Mi vida en pocas palabras (Capítulo IX)

Vida09
Por Gengis Kant.

«El subalterno que salió a recibirnos al final del capítulo anterior va a ser en éste el encargado, mientras sigue con sus inmigraciones domésticas, de introducirnos en uno de los rincones más íntimos y secretos de aquella cultura, pues Lejanía supo guardar siempre un lugar para lo que dejaba detrás. Así ocurrió con las manualidades, que no eliminó del todo. Hubiera sido como si las cosas se quejaran de llevar siempre al lado su sombra. Como ésta acompaña al cazador vaya a donde vaya, así la cercanía a la lejanía. El buen lejano lo sabe, y lo acepta alegremente. Sabe que es el lado secreto, íntimo, de su cultura. Por eso se cuidó con tanto cariño a la casta importada, evitando desdenes innecesarios a su entrega laboral; antes bien, aplaudiendo la mansa docilidad que siempre mostró cuando restallaba el lacónico mandato.

Qué vivaz ajetreo en el refugio protector de la casa se ofrece a nuestra mirada. El trajín hogareño colma la vida del bienaventurado ayudante. Nuestro querido amigo barre y friega los suelos con la prosternada humildad que define y delimita su función vital, deshollina travieso la misteriosa chimenea, limpia con religiosa devoción los trofeos agonales, va de acá para allá afanado en sus minucias benditas. Nada le cansa ni entristece.

Nuestra fantasía vuela, sueña escenas colmadas de una candorosa alegría. Nuestro espíritu encuentra solaz en una escena de inefable beatitud: al terminar la jornada, en la que no han faltado las distracciones, todos los de la casa, domesticadores y domesticados, hospitalarios y hospitalizados, habiéndose reunido en torno a la sagrada lumbre, escuchan atentos al casero mayor, seguramente un prócer venerable de la ciudad, acaso un Magno Montero, el cual, con temblorosa y emocionada voz, lee una vez más el canto que celebra la gloria inmarcesible de una jabalina que repitió victoria en los juegos agónicos.

Mas no es éste aún el momento de hablar de epopeyas deportivas, de sagradas hecatombes, de universales polémicas, de gloria y señorío. No elevemos tan pronto nuestra mirada a lo mayúsculo y extrovertido; ciñámosla a lo pequeño y encerrado. No hablemos ahora de lo imperante sino lo imperado, no del diferente sino del diferenciado.

Nuestro entrañable personaje asumió sin inoportunos lamentos ese espíritu de risueño desequilibrio del que algunos, más ignorantes que pérfidos, reniegan en nuestros días. Tan esencial es su presencia en la vida familiar, que graves y sapientísimos doctores han afirmado que no hay familia cabal sin ella. Sin servidumbre, no hay hogar. Por ello podemos llegar a entender, aunque no podamos menos que condenar, los casos, afortunadamente aislados, de concesión del estatuto de criado, cuando la necesidad apretaba, a algún hijo propio que sobraba, con el fin de constituirse en verdadera familia.

La naturaleza doméstica de nuestro protagonista, su amor a la cercanía, no podía animarlo a abandonar la calma apacible del hogar. Y no lo animó.

Más propensos a la fuga fueron unos sujetos periféricos y desquiciados, asimismo sin el derecho de ciudadanía, que, con un carnet que los acredita legalmente como vagos, iban de un lado para otro mirándolo todo hasta atragantarse, cuanto más entrase en el ojo, tanto mejor.

No era raro ver en las ciudades lejanas, sobre todo en el estío, viajeros sin oficio conocido que, en montones espesos, vagaban por los circuitos diseñados para promover el compromiso con la cultura y la distinción. En ellos, para comodidad del visitante, se había instalado, debidamente marcada para no equivocarse a la hora de mirar, toda la cacharrería propia de esos sitios: museos cuyas salas estaban llenas de explicaciones sobre cómo habían sido construidos, ruinas de ciudades legendarias importadas de todas partes, maquetas a escala 1:1 de paisajes pintorescos, espectáculos de luz y sonido inspirados en la creación del mundo… Allí no faltaba de nada.

