El anarquista enamorado. 10, Revolución próxima

baile
por Claudio Sífilis.

Era lunes, Ana entró en casa después de la jornada laboral y se encontró que había alguien dentro. Tras el susto, que duró unos segundos, se percató de que se trataba de su marido, que estaba en el despacho dibujando. Se quedó paralizada pensando qué hacer.

Dejó las llaves y el bolso en la mesa de la entrada y se acercó a Miguel, le saludó, cogió una silla y se sentó a su lado.

– ¿Puedo ver lo que estás dibujando?

Ana ha pensado que interesarse por los dibujos es la mejor manera de cortar el hielo, seguramente eso es lo que quiere Miguel, al que conoce como si lo hubiera parido.

– La Revolución Biológica. Historia del levantamiento contra los humanos transgénicos- lee Ana. ¿Qué es esto? ¿El cartel de una película?
– Podría ser, o de un cómic. Ambientado en el año 2500, la guerra entre humanos transgénicos y normales terminó. Los transgénicos tienen un tercer ojo y han colonizado el espacio y conocen el origen de nuestra especie. Los transgénicos tienen una esperanza de vida de 250 años y sus naves espaciales pueden viajar a la mitad de la velocidad de la luz, con lo que han podido llegar a Sirio, una estrella que está a algo menos de 9 años luz.
– Allí han encontrado a Dios por lo que veo en esta foto- dice Ana cogiendo uno de los papeles.
– Esa foto de Dios me la dieron en la calle, es propaganda de una discoteca o algo así.
– Así que Dios es mujer. Eso explica por qué los curas tienen que ser hombres.
– Más que un Dios es un Demiurgo. Creó la vida en nuestro planeta para divertirse, disfruta y sufre con las cosas que aquí pasan. El filósofo Epicuro estuvo cerca de dar en el clavo, El hombre está en el mundo para disfrutar y pasarlo bien, o no, más bien está en el mundo para entretenimiento del Demiurgo, un Creador de nuestra realidad que ni quiere ni puede vencer al mal.
– ¿Y la raza humana tal y como la conocemos desaparece en el futuro?
– No, pero pasan a ser una especie animal inferior. Viven en ciudades y pueblos. Los transgénicos, que gobiernan el planeta Tierra como un solo país, controlan la población, si aumenta mucho los ejecuta como si fueran cochinos En realidad se vive en un estado próximo a la anarquía, la gente no quiere tener hijos, si los tiene a veces los propios padres los matan, como los animales de un zoo que matan a sus crías.
– ¿Entonces el animal humano reaccionará, hará una revolución?- pregunta Ana.
– Hay revoluciones, pero las ganan siempre los transgénicos. Los transgénicos están muy concienciados de la necesidad de proteger la naturaleza y la diversidad genética, por eso controlan la población mundial, que es sólo de 800 millones. Si aumenta nos ejecutan. Y no dejan presencia humana en ciertos ecosistemas. Los transgénicos no tienen problemas de superpoblación, porque tienen una galaxia entera que colonizar. Esa es mi percepción del futuro.
– Has hecho varias viñetas.
– Es un storyboard, vale para venderlo como cómic o para hacer una película.
– Está bien. ¿Quieres cenar?
– Sí.
– ¡Pues haz la cena tú!

Ana traga saliva y sentencia:

– Si quieres quedarte a dormir, por mi parte no hay problema, puedes dormir en el sofá. Si quieres volver a vivir aquí, puedes hacerlo, eres todavía mi marido, pero este mes pagas tú el alquiler, que el mes pasado lo pagué entero yo.

Ana se levantó y salió de la habitación. Miguel se quedó allí un rato, finalmente recogió. Para entonces Ana estaba en el salón viendo la televisión, Miguel fue a la cocina y allí hizo una tortilla de patata. Después puso la mesa que está delante del sofá, también abrió una botella de vino.

Ana estaba viendo Cautivo del deseo, la película de Bette Davis, comentó que creía que no la habían visto, pero sí. Miguel dice que es una película muy buena pero que no le parece realista a partir de cierto momento, cuando por fin el protagonista tiene a Bette bajo su pulgar, en camisón, entregada, él la rechaza, Miguel piensa que ningún hombre normal haría eso. Ana le contesta que no le interesan sus fantasías con Bette Davis, son morbosas, es una señora que vivió 100 años, se hizo vieja y decrépita y está muerta. Siguen viendo la película en silencio hasta que ocurre la escena que antes ha recordado Miguel.

Miguel paró la película, Ana protestó, no se podía creer que hubiera apagado la película sin consultar. Miguel le sirvió una copa de vino. Puso música, un recopilatorio de música rock y soul que los dos conocen bien, son canciones americanas que han escuchado mil veces, están en inglés, pero se saben las letras de memoria. Hablan mientras suenan como si ellos fueran los protagonistas de las canciones.

El Druida empezó a bailar. Su baile consiste en que un pie repta medio metro hacia un lado de la habitación, arrastra el otro, avanza unos metros en línea recta, cambia de dirección ejecutando el mismo movimiento, todo el tiempo sonriendo y mirando con malicia.

– ¡Tócate los cojones!, ¡tócate los pies!- dijo Ana- ¡Esto es para quemarse a lo bonzo!
– Soy el tipo de persona que nunca sentará la cabeza, siempre estoy rodeado de chicas guapas, Mónica a la derecha, María a la izquierda, Susana es con quien pasaré esta noche. Cuando me pegunte a quién amo de verdad me desabrocharé la camisa y verás Rosita tatuado en mi corazón. Las beso y las abrazo, ni siquiera saben mi nombre, me llaman el maleante, porque vagabundeo de ciudad en ciudad, feliz como un payaso- contestó el Druida mientras seguía bailando.

