tienen sus propios gustos y son de la época del byte). Sea lo que sea, es solo posponer a lo sumo una generación su final. Su destino está escrito.

    Por eso me pregunto para qué seguir comprando y almacenando libros.

  • Bremaneur 4 de mayo de 2015 a las 14:08
    El placer de la lectura lleva implícito el del hallazgo y su peripecia. Dónde se compró cierto libro, en qué condiciones, cuándo se leyó y cómo sus páginas colmaron nuestros sueños.

    A veces solo tomar un libro de la estantería y es oler, ver, oir el parque , la playa, la terraza donde lo leímos

    Atesoro la imagen de cualquier párrafo que me haya llamado la atención en un libro. Me costará muy poco encontrarlo de nuevo: recordaré si estaba al principio, en el medio o al final; si estaba en la página par o impar y si se localizaba arriba o abajo.

    Esa es una de las características del libro en papel que perdemos con el ebook. Otra, que me entristece asaz: cuando ibas a casa de un amigo o de tus tíos, y curioseabas los títulos de sus libros, cabeza ladeada, y, si no te veían o si había confianza, sacabas alguno y leías la contraportada.

  • Vaya hilos postpuente aquí.
    Yo sí tengo problema con los libros, ya no van cabiendo y las brocas por su abundancia y mi orden son cada vez más frecuentes. No teniendo ‘ediciones príncipe’ sí gusto de libros con pedigrí además de ediciones especiales de libros de arte, en general muy grandes y muy caros. Mis diseñadas estanterías de pino oregón están, es verdad, sobresaturadas.
    Respecto a lo capilar, nunca me he depilado, pero cada vez que voy al cardiólogo, a causa del electrocardiograma, me hace a palo seco no unas ingles, pero sí unas tetas brasileñas como para salir en portada.

  • Perroan: creo que las he acertado todas, incluso la que no sabía, pero me da pereza comprobarlo. (¿Composición? Ay…)

    Funes: independientemente de la aparición del libro electrónico tu biblioteca terminará en el rastro o en la basura. No sufras: es su sitio natural, como lo será el de todas nuestras bibliotecas personales. Haz el favor de no donarla a una biblioteca pública, ten piedad de los bibliotecarios. Mejor dónala a una organización de ayuda social que necesite libros. Seguro que hay alguna fundación cultural ligada al Madridismo que los necesita. Hay tanto analfabeto suelto. O véndelos, aunque te duela hacerlo por 0,50 el tomo, y eso dando gracias. Por otro lado, nunca entendí el pudor de la gente cuando toqueteas su biblioteca. Ni que guardaran revistas porno entre los dostoyesquis. A mí me place que saquen, lean, miren, comenten.

    Mortimer: compro primeras ediciones cuando nunca hubo segundas. Así me hice con el libro más caro de mi biblioteca, trescientos cincuenta euros. Cierto que venía firmado por el autor e incluía dos cartas manuscritas. Llámalo inversión; seguro que el día que toque lo vendo por treinta. También quise leer un libro de Sender no reeditado. Comprarlo cuesta quinientos euros. Me hice con él encargando una copia a la Biblioteca Nacional por cincuenta euros. He conseguido primeras de Ricardo Baroja, dedicadas, por menos de lo que cuesta la última novela de Muñoz Molina. Si pudiera coleccionaría bragas sucias, pero el mercado del libro es más accesible. Llámalo fetichismo en unos casos; en otros, inversión. Lo importante para mí es leer siempre lo que compro. No siempre lo consigo. En otros casos compras primeras porque salieron de imprentas concretas, impresas en papel inigualable, y en muchos casos se cumple lo que dijo Trapiello recordando a Juan Ramón Jiménez: en edición diferente, los libros dicen cosas distintas.

  • Creo haber trasmitido a mi hijo, que no a mi hija, el gusto por los libros y otras colecciones aberrantes que practico. Ello unido al Zulo hace pensar que tras mi anunciada muerte quedarán huellas de mi fútil existencia durante una generación mas.