En muchas ocasiones los transeúntes más temerarios se escapaban de esos recintos, en busca de experiencias sensitivas no sometidas a la prudente dosificación de los animadores, a la caza de vivencias crudas se podría decir. ¡En mala hora! Aturdidos por la canícula y la belleza a destajo, deambulaban sin rumbo, rebotando de templo en templo ante la mirada atónita de los lugareños, que toleraban tan intempestiva presencia con mal disimulada jocosidad cuando no con abierta acrimonia.

Sólo la obligación de respetar los tratados exteriores que regulaban esa presencia extraña pudo reprimir el natural instinto lapidario de las fuerzas nativas, impulso acaso excitado por los propios viajeros, que tendían a comportarse de un modo desvergonzado e impertinente. Les daba igual interrumpir un pleno del parlamento, disfrazados de exploradores de la jungla o de submarinistas, que aplaudir, como les habían dicho que se hacía en la ópera, una letanía sacerdotal. Lo peor era ver cómo, en los santuarios, miraban y remiraban todo con ojo voraz.

El anticuario que quiera entender bien la figura del vago alejado no debe pensar que la cosa se acababa una vez que los viajeros habían vuelto a casa. Nunca dejaban de ser visitantes, fueran a donde fuesen, incluso de vuelta en el hogar. Vivían en casa como si estuvieran de visita. Sabemos que decoraban las habitaciones, y eso sólo puede deberse a que querían pasarse el día mirándolas. También se han conservado algunos folletos de propaganda inmobiliaria que elogian por encima de todo las vistas magníficas, panorámicas, de la casa en venta, como si sus compradores no tuvieran otra cosa que hacer dentro que mirar fuera, lo más lejos posible.

Pero lo último que quiere Lejanía es que la vean. La mirada, aun en su distancia, es un modo de contacto. El ojo atrapa las cosas. Las cosas, al ser vistas, quedan convertidas en prisioneras de su propia imagen, como si fueran estatuas de sí mismas. El ojo hace mucho mal.»

72 comentarios

  • ¡Gengis for President! Varias observaciones contenidas en este artículo (vistas panorámicas, visitantes en el propio hogar,…) son para enmarcar dentro de un todo magnifico.

  • A vista de pájaro, el tráfico turístico semeja al de una una red de colonias de hormigas, que van y vuelven de sus descubrimientos, para regresar siempre al calor del hormiguero.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 0:48
    MARQUESDECUBASLIBRES
    Un síntoma de madurez emocional es saber vestirse de acuerdo a tu edad y posición en la sociedad. En los 80, siendo residente de Medicina en el Hospital, me correspondió un estudiante que iba con los ojos pintados y el pelo al estilo de Robert Smith el cantante de Cure. Cuando pasábamos visita le advertía a los enfermos que era estudiante y por eso iba con ese aspecto, pero que no se preocuparan porque solo le iba a dejar “mirar”. Otra vez mandé a casa a un subordinado porque se presentó a trabajar con pantalón bermudas. En ambos casos fui acusado de “facha”, cierto que no iban muy desencaminados pero quien me conoce sabe que visto con corrección pero sin excesos, reservando la corbata para liturgias muy concretas.

    Siendo honestos, un médico disfrazado de integrante de The Cure, dejando aparte lo acertado del nombre, sería idóneo para personal de un psiquiátrico. El chico parecía perspicaz; supongo que visitaría la sección de cirugía armado con un serrucho.

  • Interesante lo de las jóvenes asexuales (que no asexuadas). Supongo que es una reacción a la ultra sexualidad ambiental. De todos modos es típico que haya jóvenes que renuncien al sexo e idealicen la vida monjil. A mí siempre me han atraído mucho.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 9:55
    PERROANTONIO
    Supongo que es una reacción a la ultra sexualidad ambiental.

    Sobre todo ambiental, porque táctil o terrenal, poca.

  • Panromántica suena a pantumaca. Las mozas asexuadas panrománticas piden poleomentas y cruasanplancha. Yo me niego a seguir esos caminos de depravación vivencial.

  • Sabemos que decoraban las habitaciones, y eso sólo puede deberse a que querían pasarse el día mirándolas.

    Me parto.

