Razones para odiar los Starbucks

Starbucks
por Zeppi.

En un Starbucks es casi imposible tomarse el café que uno quiere. Pidas lo que pidas, te endilgan un vaso de plástico lleno hasta los topes de un brebaje con una proporción leche/café de diez a uno. Da igual que les hayas explicado que quieres un expreso doble con una gotita de leche. Tu pedido pasa por una cadena de operarios y al final te sirven la dosis habitual. Todo con la más amable de sus sonrisas y con el latiguillo “que tenga un buen día” .

Eso sí, puedes “personalizar” tu café con todo tipo de aromas y sabores, si te sirve de consuelo. Pero los que hemos crecido con el café de la barra del bar, solo, con leche o cortado, o incluso de cafetera italiana en casa, en el Starbucks no encontraremos café a nuestro gusto.

Los Starbucks son caros y tienen un ambiente entre intelectual y pijo que tira para atrás. Aquí en USA son muy populares y suelen estar llenos. Ofrecen wifi gratis y siempre hay gente que parece que han ido allí a pasar el día o que tienen allí su oficina. Ejecutivos y estudiantes con portátiles, tablets o iphones, que parecen superconcentrados en sus tareas. A veces da la sensación de entrar en una biblioteca.

Me cuentan que en algunas partes de Texas y en los estados del centro, los verdaderos americanos desprecian sin complejos el pijerío de los Starbucks y el ver a alguien entrar en uno de ellos es razón suficiente para retirarle el saludo. Me adhiero fervientemente a esa postura.

Y dirán ustedes, si tanto odia los Starbucks, con no entrar en ellos, problema resuelto. Pues no es tan fácil, amigos. Los Starbucks se han extendido como una plaga y se han implantado como parásitos en todo tipo de establecimientos. En la cadena de librerías Barnes & Noble (una de las pocas que aún resiste a la dictadura de Amazon), típica librería con cafetería “tradicional”, la cafetería ha pasado a ser un establecimiento Starbucks. Y en varias cadenas de hoteles, el desayuno ya no lo ofrece el hotel, sino que la zona de buffet la ocupa ahora un establecimiento Starbucks. De pago. Cómo se echa de menos el antiguo desayuno tipo buffet, incluido en el precio de la habitación. Por calidad y por precio.

Aquí les dejo un par de enlaces que tal vez ayuden a comprender lo que quiero decir:

Pero todas estas son razones sobrevenidas que, siendo importantes, no son la verdadera razón de mi manía hacia los Starbucks, que viene de mucho antes. Lo que no les perdono es la apropiación indebida del nombre. El señor Starbuck es para todos los lectores clásicos el primer oficial del Pequod, el barco ballenero de Moby Dick. Hombre de confianza del capitán Acab (o Ahab como escriben algunos), es quien instruye y advierte a la tripulación de lo que presiente que va ocurrir, pues conoce la obsesión del capitán por la ballena blanca. Es consciente de que el capitán ha ligado el destino de la tripulación al suyo propio y trata de explicarlo a su manera.

Mi relación con el libro no viene solo del disfrute con su lectura (lo leí en una época en que leía todo lo que caía en mis manos), si no en la importancia que tuvo para mi futuro. Casi nada más terminar de leerlo en español, tuve que leerlo en inglés como lectura obligatoria del último curso de la escuela de idiomas. Y lo aprecié entonces más que en su lectura en español.

Mi capítulo preferido es uno que se titula “La sinfonía”. Está cerca del final y es una especie de paréntesis en el desarrollo de los acontecimientos. Se masca la tragedia, el ambiente es cada vez más tenso, y de pronto el autor se descuelga con un capítulo sobre el viento y el mar, sus intenciones y sus pensamientos, y los eleva a la categoría de personajes del relato. Me gustó mucho el capítulo y lo releí varias veces, tenía palabras apocalípticas poco usuales.

