Tough guys don’t dance

Por Fernando García Alonso

(A Martín Olmos, maestro de la prostática prosa)

Norman Mailer tenía 51 años, medía 1,70 y pesaba 85 kilos cuando en 1974 quedó con Alí de madrugada para ir a correr. Faltaban apenas dos días para que Alí peleara con Foreman en Kinshasa por el cetro de los pesos cruceros. Mailer cenó aquella noche opíparamente y se tomó tres o cuatro copas antes de ir a acostarse. Rodeados de guardaespaldas comenzaron un suave trote que al escritor se le antojó muy lento, a pesar de lo cual enseguida se quedó sin resuello. Aguantó dos kilómetros y medio antes echar hasta la primera papilla mientras que Alí y sus acompañantes continuaron un rato más.

Al día siguiente el “bocazas de Louisville” arrojó en la báscula 108 kilos, seis más de lo que se consideraba su peso ideal. George Foreman paró la romana en 110 kilos, pero el “bombardero de Tejas” era un pegador que no necesitaba moverse mucho, mientras que el estilo de Alí se basaba en la movilidad y en la esquiva,  que hacían que los golpes del adversario erraran con frecuencia. Mailer se tomó la molestia de medir el recorrido que había hecho Alí y comprobó que apenas llegó a los cuatro kilómetros. Foreman venía de noquear en pocos minutos a Frazier y a Norton y parecía que Alí seguiría el destino de ellos dos.  Habían pasado ya diez años desde que Cassius Clay mandara a la lona a Sonny Liston, pero diez años en boxeo es demasiado tiempo.

La literatura deportiva es lugar de refugio para mediocres. Los periodistas peor dotados, si son hombres, son enviados a sucesos o a deportes. Si son mujeres, a ecos de sociedad y hoy también a deportes.  Hay pocas excepciones aparte de Jabois y Mailer. Leer “The fight” no es diferente de leer Tough guys don´t dance. Mailer es un escritor macho-macho, de raza, pro/pro o como se le quiera llamar. Sus novelas tienen tensión y mucha clase en contraposición a la literatura feble con la que hoy nos castigan los del estilo Premio Planeta.

Muhammad Alí es quizás el mas grande deportista de todos los tiempos, pues a su descomunal dimensión como boxeador añadió una dimensión social cuyos ecos llegan hasta hoy. La foto de Liston en la lona preside el despacho de Obama en la Casablanca. Aquella noche de octubre de 1974 Foreman perdió el título mundial de los pesados tras ocho asaltos escalofriantes en los que Alí “bailó como una mariposa y picoteó como una abeja”. Norman Mailer estaba allí para contarlo y lo hizo de forma magistral: se rió a partes iguales de Alí, de Foreman y del dictador zaireño Mobutu. Nunca le gustaron demasiado los negros.

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