Instaladores desbocados, y 11. Final en bonita boda

Bodorrio
Por Claudio Sífilis.

Vanesa a veces se ponía muy cerca de Manuel, tan cerca que Manuel sentía su calor, pero ella ya no le imponía como antes. Manuel la esquivaba, se concentraba en su trabajo y no la hacía caso, no entendía su juego y no quería jugar, porque siempre perdía. En el office, Vanesa terminó de comer primero, recogió su tupper, y se quedó de pie al lado de Manuel mientras él seguía dándole a la cuchara. Ella esperaba que él se diera prisa para ir a tomar el café, pero hizo lo contrario, comer despacio y en silencio.

Manuel creyó que podría permanecer indiferente en esa situación pero finalmente abrió la boca para hablar:

– ¿Te apetece ir a una boda?
– ¿De quién?
– De mi hermana.
– ¿Cuándo es?
– Dentro de dos semanas, cae en sábado.
– Vale.

Vanesa empezó a preguntar por su hermana, no sabía que Manuel tenía una hermana y cosas así. Manuel no hacía caso, tenía algunos problemas para acabarse los garbanzos.

– Tengo una hermana y un hermano, en la boda los conocerás.

La boda fue en una iglesia moderna, una que tiene forma de embudo boca abajo. Todavía se construyen iglesias, aunque nadie va a misa, la gente sólo va a bodas, bautizos y funerales. Muchas iglesias, más bonitas que esta, se hunden, pero estamos en un suburbio de Madrid y la iglesia la hace la gente, no los edificios. Manuel y Vanesa estaban en la puerta con los padres de Manuel, su cuñada, dos sobrinas y un sobrino. Todos van vestidos para la ocasión, pero el trajecito blanco de pantaloncito corto del niño de cuatro años le molestaría a cualquiera que tenga una hormona de testosterona en las venas.

El novio, delgado y de casi dos metros, guarda tal parecido con Gregory Peck, que puede hacer pensar si el actor americano no tendrá ascendencia de Toledo. Va vestido con un disfraz de pingüino que ha alquilado, sonríe y saluda a todos, camina con las manos en la espalda, se estira levantando las puntas de los zapatos y poniéndose de puntillas. El padre de la novia dice que tiene cara de pánfilo, pero debería verse la suya propia. Amigos de los novios hay muy pocos, tres parejas nada más. De parte de la familia del novio hay mucha más gente, muchos primos, algunos de los presentes son muy mayores, comentan que una señora en silla de ruedas ya ha pasado los 100 años. El novio tiene un hermano casado, y dos sobrinas.

El hermano mayor de Manuel es también ingeniero industrial, es directivo, Project Manager de grandes proyectos internacionales. No está aquí porque es el encargado de traer a la novia en su flamante Mercedes nuevo.

El coche aparca enfrente de la iglesia, la madre, otras mujeres y los niños corren a ayudar a la novia a bajarse del coche. Se diría que va preciosa, en cambio Vanesa comenta secamente: “Va de pastelito”. A Manuel no le gusta el comentario. Vanesa va con minifalda roja, blusa blanca escotada, collar a la moda, taconazos, pelo suelto y gafas de rock. Va elegante pero de ninguna manera parece la puritana que pretende ser. Manuel no está demasiado conforme con tener a su compañera de trabajo de acompañante. No está del todo de buen humor, preferiría haber ido solo.

Tras una serie de saludos, risas y fotos entran en la iglesia donde hay un gordito vestido con una túnica blanca encima de la cual hay unos trapos llenos de bordados, terciopelos, sedas y otras cosas lujosas. Los zapatos deteriorados que asoman debajo de la túnica muestran que el individuo es algo austero, dejado. De cara redondita, hoyitos en las mejillas y ojos felices, hace comentarios con gesto de confidencialidad que nadie escucha pero que avergüenzan a los novios, pánfilos, felices por todo. Lo que tienen que hacer en la ceremonia lo tienen bien aprendido, “sí, quiero” y ponerse los anillos.

