Instaladores desbocados, 9. Psicosis sexual

Instaladores 9
Texto e ilustración de Claudio Sífilis.

En los colegios de curas se ensañaba lo que es el amor en los años ochenta de esta manera:

– El amor más grande que existe es el amor a Dios.
– En segundo lugar está el amor a la patria, que también es amor, porque es desinteresado.
– Luego está el amor a los hijos, ya de menos categoría, porque es un amor con connotaciones materialistas y egoístas. Dios lo aprecia, aunque al ser material y no espiritual, se puede afirmar que no tiene tanto valor.
– En cuarto lugar está el amor entre un hombre y una mujer, y éste, al ser carnal, es pecado y no debe hacerse salvo dentro del matrimonio eclesiástico con la finalidad de traer niños al mundo.

Ya en el siglo XXI, el Papa Ratzinger, tras ser elegido sumo pontífice de Roma, hizo una encíclica sobre el amor, diciendo más o menos lo mismo. La gente comentaba al leer los periódicos lo listo que era el nuevo Papa, que nada más ser nombrado había hecho una encíclica.

Vanesa tenía vacaciones de verano. El viernes anterior a sus vacaciones Manuel se la encontró en la puerta al llegar al trabajo, eran los primeros en llegar y ninguno de los dos tenía llave ni sabían la contraseña de la alarma. Se saludaron y se quedaron en silencio. Finalmente ella habló, dijo que tenía un trabajo nuevo y que se iba de la empresa, tenía que decírselo aquel día a Marcos, pero que, como sólo tenía que avisar con dos semanas de antelación y eso era lo que tenía de vacaciones ese iba a ser su último día allí. A Manuel se le hizo un nudo en la garganta.

Vanesa estuvo todo el día intentando hablar con Marcos, yendo detrás de él, pero él estaba ocupado con otras cosas. Finalmente habló con Jorge, su socio. Hablo con él y enseguida se enteró Marcos. Marcos empezó a dar vueltas por la oficina diciendo que era una putada, preguntándose por qué se iba si la habían tratado bien… Finalmente acordó con Vanesa que ella se fuera de vacaciones a su pueblo sólo una semana para las fiestas y luego volviera una semana a Clavillo para cerrar los asuntos pendientes. Manuel pensó en aprovechar esa semana para pedirla salir.

El día que ella volvió estuvo simpática y amable con él. Él aprovechó el momento para pedirle el número de teléfono. La semana transcurrió sin más. Marcos la convenció de que el mes siguiente, aunque empezaba a trabajar en la otra empresa, como allí tenían jornada intensiva en Julio, podía venir a Clavillo por las tardes durante ese mes, ganarse un buen dinero libre de impuestos y cerrar los temas que tenía pendientes, que eran importantes. Vanesa se encargaba de la facturación y si se marchaba, y con la desorganización que había en la empresa, podía quedar alguna factura sin cobrar. Vanesa hacía bien las facturas, esto había servido para cobrar muchas retenciones, que en tiempos se Isabel se habían quedado sin cobrar.

Vanesa le contó a Manuel que lo que le había propuesto Marcos le parecía duro porque para venir desde su nuevo trabajo a Clavillo tenía que coger dos autobuses y no la daba tiempo a comer. Manuel se ofreció a ir a recogerla en su coche y traerla a Clavillo. Vanesa se mostró de acuerdo, pero la idea no la gustó nada, recordó que un mes antes la había tirado los tejos en el coche y se había asustado. Como la quedaban pocos días en Clavillo estaba siendo amable con todo el mundo, pero no quería verse a solas con ningún hombre. Hablaban entre ellos diciendo cosas muy machistas como si no hubiera mujeres en la oficina, si solo fueran machistas. Rubén presumía de haber trabajado en un club de alterne, una vez dijo haber presenciado una violación, Jorge tenía páginas de revistas de mujeres desnudas en su despacho, en el almacén también había imágenes de esas. Todos los instaladores eran muy brutos y agresivos hablando, se gritaban entre ellos. Todos querían llevarla a casa en su coche al salir del trabajo. Marcos reconocía abiertamente ir a clubs de alterne y haber llevado allí a clientes. Había un dueño de un almacén de material eléctrico que aparecía muchos días a la hora de salida con su Maserati y la llevaba aunque ella le había dicho que no quería ser su amiga, le había llamado acosador, sinvergüenza por estar casado e ir a Clavillo a tontear con otra. Y Manuel, que al principio había sido su amigo, el único educado y que no la sacaba quince años, de pronto empezó a comportarse como un tipo raro, y la ponía nerviosa. Ella quería ir y venir en autobús y que la dejaran en paz.

El lunes por la mañana Manuel le dijo a Rubén que iría a recoger a Vanesa y le pareció bien. Le llamó y quedó con ella. Luego ella llamó a Rubén y estuvo hablando con él. Era julio, hacía muchísimo calor en la calle, Manuel se equivocó en una rotonda y llegó a recogerla 20 minutos tarde. Cuando llegó, ella tenía muy mala cara, llevaba más de media hora esperando al sol del mediodía, de más de 40 grados. Él estuvo nervioso, se sentía como si estuviera haciendo algo malo, intentó empezar conversaciones, pero ella no dijo nada en todo el trayecto. Aparcaron en el polígono y caminaron hasta la oficina. Al entrar en la oficina Vanesa sintió una explosión de alegría, repartiendo saludos alegres y risas con todo el mundo. Para Manuel hubo una última mirada muy seria y despectiva.

Manuel pasó una tarde de paranoias varias al final de la cual le puso un mensaje en el móvil a Vanesa: «Pensé que lo que a mí me haría feliz, también te hería feliz a ti, pero veo que te estoy molestando y lo siento. Mañana no iré a recogerte». Ella contestó con un mensaje que decía: «No sé a lo que te refieres, pero ya sabes lo que opino».

