LAS MOTOS DEL MARQUÉS (V). MV AGUSTA F4 750 EV 03

MOTO4

Por Fernando García.

El conde Giovanni Agusta fundó la marca en los años 20, inicialmente como una fábrica de aviación. Sus helicópteros siguen todavía volando, pero después de la Segunda Guerra Mundial empezaron a fabricar motocicletas. Aunque ya hace muchos años que la familia perdió el control de la marca, todavía sigue siendo un icono de calidad y diseño.  En el año 2000 el museo Guggenheim de Bilbao tuvo en cartel la exposición El arte de la motocicleta, presidida por  una MV Agusta F4 que había prestado a tal efecto el entonces Rey Juan Carlos. La razón era que para muchos esta motocicleta podría ser la mas bella que nunca se ha diseñado. En ciudades como Barcelona la gente aplaude cuando la sacas a la calle. Los cuatro tubos de escape Arrows tienen la sección de los de un órgano y sus rugidos y sibilancias generan suspiros de admiración entre los aficionados.

Persuadido de estar en un mundo elitista acepté participar en una salida conjunta de “emeuvistas” que quedó reducida a 9 máquinas, dada la escasez de propietarios dispuestos a arriesgar su joya en la carretera. Íbamos con furgoneta de asistencia técnica, restaurante reservado, itinerario por la zona de Pedraforca y monitor. Me aseguraron que sería un paseo entre caballeros provectos y educados, como pude comprobar en la salida. La edad media era de 55 años y la mitad de ellos estaban cojos. Cruzamos la ciudad a ritmo de desfile de Orgullo Gay y al llegar a la autopista observé cómo el monitor, un antiguo corredor, activó un artilugio que detectaba radares. El hideputa puto engarzó las seis velocidades y se puso a 260 km/hora y sígame el que pueda. Pudimos, pero la siguiente prueba fue bajar un puerto a “tumba abierta”, como decían los viejos locutores del Tour, lo cual hizo que el famélico pelotón se estirara. Me refugié en la cola con los “rodadores” y pude observar con espanto como la cabeza del grupetto se compraba una parcela  tras el “recto” que hizo el temerario monitor.

Han pasado algunos años desde entonces y me conformo con no haber quedado cojo, o algo peor, y observar mi MV como el que mira a una mujer deslumbrante que le pertenece. Como mucho me permito una salida por la Rabassada. El motociclismo, tal como lo entendíamos algunos, está desapareciendo. No quedan sino mesnadas de scooters, los gamberros de las Harleys y poco más.

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