  • Me molesta esa idea cristiana, que trae aquí Brema, de tener que leer los libros que se poseen. Es como querer casarse con todas las mujeres que hubietas poseído. Es una idea rácana y triste.
    A veces me dicen en casa que no compre mas obra, que están las paredes llenas. Esto me irrita mucho, pues si el Prado no tiene ni la mitad de la obra expuesta no voy a ser yo mas.
    En fin, en la misma línea me acusan de tener motos que no uso, todo esto es un sinsentido y un insulto. Me repugna el utilitarismo, tan femenino por otra parte.
    También hay en estas acerbas críticas resentimiento social. Mi padre, hombre sabio a sus 90 años, siempre me recuerda la bajeza de envidiar a los ricos, pues éstos, insiste don Fernando, solo pueden comer o follar tres veces al día, igual que nosotros.

  • Últimamente estoy prestando muchos libros (ninguno a chicas, se ve que quieren otras cosas de mí). En el 95% de los casos digo: «aún no me lo he leído, pero me han dicho que es imprescindible». Todo llegará.

  • 4 de mayo de 2015 a las 22:29 Bremaneur
    Perroan: creo que las he acertado todas, incluso la que no sabía, pero me da pereza comprobarlo. (¿Composición? Ay…)

    Se está rifando una hostia…

  • (Y se ha muerto Jesús Hermida, más jóven que mi padre al que han operado hoy exitosamente de una catarata, y que mi tio al que hoy también le han dado el alta tras su operación del tumor en el recto.
    Son tiempos de quirófano para la familia.)

  • Hay, dice Connolly, que por lo demás había sufrido mucho con las mujeres y era un misógino de libro, como esas recién divorciadas que donde ven un hombre ven por sistema un falo opresor, dos formas de arruinarse el gusto por la literatura: la primera consiste en entregarse a la bibliofilia, y la segunda, en dedicarse a la crítica literaria. Nada que añadir, su Señoría.

  • Proc, dámela.

    Pi, eso que has traído es un argumento de autoridad tan… ¿cómo lo diría?… oh, cielos… incontestable…

  • Lo es (incontestable) porque Connolly, como buen británico, tenía la capacidad de reírse hasta de sus propias debilidades (la bibliofilia, la misoginia). No sé tú, pero yo cuando oigo o leo a alguien hacer chanza de uno mismo, le guardo el aire.

  • El coleccionismo me parece algo fetichista, un vicio en el que procuro no caer, y la unica manera que tengo de evitarlo es no tener sitio donde guardar las cosas.

    Encontré un libro llamado “cuentos negros soberanos” en una tienda de segunda mano, escrito por un profesor que vivió la “transición” en Guinea. Es bastante interesante
    Y hay gente que se acuerda de él, tal y como se puede ver en el link. Que no sea un libro olvidado me alegró.

  • Este fin de semana, el afamado bloguero Manuel Jabois ha tenido el detalle de regalarme este libro de Satur..
    – – – – –
    Marqués, si le sobra alguna moto puede provocarme una crisis matrimonial cuando guste, haciéndome donación de algún ejemplar decadente. Aunque Vd. es muy de máquinas del infierno y yo de tranquilos trastos de paseo, podremos arreglarnos.

  • Por segunda vez en pocos días me he cruzado con Zubi (“jugarán Zubi y diez más”). A la tercera me haré un selfie con él, ya me da igual todo.
    Igual le explico que le tengo asociado a Paul McCartney y a Julio César: los tres pensaron, en momentos cruciales de sus vidas, que habían fracasado y no tenían futuro. Justo lo contrario de lo que pensaba de ellos el 100% de sus coetáneos, y a los que el tiempo dio la razón. Ahí vi la fuerza del dictador que llevamos dentro los hombres, respecto al concepto del éxito:
    -Paul lloró tras conquistar Hispania porque Alejandro, a su edad, ya dominaba el mundo.
    -Juli0 creyó que su carrera como portero había acabado cuando Cruyff le despidió.
    -Zubi vio la suya terminada con la separación de los Beatles.

