El anarquista enamorado, 8. El dueño de la Ribera de Curtidores.

OKUPA
por Claudio Sífilis.

Miguel lleva tres semanas en un hostal del centro y, en este tiempo, dejándose guiar por Ruth, ha podido aprender algo sobre una iniciativa colectiva de okupación. Acompañaron a un grupo de gente a visitar la Junta de Distrito Centro para hablar con el concejal responsable, querían solicitarle un edificio al que trasladarse si se lleva a cabo el desalojo del centro social autogestionado de Malasaña, el Patio Maravillas. En el hall del edificio, desplegaron pancartas, pegaron carteles en la pared, bailaron samba e hicieron yoga, todo ello derrochando simpatía y buen rollo. Les concedieron una cita con el concejal dos días después a cambio de que se fueran.

Porque es importante explicarle al concejal de distrito que la historia de este tipo de centros es larga, que tienen una gran importancia para el barrio. Por si el concejal pasa más tiempo en Babia que en Madrid, hay que explicarle a grandes rasgos que hay en el centro de Madrid numerosos edificios abandonados por décadas, que a veces les cae en suerte ser utilizados por colectivos de gente inconformista, que cargados de energía e ilusión, crean un centro cultural apartado del sistema. Gente que hace esto por no colaborar con la especulación y negarse a hipotecar su futuro. Por ejemplo, algunos de estos edificios son fondos de garantía bancarios, que no tienen ningún otro uso, están amortizados y por tanto no interesa arreglarlos. Normalmente, al poco de ser okupados, Urbanismo hace informe de que están en riesgo de derrumbe, que son un peligro para la vida y la salud. Cada edifico abandonado tiene su historia, pero el número de ellos es elevado, incluso en una ciudad en auge, como es Madrid. Si a alguien le sorprende esta afirmación, puede informarse en la publicación Todo por hacer del colapso de Detroit, una ciudad que no ha sido capaz de dar el paso de la actividad industrial de montaje de coches a la actividad de servicios, de dos millones de habitantes ha pasado a setecientos mil, se habla de ochenta mil edificios abandonados. Los habitantes que quedan, en un alto porcentaje parados, han iniciado proyectos comunitarios vecinales, con huertos urbanos y otras iniciativas.

Volviendo a Madrid, antes de ocupar un edificio de éstos, la labor de investigación es ardua. ¿Quiénes son los dueños? Si está al corriente de pagos, ¿cuantos años hace que nadie los usa en alguna actividad? Con el fin que todo el trabajo que se realiza en su reacondicionamiento sirva para llevar a cabo dentro una actividad algunos años. Este trabajo es mucho, es interesado en el sentido del uso que se le va a dar al local, pero desinteresado en el sentido de que es un trabajo no remunerado en un edifico cuya propiedad es ajena a la gente que participa. Los colectivos libertarios dicen que en Madrid hay 100.000 casas y pisos abandonados, el gobierno lo niega. Una de las labores de la okupación es demostrar que la especulación, intencionada o no, lleva a esta situación.

Este centro social y cultural situado en la calle Pez fue comprado por una empresa a su propietario legal a principios de 2014, y están haciendo las gestiones necesarias para que la policía y urbanismo se lo quite a la plataforma que lo gestiona. Los okupas tienen el apoyo del barrio por los talleres que organiza: proyecciones de cine, clases de teatro, baile, yoga para personas mayores, etc. que se realizan para alegrar la vida del barrio, para eliminar los recelos de la gente y conseguir que se valore su labor.

El druida hizo un comentario sobre esto que molestó bastante a Ruth.

—No dan clases de yoga a los viejos por gusto, lo hacen por marketing. Puede ser verdad que hay 100.000 viviendas abandonadas en Madrid, pero el gobierno no va a expropiarlas y regalarlas a colectivos libertarios porque hagan talleres de cocina vegana. En realidad el sistema es tan productivo que esas 100.000 viviendas abandonadas es la basura que el sistema genera.
—Pues si los dueños no pueden o no quieren ocuparse de sus propiedades, que se las expropien y se las den al pueblo para que las gestione, que la gente las necesita. ¡Por marketing, serás gilipollas!

En este centro también se realizan talleres de temas que atañen más directamente a Ruth. Ella y Miguel están participando en uno sobre lo que hay que decir si eres un okupa y te detienen por usurpamiento, primero decir que no vives allí, que estás de visita. Si la policía tiene prueba de que vives allí, si tienen grabaciones, decir que no tienes otro lugar donde vivir, ni medios para pagarlo. Esto alarmó a Miguel, ya que él trabaja en un colegio concertado, y ese es un dato de fácil acceso para la policía.

