Instaladores desbocados, 10. Una charla laboral, otra extra-laboral y una copa

Instalador
Por Claudio Sífilis.

A la chica de las nóminas la despidieron ipso facto cuando Marcos revisó las nóminas antes de pagarlas, pegó cuatro gritos en la gestoría, de donde mandaron a una mujer con más experiencia y todo el mundo cobró, aunque con unos días de retraso. Marcos contrató a Paco, un trabajador curtido con más de diez años de experiencia, que tenía experiencia con los formatos del programa Baseges y además había estado haciendo presupuestos y compras con el programa. Venía de una empresa que había quebrado por dejadez de los jefes, que gastaban el dinero de la empresa en restaurantes, fiestas, coches y otros vicios. Paco estuvo dos meses dedicados en exclusiva al programa y todo parecía indicar que lo estaba haciendo bien. Marcos también había contratado otra chica nueva para administrativo, con experiencia en la ISO 9000, control de documentos, contratos, archivo de albaranes y facturas. Marcos pasó el fin de semana sintiéndose bastante confiado de estar consiguiendo al fin una organización equilibrada en su empresa.

El lunes Marcos llamó a Manuel a su despacho para contarle cambios en la organización. Le exigía contestar a todos los clientes y hacerlo con el programa Baseges. Todas las semanas se solicitaban unos 10 presupuestos de urbanizaciones de de viviendas, ocasionalmente alguno de alumbrado público, algún hotel, biblioteca o colegio. Había que comprobar los planos, que el diseño eléctrico existía, porque muchas veces los constructores enviaban cualquier información que no tenía nada que ver, y había que hacer el diseño eléctrico antes de presupuestar. Manuel contestaba un 60%. Los demás se pasaban de fecha y pedía disculpas a los clientes. Manuel no estaba de acuerdo con hacer todo en baseges, contestó que era necesario hacer las cosas de manera más progresiva, propuso hacer el 50% de los presupuestos en Excel y el resto que los hiciera Paco en Baseges, y que él los revisaría.

– “Yo tengo que empezar a dedicarme a proyectar, y que la empresa sea ingeniería además de instaladora. Y para eso tengo que liberarme de los presupuestos”.
– “Eso lo tengo que decidir yo, no tú”.
– “Siempre dices que quieres ser instaladora e ingeniería”.
– “Sí, pero no voy a desvestir a uno para vestir a otro. De momento somos instaladora, y cuando hagas todos los presupuestos hablaremos de que hagas los proyectos. Otra cosa, a partir de ahora no vas a hablar con los clientes, de eso se encargará la recepcionista”.
– “Eso no puede ser, esa señora no distingue lo que es un proyecto de un presupuesto, que no tiene los conocimientos necesarios”.
– “Lo que no sabe lo aprenderá, esa señora es de mi confianza”.
– “En mi departamento las cosas se harán como yo digo y que si no te puedes meter la empresa por el culo”.

Marcos se levantó de un salto y agarró con ambas manos el cuello de Manuel, que se quedó rígido mirándole con frialdad. Marcos le soltó pasados unos segundos. Dijo:

– “Lo siento. Eres un boca negra. ¡A tomar por culo te vas tú!”

Manuel salió del despacho abriendo y cerrando la puerta con suavidad. Manuel intentó ponerse al día con Baseges con la ayuda de Paco. Era un programa que no le gustaba, lento, la pantalla estaba mal distribuida y se veía todo muy pequeño, trabajaba con precio venta público, al que había que meterle los descuentos. Manuel en sus presupuestos trabajaba con precios netos negociados con suministradores, no conocía los PVP ni los descuentos. Había unas partidas creadas con unos precios de mano de obra que no eran los de Clavillo S.L.

El miércoles por la tarde, Marcos y Manuel tuvieron otra conversación personal en un tono más cordial, pero no menos dura. Marcos recalcó la necesidad de cumplir con todo lo que me había pedido. Manuel no le contestó, ni siquiera le miraba a la cara. Marcos dijo: “Anda, vamos al bar a tomar algo, a hablar más relajadamente”.

A Manuel le pareció muy bien. Cogieron el Mercedes para moverse cien metros hasta el restaurante favorito del polígono. Pidieron unos botellines, bromearon con el camarero sobre la tapa y éste añadió torreznos. Marcos le habló a Manuel de Vanesa:

– “Está muy buena macho, está para violarla”.
– “Sí que está muy buena, no solo eso, es inteligente, guapa y alegre. Me gusta, pero no como para violarla. Ya me ha dado calabazas, ya es trabajo de otro el conquistarla”.

