Derrota

Victoria
por el Camarada Sërgëi.

Victoria es una película alemana de este año, rodada en un plano-secuencia de más de dos horas, obra del director Sebastian Schipper. La voy a destripar (espóiler, le llaman a esto, como los alerones de un Opel Kadett), así que si alguien tiene interés en verla puede saltarse perfectamente este artículo. 

La película ha tenido cierto predicamento entre la colonia española en Alemania, ya que está rodada en Berlín y la protagonista es española. Me la recomendaron varios amigos y por lo que contaban sospeché que sería un bodrio. Acerté en parte.

Pensé que una película así planteada («va de una española en Berlín») no podría evitar ponerse de rodillas para felar los habituales y manoseados tópicos. Primer error, porque no tiene nada que ver con eso. El segundo error fue pensar que podría aburrirme tras dos horas de alarde técnico. Es uno de los aciertos de la película: te mantiene en vilo las dos horas, aunque no es menos cierto que los parches que pone el director para evitar que se desinfle resultan bochornosos y un insulto al espectador. El último acierto de la película son los actores: magníficos, especialmente la protagonista, Laia Costa. Los cuatro quinquis también logran parecer quinquis, sobre todo uno que es clavadito a un amigo mío que se llama Mercutio (en la foto, el de la derecha, aunque aquí sale más galán, haciendo que el parecido se desdibuje un tanto).

La película trata de una chica madrileña que lleva tres meses viviendo en Berlín. Se encuentra sola en una discoteca y al regresar a casa se une a cuatro quinquis que están celebrando en la calle el cumpleaños de uno de ellos. Lo que ocurrirá a partir de ese momento hasta el final son las dos horas de la vida de Victoria, la protagonista, en el submundo delicuente de la capital alemana. Primer error: ¿una madrileña sola en una discoteca berlinesa? Ni jarto de vino me lo creo. Es cierto que la madrileña es más tonta que Abundio, pero no pienso tragarme que esté sola y se una a cuatro desharrapados porque sí. El director, consciente de que es difícil de creer la imbecilidad de la chica, trata de imponer al espectador un trasfondo social y psicológico que le permite explicar por qué la moza actúa como una perturbada medio lela (como si no bastara que fuera de aquí, de Madrí). Para ello utiliza dos trucos excesivamente visibles y baratos: hace subir al grupo a una azotea, donde el hecho de estar a solas cerca del cielo fomenta el buen rollito entre los cinco, y muestra a la chica demasiado proclive a asomarse al borde del edificio. Oh, qué sutil. El otro truco es aún más burdo y compone la escena más aburrida que he visto en una película. Se hace muy tarde para Victoria y tiene que abrir el café donde trabaja como camarera. Uno de los chicos la acompaña y pretende tomarse un colacao (sí, un colacao, es que es un quinqui muy tienno). Intiman hablando de sus gustos y sus pasiones, y ella se pone a tocar el piano. Es una virtuosa del copón, pero no lo suficiente para el conservatorio donde estudiaba, que la rechazó. Eso logra que se ponga tan triste que se le salten las lágrimas y que ahora entendamos, o debamos entender según el director, por qué la moza tiende a lanzarse al abismo, por qué sigue a cuatro borrachuzos por el barrio de Kreuzberg, y por qué se sube a un coche robado para cometer un atraco, o por qué secuestra un niño para escapar de un cerco policial. La niña tonta toma las decisiones adecuadas en los momentos adecuados y todos mueren menos ella (y otro, que se cogió una ponzoña del doce y no pudo participar en el atraco) porque ha… (redoble de tambores)… e vo lu cio na do. ¡Hala, a cascarla!

La peli comete errores innúmeros: los quinquis hablan un inglés perfecto (casi toda la película se desarrolla en inglés, a ver cómo la proyectan en cines españoles sin doblarla). Crash. Cuando la chica conduce por Berlín todo parece estar a tiro de piedra: la discoteca, el café, el garaje donde recogen las armas, el lugar del atraco, etc. Clonc. Pese a la tensión salvaje en muchas de las escenas, la madrileña no para de hablar inglés y apenas se le escapan un par de frases en español. Pum. Aparece un taxi salvador en medio de un cerco policial. Catacroc.

Dos horas perdidas, dinero tirado. No digáis que no os avisé.

« »

© 2018 ÇHØPSUËY FANZINË ØN THË RØCKS. Tema de Anders Norén.

↓