Elogio del Cetme

Armas de casa
Por Fernando García.

En 1952 el Ejército  se planteó sustituir los viejos Máuser por un fusil de asalto moderno. Aprovechando que se había refugiado en España Ludwig Vorgrimler, un antiguo trabajador de aquella fábrica, se creó con su colaboración un consorcio llamado CETME que daría nombre al  fusil que estuvo vigente hasta bien entrados los años 90. Los que estuvimos en el ejército a finales de los 70 tuvimos ocasión de manejarlo.

Nunca he visto blasfemar a nadie con mayor virulencia, y con mayor razón, que a los instructores del campo de tiro donde practicábamos con el CETME. Aquel fusil, conocido como “el chopo”, era imperfecto y sus usuarios una manada de incompetentes que afectábamos indolencia, pues éramos mayoritariamente pacifistas y de izquierdas. Si no hubo una tragedia fue porque Dios existe, pues aquél arma era mortífera, ya que tiro a tiro, o en ráfagas, su potencia de fuego era bestial a fuer de imprecisa.

Los guardias que acompañaron a Tejero en su asalto al Congreso manejaban subfusiles, un arma de menor potencia que el fusil de asalto; aún así, si la famosa ráfaga que dispararon al techo se hubiera dirigido a los escaños donde todos menos Suárez y el Guti se ocultaron, quizás se hubiera hecho justicia sumaria de Paracuellos. Por fortuna no fue así y nuestra democracia salió definitivamente fortalecida de aquel disparate.

Disparar con un fusil de asalto, sea CETME o Kalásnikov, a un grupo de civiles es delito de lesa humanidad. Hasta el más torpe de los reclutas causaría víctimas, tal es su mortífero alcance y frecuencia de disparo. Tal arma fue diseñada para el asalto, en campo abierto, donde un hombre a pecho descubierto se enfrenta a un enemigo con equivalente armamento. Hasta en esto los infieles han mostrado su escasa hombría.

Desmontar, limpiar, engrasar, montar, cien veces repetí esta operación con el CETME que durante muchos meses fue mi indeseado amigo. Desfilar o hacer guardias con él fue un suplicio, pero habiendo pasado los años  reconozco su valor, que entonces no supe apreciar.

 

 

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