Deconstrucciones del calibre 38. IV. (El hombre que murió dos veces)

Por Gómez.

Pero al salir del hotel, acompañado por el Mc Loma, me di cuenta de que todo a mi alrededor había cambiado: las familiares calles de Sitges habían sido reemplazadas por una brumosa y extraña ciudad que recordaba al Londres de entreguerras. Tomamos un taxi.

Durante el trayecto relaté a Mc Loma lo que sabía del caso hasta el momento.

Al llegar, otra sorpresa: la sauna Spartacus se había convertido en una elegante construcción victoriana de dos plantas. Un rótulo indicaba de qué clase de negocio se trataba:

EL PATO DUDOSO
SALÓN DE TÉ

Kowalski, ataviado con una elegante librea de mayordomo, nos recibió ceremoniosamente en la entrada y nos acompañó hasta la estancia donde se había llevado a cabo el crimen.

Mientras atravesábamos el local, aproveché para preguntarle algo que me preocupaba:

—Por cierto, ¿cómo me llamo? Ni siquiera sé cuál es mi nombre.

—Fetuccini –respondió.

—No me jodas. ¿Soy italiano?

—De Pontevedra. Pero Montoya te creó justo después de salir de cenar de una pizzería con su mujer y su suegra. Le encantaba la pasta y en esa época bebía mucho.

—¡Será hijoputa…! ¿Y de nombre?

—Fetuccini a secas. Ocupas apenas una página y media de la novela, y además se trata de una transición. Solo tienes apellido, y, la verdad, a la vista de tu relevancia en la trama, puedes darte por satisfecho con tenerlo.

Cada vez me caía más gordo ese polaco.

Apartamos unas cortinas de terciopelo y entramos en el salón donde Montoya había sido asesinado. Seguía bocabajo, tal y como lo dejamos.

Mc Loma se arrodilló junto al cuerpo y pasó la siguiente media hora practicando un minucioso examen del mismo. Se detuvo especialmente en las pupilas, las uñas y los labios del difunto. Una vez concluida la exploración, dictaminó con voz grave:

Monsieur le cadavre ha sido envenenado con Veronal; entre ciento veinte y ciento treinta y cinco granos administrados en un yogur de crema catalana.

—¿Y ese agujero de la espalda del tamaño de un melón ha tenido también algo que ver en su muerte? –preguntó Kowalski.

Mc Loma se retorció compulsivamente su característico mostacho. ¿Eran imaginaciones mías o las puntas de éste habían encanecido desde que salimos del hotel?

J’adoube –dijo.

Pero me pareció advertir que al detective le había temblado la voz.

Reanudó la inspección del cuerpo del escritor, y al cabo de unos minutos, emitió un segundo dictamen:

—Envenenado y luego tiroteado. –Mc Loma se incorporó con alguna dificultad—. Este hombre ha sido asesinado dos veces, y casi con total certeza, por dos criminales distintos.

—Así que tenemos un doble asesinato… de la misma persona –observé.

—Hábleme de ese Pepe el Guapo, monsieur Kowalski.

—Un sicario. Actúa siempre por contrato. Los fines de semana y en temporada baja suele hacer promociones: dos por unos, regalar una gorra por cada objetivo o un descuento si le encargas un asesinato durante la “hora feliz”.

—Parece claro, pues, que alguien le contrató para liquidar al escritor –concluí.

—Me he permitido –dijo Kowalski— confeccionar una lista de sospechosos que habrían querido ver muerto a Montoya. Es larga. Muy larga. Condenadamente larga. La he reducido. Pero seguía siendo muy larga. Mucho. Luego la he vuelto a reducir un par de veces más. Andamos ya solo por trescientos nombres, sin contar independentistas, radicales de izquierda, veganos, ensayistas, editores y camareros de restaurantes chinos. Habrá que reducirla aún más.

En ese momento entró atropelladamente en la estancia una mujer. Era hermosa, de unos treinta y tantos años. Buen cuerpo. Una nota de locura en sus ojos. Se arrodilló junto al cadáver y comenzó a sollozar.

—¿Por qué? ¿Por qué? –repetía una y otra vez, inconsolable.

—Es Carmeta Kirkpatrick i Carballeira, su última novia –susurró Kowalski—. Se conocieron bailando la rumba en una sociedad teosófica, según relató Montoya en su autobiografía, Memorias de un cerdo embustero.