A la salida fueron a un monasterio cercano de monjas de clausura que tiene una parte separada para festejos como éste, no hay que meter ruido, que las monjas están rezando. En un bonito jardín, vino y canapés atragantan comentarios sobre la boda, la familia, las hipotecas, las vacaciones e invertir en comprar pisos en la playa. La cuñada de Manuel es muy charlatana, el hermano apenas habla y cuando lo hace, es siempre para corregir a su mujer. Hace años, ella le recriminaba que siempre la estuviera corrigiendo pero ya le da igual, y por el ritmo con el que habla y bebe vino parece que hoy ha decidido divertirse. Son una pareja que después de tres hijos y varias crisis han llegado a un estado de remanso amistoso. Se cuentan todas las cosas por la mañana, antes de ir a trabajar. El resto del día no se hablan salvo que sea estrictamente necesario.

Todos están sorprendidos de que a última hora Manuel haya aparecido acompañado, le dicen que les parece una chica muy maja. Sólo el padre busca el momento adecuado para: “¡No pensarás casarte con una extremeña!”.

Cada grupo se sienta en una mesa redonda distinta. En una se sientan suegros y suegras, cuñados y niños. Los mayores comen cosas finas y los niños espaguetis. Hablan de lo mismo de antes y de fútbol. Después del postre, la cuñada se levanta de su sitio y se sienta al lado de Vanesa aprovechando que alguien se ha ido al baño y empieza a darla palique, a hablar mal de su familia política. A Vanesa la va la marcha, Manuel prefiere no escuchar y trata de entablar conversación con su padre. Éste le silencia con la mirada.

Pasan todos a otra sala del monasterio. Los novios inauguran el baile con un Vals, han ido a un curso para poder hacerlo, y no les queda del todo mal, de hecho hay comentarios de sorpresa diciendo que dónde han aprendido a bailar tan bien. Ahora sí que tienen cara de pánfilos en el sentido peyorativo, cara de tontos. No viene al caso, pero de tontos tienen poco. Pasado un rato tres parejas más se unen al vals. Después comienza la música pop, en la que cada uno baila como quiere y no hace falta saber pasos. Bueno, a decir verdad, la música pop a veces tiene pasos, la niña mayor pide una canción de la que tiene preparada una coreografía. Todo el mundo baila.

Manuel y Vanesa también bailaron dirigidos por la niña. Después salieron al jardín. Por el camino el sobrino de Manuel le cortó el paso y le tiraba de la chaqueta sin decir nada. Manuel no entendía lo que quería, al agacharse el niño le puso un alfiler con una rosa blanca en la solapa de la chaqueta, un alfiler de la novia. Una vez puesto el niño salió corriendo en dirección a su madre, que bebía de una copa mirando para otro lado.

En el jardín tuvieron esta conversación.

– En ese edificio deben de estar las monjas.
– Te imaginas.
– Se ha casado mi hermana pequeña.
– Se te ha adelantado.
– Sí, a lo mejor no por mucho.

Vanesa besó a Manuel en los labios y él la abrazó. El abrazo no duró mucho, más gente salía al jardín a tomar el aire. La fiesta no se alargó demasiado, el único vomito del jardín fue el de la cuñada de Manuel. El marido la ayudó a caminar hasta el coche, borracha delante de los niños, no encontró esta vez nada que recriminar.

Manuel y Vanesa empezaron a salir, normalmente los planes los hacía ella, ir a karaokes, al Parque de Atracciones, a cenar, al Gula Gula, al Bernabeu, a la plaza de toros iban frecuentemente.

También fueron a un concierto de Manu Tenorio en Plasencia, después durmieron juntos pero no hicieron el acto. Ella le invitó a su pueblo, a la casa de su familia. El padre de ella era muy hablador, decía que había hecho de todo, de niño había sido adivinador, leía el futuro en la mano, había ido de pueblo en pueblo con un curandero. Ahora era promotor de edificios de 8 o 10 viviendas por la zona. Acordó con Manuel que le haría a partir de ahora los proyectos. Aquella noche él soñó con una procesión, la procesión del sacrificado. Estaba entre el público y a un hombre lo paseaban subido en un trono, la gente le gritaba:

– ¡Gracias! ¡Gracias por el magnífico sacrificio que haces por todos nosotros!
– ¡Menos mal que apreció un voluntario!
– Menos mal, si no hubiéramos tenido que obligar a algún mozo!