Al día siguiente Vanesa llamó a Rubén para saber quién iba a recogerla a medio día. Rubén dijo que no había problema en que fuera Manuel. Ella se puso hecha una furia, dijo que no quería que fuera un hombre a buscarla, que quería que fuera una chica en un coche de empresa, que el día anterior había estado a punto de no subirse en el coche de Manuel, que cómo sabía ella sus intenciones y que no iba a violarla. Rubén le dijo a Marta, la chica nueva de las nóminas, que tenía que ir a recogerla, en una de las furgonetas de la empresa. Marta le preguntó a Manuel cómo se iba, éste se lo explicó con alivio, no quería ir él.

Marta no se perdió y recogió puntualmente a Vanesa, en el trayecto hablaron de las nóminas. Éste iba a ser el segundo mes de Marta en Clavillo S.L., y el primer mes, cuando le explicaron de la gestoría cómo se hacían las nóminas vio cosas raras. Entonces hizo las cosas como se las explicaron en la gestoría y de acuerdo con la revisión de Marcos. Pero luego hizo unas consultas en su sindicato, la CNT, y está trabajando para que dentro de pocos las nóminas sean correctas.

Vanesa al entrar en la oficina volvió a tener una explosión de alegría y empezó a gritar: Ya estoy otra vez aquí, que no me dejáis marcharme, que no podéis vivir sin mí. Se reía y repetía frases parecidas hasta que decidió callarse.

Pasaron los días y llegó el momento de la despedida. Manuel y Vanesa se dieron dos besos en las mejillas y se dijeron adiós. Marcos que estaba presente se rió y dijo:

– ¡Pero hombre! Aprovecha y dala un buen apretón, para una vez que puedes, verás el beso que la voy a dar yo.
– Tú, es que eres más listo que yo- replicó Manuel.
– No si verás también el tortazo que ella me va a dar.-Marcos se puso colorado, como si ya se le hubiera dado.

Vanesa salió sonriendo. Marcos la acompañaba, el último en llevarla a su casa sería él. Marcos sabía que la chica había cambiado de trabajo porque se sentía acosada sexualmente, eso era una gran derrota para él, que su empleada se sintiera acosada. Él no era un hombre que admitiera las derrotas. Le habló a Vanesa:

– Siento que te tengas que ir. Yo querría que la gente que me es válida no se me fuera, querría un ambiente familiar, que habláramos entre nosotros con confianza.

Como digo la llevó casa y la plantó dos fuertes besos de despedida. Dijo que no se daba todavía por vencido y que la llamaría pasadas unas semanas y la haría una oferta de trabajo.

– No te molestes, no voy a volver- dijo Vanesa, que estaba aburridísima de repetir lo mismo.

Marcos estableció jornada intensiva en agosto, en agosto no pasó nada remarcable. Llegó un lunes, uno de los primeros días de septiembre. Manuel llegó a trabajar y al saludar a la recepcionista esta se reía. Manuel la preguntó:

– Buenos días, ¿de qué se ríe?
– Hay chica nueva en la oficina- contestó la vieja riéndose.

Dentro estaba Vanesa hablando con Rubén. Manuel le dijo: «¿Tú qué haces aquí?» Ella no contestó. Marcos les dijo que la jornada intensiva había terminado pero que ese lunes la gente se podía ir a medio día si quería. Era muy raro, así que todos dijeron que se quedaban, tanta simpatía del jefe era muy rara y no se fiaban. Los que normalmente iban a comer en el restaurante allí se quedaron jugando al mus. La gente se fue yendo, dijeron que se iban a quedar pero viendo que el jefe de verdad les había dado la tarde libre poco a poco fueron reaccionando y marchándose.

A las 4:30 Vanesa entró en la oficina de los técnicos y le dijo a Manuel que se iba. Manuel no contestó. Vanesa añadió que ya se habían ido todos y que los jefes estaban jugando al mus en el restaurante.

– Entonces me voy yo también -dijo finalmente Manuel, que se levantó y empezó a recoger la mesa.
– ¿Te espero?- preguntó Vanesa.
– ¿Para qué me vas a esperar?

Viendo que no se iba, Manuel se puso impaciente.

– ¿Vas a coger el autobús?
– Sí, ahora, a y media llega.
– Si quieres te llevo.
– No hace falta.

Manuel terminó de recoger, comenzó a andar rápido y salió el primero por todas las puertas. Ella le siguió andando rápido también. Al salir del edificio Manuel se volvió y dijo
– Hay que cerrar. ¿seguro que nos podemos marchar? Tienes tú llaves o sabes la clave de la alarma.
– No, nos vamos y ya está.
– Habrá que ir al restaurante a decirles que esto se queda abierto.
– Ya lo saben. Estarán borrachos.
– ¿Por qué has vuelto?
– …

Vanesa no contestó.

– Has vuelto por dinero.
– No.
– Si te crees que Marcos va a cumplir con lo que te ha prometido vas lista.
– He tenido muchas dudas, noches sin dormir, pero me decidí a venir. La gente se cree que yo tengo aquí un interés especial.
– Bueno, márchate, que si no vas a perder el autobús. Me alegro de que hayas vuelto, espero que te vaya bien.

Manuel salió hacia donde estaba su coche y Vanesa hacia la parada de autobús. Manuel arrancó de mal humor y de mal humor condujo hacia la salida del polígono, al incorporarse a la carretera vio que venía el autobús, pero se incorporó igualmente. El autobús empezó a pitar, pitidos fuertes y muchos. El Renault Clio le dijo al autobús:

– ¡SSSh! No protestes tanto que eres tú el que se va a llevar a la chica.

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