De súbito, Carmeta estalló:

—¡LO QUIERO VIVO! —gritó—. ¡QUIERO QUE ME LO DEVUELVAN VIVO!

Con el corazón encogido, apoyé mi mano en su hombro para tratar de confortarla. Al cabo, pareció tranquilizarse un tanto.

—¿Han recuperado su cartera? –inquirió, todavía llorosa.

—La guardábamos para la policía –dijo Kowalski—; pero si hay algo en especial que desee recuperar ahora…

—Bueno, pensaba en una estampita de san Martín de Porres a la que le tenía mucho afecto… y también en sus tarjetas de crédito. O, mejor, solo las tarjetas.

Justo en ese momento entró Jules, el criado de los trapecios de acero, portando un servicio de té: jarrita de plata, tetera georgiana, emparedados de pepino y unos excelentes bollitos recién horneados. Solo eché a faltar algunas rosquillas y, quizá, un surtido de pastelillos glaseados.

Eh bien, mademoiselle –le preguntó Mc Loma a la mujer—, ¿ha notado algo desacostumbrado en su novio últimamente?

—Pues ahora que lo menciona, sí: de un tiempo a esta parte he notado que está un poco muerto y con un agujero en la espalda que no recordaba haberle visto nunca. ¿Le parece lo bastante desacostumbrado, lumbreras?

Mc Loma se dirigió a mí:

—Acérqueme, mon cher Walden, el batín de interrogar sospechosos.

—Soy Fetuccini, Mc Loma. Walden se quedó en el hotel.

Al darse cuenta de su error, Mc Loma comenzó a sudar y pasarse la mano por la frente. Parecía al borde un colapso nervioso. Reparé en que su bigote se había tornado totalmente blanco. Algo –y no precisamente bueno— le estaba pasando al célebre detective nacido y criado por sus tías y su abuela en Santa Coloma de Cervelló.

—¿Qué me sucede, mon Dieu? –exclamó, para sí, en voz alta—. Igual he vuelto a contraer fiebres terciarias como cuando la baronesa Clarise Jolie Laurent introdujo en la alcoba donde yo dormía varios mosquitos infectados durante mi aventura Muerte en el delta del Ebro.

Acababa de pronunciar estas palabras cuando se descorrió de nuevo la cortina e hizo su aparición un sujeto enjuto y de una edad indefinible entre los sesenta y los cien años. Iba ataviado con una especie de túnica de color turquesa, con unos bordados que aventuré signos cabalísticos, y unas sandalias del mismo color que dejaban al descubierto unos pies arrugados y de una blancura cadavérica.

—¡Arrepentíos –gritó, al tiempo que agitaba sus brazos frenéticamente—, pues el Fin del Mundo está a la vuelta de la esquina! ¡Abandonad vuestras manos a la influencia espiritual de las Potencias Superiores antes de que las calles de esta nueva Sodoma amanezcan anegadas de sangre!

–Es el Profesor Stardust –murmuró Kowalski—, un nigromántico que aparece en Añoranza de la Muerte, la segunda novela del difunto.

—¿Tiene usted algún problema, caballero? –le pregunté al recién llegado.

—En realidad –dijo el Profesor, algo más sosegado— he venido a comprar un tartufo y doscientos cincuenta gramos de pastelillos de café y nueces, que aquí los hacen muy buenos.

Me preparé para lo peor. Si eso era posible.

87 comentarios

  • Pero qué ha hecho la Sita ahoraaa.
    ***
    ¿Sale Adaptaciones en este capítulo? Por su «Arrepentíos» lo conoceréis. Adaptaciones, no se enfade que yo solo trato de profundizar en el contexto de la obra).
    La ilustración es buenísima.

  • Marqués, me la envaino de nuevo. Efectivamente, “propincua” aparece un par de veces en el Quijote. Me tenía confundido el uso que le dio Trapiello en uno de sus diarios, repitiendo la palabra hasta la saciedad haciendo un juego cómico con otra parecida.

  • Lamentable espectáculo del Chelsit de Morinyo. Diego Cuesta tuvo que saltar al tapete con un vendaje y parecía un maño borracho con el cachirulo torcido. La grada del coliseo de Manchesterd gritaba enfebrecida: EVA, EVA, EVA, EVA.