—A ti lo que te pasa es que eres un teórico del anarquismo, pero no te involucras, no participas, no quieres hacer nada —le dijo Ruth.
—¡Mira, mira! Este taller trata sólo de temas legales, los que lo dan son unos empollones de la legislación para ver cómo aprovecharse. Es como en el refrán: Quien hizo la ley, hizo la trampa. Yo no me he hecho anarquista para estudiar el sistema, todos los abogados tienen el entendimiento perturbado por el estudio de las leyes. Aquí no hay anarquistas, hay abogados que te dicen los que tienes que hacer, lo que tienes que decir.
—Para ganar hace falta conocer al enemigo y usar sus mismas armas.
—El gobierno no es el enemigo, se parece más a un padre que establece unas reglas de comportamientos en su casa
—Mis padres y el gobierno son mis dos enemigos. No me convienen las normas ni de uno ni de otro. ¡Así que España es la casa de papá y mamá gobierno!
—Ahora sí que te doy la razón.

Quinientas personas se reunieron el 20 de marzo para impedir del desalojo del Patio Maravillas, día en el que tal acción estaba programada. Ruth estuvo allí doce horas, desde la chocolatada de las ocho de la mañana hasta bastante después de que la policía anunciara que se cancelaba el desalojo. Miguel no apareció.

Miguel ve demasiados problemas en okupar, no tiene claro que pueda mantener su empleo si le ficha la policía. Él siempre ha vivido de alquiler, si compartes piso no es tanto dinero. Miguel espera que Ruth encuentre un sitio dentro del sistema, que es injusto pero algo permisivo, y vivir de alquiler en el futuro. Ahora Ruth prefiere dormir en la Quimera a vivir con Miguel, cosa que a él le enfada mucho, porque es peligroso, la policía entra cuando quiere, diciendo que busca terroristas anarquistas, y se lleva gente detenida.

Cambiando de tema, Miguel ha estado entretenido comprando algunas pertenencias del padre recientemente fallecido de dos alumnos del colegio, para revenderlo en el Rastro. Hay bastantes trajes, ropa de buena calidad, aunque de tallas grandes, algunos muebles de despacho, algunas maquetas de coches de carreras teledirigidos y las herramientas de un pequeño taller que tenía el difunto en la casa de la sierra. Para ayudarle con el transporte de todo llamó a Toño, su amigo gitano, y entre los dos han traído todo a un almacén que tiene un conocido de Miguel en la Ribera de Curtidores.

Anotar, valorar y negociar precio ha sido un trabajo que ya está terminado, y se han tomado un respiro para tomar unos botellines.

Me gustaría que lo que transcurre en el bar se lo narrara la chapita de uno de los botellines, pero está dolorida, tras ser doblada y arrancada, y no nos cuenta nada. Tal vez El Chapita, un ecuatoriano bajito y corpulento pudiera contar algo, le llaman el chapita porque si no está pegado al botellín está tirado por el suelo. Pero tampoco este señor cuenta nada, así que les contaré yo lo que pasa, también es hora de que me presente, me llamo Claudio Sífilis, mi nombre es una castellanización del apellido alemán Schiffer, de mis antepasados alemanes. Siempre quise ser escritor, pero los avatares de la vida me ha llevado por otros caminos, por suerte para la gente a la que no le guste lo que escribo, y desgracia para mis admiradores.

Con el fin de dar cuartel a mi ambición fallida, seré yo quien les cuente lo que pasa. Los tres personajes de la escena están bebiendo relajadamente.

—Está empezando a llover —dice Miguel.
—¿Qué dices? Si lleva lloviendo una semana —contesta Ramón, el propietario del almacén, un tipo de metro setenta, muy gordo, que cojea al andar, de unos cincuenta años muy mal llevados.
—Yo una vez vi llover sapos, diminutos, más pequeños que la uña del dedo meñique. Aunque no los trae la lluvia, los trae el viento.
—Pues yo una vez vi llover un señor sapo. Estaba amaneciendo y los perros ladraban y estaban muy inquietos. Fui a ver qué pasaba y lo vi, casi tan grande como un conejo. Pero esos no los trae la lluvia ni el viento, los trae la niebla.

