Cannabis

Por Fernando García.

 

Ccannabbiss

Bob Marley y Robert Crumb han hecho mucho daño a la humanidad llevándola a creer que fumar marihuana o hachís mola mazo. El cannabis goza de una inmerecida buena prensa, tanta, que la industria farmacéutica se ha lanzado a desarrollar medicamentos cannabinoides para responder a esa absurda demanda.

En 1964 se aisló por primera vez el tetrahidrocannabinol (THC) de la planta del cáñamo, es decir, se pudo identificar la sustancia química responsable de los efectos del cannnabis. En 1990 se aisló el receptor neuronal donde actuaba (CB1) y poco después se descubrió que existían “cannabinoides endógenos”, es decir, sustancias presentes naturalmente en nuestro organismo que aunque químicamente diferentes del THC tenían efecto sobre los receptores CB1. Esto ocurre con cierta frecuencia en farmacología, mucho antes de que se sintetizaran los fármacos opiáceos y conociéramos que existen opiáceos endógenos, la planta del opio proporcionaba gran deleite a sus usuarios. La síntesis química del THC ha permitido estandarizar sus dosis y fabricar un medicamento útil para tratar las náuseas de los pacientes que reciben quimioterapia, si bien con una eficacia muy inferior a otros antieméticos existentes en el mercado.

Dada la ubicuidad de los receptores CB1 en el sistema nervioso central sus efectos farmacológicos son muchos. Todo consumidor de cannabis sabe lo que es el “hambre porreta”, pues ha experimentado como fumar porros abre el apetito. Por ello se pensó que diseñando un fármaco que bloqueara el receptor CB1 se controlaría el apetito y sería un excelente tratamiento para la obesidad. Se sintetizó el Rimonabant, un antagonista selectivo CB1, y se gastaron decenas de millones de euros en su desarrollo clínico. Pero, ay, a la naturaleza no le gusta desvelar sus secretos tan fácilmente, las cosas son siempre más complejas de lo que pensamos. El Rimonabant fue un gran fracaso debido a que si bien controlaba el apetito, producía inaceptables efectos adversos.

La soberbia del hombre fue mas allá, se pensó que sintetizando un endocannabinoide los efectos farmacológicos serían mas puros que los que produce el THC, al fin y al cabo una sustancia exógena. Un laboratorio portugués, Bial, sintetizó uno de estos endocannabionoides y los sometió a pruebas en animales con excelentes resultados, se producía en ellos un efecto sedante similar al que se produce al fumarte un buen “mai”. Se decidió entonces pasar a seres humanos empezando con voluntarios sanos que se reclutaron en un reconocido Centro de Investigación en Rennes. Se comenzó con dosis bajas y los que las recibieron apenas sufrieron efectos diferentes del placebo, por lo que se decidió subir la dosis y administrarla a un grupo de seis voluntarios. Cinco de ellos a las pocas horas sufrieron un grave deterioro de la función cerebral y cayeron en coma profundo, muriendo rápidamente uno de ellos.

Los efectos recreativos del cannabis parecen obvios, pero su abuso no está exento de efectos adversos en el área cognitiva. Los escasos éxitos y grandes fracasos que se están produciendo con los cannabinoides de síntesis nos demuestran cómo su potencial terapéutico ha estado siempre sobrevalorado.

http://www.lemonde.fr/societe/article/2016/01/15/essai-therapeutique-a-rennes-un-volontaire-en-etat-de-mort-cerebrale_4848001_3224.html

ADENDA

Nuevos datos indican que el fármaco utilizado podría  no ser un endocannabinoide de síntesis sino un inhibidor enzimático que permitiría un aumento en la liberación de endocannabinoides. Estos detalles técnicos, con ser relevantes, no afectan al fondo del artículo.

http://www.nature.com/news/scientists-in-the-dark-after-french-clinical-trial-proves-fatal-1.19189

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