  • Está todo inventado, Satur. En los años 80 las jóvenes neorrománticas vestían chaquetillas a lo Duran Duran, con hombreras de dos millas náuticas (cada una), llevaban el pelo corto y se maquillaban como si quisieran camuflarse entre los filetes de una carnicería. Adoraban a los prerrafaelistas, a La Mode y a la música electrónica, y también jugaban a que no les interesaba el sexo. Pamplinas.

  • El potaje mental de Iglesias. Habrá quien diga que sabe perfectamente quiénes fueron la Nelken y José Díaz, y que el batiburrillo infecto es una obra maestra más de sus dotes de propagandista. NO. Este tío es un analfabeto.

    (Trapiello, en La Vanguardia, via @el_morandi)

  • Viernes, 15/01/2016 a las 10:29 Zeppi
    Parece que aún hay vida inteligente en la galaxia socialdemócrata.

    La galaxia socialdemócrata está plagada de vida inteligente, compadre. Otra cosa es confundir el sistema solar PSOE, cuyos planetas giran alrededor de una estrella enana roja, con la socialdemocracia. Lo explican aquí.

  • El turismo está desprestigiado, pero hemos de pensar que no son los turistas los que acuden a una ciudad, sino que es el gobierno de esa ciudad (o región, o país) el que los lleva a ella. Así ha ocurrido al menos con Berlín, una capital antaño barata y cómoda que está camino de convertirse -en parte por culpa del turismo- en un infierno.

  • Gengis me tiene toda enamorada de sus cosas que escribe.Y cada vez que le leo ando de suspiro en suspensión por la vida de tan ordenado y limpio que me parece todo.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 12:31 Bremaneur
    El turismo está desprestigiado, pero hemos de pensar que no son los turistas los que acuden a una ciudad, sino que es el gobierno de esa ciudad (o región, o país) el que los lleva a ella.

    Esto que dices, Brema, me recuerda al dulce lamentar de dos empresarios vascongados, Calixto juntamente y Melibeo, que se quejaban amargamente de cómo sus respectivos pueblos, no ha mucho tiempo villas repletas de verdura, habíanse transformado en feas ciudades industriales, llenado de gentes forasteras y saturado de bloques dormitorios. Desarrollóse luego la conversación siguiendo el tópico del menosprecio de la corte y alabanza de la aldea, con crítica acre a las costumbres foráneas y a la pérdida de valores autóctonos. Vime pues obligado a turbar su lamento recordando que ambos habían derribado árboles y allanado terreno, edificado fábricas con desague directo al río y reclutado a foráneos para las bajas labores. Que de los sueldos dellos vinieron luego prestameros y albañiles a levantar más bloques; y que de la acumulación de sus riquezas compráronse ellos costosa vivienda en la ciudad y abandonaron sus casas solares sobre cuyas ruinas se fizo la erección de nuevos bloques. Y así acabé pidiendo a ambos que no rasgaran en vano sus camisas, que de aquellas fábricas, estas erecciones. Y esta fue la razón por la que no me invitan ya más a sus conversaciones, porque todos acostumbran a ver la paja en el ojo ajeno y no perciben ni la viga ni la paja propia.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 13:57
    PERROANTONIO
    Y esta fue la razón por la que no me invitan ya más a sus conversaciones,

    Qué suerte.

  • Voy a comprar cada día el periódico a un quiosco de la Alexanderplatz. Hoy he pegado la hebra con una de las dependientas, que estuvo hace unas semanas en Cuba. Llevaba meses hablando de su viaje, ilusionadísima. Me ha extrañado que nada más entrar no me dijera nada, así que le he preguntado. Un desastre, según ella. Es ossie, y en Cuba recordó de golpe toda su desgracia. Fidel y el Che están por todas partes y el país es una ruina. Un lugar maravilloso, pero no hecho para ella. Me pregunto qué esperaba.

  • “We presume that freedom of sexuality is a fundamental human right. But the idea of freedom from sexuality is still radical.”

    Dicho con otras palabras, los jóvenes de los sesenta se conformaron con eliminar los prejuicios morales que obstaculizaban la satisfacción del instinto sexual (freedom of sexuality); pero eso no los libró de la tiranía de ese instinto. Quien quiera ser libre de un modo mucho más racial, tiene que sojuzgar al propio instinto (freedom from sexuality).