Ruth apareció de pronto en el bar, para sorpresa de todos, sin duda, apremiada por la curiosidad de qué trato tenía el Druida en la almoneda. Ruth había pasado la mañana colocando algunos carteles con fotos de mensajes feministas por el barrio y no pudo venir antes. Su entrada en el bar impresionó a los presentes, como si hubiera entrado un ángel, vestido rosa entallado con falda hasta debajo de la rodilla, tacones, pelo corto y muy rubio y sobre todo una sonrisa, unas mejillas y unos ojos que derrochaban felicidad. Toño, que estaba poco hablador, se quedó sin habla.

Miguel presentó su amiga a Toño, que le había ayudado con los muebles, y a Ramón, al que llaman el dueño de la Ribera de Curtidores, porque suyas son cuatro tiendas en el Rastro. Ruth se mostró algo disgustada al enterarse de que habían dado por terminado el trabajo.

—Vaya mala suerte, es que he estado visitando varias publicaciones, Diagonal, Todo por hacer, Lavapiés, la Latina y Embajadores para ofrecer mis ilustraciones e intentar colaborar escribiendo alguna noticia del barrio —comentó Ruth.
—¿Eres periodista? —preguntó Ramón.
—Lo intento, entre otras muchas cosas, no sé estarme quieta.
—Yo te puedo dar una primicia para que la escribas. Es secreto, pero estoy atormentado y necesito que se sepa, me da igual que ajusten cuentas conmigo. Yo te puedo dar información del 11M, yo estaba, una semana antes del atentado reunido con una gente malvada, pura maldad.
—Hace unos días se publicó un artículo “¿Por qué el 11M dividió a los españoles?”. El atentado lo cometió el grupo terrorista Estado Islámico. No fue ni Bin Laden ni ETA, y la foto de Aznar en las Azores no tuvo nada que ver.
—Eso es lo que se han inventado diez años después. Fue ETA.
—¿Qué sabrás tú?
—Yo he estado infiltrado en ETA.

Ruth hace un gesto de incredulidad, Ramón se revuelve y enseña varias cicatrices de bala, se desabrocha la camisa para enseñar una en el hombro y otra en el pecho que dice le atravesó un pulmón, y que tiene otra cicatriz igual en la espalda. Enseña otra en la pantorrilla subiéndose con dificultades el pantalón. Son cicatrices redondas, lo que te puedes esperar de una cicatriz de bala, aunque nunca antes hayas visto una.

Al ver esto Ruth hace un gesto a Miguel para salir a la calle a fumar.

—¿De qué va este tío? —dice Ruth a la vez que enciende un cigarrillo.
—Ha estado infiltrado en ETA, y se siente cómplice de los crímenes de la banda terrorista. Le dan arrebatos de vez en cuando, y dice que va a hablar, que le matarán si cuenta lo que sabe y cosas así. Pero nunca cuenta nada.

Ruth le pasa un cigarrillo a Miguel y enciende otro, miran como llueve en silencio. De pronto suenan gritos de dentro del bar. Es Ramón:

—Yo me tumbo a siete gitanos como tú sin desayunar. Aquí en el Rastro, unos somos trabajadores y otros sois ladrones. Que has entrado en mi local de la mano de un amigo mío, pero ningún gitano vuelve a entrar, porque te doy una hostia cuando entres, y esa hostia va a ser demasiado, demasiado te digo.

Toño salió andando tranquilamente del bar, se despidió de Miguel dándole la mano, le dio dos besos a Ruth y mirándola a los ojos dijo: “Hasta más ver”. Siguió calle abajo. Coincidió que ese momento subía por la Ribera de Curtidores un coche, grande, viejo y sucio, con las ruedas cubiertas de barro, se paró y salió del coche un gitano muy bajito, fumaba se reía y saludaba a Toño. Toño amagó irse sin querer hablar con él, finalmente paró y le dio la mano, se asomó dentro del coche y saludó a los otros que estaban dentro. Le ofrecieron que se subiera con ellos pero no quiso. Siguió andando calle abajo, el coche se quedó allí parado, con la música a tope.

Ruth salió andando detrás de Toño, de pronto se paró, se volvió a Miguel y le dijo: “No me sigas”. Alcanzó al chico y se fueron caminando juntos.

Miguel entró en el bar y le preguntó a Ramón si Toño le había robado algo.

—No, ya sabes cómo son los gitanos. Me estaba pidiendo dinero, contándome todo lo que ha trabajado transportando los muebles, y me he alterado. Ya ha cobrado lo acordado, a que viene pedir dinero cuando estamos tomando una cerveza, el trato ya está cerrado. Ten cuidado con ese gitano, que le gusta follarse payas.

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