Marcos asintió con agrado:

– “Ten cuidado con lo que la dices. Las mujeres son todas unas hijas de puta, con un hombre todo lo arreglamos entre nosotros, nos podemos dar de hostias tú y yo, y aquí mañana no ha pasado nada. De lo que pase con una mujer, te lo va a recordar todos los días del resto de vida. La mujer ataca y se defiende de otra manera, no la ves venir, no da la cara. No podemos vivir con ellas, y tampoco sin ellas. Esa es una gran verdad”.
– “Te criminalizan por una gilipolleces. Yo me voy a quedar soltero, no veo inconveniente en vivir sin ellas”.
– “No, no, ya verás cómo no. Siempre hay un roto para un descosido. Lo que pasa es que eligen ellas. Cuando venga una de cara ya verás cómo no dices que no”.

Dando la conversación por zanjada Marcos propuso a Manuel ir a tomar una copa. Salieron del polígono en el coche de Marcos, se incorporaron a la autopista. Pasados unos kilómetros comenzó a frenar, salió por el arcén, entró en una parcela y aparcó. Había un edificio nuevo, por fuera parecía una mansión colonial inglesa, había un cartel que decía: Discoteca. Entraron y pidieron unos cubatas. Pagó Marcos. Manuel sacó un montón de monedas del bolsillo y empezó a contar para darle diez euros a Marcos.

– “¿Qué haces? ¡guarda eso!” Dijo Marcos abriendo mucho los ojos como quien ve un fenómeno inexplicable.

Una rubia veinteañera en tacones de vértigo, vaqueros negros, camisa blanca ajustada, todo de marca Guess, anillo de casada con Cartier, entró a Marcos. Se empezaron a decir bromas y se dirigieron muchas sonrisas. A Manuel no le entró ninguna chica, miraba a su alrededor viendo a todos los hombres, bastante mayores que él con chicas imponentes pegadas como plastilina. Él no tenía chica, “No ligo ni en un puticlub”, pensó.

Finalmente le entró una niña dominicana de tal vez veinte años, figura de actriz, tal vez un poco más alta que una actriz, muy bonita de cara, minifalda negra y un top oscuro transparente, sin sujetador. Unos hermosos pechos de pezones empitonados hacia arriba. Ella le preguntó si era la primera vez que entraba allí.

– “Sí, es la primera vez. Estoy aquí con mi jefe tomando una copa”.
– “¿Tu jefe? ¿Entonces estáis aquí trabajando?”
– “No, tomando una copa”.
– “Ja, ja, ja. Ya me imagino. ¿Cómo te llamas?”
– “Manuel”.
– “Yo soy Cristina”.

En este momento se dieron dos besos y se acercaron más. Ella comenzó a quejarse de que Manuel era muy tímido y no contaba nada. Ella le contó algunas cosas del sitio, le preguntó si le gustaban las chicas. Manuel zozobraba, pero consiguió reponerse y dijo en tono cortante:

– “Estoy aquí con mi jefe tomando una copa y hablando de trabajo. No puedo estar contigo, ¡márchate!”
– “¡Pero si él está con otra chica!”

Ella cogió el bolso y el móvil que tenía encima de la barra y se marchó caminado con desgana. Al poco la chica de los vaqueros negros se separó de Marcos y se fue andando dando la vuelta a la discoteca. Manuel le dijo a Marcos que le había parecido que iba a irse a una habitación con ella. Marcos contestó que por quién le había tomado, que esa no era su tipo. Manuel comentó que le había parecido que se habían caído bien.

– “Sí, hombre, es una chica simpática” Dijo en tono tranquilo.

A Marcos le entró otra tía, cruzaron dos palabras, cogió la copa en una mano y llevándola del brazo con la otra salió por unas escaleras hacia las habitaciones del hotel. La dominicana se acercó de nuevo a Manuel y le preguntó si no le parecía que era mejor subir a pasar el rato con ella que esperar a su jefe en la barra. En recepción Manuel sacó dinero con la tarjeta que luego dio a la chica en la habitación. La habitación era grande y limpia, tenía su propio cuarto de baño, la cama era grande y buena.

En el bidet ella le limpió con jabón y examinó que no tuviera enfermedades visibles. Le mandó a la cama a esperar. Tumbado en la cama tomó un trago de la copa y ella apareció y saltó a la cama riéndose. Ella le besó en la boca, luego ella subió hacia el cabecero de la cama poniéndole una teta en la boca para que la chupara, luego la otra teta, bajó y le volvió a besar. Siguió bajando besándole en el cuello, el cuerpo hasta la poya, mordió el envoltorio del condón y se lo puso. Se dio la vuelta para que Manuel la metiera mano mientras ella chupaba. El chocho de ella era pequeñito, húmedo y caliente. La tocó y acarició un rato hasta que la ordenó que se subiera encima. Ella se rió.

– “¿Ya? No te la chupo un poco más?” Le miraba sonriendo agarrando la poya contra la mejilla.
– “¡Vamos a follar!”