  • Lo de Martín Olmos y los gauchos me ha recordado una historia.

    Sería principio de los 80 y en donde veraneábamos aparecieron una pareja de argentinos preguntando por mi abuela. En realidad ella era maestra, como mi abuela, y habían ganado la oposición juntas durante la república. El marido, mucho mayor, ése sí que era argentino, pensé. Muerto Franco quería volver a ver España. Ellas pasaron la tarde recordando anécdotas de su juventud, de la guerra, las depuraciones posteriores y, en el caso de la visitante, de su huida a Argentina.
    El esposo de ésta, que parecía adormilado por el calor y sus, por lo menos, 80 años, llegada la hora de la cena se animó y empezó a relatar lo suyo. Era igualmente gallego, de Lugo, y su padre lo había emigrado siendo un crío. Hipotecó unas tierras a cambio de un billete de barco y sin preguntarle lo embarcó en Vigo. A quienes no llevaban una carta con un compromiso de contrato los encerraban en unas naves grandes en el puerto, a las que acudían quienes necesitaban empleados. El mecanismo era sencillo: el patrón gritaba el nombre de su parroquia en Galicia a través de unas rejas y si era la tuya te acercabas, verificaba quién eras –el hijo de, el hermano de- y si no había enemistad familiar, contratado. Caso contrario gritaba el nombre de una parroquia vecina o el de la de su mujer.
    Este tipo, nos contó, tuvo suerte y en un par de días apareció un vecino, al que por su edad él no conocía, que lo sacó de allí. Un tal Ramón. Para trabajar en su pulpería, le dijo, y el chaval pensó que tendría que ir de feria en feria cociendo pulpo.
    Montaron en un coche – el tipo decía “carro”, así que igual fue un carro y no un coche- y salieron de la ciudad, hicieron noche al raso, viajaron otro día y vuelta a dormir al raso y así más de una semana. Cuando pensaba que el mundo ya no podía ser tan grande el patrón le advirtió que estaban a punto de llegar.
    Al anochecer vieron en una colina a un gaucho poco menos que “haciendo estampa”. Al advertirlos se acercó desde lejos galopando con su sombrero adornado, el pañuelo, la camisa y el chaleco, el cinturón de monedas de plata, la pistola, el cuchillo largo, el látigo, las botas con espuelas, silla adornada y todos los demás aditamentos de un perfecto gaucho. El chaval nunca había visto nada parecido. Dignidad, señorío y pinta peligrosa.
    El jinete los alcanzó, se les puso a la par, se descubrió y saludó con una sonrisa:
    —¿Cómo lle vai, Don Ramón? Xa o botábamos a faltar.
    El gaucho había nacido a quinientos metros de su casa.

  • Merc, “Talco y bronce” es el título del mejor Lp de Manzanita. También de un post que escribí hace mucho.

  • Bremaneur, la relación con los libros de los tipos a los que les gustan es siempre un poco rara. Entiendo lo de comprar primeras ediciones si no hay otras disponibles, pero a mi me valdría una fotocopia. Por otra parte los junto, los acumulo, nunca los presto, nunca vendería ninguno, me resultan igualmente un problema de espacio y de orden, prefiero comprar dos de viejo que uno nuevo. A veces he comprado libros raros o inútiles que siendo libros en realidad compro en calidad de “cosas”: misales en letra gótica, poesía en japonés, guías Baedeker o láminas del XIX para graduar la vista y diagnosticar el daltonismo. No obstante los prefiero en rústica y si –sólo si– me gustan mucho los subrayo y maltrato. Compro todos los ejemplares que encuentro de viejo de una novela regulera –Pasos sin huellas– que fue Premio Planeta, de la que tengo seis o siete y sólo leí una vez. No me he leído todos los que tengo aunque pienso que habrá tiempo más adelante, autengañándome. Por eso no puedo decir que no tengo un cierto fetichismo con los libros, pero esa pasión por el ejemplar raro o usado en perfecto estado, como de coleccionista de sellos, se me escapa completamente.