    En esta afirmación encuentro lo esencial fenómeno que se describe en el reportaje. Como no podía ser de otro modo, el ideal de la transgresión está llevando a algunos al mismo sitio al que llevó a los neoplatónicos de la edad helenística -y, tras ellos, al cristianismo entero- que no sabían qué hacer con tal de ser lo más libres que pudieran. Libertad y sexo -o, en general, libertad y placer- son cosas que tienen poco en común, y ese poco se debe a un malentendido.

    La tendencia descrita en el artículo no deja dudas sobre la naturaleza de nuestro apuesta por la libertad: se trata -escribí hace mucho bajo la influencia de Nietzsche y se lo endoso ahora a ustedes, a ver si se dejan- de una variedad, ciertamente novedosa, quizá la más extrema, de ascetismo y puritanismo. A quien se extrañe de ver calificado como puritano un tiempo tan aparentemente alegre y hedonista como el actual, quiero recordarle que la moderna reivindicación del placer, tal como se mostró en su modalidad más emblemática y significativa -me refiero a la liberación sexual- fue un fenómeno en no poca medida ajeno al hedonismo, pues lo que la motivó no fue tanto la recuperación de un sentido del placer que animara al cuidado atento y paciente de sus modos y circunstancias, cuanto la exigencia perentoria de liberación del sujeto, que no podía renunciar a ninguna experiencia, incluida la sexual. Naturalmente, del mismo modo que se reclamaba el derecho a la sexualidad, ya se ha comenzado a esbozar alguna reivindicación, tímida por ahora, de la experiencia de la castidad. Pues, orgía o cilicio, todo vale con tal de que sea una experiencia. Lo que se buscaba sobre todo mediante la consigna de liberación, como lo que se busca ahora en las aventuras neoascéticas, o en las últimas excursiones por lo sagrado, era mayor libertad, mayor amplitud, más espacio, más vacío, y no tanto el cultivo de aquellos concretos goces que suelen preferir, antes que la aseada transparencia que reclama la sexualidad ilustrada, higiénica y natural, otras vías más secretas y maliciosas: demoras que tensan el deseo, rodeos laberínticos en los que el pudor ayuda más que inhibe, espesuras ajenas a las proclamas unidimensionales de la sana sexualidad. No es casual que el erotismo, sometido a los dictados del discurso liberador, haya ido perdiendo su ancestral vínculo con la chanza, la broma, la risa, y echándose encima, en cambio, el fardo de una seriedad cultural que siempre le fue ajena. En fin, el carácter puritano, profundamente negativo, de la liberación sexual no puede pasar desapercibido a quien tenga presente los términos timoratos de su defensa: la sexualidad no sería sino un fenómeno natural más, una necesidad orgánica en nada diferente de las otras. Muy lejos de la afirmación orgullosa de la especifidad de los tratos eróticos, de sus estrategias insólitas, se puede ver cómo trabaja aquí, una vez más, el principio nihilista de la justificación por medio de la reducción a una universal indiferencia que disuelve el mundo variopinto en una homogeneidad tan tolerada como vacía.

    El derribo de las trabas morales esconde en su interior algo muy diferente a lo que prometía. La moral puritana, defendida los platónicos e impuesta por los cristianos, prosigue su marcha rampante. Su misma negación no es otra cosa que una intensificación, más estilizada si cabe, de aquella moral. Lo que se complace en presentarse como liberación de los valores, como vida neopagana, naturalista y felizmente descuidada del sentido opresivo de la trascendencia, refuerza el anhelo de irrealidad del ascetismo platonizante. Nuestro naturalismo es muy espiritual, muy cristiano diría.

    Los intentos de escapar a ese destino han resultado inútiles: ellos mismos lo renuevan. La moral platónico-cristiana, cuyo agotamiento se anuncia una y otra vez, muestra una fortaleza muy superior a la que muchos le han atribuido. La misma oposición parece confirmarla aún más. Pues los hombres modernos hemos resultado ser, precisamente por mor del ideal de liberación, los más profundos y depurados ascetas.