  • ATJÚ, ATJÚ, Bremaneur, no te la envaines que tú no dudabas de la existencia de propincuo ‘próximo’, sino de qué demoños quería decir el marqués y si decía lo que quería u otra cosa cualquiera. (Los fierros por los yerros también le han quedado estimulantes ferraturas, que non erraturas). ¡AAATCHÍS!

  • 17 de agosto de 2015 a las 10:14
    GÓMEZ
    Sí, Procuro, la foto del padre de Bremaneur era muy chula.

    No voy a borrar el comentario, porque para qué. La ilustración estaba hecha sin mala intención. No soy bueno, como Perroan, haciendo ilustraciones conceptuales y se me ocurrió una portada del primer libro que citas. Lamento que la hayas tomado por lo que no era.

  • La ilustración me ha parecido buena de verdad, y no solo por el hombre con cabeza de cerdo, que igualmente iba muy bien con el título de las memorias que se citan, sino por el marco de Alfaguara recortando el paisaje, idéntico dentro y fuera del libro. No entiendo el mosqueo, Gómez.

  • Quería decir que retiro todos mis comentarios de hoy, así que en vez de callarme pongo otro comentario. Dándole vueltas a los posibles motivos de Gómez, creo que no había pensado en que estaba su nombre en el libro, pero él tiene que darse cuenta de que para todos es ya parte del juego literario de su ingenio.
    Retiro también este comentario.
    No soporto estos silencios.

  • 17 de agosto de 2015 a las 10:10
    PROCURO FIJARME
    ATJÚ, ATJÚ, Bremaneur, no te la envaines que tú no dudabas de la existencia de propincuo ‘próximo’,

    Bueno, conocía la palabra porque Trapiello la usó hasta la extenuación -con intenciones humorísticas- junto a la palabra conspicuo.

  • En la ilustración jugaba con elementos que aparecen en el texto. Tenía que haber sido más cuidadoso y pensar que podría ser ofensiva, así que aquí van mis disculpas y mi última palabra sobre el tema.

  • Yo en mi primer comentario me quería meter con Adapts y en el siguiente con el marqués, y ahora me voy a visitar a mi madre y a insultarla, que no se da cuenta. Pido perdón y envío abrazos a todos.

  • El señorito Arcadi Espada dijo que los asesinatos de mujeros son una “forma de terrorismo gota a gota” y una ya no entiende nada. A veces me da por pensar que en el periodismo hay que escribir mucho y muy rápido y es casi imposible no decir estupidesas.

  • Bellpuig, eso no lo dijo Arcadi sino Antonio Lucas. Arcadi lo copió tal cual en su blog, bajo la voz de Sword, ese personaje que ha creado. Las intenciones se me escapan, aunque imagino que son críticas y severas con Lucas.

  • Me parecía raro, pero es que este hombre es muy enigmático.
    Yo al señorito Lucas no suelo leerlo. Debería firmar Lukács para que no me recordara al pato.

  • Ah, que no lee usted a Lucas. Entonces, esos resúmenes de prensa que nos entrega cada mañana digamos que son… ses ga dos…

  • Aquí tenemos a Digo Cuesta con el vendaje que le puso el galeno calvorota (también en el afoto) y que le hace parecer un oriundo de La Almunia de Doña Godina pasao de pacharanes. ¡¡¡Morinyo dimisión, vuelve Eva!!!

  • Pues para cerrar también la polémica: querida Procuro, desde luego que no voy a malgastar ni una sola palabra en discutir sobre algo que se me antoja incuestionablemente palmario. Si no entiende usted mi mosqueo solo puedo decirle –y aunque parezca lo contrario le garantizo que lo hago con afecto– que me trae por completo sin cuidado.

  • He visto “Ángeles sin brillo”, de Sirk, y me ha conmovido tanto -¿Dónde están todos?, se pregunta un personaje en una poderosa escena tan desoladora que duele- que me han entrado ganas de leer la novela de Faulkner en que se basa la película. Menos mal ya se me han pasado las ganas, no me veo leyendo a estas alturas a Faulkner. Aunque, quién sabe, esto de los libros da muchas vueltas.

    Saludos.

  • 17 de agosto de 2015 a las 09:33
    MARQUESDECUBASLIBRES
    No es lo mismo una “xuntanza” que un “tortillicidio”, digo yo.

    Joder, ahora lo pillo.