Cuando, semanas después, me presenté al examen final, mi esfuerzo tuvo su recompensa. Todas las pruebas eran eliminatorias, lo que le daba un aire de solemnidad intimidante. La primera prueba era el dictado, y ahí estábamos todos con los nervios a flor de piel, cuando el examinador empezó a leer en voz alta:

“It was a clear steel blue day. The firmaments of air and sea were hardly separable …”

No me lo podía creer. Era el capítulo “The symphony”, que tantas veces había releído. Podía ir escribiendo anticipándome a lo que el examinador iba leyendo, y recuerdo las caras de perplejidad de otros alumnos ante algunas de las palabras del dictado (leviatanes y otros monstruos marinos). Hice lo que pude para disimular que iba por delante del texto leído y me dio tiempo suficiente para hacer una revisión completa y corregir algún error.

Fue un buen comienzo para un examen difícil, que aprobé tras no pocos esfuerzos. Y con el profesor Juan Mínguez en el tribunal recordándome irónicamente errores pasados.

Años después, cuando se abrieron los primeros Starbucks (creo que además el origen fue en Nantucket, y que el nombre se lo pusieron en honor al personaje de Moby Dick), me decepcionó por completo el tipo de local. Hubiera admitido ese nombre para una taberna sombría, donde se pudiera beber ron y cerveza, pero nunca para una cafetería de diseño, amariconada y pija, donde para más inri no sirven un café como Dios manda.

117 comentarios

  • Hace poco me contaron una anécdota sobre un Starbucks. Una amiga estaba en el aeropuerto -creo que de Houston- y vio como un vaquero entraba en un Starbucks. Extraordinariamente concentrado en lo que decía, le espetó al del mostrador: Please, I want just a coffee.

    Me gustan los Starbucks porque se puede trabajar muy bien en alguno de ellos. Eso sí, tomándose un té de lo más simple, o un cafetucho.

  • Gracias, Bremaneur. Llevo diez minutos esperando agasapada porque no sabía cómo confesar, oh Zeppi:
    Me gustan los Starbucks, PERO no soy pija ni maricona.
    No he leído Moby Dick, PERO he visto la peli.

  • (Ya estaba yo escribiendo lo que sigue, pero como para mí que Bremaneur me detecta, he querido mirar primero antes de enviar, y hete aquí a Bremaneur. Pues menos mal.)
    Lo que sigue:
    (Qué gente tan poco correcta.
    Las 09:30 y nadie decís nada. Solo os importa la hernia de vuestros ombligos. Así va España.
    Ni vestida de Lagarterana envío yo una entrada al Chøpsuey, vamos.)
    (Zeppi, a mí es q el Starbuck sí que me gusta, porque me llevó por primera vez llena de entusiasmo y excitación por el sitio tan chulo que iba a descubrirme, mi ahijada, ésa a la que le regalé Moby Dick cuando cumplió 14 años, y que posee irreductiblemente el título de la única persona de la familia que se la ha leído enterita.
    A veces la pillo mirándome de soslayo con un brillo en los ojos que dispara una frase en neón “No olvido”.)

  • Suelo guarecerme en los Starbucks cuando estoy lejos de mi ciudad. Ya sabéis bien de mi espíritu aventurero: entre un emocionante local lugareño de costumbres ignotas y un aburrido Starbucks donde comer pastelillos y leer novelitas, qué voy a elegir.

  • Estoy con Zeppi, me causó auntentica INDIGNACIÓN mi preimera vez en un Starbucks en Madrid. Vaso de cartón-plástico, palito pra remover en lugar de cuchara, te lo dan ¡¡TAPADO!!

  • OYES, GATA.
    ¿Por qué nos abroncas? Si ya sabes que esto va como Sinatra en HIS WAY.
    Y que sean las diez no se correlaciona con el ombligo de nadie. DIGO YO.

  • (sigo)
    Tapado,coño que le voy a echar azúcar , ahora tengo que destaparlo yo. Y todo ello por solo 5 veces más que un café-como-Dios-manda.

    También como Procu, me refugié en un un Starbucks en Salzburgo, cansado de andar todo el día: suelen tener sillas cómodas, algunos hasta sillones de club de la inglaterra victoriana.

  • Moby Dick es novela de chicos – no se lo tome nadie a mal, nada significa que un varón no sea capaz de terminarla, ni que una chica la lea y la disfrute.