  • Lo conocía, Marqués. Lo que no sé es a qué hace referencia ‘talco y bronce’. ¿Hay algún refrán, alguna frase hecha, tipo ‘cañones y mantequilla’?

    Y ya de paso, QUÉ VERGÜENZA PARA LA INTERNET TODA que no exista una galería de fotos de las motos del Marqués.

  • Perdone, no estoy autorizado.
    (Me pareció ver un lindo gatito)

    Y ya de paso, QUÉ VERGÜENZA PARA LA INTERNET TODA que no exista una galería de fotos de las motos del Marqués.

    Eso es porque no le sigues en FB, entre las botellas de vino que se jala y las motos, no tiene otra cosa que pasarnos por los morros.

  • Está claro que las chicas no entienden de motos, donde Bonnie ve “motos que nos pasa por los morros” hay fotos de una sola.

  • ¡¡EH!! Yo he contado al menos dos: una de esas motos Enduro para hacer el macarra por Daimiel y una de ésas para no dejar montar a menos que estés entre un peso mosca y un peso ligero.

  • La que me va a caer.

    Sé que no debo. Sé que denota inmadurez y falta de “adaptaciones” al medio, pero sigo empeñado en regir mi vida y sobre todo mis relaciones como si este mundo fuera en realidad el universo de las pelis de John Ford.
    Esto me genera continuos problemillas, problemas y problemones. Pero no me da la gana vivir de otro modo, no valdría la pena seguir viviendo si hubiera de doblegarme ante todas las estupideces diarias y la falta de hombría reinante allá donde miro o cualquiera que sea con quien hablo, en el sentido Fordiano, de la palabra dada, la asunción de las consecuencias, etc…
    Sumenle a ello trabajar mayoritariamente con mujeres y hombres feminizados, tendrán un fenomenal pastiche de hechos y sentimientos, imposible de desenmarañar y tendrán además a un cascarrabias oficial (yo) tildado como tal mientras alucino por las reacciones de los demás, para mí completamente inesperadas, mientras intento aclarar lo esencial, lo que son hechos de lo que son aditivos sentimentaloides.
    No estar en una película de Ford es una putada, pero trabajar con las mujeres (y hombres femeninos) que me han tocado en suerte es una gracieta divina con muy mala leche.
    (Les garantizo que el número de problemas y fuegos que tengo que atender es infinitamente superior al de otros tiempos, cuando trabajaba y me relacionaba con la rudeza franca y clara de los hombres antañones)

  • Señoritas, señoritos, las próximas entradas programadas son las siguientes:
    Mañana 6 de mayo, Mantenimiento percusivo, del señorito Mortimer Gaussage. El viernes, 8 de mayo, el señorito Sífilis nos deleitará con una nueva entrega de El anarquista enamorado, titulada Cuando la picha mengua, se alarga la lengua (a mí no me miren, yo soy una mandada). El domingo rememoraremos un artículo del ÇhøpSuëy3D y el lunes 11 de mayo la señorita Pirata Jenny nos ofrecerá un texto titulado Lemánicas (I, La Limite). Disfruten de lo que queda de semana. Cordialmente suya, Srta. Bellpuig.

  • 5 de mayo de 2015 a las 16:43
    PERROANTONIO

    (Dios mío, a mi cada dia se me van más los complejos. Acumulo defectos desde que me levanto hasta que me acuesto (incluso durmiendo los acumulo),y la conciencia de este hecho me hace sentirme mal y frustrada. Pero al dia siguiente…Al dia siguiente siempre me encuentro con alguien que hace que se me vayan todos los complejos.
    (No sé quién es peor, si el “poeta” o el iluminado de la perilla. Bueno, sí que lo sé.)

  • Los vídeos, IMPAGABLES. Que conste que a mí me vuelve loca la poesía ídem, pero lo de Goikoetxea es lo más que he visto.
    Brema, ese poema lo reparto en fotocópidas a veces para una cosa.