Follaron hasta que Manuel se dio cuenta de que iba a eyacular y la sacó de dentro de ella, eyaculando en el condón. Ella se disgustó:

– “¿Porqué la sacas ahora?”. Le miro con rostro severo. “¿Por qué me haces esto?”

Manuel no contestó, lo había hecho por miedo a dejarla embarazada. Ella empezó a hablar. Se empeñó en darle su número de teléfono, que él guardó en su móvil. Se puso a decir que ella y Manuel iban a casarse y a tener niños, y que le iba a cuidar muy bien. Manuel se levantó, se vistió y se puso enfrente de la cama, apoyado en la pared del fondo. Ella seguía tumbada en la cama desnuda, decía que se nota cuando conoces a una persona, que en diez minutos sabes si puedes tener una relación o no. Manuel dijo que ojalá fuera tan fácil, quería irse, pero ella seguía tumbada en la cama hablando, sonreía y los ojos la brillaban. Manuel rechazó la propuesta de formar una familia una docena de veces. Finalmente se apagó la alegría de su cara, le miró con cara triste y dijo: “Tú tienes novia”

Manuel se acercó a la salida de la habitación. Ella se vistió y salieron, bajaron a la discoteca. Le dio dos besos y le aconsejó que la llamara. Marcos estaba tomando otra copa. Salieron, se montaron en el coche y salieron dirección al polígono.

– “Ahora sí, saca los diez euros y dámelos”.
– “¿Cómo? Pero si me has invitado”.
– “¿Qué? No tienes ningún sentido de la elegancia. ¿Cómo se te ocurre sacar ese saco de monedas en un sitio como ése. No te das cuenta de lo que habrán pensado esas mujeres”.
– “Solo tengo monedas. Ya te daré un billete cuando tenga uno”.
– “Dame las monedas”.

Marcos que soltó una mano del volante para cogerlas. No las contó, y se las guardó.

Manuel no hablaba, escuchaba. Marcos le aconsejó a Manuel que tuviera cuidado con estas chicas, porque en el club cada media hora costaba setenta euros. Con chicas como éstas y habitaciones tan buenas muchos se quedan allí la noche entera y se gastan más de mil euros tirando de tarjeta. Marcos resumió así lo ocurrido con su puta: “Se ha sorprendido de cómo la he follado. Me ha dicho que los españoles no saben follar, conmigo estaba alucinando. Lo que les importa a las tías es cómo te las folles. Es lo único que las importa.”

Marcos condujo hasta el polígono donde Manuel tenía su coche. Marcos se despidió recordando el incidente de cuando cogió a Manuel por el cuello. Manuel dijo:

– “Son cosas que pasan, en seguida me di cuenta de que no me ibas a estrangular”.
– “Te agradezco tu comprensión, pero es una equivocación que no puedo permitirme cometer”.
– “Queda entre nosotros. No debí decirte que te metieras tu empresa por el culo. Comprendo que me llames “boca negra” por cosas como esa. Pero me jode mucho que no quieras que hable con los clientes y pongas a la recepcionista a hablar con ellos”.
– “Eso es para ahorrarte trabajo”.
– “Me va a dar mucho más trabajo explicarla las cosas que aclararme con los clientes. Además tiene una edad que ya se aprende poco, la gente de sesenta años escucha poco a alguien de veintisiete años”.

Conduciendo a casa Manuel empezó a tener paranoias: “¿Y si he cogido el sida? ¿Y si esa chica tenía el sida y lo que quería era contagiármelo? No es normal que estuviera tan feliz haciendo lo que estaba haciendo. ¡Tengo que hacerme pruebas!”. Condujo hasta casa pensando en eso. Llegó a casa a tiempo para cenar con sus padres y su hermana. Casi no pudo probar bocado, se excusó y se fue a su habitación. Empezó a dar vueltas por la habitación andando de un lado al otro, apesadumbrado por cuestiones morales. Pensó en un programa de televisión que había visto hace poco. “Prostitución, la esclavitud del siglo XXI”. Más salomónico en sus pensamientos que ese programa, Manuel estuvo pensando en porcentajes: “El 50% se meten a prostitutas por dinero y el otro 50% están obligadas”. Incapaz de verificar sus estimaciones con un estudio del mercado del sexo, dio sus conclusiones por mejores que las del programa de televisión. Le entró hambre y se fue a la cocina, su madre se dio cuenta y le dijo sonriendo:

– “Debería darte vergüenza”
– “¿El qué?”
– “No cenar con tu familia y comer de pie en la cocina a deshoras”.

Manuel comió y después no podía dormir, atormentado, a las dos de la mañana encendió el ordenador y estuvo en internet mirando síntomas del sida. Cuando sonó el despertador habría dormido unas tres horas, ese día no rindió en el trabajo.

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