Instaladores desbocados. III, Jorge y Rubén

Passat
por Claudio Sífilis.

Avanzada la primavera, un viernes quedaron Rubén y Jorge, amigos desde la infancia y compañeros de trabajo en Clavillo S.L. Rubén, a su vez, había quedado con su exnovia Susana, que había quedado con María, una amiga. Con estas chicas y otras de la misma pandilla quedaban cada fin de semana cuando eran veinteañeros; ahora, cuarentones, se ven un par de veces al año. Las dos estaban muy guapas, con faldas por las rodillas. Eso les gustó a los amigos, porque estaban acostumbrados a verlas en vaqueros.

Jorge estaba apático, no tenía ganas de hablar con ellas, las conocía desde hacía veinte años y estaba resentido por viejas historias. Era un insatisfecho, y no tenía ganas de dar conversación. Los otros empezaron a hablar de sus cosas. Susana era abogada, pero hablaba más que nada de su hija adolescente. María era cajera en el Spar, se quejaba de sus jefes. También hablaron de restaurantes, hasta que se les acabó la conversación. Susana cogió un periódico en la barra del bar en que estaban y se puso a hablar de política, de la independencia del País Vasco. Dio su opinión. Como toda la gente que escucha a los políticos, su opinión era muy demagógica, basada en el eslogan nacionalista vasco: “El País Vasco nunca ha sido conquistado”. Esto daba, según ella, legitimidad a las pretensiones de los partidos nacionalistas vascos.

María le contestó algo irritada: “Eso de que el País Vasco nunca ha sido conquistado suena bien pero es mentira. Los vascones ocupaban Huesca y Navarra. Los romanos les ofrecieron no matarlos a todos a cambio de que entregaran su territorio. Lo entregaron. Siglos después los visigodos los invadieron, los machacaron, se refugiaron en los montes vascos y Lérida. El Islam hacía incursiones para saquearles, su fiesta son los toros, su fe cristiana, Napoleón venció allí. En Navarra comenzó Mola, En Bilbao venció Franco”.

Jorge se cansó de estar con ellos y decidió volverse a casa. Cuando se despidió le pusieron mala cara. No le importó. Conducía hacia casa deprimido e inconscientemente se puso a recordar su vida, siempre en paralelo a la de Rubén. En la época del colegio, a la salida de clase, se quedaban en la calle. A ninguno de los dos le daba paga sus padres, pero se las arreglaban para sisarles algo cuando les mandaban a hacer recados. Rubén era más espabilado, era colega de mucha gente, le gustaba vacilar a las chicas, era muy amigo de un marroquí llamado Stevie que les vendía chocolate. Le llamaban Stevie porque siempre llevaba gafas negras como Stevie Wonder. Jorge solía estar callado y solo hablaba cuando estaba a solas con Rubén. A los dos les gustaba usar los puños, sobre todo se peleaban con otros chicos por la música, eran heavys, y disfrutaban sacudiendo a los guarros, a los punks, también a niños ricos, niños de papá. Pegaban a los pijos para quitarles dinero, el reloj, e incluso a uno le quitaron la moto, que luego estrellaron.

Stevie murió, y como Rubén sabía dónde vivía fueron los dos amigos a su casa y llamaron. Abrió la puerta una mujer gorda pero de carne apretada. Rubén explicó que querían chocolate del que les vendía Stevie, la mujer dijo no saber nada, que su marido había muerto y no llevaba sus asuntos. La señora sonreía, no se lo tomó mal.