  • No veo la ilustración…¿Qué ha pasado?.
    ****
    Por motivos puramente sociológicos he acabado en los vestuarios femeninos de un complejo acuático danés. He comprobado visualmente que M. tenía razón al contarme que las danesas no practican ni el felpudismo ni el mohicanismo y que sus coños son mondos y lirondos como culito de bebé. Me ha sorprendido ya que no sólo las jóvenes practican este culto, sino que las más maduritas también.

  • 17 de agosto de 2015 a las 15:29

    BREMANEUR

    17 de agosto de 2015 a las 09:33
    MARQUESDECUBASLIBRES
    No es lo mismo una “xuntanza” que un “tortillicidio”, digo yo.

    Joder, ahora lo pillo

    ¡¡A mis brazos rubia!!!

  • ILUSTRACIONES

    Para distender el ambiente, permítaseme una batallita:

    Escribí una novela paródica, publicada por la editorial M., narrada en primera persona por un asesino en serie, concretamente un feliz descuartizador que de la noche a la mañana veía con impotencia cómo un imitador apócrifo se apoderaba de sus métodos y víctimas, y, por ende, de su gloria. Cuando llegó la hora de realizar el diseño de la cubierta, el editor me hizo una propuesta de ilustración, antes de pasarla al departamento correspondiente: la portada consistiría, sugirió, en un tipo disfrazado de payaso y armado con una sierra mecánica (la herramienta con que troceaba a sus víctimas.) A pesar de que uno, en el fondo, tiene poco que ver con sus personajes (estos “nacen de un largo rechazo”, como dijo Cortázar en un memorable ensayo), tras cerca de siete meses de convivencia a jornada completa con mi desventurado asesino, había acabado por cogerle algo de cariño, razón por la cual el asunto de la nariz roja y los zapatones me pareció una especie de afrenta solapada hacia el gremio de descuartizadores en serie. Aun así, acepté la propuesta; pero con una condición irrenunciable:

    –Tendrás que ser tú –le dije al editor– el que pose en la foto vestido de payaso.

    La idea fue descartada de plano y optamos por otra cosa.

  • Me llama la atención eso que dice de los personajes, Gómez. A mí me sucede todo lo contrario. Es verdad que suelo escribir de personas de carne y hueso con las que he tenido trato, lo que casi por fuerza presupone cierto afecto. Pero las pocas veces en que le he dedicado tiempo a un sujeto que me resultaba desagradable he tenido que remar contracorriente. Escribir sobre alguien requiere pasar muchas horas con él en la cabeza. Me admira que haya sido capaz de convivir con un asesino en serie tanto tiempo. Tampoco soy capaz de vomitar experiencias negastas si no es en pequeñas píldoras. De ahí, supongo, la querencia a escribir poesía cuando las cosas vienen mal dadas.

    Otra cosa: ¿conoce usted las entrevistas de la Paris Review? Están todas en línea y hay muchas que le interesarían, creo.

    PS: espero que el marqués no se refiera a la xuntanza que imagino, porque si es así su torpeza habría sido antológica.

    PPS: Holm, constancia masculina simplemente porque es la mirada de Varguitas lo que caza la foto.

  • Es una pena, con el celular no puedo enlazarles los higos tan estupendos que antes de comerlos con sopa de tomate he subido al Fb.

  • Escribo siempre sobre las cosas que me acojonan, querida Pirata, que son muchísimas.

    En honor a la verdad, la novela a la que me refería no es sino la historia, narrada en clave de humor, de un amor imposible entre un asesino en serie en horas bajas y una chica esquizofrénica a la que conoce en la sala de espera de un consultorio psiquiátrico de la Seguridad Social. Al final de la obra y tras no pocas vicisitudes, esta adorable muchacha le hará comprender al torturado asesino, antes de su ingreso definitivo (el de ella) en una institución psiquiátrica, que el amor es mucho más importante que una destacada carrera como asesino en serie.

    Las buenas historias son aquellas en las que los personajes acaban transformados. Ésta, aunque no sea del todo inolvidable precisamente, por lo menos es una historia de redención donde el personaje acaba colgando para siempre sus trastos de matar.

    Los personajes y sus actos eran, en realidad, meras figuras alegóricas: el amor que el asesino sentía por la mujer era todo lo bueno y noble que he hecho en esta vida. Los crímenes de mi protagonista, todo lo malo a lo que he sucumbido. Los crímenes del imitador que se apodera de su alma, las cosas innobles que me gustaría haber hecho pero no he podido.