Ana seguía sentada, tenía la cabeza baja, las manos sobre la frente, no quería mirarle, le daba vergüenza ajena. Miguel dijo: “Pagaré yo el alquiler de este mes”. Entonces Ana levantó la cabeza sonriendo y dijo: “Eso es lo más bonito que me has dicho en más de un año”. Ana se levantó y se puso a bailar, sin sonreír, pensando que para un día que tiene a su marido haciéndola caso, lo mejor que puede hacer es disfrutarlo. Arrinconó los sentimientos donde no pudiera notarlos, pegó un trago de vino y pensó: “Anita es con quien vas a pasar esta noche, maleante, que es a quien amas de verdad”.

Se miraban, él sonreía, ella no. El ritmo de la música es alto y aumentan la cadencia del baile, de un lado para otro dando patadas al aire, dando vueltas sobre sí mismos, comenzaron a hacer piruetas alternándose. Giro de cuatro vueltas a la izquierda, parada en seco, caída de culo que se para con las manos, salto hacia arriba y media vuelta cayendo haciendo una flexión, giro en cuclillas de una pierna de 380 grados, el resto del cuerpo inmóvil, otro salto hacia arriba cayendo con las piernas abiertas mirando a la derecha, salto hacia arriba cayendo con las piernas abiertas mirando hacia la izquierda. De pie de un salto, giro de cinco vueltas a la derecha y parada en seco. Y vuelta a bailar a un ritmo normal. Bailan durante una hora, en la que fuman y beben, Ana lía un petardo de mariguana. No bailan tan bien como los campeones de concursos de Northern Soul del Wigan Cassino, tampoco van vestidos de la manera adecuada, pero se lo pasan bien. Incluso, Ana se deja abrazar y besar en algún momento. Miguel tiene ganas de agarrarla y desnudarla, pero sabe que a la más mínima brusquedad ella le rechazará y se quedará solito en el sofá, ya la conoce.

Llega entonces otra de las canciones que Miguel y Ana viven como si les estuviera pasando a ellos. Una de esas canciones que cuenta más en dos minutos que muchos libros en mil páginas. La historia que cuenta la canción ocurre como sigue en sus mentes:

De camino al trabajo una mañana, el tierno corazón de Ana se fijó en una pobre serpiente que estaba congelada junto al lago. Su hermosa piel de colores se había congelado por la escarcha.

– Está bien, te llevaré a mi casa y cuidaré de ti- dijo Ana.
– Llévame dentro, tierna mujer, llévame dentro, por tu amor del cielo- susurró la serpiente, quiero decir, dijo el Druida.

La mujer recogió la serpiente con cariño y la envolvió con su bufanda. Corrió a casa y la puso junto a la calefacción, la dio un vaso de leche caliente con miel. Durante la jornada laboral la mujer no dejó de pensar en la serpiente y su susurro: “Llévame dentro, tierna mujer, llévame dentro, por tu amor del cielo”. La mujer volvió a casa corriendo y cuando llegó a casa vio que la serpiente había sobrevivido.

Ana agarró la cabeza de Miguel contra su pecho, “Eres tan hermoso” –exclamó- “pero si yo no te hubiera recogido ahora estarías muerto de frío”. Ella acarició la piel bonita de la serpiente y luego besó y lo abrazó con fuerza. Pero en vez de decir gracias, esa serpiente le dio un vicioso mordisco.

– Yo te salvé- exclamó Ana- y tú me has mordido. ¿Por qué? Usted sabe que su mordedura es venenosa y ahora me voy a morir.
– Oh cállate, mujer tonta- dijo Miguel con una sonrisa- usted sabía muy bien que era una serpiente cuando me recogió.

Poco después Ana había dejado que la levantaran la falda y la quitaran las bragas, Miguel estaba encima de ella empujando y besando. Al principio Ana se dejó besar, pero de pronto hizo un gesto de arrepentimiento y giró la cabeza apartándose de los besos del Druida, que entonces la acarició el cuello y la cabeza. Ana le echó hacia atrás con los brazos y él dijo: “A cuatro patas”. Y en esa posición cabalgaron hasta el orgasmo.

Ana se levantó y fue al cuarto de baño a lavarse, Miguel se quedó tumbado en el sofá. Al salir Ana anunció que se iba a dormir, entonces Miguel se levantó y fue al dormitorio. Ana protestó: “No, tú duermes en el sofá”, a lo que Miguel contestó: “No, porque te voy a volver a hacer el amor”, y rodeando a Ana que se había puesto en su camino se metió en la cama y se arropó. Ana se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos, Miguel cerró los suyos. Ana apagó la luz y se metió en la cama, tumbándose boca arriba, esperando que el otro la abrazara, pero en vez de eso se quedó dormido. Ana estuvo bastante rato pensando antes de dormir. Todo este tiempo en que su marido ha estado fuera haciendo el golfo ella se había sentido muy triste, y no había pensado en buscarse otro hombre, en cambio, ahora que había vuelto, sí lo pensaba, por primera vez sentía deseos de venganza. Ana se giró y se quedó mirando cara a cara a su hombre dormido, le parecía muy guapo, bastante cabrón, pero guapo. Le habló en voz alta:

– ¿Cómo hubieras reaccionado esta tarde si yo hubiera entrado en casa acompañada por otro hombre? ¿Con tu novia también lo haces sin preservativo? ¿Qué estamos haciendo?

Ana acarició las heridas por los arañazos que tenía Miguel en la cara, pensando en echarle alcohol, pero decidió que es mejor dejarlo para mañana por la mañana.

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