Se fueron, pero unos días después Rubén le contó a Jorge que había vuelto y la mujer le había dejado entrar en la casa y que se la había follado, había perdido la virginidad con ella. Jorge no se lo creía. Rubén insistía con su historia: “Mientras me la follaba estando yo encima, ella gritaba: “¡Ay mi niño!, ¡Ay mi niño!” Y cuando me he ido me ha dado una piedra de hachís. Jajaja. Después de follar habla por los codos. Dice que ya no se corre, muy pocas veces, solo con alguien que sea muy especial, conmigo, jajaja. Dice que cuando ella tenía doce años, se sentaba en la esquina de una silla y ella solita se corría enseguida, pero desde que es madre es muy distinto. Dice que su hija es modelo, debe de ser mayor que nosotros, jajaja, que su hija tiene un novio que es el hijo de un pintor que le hace los retratos al rey y gente importante, jajaja. Me ha contado cómo murió Stevie, que era bastante mayor que ella, fumaba mucho hachís y tenía los pulmones mal. El médico dijo la señora que no hiciera el amor con él, pero ella no podía negar su cariño a su marido y se murió en sus brazos, Stevie, asfixiado entre sus tetas, jajaja. Y mira lo cabrón que era el moro, que la compró siendo niña, no fueron novios ni nada de eso. Los padres de la Fátima, que así se llama la mujer, que eran muy pobres pero no querían venderla, le pidieron algo así como un millón de pesetas en dinero moro, pensando que no iba a poder conseguir el dinero, pero se presentó con una bolsa con el dinero y ella se tuvo que ir con Stevie”.

Jorge se reía incrédulo con las anécdotas que le contaba Rubén. La pelea más violenta que tuvieron fue una tarde en un bar en el que les dejaban estar sin consumir, donde había un grupo de cinco punkis. Uno de ellos, muy delgado y alto, llevaba una cresta erecta con los colores de la bandera francesa de unos sesenta centímetros. El camarero les advirtió que era amigo del dueño, y que si montaban bronca en el bar, no solo no les iban a volver a dejar entrar, sino que mejor se iban a vivir a otro barrio. Cumpliendo las indicaciones del camarero esperaron a que salieran los punkis del bar para meterles. Aunque recibieron bastante, los dos amigos estuvieron de acuerdo en que habían ganado claramente la pelea y que el punki tocho había sido el que había recibido la peor parte, quedando en el suelo tirado después de que ellos salieran corriendo de allí cuando estuvieron satisfechos con las hostias. No estaban seguros de qué golpe le había tumbado, probablemente un codazo de Rubén, que había repartido enloquecidamente y tenía el codo dolorido. Jorge era más estratega observando los movimientos de los oponentes, eligiendo el golpe más certero, recordaba mejor los golpes que ha dado en la pelea.

No fue su afición por las peleas sino la de colarse en el despacho de los profesores a robar exámenes lo que hizo que les expulsaran. Nadie se chivó, pero un profesor escuchó a unos alumnos hablar de cómo se colaban y los exámenes que conseguían, y en el siguiente robo les capturaron. Ninguno de los dos volvió a estudiar. A Jorge le metió su padre de aprendiz de electricista, Rubén; que tenía a su padre muy enfermo y estaba más descontrolado, comenzó a trapichear con hachís.

Pasaron algunos años y un día Rubén le dijo a Jorge que tenía la solución para él, tenía que irse de putas, que él había empezado a trabajar de sheriff en un puticlub y conocía la chica perfecta para que se estrenara. Era una chica muy caliente que decía: “Aquí, en una hora te enamoras y te desenamoras. Si no lo vives no lo puedes entender”. Rubén le explicaba: “Las putas, cuando se encuentran con un tío con el que les gusta follar no le consideran un putero, le consideran un cabrón, yo soy un cabrón, porque esta chica pasa conmigo más tiempo del que pago, a veces ni la pago. También fingen, está claro. Ella me ha contado que con uno que estaba borracho, se empalmó pero enseguida se vino abajo. Ella se puso encima de él y empezó a moverse y a fingir placer como si la estuviera penetrando. Es un juego, lo tomas o lo dejas, a mí me va. Estoy con ella, no me deja ir con las otras”.

Jorge reunió seis mil pesetas para la puta, era una chica de su misma edad, veinte años y algo rellenita, tímida. Se desnudaron, Jorge se tumbó en la cama y ella se sentó al lado suyo de espaldas, Jorge la acarició y la besó en el cuello, la tocó el chocho con los dedos, lo tenía caliente y mojado. Estuvieron así un rato y de pronto ella cogió la iniciativa, le puso boca arriba, le puso un condón, se subió encima de él, cogió su polla y se la metió, empezó a moverse arriba y abajo. Jorge intentaba besarla en la boca y ella se apartaba. Seguía moviéndose arriba y abajo. Ante la insistencia le dio un morreo de unos segundos. Siguió cada vez más fuerte hasta que Jorge se corrió.

