Instaladores desbocados. II, Usted es un ímprobo

secretarias
por Claudio Sífilis.

A Marcos Gómez Clavillo un cliente le llamó ímprobo y cuando llegó a la oficina lo contaba preocupado, lo que provocó las risas de sus empleados. Explicaba que se había quedado sin saber qué decir y ordenó a las secretarias: “Por favor, dejad lo que estáis haciendo y averiguad lo que significa ímprobo”.

Rubén, que estaba escuchando sentado en su puesto, contestó: “Y no le has dicho nada, pues si a mí alguien me llama ímprobo o cualquier cosa rara yo le contesto: Pues tú eres un hijoputa”.

La secretaria encontró esta definición:

(Del lat. imprŏbus).

  1. adj. Falto de probidad, malvado.
  2. adj. Dicho del trabajo o de un esfuerzo: Intenso, realizado con enorme aplicación.

Nadie sabía lo que significaba esa palabra, y cuando la consultaron en el diccionario siguió sin quedarles del todo claro. Pero durante unos días los empleados le vacilaban preguntándole si había ido al médico a preguntar y otras bromas. Otros diccionarios se explican con más claridad: “Falto de probidad, falto de honradez”. Probablemente eso era lo que aquel individuo le había llamado. Marcos solía tener que pelear los cobros parciales o certificaciones con los clientes por el trabajo realizado, probablemente el cliente le estaba acusando de querer cobrar por un trabajo que él consideraba que estaba atrasado o mal ejecutado. Marcos llevaba un control de lo que se gastaba en las obras y en las certificaciones intentaba cobrar eso más un porcentaje, pero el representante de la constructora sacaba el presupuesto del contrato para certificar cuánto se había avanzado y comenzaba una discusión que podía durar hasta las doce de la noche o incluso hasta el día siguiente.

Un ingeniero recién titulado llegó al polígono industrial a hacer una entrevista de trabajo. Aparcó, había multitud de naves adosadas todas iguales, todas con una gran puerta seccional para entrada de vehículos a cargar en el almacén y, al lado, una puerta peatonal, por la que se subía a las oficinas. La recepcionista era guapa y simpática, aparecieron otras dos mujeres, también sonrientes y eso le agradó. Se sentó en el recibidor  y enseguida le llamaron para la entrevista.

Marcos le dio un apretón de manos y con gesto serio le dijo que se sentara. Era más bien bajo y bastante fuerte. Vestía con un traje elegante, con algunos botones de la camisa desabrochados, mostrando pelo en pecho. Durante la entrevista tuvo que atender al teléfono varias veces. Protestó, salió del despacho a decir que la última llamada no se la tenían que haber pasado. Se interesó por la especialidad de la carrera del ingeniero: “Organización Industrial”. Marcos decía que tenía un problema de organización, se quejaba de que todo lo tenía que hacer él, que no había tema que no tratara.

Manuel, que era cómo se llamaba el nuevo ingeniero, dijo algo que había estudiado en la carrera: “Es importante saber delegar el trabajo, muchas empresas pequeñas que funcionan bien, al crecer y no saber organizarse, empiezan a ser ineficaces a realizar el trabajo.”

Sonó el teléfono. Sin cogerlo, Marcos salió de su despacho y le pidió al ingeniero que le acompañara. Anduvieron hasta el puesto de la recepcionista. Una vez allí cogió el teléfono y atendió a quien fuera que estuviera llamando. Colgó y miró muy serio a la recepcionista. Miró al entrevistado y le dijo:

– Repite lo que me acabas de decir.

El chico se quedó un poco cortado pero habló:

– Pues muchas empresas al crecer y no saber delegar, empiezan a ser ineficaces al realizar el trabajo.

– Veis lo que dice, y no hace falta ser ingeniero, yo delego en vosotros, pero todas las llamadas de teléfono me las pasáis a mí.

– Es que todo el que llama pregunta por ti, Marcos-, contestó Isabel, que estaba por allí. Isabel era la encargada de hacer las facturas.

Volvieron al despacho a seguir con la entrevista. Le había llamado porque había trabajado de becario en AENOR. Marcos quería implantar la ISO-9000 en su empresa, para obtener el certificado. Dijo que había apuntado a un curso a la recepcionista y al técnico que tenía, pero que si le contrastaba iría él. Hablaron de la ISO-9000 y del sistema de gestión, el control de compras, revisión de contrato. Marcos sabía de qué iba, porque había hecho en curso hacía unos años, pero como había pasado lo de TOJOSA, entonces no habían podido conseguir el certificado…

Se puso a hablar del ingeniero eléctrico que tenía, Juan. Un chaval que no le funcionaba. Le había contratado para hacer presupuestos y proyectos, y sólo era capaz de hacer los presupuestos, y no todos. Decía que era un chico inteligente pero que ya se había convencido de que no servía.

Salió el tema de si un ingeniero de organización industrial podía firmar proyectos eléctricos, y como sí que podía, se decidió a contratarle, de jefe de Juan, que estaba de vacaciones y que ya veríamos si cuando volviera seguía en su puesto de trabajo. El contrato del nuevo ingeniero sería en prácticas. También le dijo que le veía preparado para implantar un programa informático de gestión de la empresa que había comprado y con el que tenían dificultades. Y el lunes empezaría en Clavillo S.L. Manuel salió de la entrevista muy contento, aunque algo preocupado, aquel hombre pedía muchas cosas a una sola persona.

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