  • A Moby Dick personalmente le hubiera quitado todo aquel rollo de las ballenas. De hecho me lo salté.
    Proc, pero ahora tienes Starbak en Bilbau, ya no te tienes que ir.

  • Gacho dijo:

    mi ahijada, ésa a la que le regalé Moby Dick cuando cumplió 14 años, y que posee irreductiblemente el título de la única persona de la familia que se la ha leído enterita.
    A veces la pillo mirándome de soslayo con un brillo en los ojos que dispara una frase en neón “No olvido”.)

    10/10
    Y como tambien tengo un ahijado (muy amado en quien tengo toda mi complacencia) tengo a bien solicitarles a ustedes una lista de tres libros de esos para leer por un muchacho de diez años al que he sorprendido el pasado domingo con un libro de papel entre las manos. Al parecer lo leía mientras se relajaba tras una complicada aventura en Minecraft.
    Graciassssss. Ustedes que son padres y madres y abuelos así en genérico…

  • 28 de octubre de 2015 a las 10:15 SCHULTZ

    Hay uno en la planta baja del Corte Inglés, en el Samsung Arena ese que han puesto debajo de los libros. No voy ni loca.

  • A mí las ballenas me interesan desde antes, pero después de leer Dama de Potorrín (Gacho, que es malisma), creo que tengo que leer ya Moby Dick; solo los capítulos de ballenas, eso sí.

  • 28 de octubre de 2015 a las 10:26
    PROCURO FIJARME

    Debajo de las baldosas estaba la playa. Que haya arena debajo de los libros pues bueno. Aún no he entrado, el primer día hubo cola.

  • (Ximeno, gracias. Y contestando a su pregunta, yo considero un imprescindible “El Principito”, que es lo que regalo a todos los niños de comunión, junto con la bendición de San Francisco.Y antes de que abran la bocota los burlones al citado magnifico libro, decir que me cago en ellos.
    No obstante, he lanzado ya la pregunta a cuatro de mis sobrinos, y conforme vaya obteniendo las respuestas se las iré dando -dos de ellas están ahora en clase-)

  • Entre un Starbucks y un McDonalds, elijo el último. Los Starbucks aparecieron cuando ya tenía yo un gusto formado en la cosa del café, así que los brebajes que sirven los considero poco menos que una herejía. Como la misa criolla a quien la aprendió en latín. A las hamburguesas, por el contrario, llegué de la mano del payaso y aún me gusta de vez en cuando zamparme una grande y grasienta. Echo de menos unos batidos con un delicioso sabor a plátano artificial de medio litro que ya no hacen y eran el colofón perfecto para esa apoteosis de lo cancerígeno, según la OMS.

  • Ximeno, mi hijo era muy lector, pero no de clásicos propiamente sino más bien de toda la surtida literatura de consumo infantojuvenil que hay hoy en escuela y librerías. Disfrutó mucho La historia interminable y El hobbit , dos títulos que aúnan calidad y gusto contemporáneo. Y le guste a él o no, regálele una edición bonita de La isla del tesoro.

  • Ximeno, si fuera un poco mayor le diría que Verne, Salgari, algo así. Pero diez años son muy pocos, Ahora voy a decir una barbaridad: personalmente creo que no debemos desdeñar ediciones sencillitas y con cromos.

  • Aclaro, la pregunta que les he lanzado ha sido ésta: ” ¿Que libro os gustó más cuando tuvisteis 10 años?”.
    Yo es que no empecé a leer hasta los 12-13; antes de eso me gustaban los de los cinco, los siete, y Sisi emperatriz.
    A partir de los 12 recuerdo: Marcelino pan y vino, y La historia interminable.
    Pero mejor que respondan ellos.
    A mi hermano le gustó “Flores en el ático”, dice. Pero mi hermano es superdotado y jamás volvió a leer novela.)

