Elogio de las minorías ilustradas

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Por Satur.

Hola me presento a los que no me conocen soy Satur y os voy a hablar de un suceso absolutamente increíble que tuvo lugar el día de autos del domingo pasado y cuyos protagonistas soy yo mismo junto a otros y el contexto es la situación vivida en un puf irlandés a la hora del post-aperitivo mientras nos reuníamos en general cada uno sin conocer a nadie que no fueran los conocidos con los que habíamos ido al antedicho puf el día de autos como también he antedicho y la verdad es que además de ir a beber cerveza que es a lo que se va a los pufs irlandeses la realidad es que sobre todo íbamos a visionalizar deportes en la tele y he aquí lo impresionante del asunto además de la reflexión teórico-social que puede dar lugar a un conocimiento jamás antes almacenado en nuestros cerebros.

Que nadie imagine que hay sangre o peleas o algo. Esto lo pongo como aviso por si habéis apartado a los niños y a los sensibles de las pantallas.

Lo que ocurrió es que yo iba con una amiga a ver el acontecimiento deportivo-social más importante del domingo, y en eso que voy y llego y va una camarera y me dice que para ver el tennis mejor me ponga en la sala del fondo, y yo, “ya, ya”, y yo a mi bola. Y en eso que me pregunto, qué tennis, macho. Y me pongo a pensar y esto os lo juro por mis wambas Asics Gel, que voy y me digo, a lo mejor es que como me ha hablado en inglés no capto bien el acento y yo he entendido tennis y ella me ha dicho gaelic football. Pero no, es que había tennis. La final de Weehlwelldone, con el Chochovich y el Faloder.

El caso es, y esto es a lo que voy, que de repente viene mi amiga con la elástica del Dublín y nos sentamos y yo me pido una Guiness y lo que me ponen es agua de lo fregao y ya las cuatro siguientes fueron Kilkenny. Pero a lo que iba es a otra cosa, y es que el balompié gaélico lo ponían en dos pantallas, y cuando llevábamos diez minutos de contencioso quitaron una porque se había reunido mucha gente para ver el tennis, y la tele que nos dejaron era una Saba del pleistoceno y se colgaba cada dos por tres. Yo quería subirme a la mesa para hacer unos calvos como forma de protesta, pero mi amiga me convenció de que lo mejor era dialogar con los mesoneros. Y esa es mi gran reflexión: como éramos minoría nos apartaron y dejaron los aparatos tecnológicamente más avanzados para el grupo mayoritario. Hasta aquí, bien. Estamos en democracia, aunque sea falsa y realmente vivamos en una dictadura capitalista, que lo he leído hoy en Faceboots con mi iPhoned. Pero lo importante tiene que ver con la calidad. Porque, evidentemente, la calidad de los contenciosos difería. El balompié gaélico es uno de los deportes más dinámicos, divertidos, entretenidos e interesantes del mundo. Hay emoción, goles y tensión y todos los jugadores corren como si se la pelasen. Y hablando de pelársela, coordino mis pensamientos con lo que iba a decir: cuando la imagen de la Saba fallaba, girábamos la cabeza hacia el tennis y era ver a esos dos y bostezar como fieras. Vale, que tienen mérito porque es gente que se la tiene que pelar mucho para que se les ponga el brazo como a Hulk Hogan y así imprimirle velocidad al esférico tras ser golpeado por la raqueta. Vale, que sí. Pero qué coñazo, tíos. Por lo tanto: ¿por qué el puf no decidió poner en más televisores el balompié gaélico, para educar a las masas en la excelencia? Sí, las masas quieren tennis y mamachichos, pero creo que desde los establecimientos públicos, y un puf lo es, debería reorientarse el pensamiento borreguil de la chusma hacia la calidad de contenidos, y sustituir el tennis y las mamachicho por balompié gaélico y películas eróticas de Paul Verhoeven. ¿O no?

◘◘◘

Acotación post-textual. El balompié gaélico es como el balompié normal, el que se pueda ver en los coliseos de Londres o de Teruel, pero con la particularidad de que el esférico se puede jugar con las manos. Además, hay dos formas de que suban los tantos al electrónico: una, introduciendo el cuero en la portería, lo que suma tres tantos; y otra, lanzándolo a una portería de rutby, lo que suma un tanto. Es deporte varonil, de gran potencia, rápido y vertiginoso y yo insisto en que veáis los campeonatos provinciales y nacionales si tenéis ocasión de ir a un puf irlandés.

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