Pase de pasiva

Un huevo de subjetividad

Por Proxuey

Perroantonio dijo que podía hablar de lo que quisiera. Hay libertad, dijo.

—Ah, yo quiero hablar de alguno de esos aspectos siempre candentes de la morfosintaxis —solicité.

—No —respondió Perroantonio algo sucintamente. Para poner un ejemplo de libertad, supongo, o es lo que me pareció.

—Me gusta mucho la libertad, la libertad es bonita —balbucí.

—Vale, pero sin derramamiento de subjetividad —observó él entre náuseas y bascas, o como reticente.

—¿Cuánta subjetividad? —demandé, porque Perroantonio no precisó la que podía yo insuflar antes de llegar a efundir.

Dos huevos de subjetividad, le pedía a veces a mi abuela para cenar, estando mi abuela componiendo las cenas. ¿No serán muchos?, inquiría ella. Pues entonces un huevo, me corregía yo. ¿No serán pocos?, dudaba mi ancestro. Solíamos pasarnos así, departiendo anteprandialmente, bastante rato mi abuela y yo, que a veces no cenaba.

—Quítala toda —concretó Perroantonio con magnanimidad.

—Y yo no soy tu abuela —añadió asimismo. (Ni que lo digas, respondí interiormente a su desplante, mi abuela tenía más barbas).

Quedéme absorta o como distraída en las cosas de la microsociología de la comunicación y en la prosa del conocimiento, y en que la primera persona gramatical se impone insultante al prójimo e invade su espacio, una intromisión en toda regla en la imagen positiva a la que el prójimo tiene todo el derecho. «Yo te voy a dar una hostia», por ejemplo. A ver, emisor: ¡quita yo!, qué te cuesta. «Se te va a dar una hostia que se te va a dar ella sola». Mucho mejor para el universo de referencia, que gana peso. Sigue siendo ordinario, pero es epistemológicamente impecable. Las clases sociales ordinarias también tienen derecho a la cognición. (Por una cognición libre y gratuita).

Pongamos el típico «me cago en tus difuntos». Pues no. Reformúlese, que no es por un antojo, sino por lo que bien se llama la objetividad: «Tus difuntos van a ser cagados de un momento a otro, si es que no lo han sido ya, y así sea». Porque la diátesis —le guste a Perroantonio o no— tiene de todo. La diátesis tiene impersonal y pasiva, y tiene una pasiva refleja que trae al primer plano el mundo relatado o bien descripto, y además deja caer al agente o experimentador, ahí está lo bueno. A quién le importa el agente o experimentador; por mí, el agente o experimentador si se cae como si se mata. Diría muchas cosas de esta construcción también conocida en el mundillo y los ambientes como segunda de pasiva, una estructura tan profesional y eficaz en sacando las sucias manos de los sujetos de los objetos de la consideración empírica. Bien clarito queda denunciado desde el campo de la epistemología: «Hay quienes quieren que haya vencedores y vencidos». Donde ese caritativo quienes está cubriendo las vergüenzas de unas personas enfermas de subjetividad y deseos de venganza y carentes de espíritu científico, incapaces de analizar un conflicto. Si no fuera por ellos el conflicto se disolvería a lo mejor como un azucarillo, un terrón de matarratas en tu café de la pasiva refleja, si no fuera por unos interesados.

En fin, que Perroantonio me dice que no me enrolle, que lo mejor es que cuente un chiste. Y vaya, que ahí ha acertado porque yo, y no es porque lo diga yo, me sé bastantes.

—Buenos días, doctor. Vengo a que me reconozca.

—Mmm. Pues ahora no caigo.

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