    Más o menos.

    ***

    No conozco esas entrevistas a las que se refiere; pero tratándose de usted, estoy convencido de que debería. Si me da algún link, me pongo manos a la obra.

    Siempre un placer, Pirata.

    Y no indundo más.

  • “Las buenas historias son aquellas en que los personajes acaban transformados”.

    Entiendo lo que quiere decir, pero no siempre es así. Realmente, las buenas historias son las que transforman la percepción inicial que NOSOTROS (disculpen el alarido -la i-tablillacuneiforme no admite cursivas) teníamos de los personajes. Piense en Long John Silver, o en el Popeye de Faulkner, o en (perdón) el Quijote o el bravucón macarra, voluble y pendenciero de Falstaff. No son ellos quienes cambian, somos nosotros quienes los percibimos mejor al cabo de trescientas páginas. Que les entendamos no los hace mejores o peores. Silver es un canalla desde que lo fichan en la taberna hasta que húye en la barca, pero en el camino sabemos que quiere de verdad al chico. A su manera, que es lo que siempre se nos atraganta, la manera de los otros.

  • Es usted más que hábil, Pirata. Acaba de escribir una grande entrada, sin despeinarse. Lo digo de corazón y todavía boquiabierto.

  • Gracias por los enlaces (jopé, nuestro atildado kerensky, que debe estar por Mojácar): el profesor abunda en la idea de ‘peste’ arcadiana y en la aguda detección brujil o brujiana, y repasa la historia. La reseña de Hersey, muy decente.

  • Pues en Mojácar ando yo, no sé Kerensky.
    Pirate, no me refiero a ninguna xuntanza en particular y ni siquiera sé a la que usted se refiere. Mi comentario está en relación a una entrada del Pochas, en la cual habla de tortillicidio como forma de referirse a ellas.

  • Me alegro mucho, Marquis. No estoy muy segura, pero si el pochas es González, ese catetillo del facherío soft, que diría Satur, prefiero leer los editoriales del Marca.

  • Ada Colau no pudo ser más gafe, para una vez que acude al palco (¿eso no era de la casta?)..no se remonta un 4-0.

  • Mire Señá Procu:

    Paenitentiam agite!!!!!!

    En mi bló prepper preferido me indican que ya hay por ahí fuera otros, no preppers, que están acojonadillos.

    ¡Llamen a Calaza!!!
    (Y compren más latas de pato confitado y fabriquen más flechas, siempre tienes menos de las que necesitas, porque ir luego a buscarlas es muy cansado).

  • “Del revés” no me gustó nada, me pareció muy atropellada, confusa, con un desarrollo forzado, encorsetado, una pérdida de tiempo. No entiendo su éxito, pero eso es normal y no me preocupa; lo que sí me preocupa es que, desde que la vi con mi hija de 3 años, esta alude constantemente a las personas que tiene dentro de su cabeza..

    El cortometraje tontorrón que precede a la película, tan cursi, todavía me gustó menos.

    Saludos.

  • Pues nada, una generacion jodida con la madre de Bambi, otra con el padre del Rey León y ahora, por lo que se desprende del comentario de Ostrata, otra con simientes esquizo en el celebro.

    (No he visto ninguna de éstas películas, esto es un hecho, pero opino igual, ¿qué se creían?)

  • Bueno, yo que la vi dije que no la había entendido y no mentí más que un poco, es verdad que también me sacó de quicio. Dicho lo cual de más cal, aquí una de arena favorable de Sampedro, el de ciencia de EP, que le pide que «deje al menos que la vea su hija: crecerá con menos prejuicios que usted sobre las revelaciones de la neurociencia». Eso va a ser, los prejuicios.

  • La película me entretuvo y permitió algunas conversaciones interesantes y divertidas con mi hija. El cortometraje previo me pareció una puta tomadura de pelo.

  • El debate sobre los ingredientes de la tortilla de patatas (¿o tortilla de patata?) me toca los happybrothers más allá de la ironía que se le pueda echar. Los ultraortodoxos que quieren saborear el huevo y la patata que se los coman fritos en armónico maridaje. Hálalamierdayá.