    También me ha gustado mucho el relato de McGauss (por razones muy diferentes, McGauss).

  • 5 de mayo de 2015 a las 15:28 Adaptaciones
    […] mientras alucino por las reacciones de los demás, para mí completamente inesperadas, […]

    JUAJAUJIAH, no te lo crees ni usted.

  • Y el comentario de Holmesss (Zubi…, quién es Zubi…) me ha recordado que ayer pasé por delante de la Diputasión de Vizcaya y vi que habían colgado un pendón del balcón que, sobre bandas rojiblancas, resaba así: «Bizkaia zurekin». (Que quiere decir la paz sea contigo, alirón).

    Y yo me pregunto, apartando a manotadas el humo de la mala hostia que me arde: nos ponemos como hidras cada vez que detectamos un símbolo religioso en un edificio público, ¿y tenemos que soportar esto?

  • (El de la perilla. Con diferencia. Al “poeta” mi padre lo tildaría de *original* “Un tipo así original ¿sabes hija?” (sé, padre. Sé lo mucho que te duele llamar “rara” a la gente))

  • Ah, las banderas. Desde el Mirador de CCCB se aprecia una grande y cuatribarrada, en lo alto de un mástil que corona el campanario de la basílica del Pino, en medio del meollo de las ramblas.
    Un correcto correo inquiriendo al obispado sobre la idoneidad de la cuestión obtuvo nula respuesta.
    En breve un intrépido comando procederá a su sustitución, todavía no se sabe si por la de Mongolia Exterior u otra representación nacional. Se espera testimonio gráfico del evento.

  • A mí el que más me gusta es este de Pérez-Zúñiga que además, vaya Vd. a saber por qué, alaba al Perro.

    CAMELÁNEA ESPELIFUCIA

    Como el fasgo sendal de la pandurga
    remurmucia la pínola plateca,
    así el chungo del gran Perrontoreca
    con su garcha cuesquina s’apreturga.

    Diquilón el sinfurcio flamenurga,
    con carrucios de ardor en la testeca;
    y en limpornia simpla y con merleca,
    se amacoplan Segrís y Trampalurga.

    La chalema, ni encurde, ni arropija;
    la redopsia, ni enfucha, ni escoriaza;
    y enchimplando en sus trepas la escondrija,

    con casconia ventral que encalambrija,
    dice a la escartibuncia mermelaza:
    ¡Qué inocentividad tan concunija!

  • Vaya murga con el ‘maestro’ Hermida. Si era egocéntrico, histriónico, sobreactuado, estomagante y, lo peor de todo, acomodaticio con el poder. Ni un atisbo de crítica en sus innumerables ‘actuaciones’. ¿Periodista? …y una mierda.

  • 5 de mayo de 2015 a las 10:37
    holmesss
    […]
    -Juli0 creyó que su carrera como portero había acabado cuando Cruyff le despidió.

    Querido Holmesss, mi carrera como portero, que la tuve pero muy breve, acabó el día que, intentando emular a Reina (padre), entonces en el Córdoba CF y poco después fichado por el Barcelona, hice una estirada sobre el terrizo del patio de recreo de los Salesianos, me desollé una pierna y parte de un brazo y el paso posterior por la enfermería, donde me limpiaron con un algodón y algo que debía ser alcohol, aunque a mí me pareciera combustible del que le echaban a los aviones a chorro, de lo que escocía, me disuadió de seguir por ese camino. A partir de ahí mi modelo futbolístico pasó a ser el expeditivo defensa Goyo Benito, no le digo más.

    Por lo demás, le agradezco a usted y a Procu que intentarán distraerme la tarde de autos de la confirmación de despedida de los ruedos de Primera del Córdoba de mis berrinches. Menos mal que aún queda gente con sentido y común y mucha clase entre los abonados del Barcelona. Yo aún no desespero de que algún día vuelva a ser nada más (y nada menos) que un gran club de futbol español.