  • (Le paso la respuesta de mi sobrino que ahora tiene 22 años:
    “El capitan calzoncillos y el ataque de los retretes parlantes
    Ese o el reino de kensuke.
    Pero la saga del C.C. fue epica.
    (Me qedo con el C.C.)
    (Llevo un rato sonriendo x la calle xD )”

  • No hay nada tan acogedor, protector y deliciosamente decadente como un añoso y umbrío salón de té francés en el VII° en pleno mes de agosto. Tomar el té bajo los tilos cuando toda la morralla de nuevos ricos se fue a Cannes y solo quedamos en Paris los viejos aristócratas arruinados, algún gigoló y dos o tres galanes maduros para leerles Bossuet a las marquesas teñidas de azul.
    Comme d’habitude Monseigneur? Bien sûr, ma chère Paulette, comme d’habitude

  • (Mi sobrina, que ahora tiene 25:
    Harry Potter!!!
    Por supuesto;

    Y mi sobrino contesta:
    Yo harry potter me lo lei con 11.
    Si no, harry potter de cabeza tmbn.

    (Y como sé que me preguntarás a qué se dedican: pues son músicos. Una profesional, el otro está en ello)

  • (Y siguen:
    Ella (desde Alemania):
    Vaya…! Creo que yo leía más (y mejor) que tú. (??). Anyway, no se ha escrito saga infantil-juvenil como esa.
    Él (desde San Sebastian)
    Yo aprendi a leer libros de verdad con Harry Potter
    Te recuerdo qe apenas leia nada…

    Ella:
    Pues eso.
    Mira, el verano q viene me los vuelvo a leer.

    ————————-
    (Y hasta aquí puedo leer, Ximeno.
    Sigo con lo mío.)

  • Muchas gracias. Me había quedado bloqueado con Tintín y Asterix. A esa edad yo leía El Capitán Trueno, El Jabato y tambien las aventuras de Johnny Comando y el sargento Gorila. Así aprendí a distinguir una cimitarra de un alfange, o un “Stuka” y un “Messerschmitt”.

  • Ximeno:

    1. La guerra de los botones, de Louis Pergaud. A ser posible en la vieja edición de Bruguera, que es la mejor traducida.
    2. Aventuras de Guillermo, de Richmal Crompton (para éste a lo mejor está crecidito, pero nunca es tarde).
    3. Cualquier edición abreviada de Moby Dick.

  • Coño: El Hobbit, claro.

    La cafetería de los MacDonald’s, efectivamente, es mejor que los Starbucks y se trabaja igual de bien. La prefiero mil veces, pero mi lugar favorito para tomar un café y trabajar es el Hackescher Hof (que está al lado de un Starbucks, por cierto).

  • La lista de las lecturas que más me impresionaron a los 10 años.

    Los Hollister y el peligroso buzo asesino sanguinario de Jerry West.

    Mis aventuras en el África misteriosa: descripción de las crueles tribus comedoras de hombres y las feroces bestias que allá moran (Diarios de un explorador, 1871-1875) de Nuno Gomes Prenafeta.

    Análisis existencial de la filosofía de Kierkegaard mientras me como unos melindros de Randy W. McAllister.

    Boby Dick, el besugo blanco de Germán Hebilla.

  • Y antes de que abran la bocota los burlones al citado magnifico libro, decir que me cago en ellos.

    (Ya tenía echada la carta de protección.
    (“El Principito” es una obra de arte a todos los efectos. Uno de los mejores libros de la Historia de la literatura.)

  • Les agradezco a todos sus comentarios y a ver si luego tengo tiempo de pasarme por aquí. Desde que estoy en España estoy currando más que en USA y casi no tengo tiempo para nada. Mañana se vuelven los yanquis y espero que la semana que viene sea más tranquila,

  • Moby Dick tiene muchas ediciones ilustradas, algunas me gustan. Entre ellas esta de Ediciones Valnera que ilustró aquel hombre, José Ramón Sánchez, a quien tanto admiré durante mi adolescencia.

    Saludos.

  • A mí me parece que peor que Starbucks es el Corte Inglés, lugar que abomino aunque no lo haya visitado nunca. Los motivos son obvios, no venden las cosas que me interesan que por otra parte son elementos básicos de supervivencia para un caballero. A ver, en esta tienda NO hay:
    -Motocicletas.
    -Libros viejos.
    -Trastos para torear.
    -Pintura, escultura, obra gráfica.
    Me pregunto el qué cojones venden aparte de calzoncillos y bragas.