    Del aplastamiento teológico-moral al desfondamiento de una subjetividad que recela de su propia naturaleza, hecha de pulsiones que la dominan; de la esclavitud aniquiladora del propio ser al vaciado del mismo; del hombre-cosa al hombre-nada: este es, creo yo, el sentido de nuestro progreso moral.

  • Ayer estuve en el Music Factory de Louisiana, una tienda de discos especializada en música local. Es el santuario de Louis Armstrong y Dr. John, los dos ídolos locales mas conocidos. Compré varias versiones de St. James Infirmary, las clásicas de Armstrong y Bobby Blue y la mas reciente de Allen Toussaint.
    Sr. Verle, deme una dirección y le envío la que prefiera.
    He visto mucha música en directo bebiendo el extraordinario Bourbon local a 9 dólares el pelotazo. Creo que el French Quartet de Nueva Orleans es el sitio mas divertido (y barato) que he estado nunca.

  • Aquí, literalmente, tiene trabajo todo el que quiere. No hay paro real, cierto que nuestros sindicalistas hablarían de empleo precario pero para miles de desarrapados es todavía tierra de promisión. Nuestras leyes laborales son una barrera casi insalvable para el pleno empleo.
    Tengo entre manos un proyecto que para mí es importante, el mayor que nunca he hecho (hablo de varios millones de euros) y hemos decidido hacerlo en EEUU. La razón no es otra que calidad y precio. Es un placer trabajar aquí, todo funciona, la gente tiene un entusiasmo y unas ganas de agradar que es raro en la vieja Europa. Un solo dato, una de las empresas proveedoras tiene sede en San Louis y Bruselas. Había que coordinar fechas y la oficina americana tenia 5 días de fiesta al año (bank holydays) y la de Europa once. Esto explica muchas cosas.

  • Ya marqués, pero para ser tan entusiasta y joven como los useños, hace falta ser joven y entusiasta.

    O hacer como ellos y fingir que sigues siendo entusiasta y joven, asumiendo las patologías metales que esto genera.
    Prozac por un tubo.

  • Algunos esperamos los comentarios autocensurados de Brema, sobre la relación de las mujeres con la felación y el último sobre el ruido y la conversación.

    ¡NO NOS OLVIDAMOS!

  • Apliquen el multiplicador correspondiente al homo videns de Giovanni Sartori en los tiempos de tuister_666. (¿Por qué se creen que llevo años llamándolo así?)

    “Cuando se dicen en la pantalla, las estupideces crean opinión: las dice un pobre hombre balbuceando a duras penas, y al día siguiente las repiten decenas de miles de personas. Telesio Malaspina lo resume claramente:
    A la televisión le encanta dar la palabra a la gente de la calle, o similares. El
    resultado es que se presenta como verdadero lo que con frecuencia no es verdad […J. Las opiniones más facciosas y necias […] adquieren la densidad de una corriente de pensamiento […]. Poco a poco la televisión crea la convicción de que cualquiera que tenga algo que decir, o algo por lo que quejarse, tiene derecho a ser escuchado. Inmediatamente. Y con vistosos signos de aprobación [por parte de los entrevistadores] […]. El uso y el abuso de la gente en directo hace creer que ahora ya puede tomarse cualquier decisión en un momento por aclamación popular. (1995, pág. 24).”

    Oclocracia, el ganado ya llegó.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 16:13
    ADAPTACIONES
    ¡NO NOS OLVIDAMOS!

    Pues yo me había olvidado del primero. Juas, juas…

  • Segunda vez que le gano por la mano a Arcadi. Yo escribí a las 16:58.
    Habla de lo mismo que yo, pero mejor, claro, porque esta vez yo sólo cito a otro.

    Pero empiezo a pensar que soy su versión cabrero. O que tenemos el mismo olfato.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 14:44 marquesdecubaslibres

    Marqués, la de Allen Toussaint no me interesaría. De Louis Armstrong necesitaría saber cual de ellas (hay por lo menos 5 buenas). Por pragmatismo, como creo que la de Bobby ‘Blue’ Bland estaría muy bien, pues esa. Agradecido de corazón. Los que hemos pasado últimamente mucho tiempo en sanatorios comprendemos bien la canción.
    Si le parece bien, a través de la Srta. Bellpuig, si a ella le place, envíeme un correo y le proporciono datos.

