Por el monte las sardinas

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Por Perroantonio.

Conejo001Mi reciente y probablemente transitoria afición a los manuscritos ilustrados (iluminados) me ha vuelto a despertar el interés por los símbolos. Vengo advirtiendo en muchas ilustraciones una extraña proliferación de liebres y conejos, por otra parte muy apropiada a su tendencia natural. Las liebres suelen aparecer acompañadas por monos, zorros, perros, caracoles… y los iluminadores las colocan en los bordes de las letras capitulares o en los adornos de las ilustraciones, frecuentemente realizando acciones extravagantes como tocar instrumentos musicales o blandir armas.

He consultado los diccionarios de símbolos de Cirlot, Chevalier y Bruce-Mitford, pero no era necesario; mucho mejor recurrir a la excelente Revista Digital de Iconografía Medieval de la Universidad Complutense y concretamente a este artículo de Laura Rodriguez Peinado, Los conejos y las liebres, sucinto, bienConejo015 estructurado, pleno de información y totalmente ajeno a los molestos brotes de ocultismo que suelen manifestar los citados cuando se ponen estupendos. Si acaso, y por comparar, echen también una ojeada a estos capiteles y canecillos románicos, tan sobrios, en donde verán una representación bastante neutra de los lepóridos, bien como ejemplares aislados, bien en escenas de caza en donde son apresados por aves.

Antes de seguir y para zanjar rápidamente el cachondeo latente, aclaremos la obviedad de la simbología popular del conejo: sí, el conejo y la liebre se asocian con la fecundidad y la sexualidad desenfrenada, como gráficamente recoge la expresión popular «follar como conejos», y se ha utilizado por la iconografía religiosa como símbolo de la lujuria. Tampoco hace falta ser un experto en etimología para acabar deduciendo que, efectivamente, la asociación entre conejo y coño no es casual.

Sin embargo, las imágenes que les traigo no tienen como asunto la lujuria. En algunos casos parecen representaciones carnavalescas en donde las liebres parodian a los humanos yendo en procesión, a la guerra o de caza (sorprenden las imágenes de la liebres cazadoras que llevan a la espalda la pieza cobrada, una liebre y un hombre, o el conejo cazador montado a la grupa de un galgo que en lugar de un azor porta sobre su guantelete un caracol). Podría tratarse de representaciones del Conejo022«mundo al revés» (como en el famoso canto infantil «por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas») y así vemos a liebres cazando y ajusticiando a humanos o a perros. Su hiperactividad proviene de la idea medieval de que carecían de párpados y por tanto jamás dormían, por eso en muchas representaciones aparecen con ojos gigantes y redondos, como los lemures. Se comportan, en cierta manera, como una especie de precedente de los gnomos (cuya aparición es más tardía): viven en madrigueras excavadas en la tierra, salen de noche, son bromistas o gruñonas, graciosas y crueles, y tocan instrumentos musicales pero también empuñan hachas y espadas. Y al contrario que los monos, que también aparecen con frecuencia en estos manuscritos, no imitan a los humanos, sino que se cachondean directamente de ellos y de sus creencias.

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Les dejo un panel de imágenes que ha preparado amablemente la Srta. Bellpuig y les invito a que encuentren, entre todas las ilustraciones, al único conejo.

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