Jorge no repitió con esta chica, que era de Rubén, y decidió probar con otra en un segundo polvo pagado. La que eligió le pareció que estaba muy buena, no era una chica tímida como la primera vez. Pero esta vez fue un desastre, quiso ponerse encima de ella y follar yo pero no supo hacerlo, se quedó quieto sin hacer nada. La tía le dijo varias veces: “¡pero muévete!”. Ella intentaba moverse, pero se cansó y le apartó. Se rió y le dijo: “Tú no has follado mucho”. Jorge nunca había visto una película porno y realmente no sabía cómo se hacía, además, sus escasas dotes de comunicación provocaron el desastre. Se vistieron, ella le acompañó a la puerta, le dio dos besos sin mirarle y se despidieron. Aquello le deprimió mucho, decidió que no valía la pena. La castidad le venía impuesta.

La primera chica, la amiga de Rubén y cuyo nombre no interesa, se tomó muy mal que la hubiera hecho acostarse con Jorge, lloró a solas durante días, sintiéndose despreciada. Dejó de hablar con Rubén. Una prostituta más mayor le explicó que no podía ser cariñosa gratis, ella vendía su cariño, era su profesión, el cariño vale más dinero, solo para clientes fieles y muy generosos.

Rubén añadió a su lista de trabajos el de arreglar ordenadores y se compró un Passat de segunda mano. Pronto empezó a salir con Susana, que era una estudiante de primero de derecho a la que había arreglado el ordenador y la explicaba los programas software. Salían por Madrid, principalmente por los bajos de Moncloa. Jorge siempre iba con ellos. A veces, Susana buscaba alguna amiga para que el pobre no estuviera de sujetavelas, Al terminar las noches Rubén llevaba a la amiga a su casa, a Jorge a la suya y finalmente a Susana a la suya. Aparcaba en su calle y empezaban a besarse y a meterse mano. Ella le agarraba el mástil con fuerza, él la agarraba las tetas y el culo. Pasaban por encima de los asientos a la parte trasera. Un día decidieron hacerlo. Susana era virgen y empezó a sangrar, pero no quisieron parar, a ella le dolió mucho pero finalmente la polla entró. La ropa de ambos y los asientos de atrás acabaron llenos de sangre, más de la esperada, pero estuvieron satisfechos. Se convirtió en costumbre, los fines de semana follaban y follaban hasta que se quedaban sin fuerzas en los asientos traseros del Passat. Un día un vecino de Susana empezó a dar vueltas alrededor del coche, Rubén estuvo a punto de salir a sacudirle, pero Susana le obligó a quedarse tapándola. Susana no quiso volver a hacerlo en el coche después de este incidente.

Jorge se compró también un Passat de segunda mano, para llevar él a las amigas de Susana a su casa, pero se llevó la desagradable sorpresa de que ellas preferían que las llevara Rubén.

Rubén había dejado el trabajo de sheriff, las chicas apenas le hablaban y muchos días había problemas, un cliente que pagaba con billetes falsos, un tío que sangraba por la cabeza y drogado dando la murga para entrar, un chica que prendió fuego una de las habitaciones. Finalmente un día entraron en el club ocho hombres más o menos elegantes, y cuando entraba el último Rubén vio que llevaba una pistola asomando del cinturón. Tomo el tiempo que estuvieron dentro Rubén estuvo cagado de miedo, pensando en salir corriendo, en llamar a la policía. Finalmente salieron y se fueron, y al día siguiente Rubén dejó el trabajo.