  • Vengo del C/O Berlin de ver una exposición de Anton Corbjin. Como a priori soy muy escéptico en situaciones así, suelo llevarme grandes sorpresas, y ésta ha sido una de ellas. Las fotografías son potentísimas, y sorprende que en dos o tres décadas de carrera no varíe apenas su estilo y que, aun así, en cada fotografía haya un hallazgo nuevo. Me ha acompañado una amiga, fotógrafa profesional, que además de guapa, simpática y divertida, sabe explicar con precisión y sin andarse por los cerros de Úbeda todos los detalles técnicos de cada imagen. Ha reconocido de lejos si la impresión era digital o no, me ha explicado la formación del granulado y los retoques que se pueden hacer en la ampliadora. He disfrutado enormemente. He salido airoso en la única pregunta que me ha hecho, reconociendo a una mujer enmascarada sin mirar el pie de foto. Aunque podía confundirse con Uma Thurman, era Kate Moss. Me he justificado: llevo varias semanas viendo fotografías de Kate Moss, casi hasta con microscopio, y podría reconocerla hasta debajo de un burka. Le he explicado el porqué de mi obsesión (cosa que no haré con vosotros ustedes, ya perdonarán mi cobardía) y ha hecho bien en no salir corriendo, porque en el fondo soy inofensivo. Nos ha despedido una fotografía de David Bowie muy pertinente, haciéndose el muerto con mucha convicción.

  • Viernes, 15/01/2016 a las 17:52
    PERROANTONIO
    Ah, que lo de Cayetana y los reyes de Carmena era una sutil ironía. Claro.

    Qué mala cosa es el amiguismo. Cayetana Álvarez se contagió de la frivolidad y el cabestrismo propio del medio. En fin…

  • Hemos aterrizado en Fort Lauderdale debido a una tormenta que ha llevado a cerrar el aeropuerto de Miami. Ahora veremos si “todo funciona”, el operativo de rescate se ha puesto en marcha.

  • Sorprende el grave incidente en un ensayo clínico acontecido en un centro de investigación francés que ha llevado a la muerte de un voluntario sano y a que otros cuatro estén en coma. En mi conocimiento es el incidente de mayor gravedad que nunca se ha producido, por lo que tengo una gran curiosidad por conocer los detalles.
    A pesar de las limitaciones crecientes para utilizar animales en investigación la comunidad científica ha estado trabajando con un altísimo nivel de seguridad, lo que hace que este incidente sea excepcional. Los avances en la terapia se están consiguiendo sometiendo a un riesgo mínimo tanto a voluntarios como a pacientes. Esta es la verdadera noticia y debemos felicitarnos por ello.

  • Que malo es el artículo de El Español que nos ofrece Satur, que floja es nuestra prensa en general. Bastaría con que alguien que supiera leer y escribir se leyera la información que proporciona Le Monde sobre el asunto, la tradujera y contrastara.
    Parece tarea imposible.

  • Momentos de gran emoción, con el inicio del campeonato uropeo de balomano. Se enfrentan el combinado nacional y la selección teutona.

  • Impresionante el inicio del conjunto barbárico, que le ha clavado seis goles fáciles a los ibéricos. Bien Maqueda, que ha clavado tres de tres, y Viran Morros en el contraataque materializando lo que todos deseábamos: la introducción del cuero en la red enemiga.

  • Se ponen tres arriba los atlánticomesetariomediterráneos. Juego con los extremos y contraataques trepidantes, como pelis del oeste condensadas en apenas cinco segundos. Los teutones tiran fácilmente desde nueve, diez y once metros, pero en cuanto la defensa arrecia y muerden las cabriteras como piratas al asalto, arrasan.

  • 18-11 para España. Gol en contraataque de Gedeón Guardiola (sí, se llama así este héroe), gol de Ugalde desdoblado con el pívot y paradón de esa elástica mole que es Arpad Šterbik, el cancerbero hispanoserbio.

  • Parcial de 4-0 para los bárbaros después de un 8-1 para los hispánicos. 18-15 para nuestros compatriotas en el descanso. Los réferis gabachos, regular, aunque al final han aplicado bien el reglamento para excluir a Maqueda por darle un balonazo en la cara a un tetón en el último lanzamiento.