  • Hace años en un Corte Inglés vi motos.
    Y creo que también venden pósters del Rey León.
    Queda falsado.
    (El corrector me dice pósteres pero no me gusta).

  • Además de los que se han dicho:
    Los desaparecidos de Saint Agil, P. Very.
    La isla del tesoro, R.L. Stevenson
    El capitán tormenta + El León de Damasco, E. Salgari

  • Cuánto agradezco a mi madre que cada poco nos trajera una nueva entrega de Joyas Literiaras Juveniles: Karl May, Walter Scott, Salgari, Verne, Dickens, Twain …

    (Y cuánto agradezco a la Editorial Bruguera su publicación, porque antes de las Joyas…, mi madre nos regalaba las Vidas Ejemplares, que no estaban mal, pero, bueno, eran otra cosa)

  • Ximeno, las lecturas que aconseje o regale darán igual si no le obliga a ver, además, todas las películas de John Ford.

    Los franceses finalmente nos han enculado, si mi vida laboral era complicada ahora va a ser la hostia.

    ¡¡Zeppi, a sus pieses, refrenda usted la imparable decadencia de occidente!!!!!

  • Después de 165.220 kilómetros, mi Toyota ha tenido la primera “avería”: ha fallecido la batería. Con el puto Volkswagen y la mitad de kilómetros ya había gastado tres veces más en mantenimiento.

  • 28 de octubre de 2015 a las 18:02
    PERROANTONIO
    Después de 165.220 kilómetros, mi Toyota ha tenido la primera “avería”: ha fallecido la batería.

    Cómprate un Mac, hasme caso.

  • Mejora lo de Leguina, pero falta trascendencia. Me considero bastante mas experto que Calaza, aparte de ser conspicuo coleccionista de su obra en primeras ediciones y poseer obra pictórica relacionada con su mundo.
    Es jodido para Calaza haberme conocido, pues le supero en casi todos los terrenos.

  • El de Calaza sobre Céline me ha parecido un gran artículo. No me gusta Céline, lo que recuerdo de mi lectura ya vieja de Céline, y sin embargo en aquella polémica sobre el homenaje me había quedado en una zona de comodidad, justo aquí:
    «A la exclusión de Céline de las Célébrations Nationales se oponen quienes defienden la autonomía de lo literario frente a la moral».
    Ahora no lo veo tan claro. El conocimiento y aprecio profundo que demuestra hacen de él un artículo muy convincente.

  • Recuerdo que Adrede alabó en su momento el magnífico artículo de Calaza. El asunto de Céline y los dichosos panfletos siempre me ha parecido especialmente repugnante: una historia, si se mira bien, digna de haber sido escrita por el propio autor. Su viuda describió mejor que nadie en su hermoso Céline secreto la mezquindad de sus compañeros de profesión, especialmente de Sartre.

  • Todavía nadie me lo explicado mejor que la persona que me vendió el Casse Pipe y Conversaciones con el profesor Y, el notable novelista y librero del mercado de san Antonio, A.R. A pesar de que han transcurrido cerca de treinta y cinco años desde aquella mañana, aún recuerdo sus palabras exactas mientras metía mi libro en una bolsa y me ayudaba a situar el personaje: “Fue tan absurdo como perverso ensañarse de esa manera con un autor de corte rabelesiano por unos panfletos”, me dijo.

  • He visto un momento a Pablo Iglesias en la Sexta. Le dice Wyoming que si su viaje al centro. Responde él que él es muy de izquierdas, que se le nota mucho y porque su abuelo. Su abuelo era, por lo visto, un señor de izquierdas. Entonces está superclaro.
    Qué tendrá que ver lo haya sido tu pobre abuelo, que en gloria esté, para lo que seas tú. La sangre y la velocidad, la sangre y las témporas.