Jorge no había vuelto por el club desde su segunda visita. Buscó otro sitio en el periódico, llamó y le dieron una dirección. El edificio en el que estaba el piso estaba en un estado lamentable, no había ascensor, subió por la escalera a un tercer piso. Llamó a la puerta y abrió una señora mayor y horrible. El piso estaba mejor que el edificio. Le hizo pasar a una sala y me dijo que tenía que esperar, que las mujeres estaban todas ocupadas. Mientras esperaba una señora de unos cincuenta años pasó en ropa interior por allí y su aspecto le deprimió.

Estaba a punto de irse cuando llegó de la calle otra señora, bien vestida, delgada, con una rosa en la mano. Le saludó sonriendo y le enseñó la rosa, dijo que iba a ponerla en agua. Se fue y volvió con un jarrón y la rosa. Dijo que se la habían dado en una tienda por el día de la madre, aunque ella no tenía hijos.

Jorge la preguntó tímidamente si podía pasar con ella, dudando de que fuera puta. Ella sonrió sorprendida y dijo que claro que sí. Se llamaba Marga. Hicieron el amor muy tiernamente, él se sentía muy bien y ella percibió ese sentimiento. Ella preguntó si tenía novia. Jorge contestó que no. Ella dijo que la que le pillara iba a tener mucha suerte. Él preguntó por qué y ella contestó que porque era muy cariñoso y que eso era raro en un hombre. Dijo que si ella fuera joven no tendría dudas. Ir a ver a esta mujer se convirtió en costumbre, cada dos semanas iba y estaba con ella una hora, con ella pudo aprender a moverse técnicamente y dar placer. Un día ella le hizo un comentario sobre el sitio: “Aquí la mayoría de los clientes son viejos, a la mayoría no se les levanta y acaban meándose. Mira la pared llena de meados de viejos”.

El trato con esa mujer, que le adulaba, le fue dando confianza y finalmente ligó por primera vez en su vida poco después. Le decía cosas a una camarera del restaurante al que solían ir los instaladores a comer. Empezaron a salir se convirtió en su novia, se llamaba Cristina, con la que se casó y tiene dos hijas.

Rubén y Susana rompieron al comenzar uno de esos veranos locos, en los que todos pensaban que era mejor no tener pareja. Al final de ese verano, Rubén volvía de la playa con sus primos y en un cambio de rasante no señalizado, su Passat se estrelló de cara con otro coche. Rubén dice que era el otro el que iba por el carril contrario. Todos murieron menos Rubén, que estuvo en coma un mes. Ahora tiene muchos achaques, una pierna ortopédica, problemas de espalda crónicos y no sé si algún problema sanguíneo también, al menos se está haciendo análisis cada poco.

Pasados los años y un día, un ingeniero que se fue despedido de Clavillo S.L. borró el disco duro del servidor de la empresa. Rubén apareció por allí y con mucha constancia, estudiando libros y haciendo llamadas a otros informáticos consiguió recuperar gran parte del contenido del disco duro. Marcos le ofreció quedarse y actualmente es jefe de compras.

Terminado el flashback de su vida, Jorge llegó a su casa y aparcó, entró y dio besos a su mujer y a sus hijas, se sentó enfrente de la tele y abrió una lata de cerveza. La charla de Rubén, Susana y María seguía en Madrid, hablando de política. Rubén hablaba de El Capital de Marx, que estaba releyendo después de un montón de años. Susana estaba encantada con un programa de la televisión “Caiga quien Caiga”, que a los demás ya aburre. María dio su opinión sobre la política: “El hombre es un animal político, convierte lo terrible en hermoso. Convertir la vergüenza en orgullo es el oficio de los políticos. Por ejemplo, Numancia, el asedio y la muerte de hambre, suicidio colectivo. Tan orgullosos están los sorianos de su defensa numantina. Pero no descienden de los arévacos. Los arévacos fueron exterminados por los romanos. Los sorianos, tal vez desciendan de los romanos que aniquilaron a los arévacos”.

Rubén y Susana se despidieron de María. Esta vez fue Susana quien se ofreció a llevar a Rubén a su casa en su coche, nada más subir y acomodarse se pudieron a hablar de temas personales. Rubén dijo: “¿No crees que ya es tiempo de que me presentes a nuestra hija?”

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