Instaladores desbocados, 8. Aumento de sueldo

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Por Claudio Sífilis.

A Manuel le concedieron un piso de protección oficial en Las Tablas. Su padre, que se había encargado de la solicitud, le acompañó a tramitar todos los papeles. Manuel estaba preocupado, su padre no pagaría la hipoteca si se quedaba en paro, y el trabajo en Clavillo le resultaba insoportable, trabajaba casi todos los fines de semana, llevaba más de un año y no había tenido vacaciones. Quería cambiar, estaba harto de tener que hacer los presupuestos a toda leche y mal, de tener que escuchar broncas y más broncas por no tenerlos hechos. Harto de meter la pata y de que después vinieran los problemas.

– “Esto cuesta más comprarlo en el almacén de lo que cobramos cuando ya lo hemos instalado”.
– “Has puesto que esta luz de obra se tardaba en hacerla 16 horas una persona y hemos tardado 32 horas dos personas”
– “¡Cómo lo hagas todo así!”

Estos errores no eran tan graves como pueda parecer. Eran presupuestos con más de cien partidas a contratar, hechos muy rápido, y para contratar había que bajar el precio de alguna manera. Había que contratar a precio de mercado, lo más importante era presentar un presupuesto a tiempo y tener cuidado de que el total no fuera demasiado bajo, porque había muchos instaladores en el sector que no sabían presupuestar, electricistas que intentaban montárselo por su cuenta y se arruinaban.

Manuel también había conseguido una subvención para contratar una empresa consultora que les estaba ayudando para el proceso de certificación de calidad ISO 9000. La subvención era del 50% con lo que era más barato y efectivo que ir al curso de la asociación de electricistas que tenía previsto Marcos.

Llevaba un año con contrato en prácticas, y el mercado laboral determinaba que Manuel ya valía más dinero. Había aprendido bastante. Hizo un curriculum y lo distribuyó por internet. Hizo una entrevista para comercial de un fabricante de material eléctrico. La entrevista se la hizo una mujer de unos treinta años, especialista en recursos humanos. El trabajo consistía en llevar catálogos a los arquitectos, los ingenieros y los instaladores, explicarles los productos y hacer cálculos para sus proyectos. Ayudándoles con su trabajo se conseguía que prescribieran las características de su producto y no el de la competencia. Manuel conocía al comercial de esa empresa que venía a verle a Clavillo con sus catálogos. Contó que en Clavillo se solían instalar sus lámparas de emergencia, pero que la marca de la aparamenta de los cuadros eléctricos que ponían era otra, algo más económica, y que tenía un ingeniero de haciéndole los esquemas de cuadros y centros de transformación, y los presupuestos. Era un trabajo que Manuel podía hacer perfectamente.

La mujer repasó el curriculum. Comentó que el primer trabajo antes de Clavillo le parecía una mierda. Manuel no supo qué decir. Pensó: “Sí, era una mierda, como todos los primeros trabajos, de becario. Pero no ponía en el curriculum que era de becario, intentaba venderlo como un trabajo interesante”. Preguntó por qué quería cambiarse de trabajo y Manuel cometió un error que no se debe cometer nunca en una entrevista: empezó a quejarse de su situación, dijo que le cargaban con demasiado trabajo, demasiada presión, que no le daban tiempo para hacer las cosas y luego le exigían responsabilidad, que le tenían sentado delante del ordenador y que si se levantaba del asiento un momento enseguida protestaban y le echaban la bulla. La entrevista siguió en tono arisco hasta el final. Manuel nunca volvería a saber nada de ese puesto de trabajo.

Manuel dijo en Clavillo S.L. directamente que había ido a una entrevista de trabajo. Esto no se debe decir nunca, pero en Clavillo decir que estabas enfermo y no ir a trabajar tampoco era buena idea, porque ya lo había hecho y Marcos empezó a sospechar y a acusar y a intimidar y a decir que hay que ir a trabajar enfermo… Marcos se quedó mudo cuando Manuel le dijo a las doce de la mañana que venía de una entrevista de trabajo. Manuel añadió que con lo que pagaba a los ingenieros nunca iba a tener allí a ninguno fijo, que sólo iba a poder contratar a chavales que le iban a usar para formarse y luego marcharse.

Manuel ya no quería hacer más entrevistas y empezó a darle vueltas a la cabeza a cómo conseguir un aumento de sueldo de Marcos. Un día le llamaron para una entrevista en Mercamadrid. Era para una empresa de mensajería y transporte de paquetes, para un puesto de organización. Le pareció que no tenía posibilidades para ese puesto, ya que trabajaba en algo totalmente distinto. Decidió decirle a su jefe que iba a faltar al trabajo por una entrevista unos días después.

Una tarde le encargaron que fuera a una obra en las Matas a llevar unos planos para el jefe de obra y unas certificaciones de obra. Al llegar a la obra se encontró que había una reunión. Llevaban toda la tarde discutiendo por una certificación de obra. Habían dado una vuelta por la obra el encargado de la constructora y el jefe de obra de Clavillo para determinar el tanto por ciento de la instalación eléctrica que se llevaba realizada. A primera hora de la tarde Marcos había entregado una certificación que no le habían aceptado, entonces había llamado a la oficina para que le hicieran otra, que era la que traía y que estaban discutiendo. Seguían discutiendo porque la nueva certificación que presentaba Marcos no les parecía correcta a los encargados de la constructora. Los argumentos de cada uno eran los siguientes:

Marcos: “No puedes pasar por la obra y decirme que sólo llevo realizado un treinta por ciento de la misma, está casi acabada, sólo falta poner las luminarias. Es una obra enorme, de más de cuatrocientas viviendas en la que hemos hecho un trabajo enorme cumpliendo los plazos”.