  • Se hace saber por orden de los señoritos directores, que hemos recibido una nueva y jugosa donación por parte de un habitual de nuestro fanzine. Le estamos muy agradecidas e incluso muy agradecidos.

  • ATENCIÓN todos. (Pero no me miréis).
    La Sita me ha regalado una preciosidad de blog nuevo de Word Press, y le ha robado una foto a Perro Antonio Blanco, que es ACOJONANTE. Sita, Sitirritita, ponga si le parece la foto entera aquí, que se ve mejor que en mi blog.
    La dirección de mi blog nuevo es esta, aunque no sé si se ve públicamente todavía. No importa porque mi blog nuevo es lo del viejo pero en un casoplón que me lo va a quitar la banquia, y esto os lo pongo ahora porque no soy capaz de esperar a que haya ninguna entrada nueva porque estoy en blanco, más en BLANCO, Perroantonio, y no voy a escribir nada más ni que se me ocurra. Que a lo mejor un chiste bueno de leperos; no me acuerdo de ninguno, lo voy a pensar pero hoy por la tarde tengo que subir escaleras y ya estaba comiendo un chicle, esto son demasiadas actividades hasta para un mujer de persona. Como comprenderéis.

  • Ay, hija, me va a hacer usted ruborizarme. A mí la foto del señorito me parece del montón, qué quiere que le diga, que parece que las echa sin mirar. Le salva el motivo, pero la escultura no será suya. Vamos, digo yo.

  • Esa foto me da un poco de mal rollo. Me recuerda a un cementerio y a niños muertos. Todo lo demás, estupendo.

  • Es de un parque, Jenny. La cosa es que también creí al principio que podía ser un cementerio, pero aun así no me daba nada de mal rollo. (Es que además a mí me gustan los cementerios, los bonitos y los cutres, los ingleses y los de los pueblos burgaleses, todos los cementerios, porque yo, eh, yo soy la Halegría de la Buerta).

  • Ahora que estoy fuera, y por tanto todo el día pagando, caigo en la cuenta de que los catalanes estamos siempre entre dos aforismos: el de Francesc Pujols, que afirma que “llegará un día en que los catalanes, por el solo hecho de serlo, lo tendrán todo pagado allí donde vayan” y por el otro lado la exclamación de Pla al contemplar Mannhattan iluminado “Y todo esto, ¿quién lo paga?
    O sea, que giramos alrededor del concepto de pagar, palabra cercana a deuda, pena, sanción, qué sé yo. Así no hay quien muestre alegría.
    Hay que salir de esta prisión.

  • Respecto al artículo criticando Inside out poco puedo decir. Tiene razón en que el pensamiento racional, y mucho menos la moral y la voluntad, no aparecen apenas, pero no creo que la desmerezca.
    Para pensar y actuar bien es preciso haber reconocido antes en el interior las emociones.

  • Echo un vistazo a Filmin para prepararme la noche y encuentro una serie que promete pero que me suena haber visto, aunque no recuerdo absolutamente nada. Me veo en los comentarios:

    «Creo que no he visto nunca cosa más lamentable y pretenciosa. He visto guiones de telenovelas de serie Z más trabajados que éste».

  • Procu, llevo días repitiéndome esto, hasta lo he mandado enmarcar: “minas de endrinas y equimosis”. Pero es que ahora, con el blog tan bonito ¡incluso lo entiendo! (creo). Muchas enhorabuenas.

  • Y lo que acaba de escribir Gengis en el FB sobre su infancia, su escuela, las chicas y las sevicias de los mayores… Qué pena que no lo haya puesto aquí.

  • Gracias, Albert, es que no me salía «morao». Gracias a todos, he tenido como ochocientas visitas e incluso más de diez. Hojeando ahora el periódico me encuentro la historia de Carmiña y Manolo. Por si queréis leerla. Carmiña es de San José de Ribarteme (Pontevedra), «donde cada 29 de julio se celebra una peculiar romería consistente en pasear féretros con hombres y mujeres vivos dentro». QUÉ, EH, CON UN PAR. Me chiflan los pueblos. (Los pueblos de los otros, quiero decir. Y por escrito, a ser posible).

  • Han operado a AE de una catarata y lo cuenta hoy con su salero sin par. Me ha emocionado, jobar qué día llevo. Aprovecho la inestimable ocasión calva de mandarle un abrazo, porque «el mal y la pestilencia aún lo tendrán peor a partir de ahora».