  • (Procu, la Bellapubis te va a regañar porque no quiere los enlaces asín.)

    “La música barroca colonial, en diálogo con el flamenco”. Qué bonito. (Al cantaor sólo le he entendido “osamenta”, nada más.)

  • Hoy mi padre de, creo, ochenta y dos años me contaba si santa indignación por que le arreen dos horas de flamenco, a traición, algunas veces cuando escucha Radio Clásica. No puedo estar más de acuerdo con él.

  • Perdone, Sita. Es que una vez el sito Perroantonio dijo que sí se podía, y si otra vez dijo que no se podía de esa no me acuerdo porque una no se puede acordar de todo más que de lo que le parece a una.
    Ese disco de Arcángel y la Accademia del Piacere es precioso, Gata.

  • (Pues a mí me gusta. Y Camané, que lo conocí gracias a Radio Clásica, también me gusta.)
    No sus lo creeréis, pero anteanoche me tuve que duchar con agua fria para poder meterme en la cama; anoche también, y ahora voy a hacer lo mismo. Aquí no se puede estar. No sé cómo deben estar pasándolo en Xàtiva -el pueblo más caluroso de España- con la calor, y el pedazo alcalde que tienen -porque se lo han elegido ellos, qué coño-
    (Me duele mucho la cadera desde hace dos días. Yo creo que es una metástasis ya. El agua fría engarrota más, pero es que voy a explotar!!)

  • (He estado un rato escuchandolo, Procu. Al final he adelantado hasta el minuto 14 para escuchar a la soprano. ¿Y a mí que el Arcángel este no me acaba? Coge el tono mejor cantando detrás de ella, que a pelo con el instrumento -que no lo coge-.
    Pero el disco sí que es verdad que está de escuchar. Ideal para llevarlo en el coche y cruzarse España por carreteras secundarias.
    Estarán en Sevilla en junio.
    Mira en lo que me entretengo
    Y en esto. (es que me parecía valenciano, y no.)
    Y ya. Porque dormir, al menos hay que intentarlo.

  • Gracias, Procu. Arcángel es uno de mis cantaores preferidos, entre otras cosas por su permanente disposición a mezclarse con músicos de distintos pelajes y a experimentar. La última vez que lo he oído en vivo fue en la Noche Blanca del Flamenco de Córdoba del año pasado, que trajo su espectáculo Estruna, un cruce entre el flamenco, la música coral búlgara y el jazz, que a algún purista de mi charpa le provocó muchos mohines de daprobación, pero que a casi todos nos encantó. A mí, en especial, un guitarrista de jazz italiano que llevaba, Antonio Forcione, que me dejó totalmente embelesado.

  • No entiendo de flamenco y también solía creer que no me gustaba, como la cerveza negra, pero un día fui a ver a Poveda a un polideportivo de pueblo. Estábamos amontonados en sillas de plástico y antes de empezar ya estaba deseando que acabara, qué situación más antimusical y disgustante. Pues no sé cómo explicarlo, y es que casi me muero del colocón. Mejor que la cerveza negra incluso, e incluso muchísimo mejor. Soy muy pardilla, pero fue de una hermosura inolvidable, en serio.

  • [0] Al Marqués ya lo pudimos observar en un anterior episodio (chez Jabois) “ordenando” su colección de libros al umbraliano modo, en alguno de los pocos momentos de tranquilidad en el zulo. Luego, coincidiendo con la época en la que tocó inculcar a sus hijos la pasión por los libros, tuvo un rebrote, medio hippie, medio sociata, a causa de las malas influencias de músicos, artistas y gorrones de la farándula que vivían a su costa llenado a todas horas un zulo convertido en pasillo de comedias o casi un circo. Hoy, frisando los sesenta y recuperada la sensatez liberal-conservadora, el Marqués disfruta de sus colecciones de libros y de arte en su pazo blasonado manchego, al que sólo invita ya a los (y las) cabales.