Manuel estaba entre el gentío escuchando lo gritos y sin entender, preguntó al que tenía al lado:

– ¿Qué es lo que le agradecen a ese hombre?
– Pues que se va a casar con la más golfa del pueblo —le contestó uno volviéndose hacia él—. Yo estuve a punto de casarme con ella, pero tuve que cancelar la boda porque en la despedida de soltera se folló un bailarín musculitos y salió en el periódico local. La novia del hijo del alcalde se despide de la soltería.

En ese momento del sueño el hombre que paseaban en el trono, el sacrificado, se volvió y Manuel pudo verle la cara, era como si se mirara en un espejo.

Manuel se despertó desasosegado y se tuvo que incorporar. Se acercó a la ventana y la abrió para que le diera el aire, dicen que si tienes una pesadilla y te da el viento en la cara, se te olvida.

Fue solo una pesadilla, la relación siguió palante y antes de llegar al año hubo una despedida de soltero, Manuel juntó 6 amigos y estuvieron en un pueblo disparándose pintura con escopetas. Volvieron a Madrid y cenaron en un restaurante perdido por la calle Huertas, como cuando eran universitarios. Todos estaban ya casados menos Manuel, le aconsejaron hacer separación de bienes, era lo mejor que podían hacer después de cenar en vez de ir de copas. Se podía hacer por internet. Manuel estuvo dudando, les preguntó con qué frecuencia hace el amor un casado. “Yo y mi mujer lo hacemos una vez a la semana, dijo el que estaba a la derecha”. Girando en sentido contrario a las agujas del reloj todos afirmaron que follaban una vez a la semana.

Cada uno contó alguna historia personal, pero hubo una que recibió eco de los demás amigos, siendo repetida toda la noche. Jandro se había comprado un barquito de segunda mano en Alicante, porque siempre que podía iba allí. Contó que llevó en el barquito a la novia de un amigo y que ésta se tumbó y se puso a tomar el sol totalmente en pelotas, y Jandro, que llevaba el timón, decidió hacerse una paja. Todos los amigos entre trago y trago hacían aspavientos de mover el timón y a la vez pajearse.

Al día siguiente Manuel y Vanesa se casaron en un pueblo de Extremadura. Y así acabaría esta historia pero dado que la boda tuvo lugar en 2004 y estamos en 2015 se hace necesario un pequeño epílogo. Manuel y Vanesa se fueron a vivir a las Tablas, tuvieron dos hijos que decidieron llevar a un colegio privado, porque Manuel había estudiado en un colegio público en el que sacaba buenas notas y los demás niños se metían con él, y lo que es peor, se drogaban.

En 2007 Manuel y Vanesa crearon una empresa de ingeniería, separándose de Clavillo, pero en 2010 la crisis de la burbuja inmobiliaria sacudió muy fuerte, tuvieron que cerrar. Clavillo quebró, no pudo pagar a sus trabajadores ni a sus subcontratas porque a ellos nadie les pagaba. Facturas de cientos de miles de euros quedaron sin cobrar. Calvillo S.L. entró en concurso de acreedores, la policía precintó la nave en la que trabajaban. Las cámaras de vigilancia de su chalet y las alarmas no impidieron que Marcos haya recibido varias palizas, una muy grave en la que acabó hospitalizado, con varias fracturas, perdió un ojo, le tuvieron que quitar el bazo y otros arreglos.

Manuel consiguió trabajo de directivo en Chile, en realidad el trabajo se lo consiguió su hermano. Vanesa estuvo allí un año, pero se negó a seguir allí. Los dos se acusan de haber cambiado, ella se encarga de los niños en Madrid, cosa que a Manuel le parece bien, se ha buscado una enamorada colombiana.

FIN

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