  • Moby Dick está basado en la historia de Mocha Dick, un cachalote, que la primera vez que lo intentaron cazar fue cerca de Mocha, una Isla de Chile.
    Moby Dick lo empezé de niño, pero lo dejé por la mitad, me resultó algo farragoso. Eso me sigue pasando con muchos libros, que los dejo por la mitad. Ahora que soy mayor, a veces los empiezo por la mitad.
    Me gustó más Miguel Strogoff, uno de un niño y un perro lobo de Alaska, los comics de Mortadelo, las páginas de chicas desnudas del interviú (tal vez el interviú tanga la culpa de que yo lea solo trazos sueltos de muchos libros), una de vaqueros, una de amor tipo Corín Tellado, los 7 secretos, los cinco y los tres investigadores.
    Moby Dick en la novela es una ballena blanca, error bastante lamentable de Melville, me parece a mí.
    En el starbuks no venden cerveza, si entras a tomar un café y cambias de idea, no puedes. Hay muchos ejecutivos que se creen importantes. Los dependientes visten fatal. Si te gusta el sabor a café, tienes que tener un paladar muy exquisito pata detectar eso en un cartón de starbucks. Lo que sí me gusta mucho es la sirena del logo.

  • Bueeno, pues más gracias. Ya tengo resueltos los reyes de mi ahijado: Unos auriculares con micrófono para acciones coordinadas en las aventuras con sus amigos de Minecraft y un buen montón de libros. Éstos se los suministraré en pequeñas dosis para que no salga huyendo ante la magnitud del desafío.
    Son ustedes unas malas personas estupendas. Mi agradecimiento.

  • Yo recuerdo, después de los Hollister y eso, una serie de novelas de Salgari, dos o tres, en que salía un viejo artillero bretón al que llamaban Cabeza de Piedra. Mucho cañonazo, abordaje y naufragio.
    También recuerdo haber leído y disfrutado Centella, de James Oliver Curwood, la historia de un perro mitad lobo. No recuerdo nada de la trama, que igual ni la tenía; sólo que me encantó. Puede que influyera que fue el primer libro que compré usado en un mercadillo en la calle. Eso también.

    Uno piensa que El Principito es el libro más cursi de la historia de la humanidad y de pronto se tropieza con Juan Salvador Gaviota y Saint-Exupéry queda redimido.

  • Evidentemente, El Principito es traducciòn ridìcula de Le petit prince que hay que leer pastoreando burbujitas de millésimé y partìculas filosòficas. Para Brema son ridis todos los libros con los que no pueda hacerse una paja o encontar argumentos para aborrecer del comunismo.
    En cuanto a aventuras de capa y espada, Sandokan, sin duda.

  • (El Principito y Juan Salvador Gaviota, junto con El Lazarillo de Tormes, probablemente los libros que más han influido en el desarrollo de mi personalidad y pensamiento.
    En mi gusto literario y sin embargo atracción por Barcelona, las Ultimas tardes con Teresa, por supuesto. Después ya vino todo lo demás.
    Ahí queda eso. Pa chulo, mi pirulo.)

  • ¡Joder, MGaussage! Los de James Oliver Curwood fueron los primeros que leí en mi vida, no sé, con ocho años o así. Devoré, uno tras otro, la colección completa que editaba Juventud. Kazán, perro lobo; Bari, hijo de Kazán; Centella; El rey de los osos; Los buscadores de oro; Los cazadores de lobos; Corazones de hielo, etcétera. Eran unas historias alucinantes, que transcurrían en los helados desiertos de Canadá, repletas de animales, bellas indias, forajidos, policías montados… Todavía los conservo.

  • Tuve un buen amigo que tenía una serie de teorías disparatadas acerca de las cosas más diversas; pero que, en honor a la verdad, rara vez solían fallar. Una, por ejemplo, era la “teoría del tupé”, a saber: todas las películas en las que Sean Connery aparecía con peluca eran, indefectiblemente, una puta mierda. Cosas así. Recuerdo también otra sobre las mujeres que habían leído El Principito: “Si alguna vez una chica te dice que lo esencial es invisible a los ojos“, aseguraba… “echa a correr lo más rápido que puedas”.