Encargado de la constructora: “Es que en el presupuesto que me has entregado, las luminarias son el setenta por ciento del mismo y lógicamente, si no has puesto las luminarias, no te las voy a pagar”.

La discusión seguía, se tomaron un descanso porque el encargado tenía que atender a otra persona y la discusión iba para largo. Ya eran las diez de la noche, la jornada laboral en la obra había terminado hace tiempo y sólo quedaba movimiento dentro de la caseta de obra.

En un descanso, fuera, en medio de ninguna parte, Marcos le explicó el problema a Manuel. El presupuesto con el que se había contratado estaba mal planteado, lo había hecho Juan. El coste de las luminarias estaba en precio venta al público. Clavillo compraba con un 45% de descuento sobre el PVP. Cuando a Marcos le dijeron que tenía que bajar su oferta un 30% para contratar no se había dado cuenta de ese error, y puso coste cero a algunas partidas del presupuesto que ahora no podía cobrar, habiendo hecho el trabajo. Cuando estuvieran puestas las luminarias de la urbanización y del garaje, tendría un buen beneficio, pero necesitaba cobrar para tener liquidez ya.

Manuel le interrumpió para recordarle que al día siguiente tenía una entrevista de trabajo en Mercamadrid. Le dijo que si quería que no fuera a la entrevista, le tenía que pagar 23.000 euros brutos anuales. Marcos se rió y contestó que por ese dinero se tenía que dejar dar por culo.

Al día siguiente Manuel hizo la entrevista en Mercamadrid sin pena ni gloria. Simplemente no se ajustaba a lo que ellos necesitaban, trabajaba como ingeniero eléctrico y ellos querían un experto en organizar personas, grupos de trabajo. Era un puesto de 26.000 euros brutos anuales. Cuando terminó la entrevista fue al trabajo. Llegó sobre las doce de la mañana y se puso a trabajar. A última hora de la mañana, antes de comer, Marcos y Jorge, los dos socios le llamaron para hablar en el despacho de Marcos. Le preguntaron si se daba cuenta de que lo que estaba haciendo le podía costar el puesto de trabajo. Manuel contestó:

– “Sí, lo sé. Lo que pasa es que me pagáis muy poco comparando con el precio de lo que yo ya valgo en el mercado. Estoy cobrando el 75% del contrato mínimo para un ingeniero, porque estoy en prácticas, el 75% de 18.000 euros. Decís que es titulitis, pero es que yo tengo el título de ingeniero y veo ofertas de trabajo y pruebo suerte. Juego, es una apuesta. Hoy he ido a una entrevista de algo que no tengo ni puta idea, a un puesto de 26.000 euros. Si consigo convencerles a lo mejor me contratan, aunque a lo mejor yo luego tengo problemas para hacer mi trabajo y me despiden. Tal y como estoy yo me arriesgo a hacer esta entrevista, porque aquí gano muy poco. Si tú me pagas más, a lo mejor yo no me arriesgo a ir a buscar ese trabajo. Tienes que pagarme suficiente para que yo no me arriesgue, para que yo no juegue”.

Marcos sonreía, parecía simpatizar con sus argumentos. Hizo un gesto a Jorge que para que saliera del despacho. Jorge era socio de Marcos porque este le convenció para que invirtiera dinero en su empresa, pero en realidad quien decide todo es Marcos. Marcos pregunta cuánto dinero quiere Manuel.

– “23.000 brutos”.

Hace gestos con las manos hacia abajo, muy pronunciadamente. Manuel repite que tiene que dar algo para que no juegue. Marcos sigue con los gestos y dice que baje lo que pide. Manuel no contesta.

Marcos finalmente empieza a hablar, dice que es una subida muy desproporcionada respecto de lo que está ganando, que las subidas tienen que ser más escalonadas. Le hace una oferta, le habla en pesetas, y mezcla la conversación con euros, y habla de neto al mes, luego de bruto mensual, no de bruto al año. Ofrece doscientas mil pesetas netas al mes. Dice que subir más le iba a crear problemas con el resto de empleados, pasa la cantidad a euros, multiplica por catorce pagas para tener el sueldo anual, le quita unas retenciones. Todo queda escrito desordenado en una hoja de papel. Al final queda un sueldo mensual de 150 euros más de lo que está ganando. Le pregunta a Manuel si está de acuerdo. Manuel responde que sí. Marcos se levanta de la mesa de despacho, le da la mano y le acompaña a la puerta. El papel queda en la mesa de Marcos, Manuel cobrará el neto que han acordado en cada nómina, pero no habrá aumento, a partir de ahora se le aplicará cero a sus retenciones, y cuando llegue el día de la declaración de la renta Manuel tendrá que pagar los 150 euros mensuales de su aumento, casi 2000 euros.

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