  • Marqués, han dicho que los dos mejores extremos españoles de toda la historia del balomano patrio han sido Juanín García y Rafa Guijosa. Exijo que muestre públicamente su postura al respecto, sea decúbito nono o decúbito supremo.

  • Los extremos es el handicap que tenemos frente a Francia cuyos morenos gustan de mojarnos la oreja en vertiginosos contrataques. Valerio Rivera es bueno pero no da tanta talla. Y sí, Juanín y Rafa Guijosa han sido los mejores probablemente.

  • Es una pasada como juega España en los últimos años con los extremos. Alemania no los usa. El patrio es un juego más frenético, trepidante y virtuoso, con las roscas y los balones lentos por encima del arquero.

  • Qué lanzamiento maravilloso desde siete metros de Valero Rivera. He de decir que yo tenía, como él, una muñeca prodigiosa que me permitía lanzamientos semejantes. Cierto que entonces tenía doce años y que desde aquellos días no he vuelto a hacer nada igual en mi vida, que ha corrido cuesta abajo como un cadáver lanzado por un barranco por una banda de mafiosos. O algo así.

  • Victoria del combinado patrio, que ha hecho un partido inmenso. Bonito, con garra. ¡¡¡¡¡¡¡CÓMO CHANA EL BALOMANO!!!!!!!!

  • Cuánto lamento haberme perdido el contencioso visionalizado en directo, para luego acudir a los discopufs de Breslavia dispuesto a consolar anímicamente a las hinchas teutonas, llorosas en las barras no tanto por la derrota de su equipo como por soportar a sus tediosos e insustanciales machirulos.

  • Decepcionantes los periódicos sobre Velázquez, aquel que jugaba con el aire. Ignoran que el fútbol es un balón que corre sobre una hierba de recuerdos. Velázquez se llamaba así, llevaba el número 10 a la espalda, leía libros y era un hombre rubio y elegante. Una de esas razones por las que las personas decentes nos hicimos del Real Madrid para siempre, con leves semanas de defección cuando llega algún Benítez, compárese. Velázquez era un gran jugador, pero sobre todo una expectativa. El tipo de personas que crean adicción. Jamás en el mundo pudo escribir el gacetillero: “Velázquez cumplió.” Le debemos, además, unos de los grandes momentos que ha vivido el segundo club de los catalanes. Corría el minuto 59 y el ángel se escapaba libre y solo hacia el área cuando un empujón mostrenco lo derribó. El bruto se llamaba Rifé y vestía una hórrida camiseta a rayas azules y granas. Todo queda dicho. Se decretó penalty, con justicia poética. Y la masa explotó. Y ahí sigue despanzurrada, exhibiendo sus lamentables vísceras. El elevado Velázquez sobre el barro de la vida.

    Arcadi Espada, hoy en El mundo por dentro

    https://youtu.be/R-azW3cNG-Y

  • Voy a ver el Suecia-Eslovenia y luego me piro de birroteos por ahí. No dejéis que la merengada os lleve por los caminos de la mentira y de las trampas visuales.

  • Atlanticomesetariosmediterraneos. Buen hallazgo, pero ahí falta gente: atlanticomesetariosmediterraneospirenaicosinsularesnorteafricanos. Todos somos hijos de la Raza y todos tenemos derecho a que nos reciba el Rey.

  • Con el balonmano me pasa lo mismo que con la teoría de cuerdas o con mi chica: no entiendo casi nada pero me gusta. Me alegro de que hayamos ganado.

  • Gengis nos da dos por uno, quisir a falta de un texto extraordinario, nos regala un segundo de idem.
    Me he tenido que comprar unas gafas de lectura porque veo menos que un gato de escayola. He elegido un modelo “Cat eye” en print animal y me parezco a la Bellpuig.

  • Nos abrazamos poco, y cuando lo hacemos suele ser a destiempo y sin verdaderas ganas. Ha llegado la hora de crear un partido político que reivindique el abrazo como auténtico motor de esta sociedad. Desde luego, contarían con mi voto.

  • He tenido un extraño sueño. Estaba abrazado a las piernas de una chica que me mostraba en su móvil un youtube: Dr. John y Johnny Winter.