  • Me acuerdo de El pastorcillo de Gredos, de Concepción Sainz-Amor ( Prima Luce). Me acuerdo que se quedó en Cantonigrós, en casa de unos primos donde me exiliaba a veces mi familia para irse de viaje, y lamenté mucho su pérdida.
    Me acuerdo de la colección Historias de Bruguera, muchos los leí, y todos fueron excelentes para construir puentes con el Scalextric y el Marklin.
    Me acuerdo de cuando tenía 10 años y mi padrino, que a diferencia de Ximeno no venía por aquí, me regaló libros de Sven Hassel: Los panzers de la muerte, y otros.
    Me acuerdo que me dijo: “como veo que lees Hazañas Bélicas y tal…”
    Me acuerdo de que los rusos crucificaban a los prisioneros, y de lo que me impresionaban las descripciones eróticas: “unas tetas como panecillos”.

  • Que conste en acta, querida Gachó, que desde niño he sentido debilidad por el El Principito, cosa que no puedo decir de Juan Salvador Gaviota, uno de los libros más nocivos que he leído jamás. Si se pudiera hacer la lista de los diez libros que arrojarías al mar si cayeras en una isla desierta, este sería el primero sin la menor duda.

  • 29 de octubre de 2015 a las 10:18
    FOLLANDEIRO (SÌ, JODER, FOLLAN D’EIRO)
    Para Brema son ridis todos los libros con los que no pueda hacerse una paja o encontar argumentos para aborrecer del comunismo.

    Son criterios útiles y universales. No contemplo otros, ni en literatura, ni en cine, ni en la vida.

  • (Es que a mí JSG me lo regalaron las monjas del Sagrado Corazón de Jesús para la comunión; y luego otra vez había que estudiarlo para la Confirmación. Yo soy yo y mis circunstancias, como dijeron aquellos dos.)

  • Totalmente de acuerdo con lo de JSG, Gachó. No pretendía sentar cátedra sobre algo que, por descontado, no es sino una apreciación –en realidad una fobia– personal.

  • Es deslumbrante (por iluminador, valga el oximoron) que la república xenófoba (bomba defectuosa contra la legalidad) tenga que esperar por la minucia procedimental que regula la constitución de la junta de portavoces o la imprescindible habilitación de un sábado para enmendar y votar el engendro.
    Conio, haber incluido como propuesta previa la laminación de los humildes reglamentos (lo que por cierto está dentro de su alcance legal). El criminal ayudando a cruzar a la viejecita.

  • Se hace saber a las señoritas y señoritos de este fanzine que la entrada de mañana del señorito Kant difiere sustancialmente de la que algunos recibieron por error en sus correos. También se comunica oficialmente el retorno del señorito Perroantonio de sus vacaciones en la provincia de Teruel, siendo su primera labor tras el regreso la de ilustrar el texto del señorito Kant. Le rogamos al señorito Cäshø que no dé por finalizada su etapa de responsabilidad moral con el fin de que no vuelva a crear imágenes insanas que ensucian la espiritualidad de este nuestro/vuestro fanzine. Gracias.

  • Berlín, noche y niebla. Las cornejas cenicientas sobrevuelan la ciudad en grandes bandadas. Cada una de ellas transporta el espíritu de alguno de los espías que pisaron y pisan la ciudad. Sus graznidos parecen reclamar un sorbo de pink gin.

  • Estoy españoleando en Berlín, que confirme Brema el impacto de mi quijotesca figura en sus calles.

  • He leído una columna de Pilar Rahola en La Vanguardia, titulada «¿Dónde están los vascos?». QUÉ DESCOJONO. No está en abierto, así que os pongo esto con un resumen. Termina diciendo «¡Qué soledad la catalana!». En serio.

  • 29 de octubre de 2015 a las 17:10 Srta. Bellpuig

    Se hace saber a las señoritas y señoritos de este fanzine que la entrada de mañana del señorito Kant difiere sustancialmente de la que algunos recibieron por error en sus correos.

    Yo diría incluso que difiere totalmente. Vamos, que es otra.

  • Y yo que no me había enterado que Ivonne de Carlo era Lily Munster…

    (Yo sí lo sabía (¿qué no sabré yo diosmiodemifida?), por mi padre, que es de los que recitan todos los actores esos en plan “jamescagnei” “jonbaine” “maurenoara ¡què joven!”… Pero lo que no sabia era que era de Vancouver (pues mira, eso no sabías))

  • , ¿responde el silencio a algún tipo de pacto fuera de taquígrafos?

    (Pues a lo mejor es el mismo silencio que el vuestro cuando ETA mataba a alguien. Bueno no, el mismo no, el vuestro era infame)
    (Esta tía es gilipollas, y punto. Que dónde están los vascos dice; pagando las penas de cárcel, capulla.)

  • En lugar de lamentarse de los vascos, Pilar Rahola deberìa alegrarse de que los españoles no frenen el separatismo catalàn.
    Ni una puta manifestaciòn marcando territorio. Qué vergüenza. Si el otro dìa, cuando Marca trajo la informaciòn de que Valls era favorable a que el Barça jugase la Liga francesa, un puñado de chavalotes, dos cientos o por ahì, se hubiese presentado en las puetras de la Embajada francesa gritando !Cataluña española! en este momento medio planeta habria tomado conciencia de lo que se està tramando. Pero hacen falta esos dos cientos capitanes que arrastren a los 40 millones restantes. O, mejor aun, capitanas.

  • 29 de octubre de 2015 a las 21:39 gachoinlowercase

    Gata, no le des vueltas. He leído el artículo entero en el autobús y me daba la risa que le movía del asiento al señor negro de al lado, por las sacudidas. A la Rahola no le sigo mucho, pero siempre me ha parecido un ser completamente inverosísmil a pesar del argumento de realidad del DNI. Se pone a gimotear por Galeusca perdida, aquel sueño heroico compartido que iba a acabar con el Valle de los Caídos. Y ahora, mira. Claro, los vascos (lo que ella llama «los vascos» que son unos personajes de su tebeo de naciones donde sale ella con «los catalanes») son unos préfidos y unos avelosos. ¿Dónde están ahora los intelectuales vascos?, se pregunta. Aquí ya las lágrimas no me dejaban seguir leyendo ni la risa respirar. «Intelectuales nacionalistas vascos», maja, es buenísimo. Y que los catalanes de su tebeo, solicos. Con cien mil chinos llorando perdidos en medio de la Gran Vía.
    El artículo que ha enlazado Perroantonio está muy bien y es la pura verdad.

  • Gómez, las novelas de Curwood eran de “amor a la naturaleza” y molaban un montón. La verdad es que las tramas, que también recuerdo llenas de lagos helados, ventisqueros y bosques tupidos, ni las recuerdo. Eso si, las disfrutaba mucho.

  • (A mí llegó a caerme bien, porque había adoptado a una niña china y eso; pero joder, yo no sé la Otero cómo la tiene de tertuliana. Es TAAAN catalana, coño, pues no vayas a emisoras nacionales, no cobres de España, quédate en Catalunya diciendo sandeces, que es muy de rasgarse las vestiduras por todo (pa mí que tiene el JSG de libro de cabecera, pero en catalán, que debe ser ya la rehostia)

  • Los vascos de los que habla Rahola estaban hoy haciendo unas maniobras de camuflaje detrás del árbol de Guernica. UPyD, como se sabe, ha presentado propuesta para acabar con los Conciertos económicos y se ha montado el guirigay correspondiente en el Parlamento Vasco. El PP –que se sepa– ha corrido a defender el Concierto por ver si saca algún voto de algún carlistón despistado y ha dejado caer que el PSOE en este tema dice en Euskadi una cosa y en Andalucía otra (lo que, francamente, me parece mucho optimismo; si sólo hubiera dos opiniones…); también les ha avisado a los del PNV que pongan las barbas a remojar, porque si se abre el melón de la reforma constitucional quizá se vaya el Concierto a hacer puñetas. Lo cual que se ha ofuscado Egibar (siempre que sea posible, pues vive en estado de permanente ofuscación) y ha dicho que eso es un chantaje intolerable (para distinguirlo de los chantajes tolerables). También ha salido un tipo del partido ese que ya no sé cómo se llama, si Bildu o Galdu o Pitbull, para decir que hay que superar el marco autonómico y tal y tal, pero como ya no tienen pistolas como si se la pica un pollo, o sea.